septiembre 20, 2013

Todos los derechos, todos

Hace unos años, cuando aún no existía el derecho a heredar entre convivientes [1] , un gran amigo me dijo que se casaría con su pareja con la que vivía hacía más de 13 años porque si él moría, ella corría el riesgo de que la familia de él le quitara la mayoría de propiedades que habían adquirido durante los años de convivencia. Me enteré así de que en el país las parejas que no son casadas no tienen el derecho a heredar más que una porción de su patrimonio al hombre o la mujer que conforma la pareja, aunque se le reconocieran supuestamente los mismos derechos que el matrimonio luego de un período de convivencia. La imposibilidad de heredar todos los bienes que juntos habían logrado era para mi amigo algo doloroso y, más allá de su oposición o poca disponibilidad a matrimoniarse, lo hizo como adelantándose a lo que pasaría años después con su prematuro fallecimiento. Mi amigo pudo resolver la tensión que le causaba la posibilidad de que la mujer que amaba quedara desprotegida gracias a que la figura del matrimonio existía para él como una salida. Hay muchos otros casos, muchas de nosotras seguramente hemos pasado por alguno, ya sea para poder optar tranquilamente por una visa que nos será otorgada sin problema por el hecho de ser la pareja de un nacional del país al que nos trasladamos, ya sea para que nos den el crédito para una hipoteca, ya sea porque en el colegio del hijo se les exige, porque la familia les exige, incluso hay mujeres que se casan para subsistir.

Para mujeres feministas que hemos pensado y cuestionado las instituciones patriarcales y lo que representan. no es algo sencillo. Aunque luego de que el líder de Tierra y Libertad, Marco Arana, señalara en su Twitter que “matrimonio proviene de maternidad” [2] no se quiera hablar de la etimología de la palabra, el matrimonio sigue siendo lo que dice Francesca Gargallo: “El matrimonio (matris munium o gravamen de la madre) es la apropiación por parte de quien tiene poder de la capacidad reproductiva de una mujer a la que se excluye del mundo para convertirla a la obediencia de un núcleo privado. Privado de la sociabilidad y sus libertades y derechos” [3]. Es decir que, tal como lo señala el líder político, matrimonio viene de maternidad y la razón por la que algunas feministas no tenemos interés en preservar la institución matrimonial es precisamente porque tiene implicancias en el control de la maternidad, porque además de los beneficios patrimoniales que implica, también significa monogamia, fidelidad, exclusividad, pero ese es otro debate.

En la actualidad, en muchos países, el matrimonio es posible también entre personas del mismo sexo, que han luchado por la igualdad de derechos y han logrado ese reconocimiento, pudiendo tener las mismas posibilidades que cualquier otro ciudadano o ciudadana sin importar con quien viva, duerma o amanezca, o se acueste a media mañana. Porque el matrimonio planteado como la posibilidad para todas y todos de gozar de todos los derechos es una cuestión de reconocimiento ciudadano, de visibilizar las diferentes formas de vivir y convivir que las personas puedan elegir.

Pero en estos días, en Lima, estamos presenciando cómo el conservadurismo, la homofobia, la latente discriminación y aversión que existe hacia la diversidad, hacia lo diferente, ha surgido con rugidos estentóreos en boca del cardenal, de políticos y ciudadanos y ciudadanas, que casi creen que estamos ad portas del infierno o que el cielo caerá pronto por sobre nuestras cabezas debido a la propuesta de ley sobre Unión Civil presentada por el congresista Carlos Bruce, la cual se dirige a posibilitar que parejas del mismo sexo puedan tener posibilidad de heredar, beneficiarse del seguro social o la pensión de la pareja, en síntesis tener iguales derechos en algunos aspectos que las parejas heterosexuales, sin que ello signifique que puedan acceder al matrimonio o adoptar. O sea, no tendrían exactamente los mismos derechos, aunque resulta un importante avance.

