agosto 09, 2013

¡No me defiendas, comadre!

Una publicidad de una marca de artículos para boxeo [1] no ha tenido mejor idea que aprovechar la popularidad de Natalia Málaga, entrenadora del equipo de vóley nacional de menores, cuya actuación nos hizo vibrar a todos y todas en el país la semana pasada en el mundial de esa categoría, para lanzar un comercial dizque en defensa de las mujeres que manejamos en el caótico tránsito de Lima. Llamado “El guantazo”, desde un primer momento nos presenta a nuestra defensora de manera agresiva.

“Saquen esa música de mierda” es lo primero que dice al empezar su recorrido manejando un carro con forma de guante, buscando “faltosos para darles”. Al encontrarse con uno, que le grita a una conductora “avanza pues oye, tenías que ser mujer, carajo”, la entrenadora golpea con su auto-guante la combi del agresivo y machista conductor. Sin embargo, el hombre, al ver de quien se trataba, inmediatamente se achica, como se dice, se vuelve sumiso y casi agradecido por ser tocado por la famosa y querida entrenadora. Mientras tanto, ella sigue con los insultos: “huevones”, “mierda” y “carajo”, palabras recurrentes en el vocabulario que usa para aparentemente animar a las jugadoras y que el público en general pondera, pues dicen que funciona. Parece que muchas personas en el país tenemos impregnado el autoritarismo y creemos firmemente que la letra con sangre entra, como decían los abuelos, y que los logros se consiguen a gritos o a palos porque, como me dijo un taxista refiriéndose precisamente a la peculiar forma de motivar de la entrenadora, “los peruanos somos así, esa es la única forma que reaccionamos”. “¡Qué se le va a hacer!”, concluyó con resignación. Aunque afortunadamente también hay voces que disputan este sentido común, como la de Jorge Moreno Matos, que en el artículo titulado “El aguafiestas” dice: “Porque no quiero nada de un triunfo y de un país que está dispuesto a salir a las calles a protestar contra el autoritarismo de arriba, pero se hace de la vista gorda cuando una señora, de la manera más prepotente y coprolálica, insulta sin el menor empacho a nuestras hijas frente a las cámaras de televisión para motivarlas. Si el precio que debemos pagar para lucirnos en el podio de los ganadores es la humillación pública y mundial de nuestros hijos, no gracias, conmigo no cuenten” [2].

La violencia como forma de combatir el machismo, el patriarcado, las subordinaciones que vivimos las mujeres cada día creo que es lo peor que se puede plantear para acabar con estos males sociales y es lo que esta publicidad, que se enmascara en la defensa de las mujeres, nos está diciendo. Nos está diciendo también que frente a las faltas de otros y otras, podemos tomar la justicia en nuestras manos y golpear para defendernos y que eso es parte de nuestro derecho. Ojo por ojo, diente por diente.

Advierte luego la entrenadora, en tono justiciero, que los hombres conductores tendrán que pensarlo “dos veces, antes de faltarle el respeto a una mujer”, porque te puede seguir golpeando, parece querer rematar, terminando el comercial con una frase qué suena a ironía: “Everlast no fomenta la violencia de ningún tipo”. No podemos de dejar de sonreír frente a este final.

Muchas mujeres que reciben cotidianamente insultos por conducir o que viven situaciones de violencia en sus casas y sus trabajos se congratularán con la aparente acción justiciera que nos propone la entrenadora en el comercial, reflejando también lo hartas que estamos las mujeres de las jerarquizaciones, del maltrato y del trato inequitativo que encontramos en los espacios públicos y privados. Lo nocivo de este tipo de propuesta, además de lo que ya he mencionado en relación a la violencia como mecanismo para resolver los conflictos, es que echa por la borda lo que desde diferentes colectivos feministas y de mujeres se ha planteado cuando se denuncia el machismo. Y es que para lograr sociedades más igualitarias, se requiere cambiar las estructuras de poder y las subordinaciones de género, impulsando cambios normativos y procesos educativos que lleven a desarrollar la conciencia en ambos géneros de la necesidad e importancia de vivir una vida sin violencia, de eliminar el desequilibrio de poder existente entre hombres y mujeres y de combatir las discriminaciones de todo tipo.

