septiembre 11, 2013

Entrevista a June Fernández "La mejor venganza es ser felices"

June es militante, feminista. Centrada en integrar la perspectiva de género en otros movimientos sociales porque cree deben construirse redes entre todas aquellas personas que no se ajustan a la normalidad y que el patriarcado capitalista excluye de los medios. Es también periodista. Quiso mostrar la igualdad y la diversidad a través del buen periodismo y fundó la revista digital feminista ‘Pikara Magazine’ junto a tres compañeras: un espacio para el humor, el placer y la trasgresión.

La Asociación Española de Mujeres de los Medios de Comunicación (Ameco) ha reconocido la labor de esta joven periodista en su VII Edición de los Premios ‘Prensa –Mujer’ “que bianualmente destacan la labor informativa efectuada por colectivos y mujeres profesionales del periodismo a favor de la igualdad de género en el último año”.


¿Qué te ha parecido ser una de las galardonadas en esta edición de los Premios Ameco?

Siento que es reconocimiento tanto a título personal, como también a Pikara.

Háblanos un poco de ese proyecto, de la revista digital feminista Pikara Magazine.

Es un proyecto impulsado por cuatro integrantes de la Red Vasca de Periodistas con Visión de Género: Itziar Abad, Maite Asensio, Lucía Martínez Odriozola y yo. Compartíamos inquietudes y prácticas. Trabajábamos en medios y echábamos en falta un medio donde hacer el periodismo que nos de la gana y que también sirva como laboratorio para esa comunicación que logra integrar la perspectiva feminista y el buen periodismo. Yo llevaba alejada del periodismo un año y lo echaba de menos y me vino muy bien. Eso fue en el 2010. Todo el mundo se sumó con mucha confianza y ahora mismo tenemos colaboradoras en muchas ciudades españolas y también en América Latina.

Pikara es una apuesta por la igualdad y la diversidad que busca transcender la agenda tradicional de los medios de comunicación con visión de género. Y lo hace con mucho humor, placer y transgresión. Nos parece clave un tono de denuncia que no sale solo desde el cabreo; la mejor venganza es ser felices.

Hacer periodismo con perspectiva de género implica, entre otras cosas, elegir temas que muchas veces los medios generalistas no tratan. ¿Cuáles son esos temas vetados en el periodismo tradicional?

En realidad, muchas veces la diferencia es sobre todo el enfoque utilizado, y las personas que protagonizan las informaciones. Se pueden tratar todos los temas sociales y culturales pero con un enfoque distinto. Por ejemplo, si habla de economía, lo establecido es que se hable de mercados; pero también se puede hablar de la situación que viven las personas empleadas del hogar, o las inmigrantes; cuando se habla de política, se habla de partidos políticos, pero no se habla de derechos, por ejemplo. Es decir, hay sujetos que no salen en los medios de comunicación y que nosotras reivindicamos, como son las mujeres; también nos interesa evidenciar y profundizar en situaciones de especial vulnerabilidad.

Es decir, exige también un tipo de tratamiento.

Exacto. Es muy importante que la visión no sea victimizadora ni paternalista, sino que las protagonistas tengan su propia voz y capacidad para enfrentar agresiones. Es clave el empoderamiento. En este momento, quien sale en los medios está asociado al “éxito”, al poder, a lo espectacular…Pero hay temas más cotidianos, el mundo de los afectos, el mundo de los cuidados, pequeñas actitudes cotidianas que enfrentamos, pequeños desprecios o sexismos que experimentamos en la vida diaria, que es esencial mostrar.

Feminismo anticapitalista

Gran parte de tus esfuerzos están destinados a incluir la perspectiva feminista en distintos movimientos sociales en los que participas. ¿Cómo realizas esta labor? ¿Qué impedimentos encuentras?

Todo está relacionado. Creo que el feminismo tiene que ser anticapitalista y apuntar a transformar un sistema de poder que es complejo y que discrimina a cualquiera que no se ajusta a la “normalidad”. Hay una corriente llamada transfeminismo que se propone articular a personas que quedaron fuera del sujeto “mujer” clásico con la que me identifico bastante. Me gusta escribir de género, pero también sobre inmigración y racismo, diversidad en general, sexualidad, …y como yo hay mucha gente.

En definitiva, creo que hay mucho en común entre las distintas reivindicaciones, que surgen alianzas muy interesantes, no son capas que se suman, sino una articulación mucho más rica que defiende la igualdad de derechos para todas las personas.

Uno de tus reportajes, “Yo quería sexo pero no así” –muy premiado, por cierto- aborda el tema de las agresiones sexuales que no son identificadas como tales. ¿De dónde surge esa “incapacidad” para reconocer los abusos por parte de las mujeres y para respetar los límites por parte de los hombres?

En el reportaje hago una invitación a cuestionar el modelo sexual que existe, en el que el hombre tiene que satisfacer su deseo sexual y la mujer no puede expresarlo. Está “naturalizado”. Por ejemplo, existe un mito que estamos analizando ahora para un reportaje, el mito de la “calientapollas”, que viene a decir que si una mujer “tontea” con un hombre, se insinúa, juega, está obligada a mantener relaciones sexuales, no puede decir “hasta aquí”, porque entonces es una “calientapollas”. Las mujeres tenemos que aprender a decir sí o no, cuando queramos. Y en los hombres en muchas ocasiones hay una falta de empatía total, que les impide sentir que la mujer no quiere mantener relaciones en ese momento. Se entiende que un hombre puede estar agrediendo a una mujer sin darse cuenta y eso es monstruoso.

Fuente: AmecoPress