diciembre 01, 2009

Un informe de Naciones Unidas indica que es necesario progresar en las pruebas de detección y el tratamiento del VIH para los niños y las mujeres

Las actividades nacionales para combatir el SIDA, especialmente mediante la prevención de la transmisión de madre a hijo, han dado resultados positivos, pero muchos niños y niñas afectados por el VIH y el SIDA siguen teniendo todavía problemas para que se satisfagan sus necesidades básicas, según un informe presentado hoy por cuatro organismos de las Naciones Unidas.

El informe, titulado Children and AIDS: The Fourth Stocktaking Report, 2009 (La infancia y el SIDA: Cuarto inventario de la situación, 2009) y publicado conjuntamente por ONUSIDA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS), presenta datos sobre las intervenciones que protegen a las mujeres y los niños contra el VIH y SIDA, y una serie de principios para orientar la adopción urgente de medidas.

Los datos indican que se han producido progresos considerables en algunos países tanto en el tratamiento para evitar la transmisión de madre a hijo como en la administración de pruebas de detección del VIH a las mujeres embarazadas. Un tratamiento para evitar la transmisión de madre a hijo ha alcanzado una cobertura del 95% en Botswana, del 91% en Namibia y del 73% en Sudáfrica, tres países con una prevalencia elevada del VIH. Los progresos son especialmente claros en Sudáfrica, donde la cobertura era de solo un 15% en 2004.

“En todo el mundo, el 45% de las mujeres embarazadas con VIH están recibiendo en estos momentos tratamiento para evitar que transmitan el virus a sus hijos, un aumento de cerca del 200% desde 2005”, dijo Ann M. Veneman, Directora Ejecutiva de UNICEF. “El desafío es ampliar la escala del tratamiento en países como Nigeria, donde viven el 15% de las mujeres embarazadas con VIH del mundo”.

Children have a right to be born free from HIV. No cost is too high for saving mothers and babies. We can achieve this if we leverage the AIDS response to also strengthen maternal child health services.

Michel Sidibé, Director ejecutivo de ONUSIDA.
En la actualidad, solamente al 10% de las mujeres de Nigeria se les aplica la prueba de detección del VIH y el 90% de las mujeres embarazadas con VIH no tienen acceso a tratamientos para evitar la transmisión de madre a hijo.

La relación entre el VIH, la pobreza en el hogar y la salud de la madre y el hijo sigue siendo muy marcada. Sin embargo, el éxito es evidente en los lugares donde los gobiernos se han comprometido con firmeza para abordar la salud de las madres y de los niños –especialmente mediante servicios de detección y tratamiento del VIH– y donde las pruebas y los tratamientos se han incorporado en los programas generales de salud de las madres y los hijos. Los progresos podrían ser más firmes si se abordaran las causas fundamentales de la vulnerabilidad al VIH, como la pobreza, la desigualdad entre los géneros y la violencia sexual.

“No podemos permitirnos el lujo de ser complacientes” dice la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS. “En muchos países industrializados, el SIDA infantil has sido virtualmente erradicado, lo cual demuestra que es posible. Las nuevas recomendaciones de la OMS para prevenir la transmisión de madre a hijo, que se han lanzado hoy, ofrecen una oportunidad única para mejorar de forma dramática la salud de las madres y niños y niñas en los países en vías de desarrollo”.

En el plano mundial, el tratamiento pediátrico para niños y niñas con VIH, aunque todavía se encuentra a la zaga del de los adultos, ha aumentado hasta beneficiar al 38% de quienes lo necesitan, una mejora de cerca del 40% solamente en un año. Las últimas pruebas empíricas indican que el diagnóstico durante los primeros 2 meses de vida y la iniciación temprana del tratamiento antirretroviral pueden producir reducciones importantes en la mortalidad infantil, pero los datos revelan que en todo el mundo solamente el 15% de los niños y niñas nacidos de madres con VIH son sometidos a la prueba de detección durante los primeros dos meses después de nacer.

