agosto 10, 2013

Apuntes y comentarios | La insumición de las mujeres egipcias

Sin caer en el drama fácil, en su debut como director, el guionista Mohamed Diab nos acerca a la trágica realidad del acoso sexual en Egipto a través de las historias personales de varias mujeres que deciden no continuar sufriendo en silencio.

El Cairo 678 es una película basada en historias reales que tiene lugar en 2010, poco antes de la primavera árabe y del impulso al movimiento feminista en Egipto que esta revolución supondría. Mediante una trama de vidas cruzadas, conocemos a las protagonistas, el contexto extremadamente machista en el que se mueven y la progresiva determinación de las mismas a luchar contra su opresión. Se trata de tres mujeres de distinta clase social que han padecido diferentes formas de acoso: Fayza, una madre de clase humilde que mantiene una difícil relación con su marido y para la que viajar en autobús se convierte en una pesadilla; Seba, una diseñadora de joyas en proceso de separación, víctima de una violación colectiva; y Nelly, teleoperadora y cómica aficionada, acosada en su trabajo y en la calle. A primera vista estas mujeres son muy distintas entre ellas, pero pronto descubren que tienen mucho en común.

La historia se desata cuando Fayza decide defenderse, tal y como Seba recomienda en su curso de autodefensa para mujeres, y agrede con una tijera a su acosador. Las tres se ponen en contacto cuando Nelly aparece en televisión al convertirse en la primera mujer egipcia en denunciar un caso de acoso sexual, y Essam, un policía con una esposa igual de ignorada, comienza a investigar las agresiones a hombres en distintos autobuses.

La película cuenta con un ritmo llevadero y con una historia que mantiene el interés hasta el último momento. El guión resulta sólido y los personajes bastante realistas, en parte por las maravillosas interpretaciones de las actrices protagonistas, pero también por el cuidado que se tiene en los detalles y en reflejar el contexto social en el que se producen estos acosos. Se dibuja así una sociedad donde la mujer queda completamente invisibilizada o cosificada (desde el primer minuto de la película, cuando Fayza viaja en taxi, donde podemos escuchar la letra de una canción enormemente machista que emiten por la radio), una sociedad donde la “reputación” de la familia o del propio Egipto se considera más importante que el velado sufrimiento de estas mujeres, y por eso las alientan a no denunciar su situación, viéndose solas y desprotegidas. Sin embargo, y a pesar de todas sus contradicciones y de las barreras a las que se enfrentan, ninguna de las protagonistas acepta mirar hacia otro lado y continúan con sus luchas personales, tratando de comprenderse mutuamente y apoyándose entre ellas.

Se pueden extraer muchas conclusiones de El Cairo 678, como que cuando se permite y legitima un discurso de desigualdad cualquiera puede sufrir acoso o convertirse en acosador; pero sobre todo, El Cairo 678 nos muestra que la lucha y la denuncia social resultan imprescindibles para que las cosas cambien. Porque cuando una mujer se opone a guardar silencio y se levanta, muchas otras están mirando y, como ella, pueden atreverse a dar el paso y a rebelarse contra la opresión.

Por Ángela María Solano (@Angela_Freebird)
Fuente: En La Lucha