Uno de las primeros ataques, como suele suceder cuando se habla de derechos sexuales y reproductivos, ha venido del Cardenal Cipriani, quien ha dicho, con su acostumbrada agresividad e intolerancia, que la propuesta es “una caricatura del matrimonio, para luego destrozar al matrimonio y considero que el pueblo no querrá su aprobación; el que quiere tener una relación (homosexual), tiene el derecho de hacer sus contratos y eso, no me parece que hemos elegido a congresistas para justificar su propia opción” [4]. Pero de él, en términos de derechos, sabemos que no podemos esperar mucho, pues hace rato que es evidente que, como representante de un Dios justo, caritativo, que asume y combate el dolor de sus creyentes, deja mucho que desear.

Intolerancia y agresiones sin fin se han dado en los diferentes medios, posibilitando la salida del closet de muchos homofóbicos e intolerantes que han expresado los más duros insultos y críticas al congresista y a la propuesta, desde “loca”, “que presenta cojudeces”, hasta las declaraciones del congresista fujimorista Carlos Tubino, que dio cuenta de su ignorancia supina cuando intentó señalar de dónde viene la palabra ‘homofóbico’: “¿Qué cosa es homofóbico? Es un término hecho en los años sesenta por un psicológico en apoyo a la comunidad gay. La homofobia no existe, tú puedes tener claustrofobia o hidrocefalia y cosas por el estilo, pero no existe este término... la mayoría en el Perú no somos homofóbicos, pues [5]”.

La discusión también se ha llevado entre si promover el matrimonio o la unión civil, siendo esta última más aceptada porque no pone en juego o no altera el sagrado vínculo del matrimonio, lo que sí debe debatirse según el líder Marco Arana, y que ha levantado polémica.

Que la gente no está preparada, dicen los políticos, divorciados de la realidad como viven, haciéndole eco a la iglesia. Que darán mal ejemplo o pervertirán a los menores que tengan cerca, han dicho otros, como si las violaciones y los abusos sexuales a menores no fueran de personas, especialmente hombres, heterosexuales.

La invisibilización, la desigualdad, la discriminación que vivimos miles de personas que no podemos tener todos los derechos es lo que hace daño a la sociedad. Es negar la realidad, como si negándola, dejaran de existir los distintos tipos de familia, las miles de personas que vivimos juntas años, viviendo también la discriminación, el estigma y la violencia en una sociedad que se niega a profundizar la democracia, con unos políticos y autoridades civiles y religiosas que encarnan la homofobia, con personas cuyo mayor argumento para estar en contra es que es pecado, como si no viviéramos en un estado laico que debe garantizar iguales derechos a todos y todas. En realidad, las demás personas terminan aceptando formas de amar distintas y finalmente ya nadie voltea cuando ve a unas mujeres tomadas de la mano caminando por las calles, como sucede en Buenos Aires, o a dos chicos expresando su amor en un parque como en el DF.

Es importante en todo caso que se haya abierto el debate y puesto el tema en la agenda. Por ello, es fundamental recalcar que el punto central de la discusión que se está dando es que todas las personas tenemos el derecho a tener los mismos derechos. Que si luego, teniendo los mismos derechos que una pareja heterosexual, una pareja del mismo sexo decide casarse o no, será su libre decisión. Por lo demás, hay que decir que en la vida real, las parejas del mismo sexo han existido y seguirán existiendo, que diferentes y nuevos tipos de familias están surgiendo y son más aceptadas socialmente de lo que se cree, y que, finalmente, todos y todas, pese a lo que diga la gente, la legislación o la iglesia, vamos a intentar ser felices, aunque no tengamos permiso, como dice la canción.

Por Rosa Montalvo Reinoso

NOTAS:

1. Este derecho fue concedido recién en abril de este año. Ver Ley No 30007. Ley que modifica los artículos 326,724,816 y 2030 del código civil, el inciso 4 del Código Procesal y los artículos 35,38 y el inciso 4 del artículo 39 de la Ley 26662. A fin de reconocer los derechos sucesorios entre los miembros de uniones de hecho. Lima, 17 de Abril de 2013.
2. Ginno P. Melgar, “Se le salió el padrecito”, Lamula.pe, 15 de septiembre del 2013. 
3. Francesca Gargallo, “La propiedad privada es la base del matrimonio”, Somos el medio, 23 de junio del 2012.
4. “Polémica por unión civil homosexual!, Pro y Contra, 15 de septiembre del 2013.
5. “Carlos Tubino sobre proyecto de ley de unión civil entre. Homosexuales”, Canal N, 15 de septiembre del 2013.