“Para ampliar las pruebas de detección del VIH entre las madres y los niños, tenemos que superar obstáculos sociales como la violencia, el estigma y la discriminación, y reforzar los sistemas de salud”, dijo Thoraya Ahmed Obaid, Directora Ejecutiva de UNFPA. “Al prestar servicios integrados que abarquen la atención de la salud de las madres y los recién nacidos, la planificación de la familia y la provisión de pruebas de detección, asesoramiento y tratamiento del VIH, podemos salvar y mejorar las vidas de millones de mujeres y niños”.

La situación de los huérfanos debido al VIH y el SIDA sigue siendo una importante causa de preocupación, ya que solamente 1 de cada 8 familias que se ocupan de niños y niñas huérfanos y vulnerables reciben ayuda externa, como atención médica, asistencia financiera y apoyo para la educación.

Otro grupo fuertemente afectado es el de las mujeres y niñas de 15 a 24 años. En África subsahariana, las mujeres y niñas de este grupo de edad siguen contrayendo el 70% de todas las nuevas infecciones entre los jóvenes de la región. El informe sugiere que abordar los factores que impulsan la epidemia, incluida la violencia sexual, requiere incorporar a los hombres y los muchachos en la respuesta. "Children have a right to be born free from HIV," said Mr Michel Sidibé, UNAIDS Executive Director. "No cost is too high for saving mothers and babies. We can achieve this if we leverage the AIDS response to also strengthen maternal child health services."

El informe destaca que las inversiones en la prevención y el tratamiento del VIH y el SIDA están dando resultados, especialmente entre las mujeres y las niñas. Si se mantienen, y reciben apoyo mediante el compromiso y unas políticas bien concebidas, los dividendos se medirán en vidas salvadas.

The Stocktaking Report will be launched at 11:00 a.m. in the UN Secretariat on 30 November 2009, with special guest C. Virginia Fields, President and CEO of the National Black Leadership Commission on AIDS, Jimmy Kolker, UNICEF, Nathan Shaffer, WHO and Reshma Pattni, UNFPA.


Fuente:Unaids

Preguntas de mujeres, respuestas de Bruselas

Un puñado de eurodiputadas protagonizó hace varios días un acto de protesta. Vestidas de traje y corbata se plantaron a las puertas del Consejo de la Unión Europea, en Bruselas, donde reclamaron una mayor presencia de mujeres en los puestos de decisión en Europa.
En el corazón del viejo continente se habían pasado meses debatiendo sobre el futuro presidente de la UE sin tener en cuenta posibles candidatas femeninas y las diputadas optaron por la 'performance' para hacerse oír.

Ese día se encontraba en la capital belga un grupo de una treintena de cántabras para conocer de primera mano hacia dónde va Europa en materia de igualdad y de género. Y es que en todo hay niveles: aunque en la alta política se cuenta lo justo con las mujeres, sin sonrojo, la maquinaria de Bruselas trabaja -también sin descanso- para ir equiparando los derechos de ellas a los de ellos.

Se lo explicó en un encuentro en la Oficina de Cantabria de Bruselas (que dirige Inmaculada Valencia) la consejera de Igualdad de la Comisión, Delmira Paz Seara, (miembro de la representación permanente de España en la institución) quien les puso al día de cómo marchan inquietudes clásicas de aquellas que quieren ver avanzar posiciones al sexo femenino (esto es, a la mitad de la población) en todas las áreas.

Rezagados y avanzados

Seara les informó de que, actualmente, la Comisión tiene en cartera tres directivas: una referida al autoempleo, otra sobre maternidad (se quiere ampliar a 20 semanas la baja maternal) y una tercera sobre no discriminación, que no se centra exclusivamente en las mujeres. Europa se fija en otras 'no discriminaciones': las que se dan por razón de edad, orientación sexual, discapacidad y convicciones religiosas.

Mínimos a respetar

La consejera fue muy clara. España ha realizado en los últimos años un tan notable esfuerzo por garantizar con leyes los derechos femeninos que se ha puesto muy por delante de la mayoría de 'los 27', que siguen muy atrás en este ámbito. Como la meta europea es la armonización de derechos-en Europa se funciona por consensos y eso obliga a ir haciendo equilibrios entre unos países y otros-, ahora se aspira a que los rezagados suban escalones hasta alcanzar el nivel de los más avanzados.