El Perú es uno de los países que tiene altos índices de violencia hacia las mujeres, ocupando el tercer lugar entre los países con mayor número de feminicidios en América Latina. Según una encuesta de la PUCP [3], un 70% de la población peruana asocia la violencia de los hombres a una enfermedad mental y un 50% a que tienen presiones económicas, lo cual la justifica en realidad. En este contexto, es prioritario que trabajemos seriamente en erradicar las distintas formas de violencia que vivimos cotidianamente y que, como en el caso del comercial, no sólo son físicas ni provocadas por personas cercanas, sino que suelen ser realizadas por algún individuo que se encuentra en la calle, en el micro o por el guachimán de una pollería. Tal fue el caso de Ingrid Soria, una joven acosada en las puertas del negocio, que tuvo que vivir el maltrato del administrador al hacer la denuncia y de paso insultos y agresiones de comentaristas en las redes al publicar el hecho. Este caso, junto al de Amanda San Martín, que también denunció la semana pasada el acoso callejero de Marco Antonio Milosevic, un conocido animador de teleferia [4], son no solamente valientes, sino altamente educativos, porque nos señalan que hay otras formas de tratar las agresiones y el machismo que impera en todos los sectores de la sociedad. Estas otras formas de denuncia no implican recurrir al guantazo, pero claro no generan interés para los publicistas.

No se trata, pues, de que las mujeres asumamos las conductas masculinas, la agresividad y los insultos como mecanismos para combatir lo que nos resulta denigrante. No se trata tampoco de que los hombres se minimicen frente a la autoridad que haya alcanzado una mujer que es capaz de gritarle, llamarlo panzón huevón, que tiene poder, fortuna, fama, como el chofer de combi achorado que termina disculpándose y subiendo raudo al vehículo y llamándola Natita para ser disculpado. Con seguridad no tratará de la misma forma a otra mujer, como lo demuestran los casos de chóferes de combis que han agredido incluso a mujeres policías que, cumpliendo con su deber, les sancionan sus faltas.

Los comentarios al comercial en general han sido positivos. Dicen que es divertido, están de acuerdo en que hay que darles a los agresores, señalan que es una buena forma de defender a las mujeres. Sin embargo, para quienes creemos que la publicidad tiene una gran influencia en el comportamiento humano y en que es necesario erradicar las violencias en todas sus formas y que queremos un mundo en que hombres y mujeres construyamos colectivamente una cultura de paz, estas publicidades restan a esta tarea y suman a la causa de la violencia. En ese sentido, creo que propuestas como la que está desarrollando Demus, titulada “Un hombre no viola” y que pretende fomentar conciencia de que en el país una de cada 5 mujeres ha sido víctima de violencia sexual antes de los 15 años, ocupando el primer lugar en denuncias de violaciones sexuales en Sudamérica, y que en diez años se han producido más de 68 mil violaciones, representan el camino a seguir para ir cambiando las cosas.

Son estas denuncias y campañas de concientización sobre las problemáticas las que en realidad nos defenderán de las agresiones, al sensibilizar sobre lo dañinas que son para la vida y el futuro de las mujeres la violencia, las subordinaciones y la discriminación de género. Frente a estas publicidades que pretenden usufructuar de la violencia machista, con propuestas que llaman a más violencia, sólo nos queda por decir: ¡No me defiendas, comadre!

Por Rosa Montalvo Reinoso

NOTAS:

1. “Natalia Málaga y el ‘guantazo’ en defensa a las mujeres que conducen / video 1”, La República, 5 de agosto del 2013.

2. Jorge Moreno Matos, “El aguafiestas”, Lamula.pe, 2 de agosto del 2013.

3. “Violencia contra las mujeres y feminicidio”, Estado de la opinión pública, Año VIII, mayo del 2013, PUCP, Instituto de opinión pública.

4.“Jóven denuncia acoso callejero de animador de teleferia”, Diario 16, 2 de agosto del 2013.