Para ello se marcan unos mínimos que han de ser respetados por todos los miembros. Se sigue trabajando, por ejemplo, en que los partidos políticos del máximo posible de países se doten de 'listas cremallera', que van intercalando varones y mujeres, en las elecciones. Para algunos, las cuestiones de igualdad no son una prioridad. Se ve de forma nítida cuando se analiza la directiva sobre maternidad: la sola propuesta de que dos semanas del permiso maternal obligatorio se tenga que coger dos semanas antes del parto ya provoca conflictos. Unos lo ven claro y otros no.

Ahora pesa, además, el 'factor crisis'. La consejera advirtió que el momento económico lleva a poner el acento en remontar la precaria situación de crecimiento. Y las cuestiones sociales (como ésta) se resienten, aunque no se dejen de lado. A preguntas de la delegación cántabra, Seara mostró su preocupación por contar con datos armonizados entre naciones en lo que se refiere a violencia de género y en superar algunas situaciones de la mujer que chirrían, como la cotitularidad en las explotaciones agroganaderas o pesqueras.

Trabajar en red

El auditorio era especialmente sensible a estos planteamientos, toda vez que estaba formado por técnicos de la Administración regional (de Educación, de Igualdad), por sindicalistas, concejalas (y una alcaldesa), políticas, presidentas de asociaciones de mujeres de distinto signo (rurales, de viudas), trabajadoras sociales, alguna empresaria, una consultora, una experta en Protección Civil y periodistas.

Todas ellas ligadas a la Escuela de Políticas y Nuevos Liderazgos del Gobierno cántabro. Y todas llegadas a Bruselas de la mano de la Dirección General de la Mujer, que quiso que aquellas que están más implicadas con este proyecto desde el principio dieran un paso adelante en su formación, (en este caso europeísta) para prepararse para participar en la vida pública.

Ana Isabel Méndez, directora de la Mujer, ha señalado a menudo la importancia de que las mujeres «trabajen en red» por sus intereses y su departamento promueve varias iniciativas en este sentido. Con este viaje, se aspira a haberlas hecho conscientes de que los problemas de las mujeres «trascienden más allá de nuestras fronteras».

Tecnologías y servicios

En el seno de la Comisión, en otra sesión de trabajo, el grupo tuvo oportunidad de conocer las proyecciones de futuro, sobre todo en lo que tiene que ver con la educación. Las cántabras fueron rápidamente conscientes de que si no se aplica la mirada de género a los sistemas educativos europeos puede abrirse una nueva brecha entre hombres y mujeres. La UE, por ejemplo, prevé que se generen millones de empleos en los próximos 10 años en dos áreas concretas, las nuevas tecnologías y los servicios sociales. Y si todo sigue como hasta ahora ¿quién dice que ellas no tendrán muchas papeletas para ocupar los puestos peor remunerados (los del cuidado, los servicios sociales) mientras ellos copan los correspondientes al desarrollo tecnológico?.

Un bombón belga

Si algo se evidenció es que la 'igualdad' es tan delicada como un bombón belga: si no se está muy encima, se corre el riesgo de que los avances se derritan al sol. Así lo presentía hace unas fechas el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, que no tenía claro que se pudiera mantener el número de comisarias (ocho de un equipo de 27 ministros) por las propuestas de los países. Barroso llegó a afirmar que no quería dirigir un organismo que pareciera «un gobierno saudí». Pero hace días se aprobó que habrá nueve comisarias, de las que tres ocuparán vicepresidencias. Cuenta AZUL de iBanesto, alta remuneración con total disponibilidad.

Por Violeta Santiago
Fuente: El Diario Montañes

LAS NIÑAS EN EL PAÍS DE LAS PESADILLAS

C, quien tenía nueve años de edad, llegó en el 2007 a vivir al Distrito Federal e ingresó al cuarto año de primaria cuando el ciclo escolar ya estaba iniciado. A los cuatro días de haber llegado a su nueva escuela, dos niños de diez y once años le tocaron las nalgas. Ella los denunció de inmediato con su familia y en la escuela. Mientras la maestra les llamaba la atención, los agresores portaban un rostro de profundo arrepentimiento y tristeza. C, conmovida, preguntó a una de sus compañeritas de salón de clases, si había hecho bien o mal al denunciar. La respuesta fue: “Imagínate, tú los aguantaste cuatros días, nosotras llevábamos todo el año aguantándolos”.

Sin embargo, en la reunión mensual de madres de familia, cuando se tocó el tema, las voces de las madres de los varones justificaban: “Las niñas son unas llevadas, las niñas los provocan”.

A C no volvieron a tocarla, pero sí a susurrarle algunos insultos y apodos. La violencia en el salón fue creciendo al grado de que ya tres o cuatro chicos rodeaban a una niña para aislarla y le tocaban el cuerpo. Ninguna denunció.

Luego, vino una revista pornográfica, objeto con el cual se acercaban varios niños hacia las niñas, para preguntarles si sabían masturbarse. El tono de la pregunta era el mismo que si fuese utilizado de un hombre adulto a una mujer podría usarse para denunciar acoso sexual. Las madres de estos chicos hablaron de un natural período de curiosidad sexual, la agresión hacia las niñas era un tema muy secundario.

En el siguiente ciclo escolar hubo un cambio de maestra. Se dijo que era necesaria una mano más firme para tener controlados a muchachos tan problemáticos. La nueva maestra los llenó de trabajos y tareas, los mantenía ocupados todo el tiempo en la escuela y en la casa. Hojas y hojas llenas de trabajos para entregar. Los padres y madres de familia estaban contentos con los niños y niñas agotados todo el tiempo. Sin embargo, las agresiones a las niñas no se detuvieron. La práctica se extendió: “Mamá, no puedo decirle a la maestra, Oscar es el más aplicado del salón, el consentido y además ni van a decirle nada”. En efecto, la consigna continúo: La culpa es de la niñas, para qué se llevan, por qué no se dan a respetar.

¿Qué es darse a respetar? Es una obligación que el discurso actual asienta sobre los hombros de las niñas en donde se espera que en su interacción con los niños sean tranquilas, amables, que no empleen palabras inadecuadas, que no tengan juegos bruscos con ellos, que se sienten en forma adecuada, con la espalda erguida y con las piernas juntas; que vistan de determinada forma, no provocativa. Que sean pasivas, que sobre ellas recaiga el peso de evitar cualquier confrontación con los otros. Si una niña no es tranquila ni amable, dice groserías, si juega brusco, se sienta en forma inadecuada, viste de la manera en que su búsqueda de identidad se lo dicta o simplemente no es pasiva, o, por la razón que sea, no cumple con los parámetros marcados por este discurso, entonces se le culpabiliza de cualquier desavenencia que pueda ocurrir. Como si el hablar incorrectamente, sentarse o vestirse como le resulte más cómodo fuera justificación para ser violentada. Lo curioso aquí es que también aquellas que siguen la norma de lo preescrito de todas formas son maltratadas y escuchan el mismo discurso de la provocación. No hay modo de ganar para ellas. Cuando, en realidad, nadie tendría que ganar nada, nadie tendría que esforzarse por obtener un trato decoroso. El respeto es un principio fundamental de convivencia humana. No se trata de “merecerlo”, “conquistarlo”. A ningún joven varón se le mide con el mismo parámetro. Ningún niño es señalado por que usó una palabra inadecuada o vistió ropa corta, nadie lo descalifica con el argumento de que No supo darse a respetar. Ellas tendrían que poder esperar y exigir ser respetadas por el sólo hecho de ser humanas.

Recientemente, una investigación de la Universidad de Huelva, titulada Análisis de la violencia hacia las niñas en la escuela primaria, revela que la mayoría de los agresores son niños y la mayor parte de las víctimas, niñas. “En las entrevistas en profundidad se comprobó que ellas van asumiendo desde niñas el rol de víctimas, tienen que ser sumisas; mientras que los niños, ante un problema, responden: pego a quien sea”, explicó Emilia Moreno Sánchez, directora del trabajo[1].
Sobre los datos anteriores obtenidos en España, cabe acotar que, de acuerdo con la investigadora Carmen Castillo Rocha[2], los niveles de maltrato entre estudiantes –incluyendo a hombres y a mujeres -, comparados en un estudio realizado en Yucatán, México, presentan niveles más altos que en los estándares españoles.

C cambió de escuela este 2009 para su último ciclo escolar en la primaria. Sin embargo, no cambió de realidad. Como en todas las escuelas de hoy, está presente el bullyng, “un comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica o agresión física de uno o unos niños hacia otro que se convierte en víctima”[3]. Es un fenómeno duro que convive en un mismo tiempo y espacio con la falta de respeto hacia la diferencia, cualquiera que ésta sea, el color de piel, el peso, la talla, el usar lentes, aparatos ortopédicos o de ortodoncia, cualquier excusa pareciera válida.

Incluso, niñas que agreden a niñas, en un ambiente que constantemente las obliga a rivalizar por el aspecto físico, por calificaciones en asignaturas, por la ropa que portan, por quién resulta más agradable a los ojos de los otros, por quién opaca, por quién humilla, quién demuestra ser mejor que la otra.

No sólo está presente con diferentes matices en el alumnado si no en el propio cuerpo docente. Como el maestro de matemáticas aquel, que obligó al alumno a quitarse la pulsera que portaba porque “es de niñas” y amenazó a todo el grupo con cortarles con tijeras las pulseras a todo aquel niño que las portara, ignorando por completo las leyes en contra de la discriminación y el respeto a la integridad de los jóvenes. O, el que se permitió arrojar a un lado los pupitres para amedrentar a los alumnos. Es decir, el maltrato, la intolerancia sembrada desde las primeras experiencias de socialización para los hombres y mujeres que construirán la realidad más próxima.

A todo ello, es necesario sumar el ambiente general que rodea a las alumnas, camino a la escuela, dentro de la escuela y en el camino de vuelta a sus casas: Palabras obscenas murmuradas o gritadas a voz en cuello al paso de las niñas, por sus compañeros o por hombres de diversas edades que las acosan en las calles, en el transporte público. Palabras que aluden a su sexualidad, palabras que lastiman su autoestima, señalamientos sobre el aspecto de los cuerpos cambiantes de aquellas que apenas están aprendiendo a desenvolverse en la vida diaria. Lo peor, en ocasiones las palabras se tornan en tocamientos indeseables.

Para C, aún en el nuevo plantel, la violencia escolar no termina: el niño que le pidió ser su novia y al cual ella rechazó, la señala, la persigue, le ha puesto apodos. En dos ocasiones le ha hecho ofrecimientos: Dejará de llamarla con sobrenombres, si acepta ser su novia; dejará de hostigarla, si acepta ser su novia.

Situaciones muy parecidas viven otras compañeritas suyas. Las niñas saben ya bien a estas alturas que no pueden recurrir a las autoridades escolares porque, perciben, que no tomarán ninguna acción significativa y que probablemente les repetirán el discurso de que deben darse a respetar. Además, hay familias que todavía las culpabilizan a ellas, las sancionan, las violentan si denuncian lo que les ocurre. Entonces, toman las únicas acciones que están al alcance de niñas de diez, once y doce años: Ellas, a su vez, les gritan insultos, todas la palabras fuertes con que se les ocurre rechazarlos. Intentan patearlos o abofetearlos cuando se les acercan demasiado. También, optan por el correr, escapar, cuando ven aproximarse a quienes les hostilizan.

Las salidas que estas niñas encuentran no son sencillas ni completamente efectivas. Es injusto el que se vean obligadas a correr cuando va hacia ellas el agresor. Dejan la charla con sus amigas, el material de la escuela, el almuerzo para después. Muy probablemente, el vivir en la constante renuncia no es un camino que les siembre fortaleza. Qué elementos de autoconfianza, de supervivencia les estamos facilitando. Hay que preocuparse. Un estudio reciente avisa:"el número de suicidios femeninos se reduciría en un 10% si se eliminara la frecuente victimización escolar de las niñas”.[4]

Por otra parte, la respuesta física puede ser peligrosa. Un ejemplo de ello le ocurrió a V, que también acude a una escuela en el Distrito Federal, a quien en la aglomeración a la hora de la salida del salón de clases, un compañero suyo le tocó las nalgas y ella volteó para abofetearlo. Él la tomó por el cuello y la apretó contra la pared hasta cortarle la respiración. Sólo cuando se asustaron algunos compañeros y compañeras acudieron en la ayuda de V para que fuera liberada. V quedó con las marcas de los dedos del agresor por días.

Las niñas padecen la constante arbitrariedad de quien las violenta, pero además no deben responder porque a partir de ello, ante autoridades, ahí sí, el varoncito será escuchado: “Ella también me insultó, ella me gritó tal cosa, ella me pateó, me arañó”. ¿Ya ven, cómo son ellas las responsables? Generalmente, las autoridades se lavan las manos diciéndoles que se respeten mutuamente. No analizan el trasfondo de estos conflictos, en donde una jerarquía cultural de géneros está presente en estas relaciones agresivas, en estas imposiciones de modos de relacionarse. En donde ser niña o ser niño, todavía, implica distintos accesos al poder cotidiano a protegerse o no, a ceder o no, a ser respetadas o no. Entonces, si denuncian, si no denuncian, si toman su propia defensa verbal o física, si corren, las niñas llevan las de perder.

Aquí podemos citar las consideraciones de Emilia Moreno, junto al profesor Enrique Vélez González, en un artículo publicado por la Red de Investigación Acción Colaborativa.[5] “Educar para formar a la ciudadanía obliga a incluir la perspectiva de género en la educación y cuestionar las construcciones culturales, sociales e históricas que determinan lo masculino y lo femenino. Estas construcciones asimétricas establecen las relaciones de poder dando lugar a la subordinación y la discriminación de la población femenina”.

Es imprescindible tomar medidas, no para luego. Ya durante demasiado tiempo, el que un chico empuje a otro, los apodos, el que una niña insulte a otra, las burlas, o que estudiantes excluyan a otro, han sido vistos como hechos normales y los adultos no hemos intervenido. Igualmente, el que un niño tire del cabello a una niña, rompa o le arrebate un objeto, agreda desde la desigualdad entre hombres y mujeres, se ha naturalizado. El que suceda cotidianamente no lo justifica. Es necesario atajar la violencia antes de que alcance grados más altos. Un ejemplo de las consecuencias posibles: La violencia en nuestro país, cuando llega al nivel de la escuela secundaria, puede alcanzar extremos tales como el secuestro express, la violación y el asesinato[6].

Por supuesto, que no todo es responsabilidad del centro escolar, los niños, las niñas, los jóvenes al llegar a casa y encender la televisión muy probablemente se encontraran con la escena de un hombre que da malos tratos a una mujer y luego ambos se reconcilian porque se aman; al abrir una revista verán el anuncio comercial cuyas imágenes son una oda a la anorexia; prenderán el aparato de sonido y escucharan la música de moda, no sólo el reguetón, toda, con sus consignas misóginas. Más duro aún, quizá también estarán inmersos en familias que repiten y perpetúan modelos patriarcales, que violentan, que restringen.

En efecto, la cotidianidad está construida de violencia hacia las mujeres. Sin embargo, sí podemos incidir en la parte que nos toca. Este llamado es a los maestros y a las maestras frente al grupo, a las directoras, a las mujeres en el sistema educativo, es una invitación a preguntarnos sobre los abusos de poder cultural y social entre hombres y mujeres que estamos fomentando dentro del salón de clases en la educación básica y su relación con la existencia del hombre que nos acosó, que nos gritó insinuaciones sexuales por la calle en el camino para asistir a nuestros espacios laborales ¿Podría ser uno de nuestros alumnos dentro de unos años?

La profesora Emilia Moreno nos sugiere: “Para evitar situaciones violentas en los hombres, hay que empezar por educar a los niños y tratar de no relativizar situaciones conflictivas alegando que son cosas de niños. La violencia machista, desde luego, no lo es”[7].

Vamos a preguntarnos sobre las agresiones hacia las mujeres que ocurren en las calles, en las manzanas alrededor del centro de enseñanza y la permisividad con la que se está fomentando que estos jóvenes maltraten a las jovenas. Teniendo en cuenta que en unos meses, un par de años quizá, estarán fuera del centro educativo, podemos visualizar que la violencia se repetirá afuera. ¿Cuántos casos habrá ante el Ministerio Público que se presentan en una localidad, cuando pudieron haberse detenido tiempo antes por las autoridades escolares que podrían haber mostrado al niño o al joven lo inaceptable de este tipo de violencia?

Qué estamos sembrando al responsabilizar a las niñas que han padecido violencia escolar hacia las mujeres con el discurso de Las llevadas, las que no se dan a respetar que termina en la impunidad hacia el agresor. Un problema que señala la investigadora Carmen Castillo, es la violencia institucional: “las autoridades escolares que, cuando finalmente los estudiantes y familiares exponen sus quejas por abuso, niegan el problema, protegen a los agresores y exponen a la víctima”[8].

Hay un efecto dominó entre la impunidad y la violencia sistémica que resulta en los violadores, golpeadores y asesinos de mujeres y el discurso todavía vigente de “Ellas lo provocaron”…por usar falda, por usar pantalón, por dirigirles la palabra, por no dirigirles la palabra, por estar en la calle de día, por estar en la calle de noche, porque decidió salir a trabajar, porque decidió no salir a trabajar, porque la sopa estaba fría, porque la sopa estaba caliente…porque sí. Son ellas las que lo provocan. Oswaldo Morgan que asesinó a su novia con 25 puñaladas dice que ella lo provocó, ¿Quién provoca recibir 25 puñaladas? El niño que tomó por sorpresa la hoja en donde C estaba anotando el teléfono de otro niño y la rompió en pedazos, dijo que estaba jugando, que así se llevan, aún cuando ella lo negó El niño que besó a O a la fuerza dijo que ella lo había provocado ¿Es tan alejado un camino de otro, o son consecutivos?

Hablar de la educación primaria es recurrir sólo a un ejemplo, la educación en todos sus grados presenta distintas formas de maltrato hacia las niñas y mujeres. Sin embargo, hay un común: Se trata de uno de los espacios donde se asientan con más fuerza las raíces de la violencia hacia las mujeres.

Por supuesto, hacen falta políticas por parte de los Estados y el generar conciencia social sobre la problemática. A docentes y directivos, intervenir en la prevención, y contención de la violencia; enseñar a los y las alumnos a intervenir, a no permitir prácticas de abuso. Es necesario exigirlo, buscarlo y trabajarlo para cambiar los hechos. Sin embargo, mientras tanto, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Maestras, profesoras: Por solidaridad de género, por conciencia de ser mujeres, porque padecemos el mismo techo de cristal en donde, habiendo tantas mujeres preparadas, los puestos de dirección y reconocimiento se dan en mayoría a los varones; porque en nuestra labor cotidiana podemos vivir acoso de padres, trabajadores, otros funcionarios, y hasta de alumnos; por ser mujeres que vivimos en este país injusto para con las mujeres. Por una noción elemental de justicia, no repitamos discursos opresivos contra las nuestras, ni permitamos que las propias alumnas los repitan. Si por ahora las investigaciones sobre la violencia escolar en nuestro país son insuficientes, podemos comenzar a dialogar, a discutir a informarnos, a ensayar formas de construir conocimiento y vida no sexistas. No sembremos en nuestras aulas más tiranía contra las niñas, contra las mujeres, contra nuestras compañeras de hoy y de mañana.



Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com
La Ciudad de las Diosas

[1] Carballar, Olivia. El ‘bullying’ también tiene género. Sevilla, 2008.
http://www.publico.es/espana/123646/bullying/genero
[2] Castillo Rocha Carmen y Pacheco, María Magdalena. Perfil del maltrato entre estudiantes de secundaria en la ciudad de Merida, Yucatán en Revista Mexicana de Investigación Educativa, año/Vol. 13, número 038. Consejo Mexicano de Investigación educativa. Distrito Federal, México. pp.825-842
[3] Matey, Patricia. Las niñas que ha sufrido acoso escolar tienen más riesgo de suicidio que los chicos. El Mundo. Madrid, 2009 http://argijokin.blogcindario.com/2009/03/10246-las-secuelas-del-bullying-tienen-genero.html
[4] Matey, Patricia. Las niñas que ha sufrido acoso escolar tienen más riesgo de suicidio que los chicos. El Mundo. Madrid, 2009 http://argijokin.blogcindario.com/2009/03/10246-las-secuelas-del-bullying-tienen-genero.html
[5] Carballar, Olivia. El ‘bullying’ también tiene género. Sevilla, 2008.
http://www.publico.es/espana/123646/bullying/genero
[6] Castillo Rocha Carmen y Pacheco, María Magdalena. Perfil del maltrato entre estudiantes de secundaria en la ciudad de Mérida, Yucatán en Revista Mexicana de Investigación Educativa, año/Vol. 13, número 038. Consejo Mexicano de Investigación educativa. Distrito Federal, México. pp.825-842
[7] Carballar, Olivia. El ‘bullying’ también tiene género. Sevilla, 2008.
http://www.publico.es/espana/123646/bullying/genero
[8] Castillo Rocha Carmen y Pacheco, María Magdalena. Perfil del maltrato entre estudiantes de secundaria en la ciudad de Mérida, Yucatán en Revista Mexicana de Investigación Educativa, año/Vol. 13, número 038. Consejo Mexicano de Investigación educativa
Distrito Federal, México. pp.825-842

Presentación Revista Nomadías Nº 10

Marisol Vera, Directora de Editorial Cuarto Propio y Kemy Oyarzún, Directora de Revista Nomadías, tienen el agrado de invitar al lanzamiento de la décima entrega de esta publicación.

Revista Nomadías es una publicación adscrita a la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Esta Revista aparece con regularidad dos veces al año; publica textos inéditos en castellano y consta de seis secciones estables sobre temáticas culturales referidas a mujeres, sexualidades, feminismos y género.

El nuevo número que presentamos incluye artículos de María Inés Lagos (U. de Virgina), María Luisa Femenías (U. Nacional de la Plata), Adriana Piscitelli (U. de Campinas), David Paternotte (U. de Bruselas) y Antonieta Vera (U. Paris VIII), así como de los/as académicos/as nacionales Sergio Rojas, Marcela Orellana y Patricia Varela. A su vez, esta entrega contempla un dossier titulado "El aborto: una zona de beligerancia en Chile", una antología sobre Lira Popular, una entrevista a la fotógrafa Paz Errázuriz y reseñas de libros recientemente publicados.

Fecha y Hora: 03/12/2009 al 03/12/2009 - Jueves - 19:00 hrs.
Museo Benjamín Vicuña Mackenna (Av. Vicuña Mackenna # 94 - Providencia) 9787145

Organiza: Editorial Cuarto Propio - Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina - Facultad de Filosofía y Humanidades
Programa del lanzamiento:

1. / Apertura musical a cargo de la cantora campesina Rosita Alarcón.
2. / Marisol Vera reseña los 25 años de Editorial Cuarto Propio.
3. / Micaela Navarrete presenta la Antología de Lira Popular.
4. / Kemy Oyarzún modera foro sobre aborto; participan: Rubí Maldonado (ginecobstetra, ICMER), Claudia Sarmiento (abogada, Universidad de Chile) y Millaray Painemal (ANAMURI).

El evento tendrá lugar el día jueves 03 de diciembre a las 19.00 horas en el Museo Benjamín Vicuña Mackenna (Av. Vicuña Mackenna 94, Providencia, Santiago), metro Baquedano. Hay estacionamiento en las calles aledañas.

Compartiremos un vino de honor


Contacto: Marcela Castañeda - 9787145 - genfil@uchile.cl

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in