octubre 15, 2013

Cartografías de la experiencia

Las normas de género y sexualidad intervienen en la producción de cuerpos y en los procesos de subjetivación, sin embargo, sus efectos desbordan estos ámbitos y se relacionan también con el lugar y el territorio. Al estar inscritas en la configuración y organización tanto de lo público como de lo privado, inciden en la forma como las personas experimentan dichos espacios, así como en fenómenos como la violencia y la discriminación. En ello radica parte de la importancia de considerar la dimensión espacial en el análisis de las relaciones de poder.

En disciplinas como la Geografía el debate en torno al género y la diversidad sexual en relación con el espacio ha cobrado gran importancia, sin embargo, la mayoría de investigaciones se ha ocupado de fenómenos a gran escala en contextos metropolitanos y a menudo el foco han sido los varones gays, relegando a las mujeres lesbianas. Al ser obviadas las dinámicas en contextos urbanos de menor tamaño, se ha forjado también una visión del ambiente arraigada en el mercado y consumo LGBT propio de las grandes ciudades, afirma Maria Rodó de Zárate, investigadora española que trabaja sobre geografías feministas, interseccionalidad y derecho al espacio.

En el marco de sus estudios de posgrado junto al Grupo de Investigación de Geografía y Género de la Universidad Autónoma de Barcelona, la investigadora aborda las negociaciones espaciales de jóvenes lesbianas en dos ciudades medianas: Manresa (Catalunya) y Ponta Grossa (Paraná). Su investigación procura analizar cómo el género, la sexualidad, la edad, la raza y la clase social condicionan las experiencia de estas mujeres en la ciudad y los modos en que ellas gestionan sus identidades con el fin de evitar la opresión y crear espacios de alivio.

Un aspecto innovador de su investigación es la metodología desarrollada, denominada "mapas de relieve de la experiencia", o relief maps, a través de los cuales aborda las relaciones de poder en su conexión con la dimensión espacial. Estos "mapas" son construidos a partir de entrevistas que indagan las experiencias cotidianas de las personas en relación con los lugares y sus identidades. Toman en consideración los sentimientos que suscita cada lugar, así como los lugares frecuentados y los que son evitados, entre otras variables. Esta información es representada gráficamente, lo que permite apreciar la forma como se conectan estructuras de poder (género, sexualidad, raza, clase, edad), experiencia vivida y los lugares referidos por las personas entrevistadas. Al abordar las estructuras de poder no se destaca a priori ninguna de ellas. En su lugar se plasman simultáneamente, incluso cuando no son referidas por las personas entrevistadas, con el fin de observar no sólo las experiencias de opresión, sino también las de alivio. De este modo se observa cómo algunas identidades son puestas de relieve en determinados contextos, mientras que otras parecen neutrales.

En entrevista con el CLAM, Rodó de Zárate habla sobre los hallazgos de su investigación en curso, así como de su metodología.

¿Qué destacaría en materia de uso del espacio público y derecho a la ciudad en Manresa y Ponta Grossa?

El derecho a la ciudad intento conceptualizarlo con relación a aspectos como el bienestar y la forma como se está en los lugares. Aunque usan la ciudad, las chicas lesbianas están siempre en un estado permanente de alerta. Se preocupan por no mostrarse como lesbianas, controlan cada movimiento que hacen, están pendientes tanto de los lugares concretos en los que se encuentran como de las personas que están en dichos lugares para determinar qué riesgos están dispuestas a correr, si muestran afecto o no. Esta es una cuestión que me parece fundamental cuando se habla del derecho a la ciudad. Hay personas que tienen derecho a estar bien en donde se encuentran, ya sea en la casa, en la calle o en el trabajo, pero otras, no.

Existen algunas diferencias entre una y otra ciudad respecto al uso del espacio público en general. En Manresa se usa de forma muy intensiva, las jóvenes de todo tipo usan el espacio público a diario, es un lugar de socialización, donde se realizan diversas actividades. En Ponta Grossa no es tan así, en parte por factores relacionados con la violencia y la criminalidad. Sin embargo, las jóvenes lesbianas acuden al espacio público y en este sentido no evidencian mayores diferencias frente a otro tipo de jóvenes.

¿Cómo intervienen otros aspectos distintos al género y la sexualidad, como la clase, la raza o la procedencia?

La sexualidad predomina sobre cualquier otra identidad de una forma bastante determinante. Oscurece otro tipo de identidades. Sin embargo, las otras identidades determinan mucho la selección de lugares a los que acuden. En Manresa entrevisté a una mujer musulmana marroquí, para quien la identidad étnica, cultural, religiosa, siempre estaba presente en la negociación de esos lugares. Para ella, los lugares de alivio eran aquellos donde no había hombres marroquíes, ya que se sentía controlada por ellos. La clase social también determina estas elecciones, aunque no tanto la experiencia en dichos lugares. A partir de este factor se define a cuáles lugares se puede acceder, en tanto entran en consideración aspectos como tener coche o no, vivir en el centro de la ciudad o fuera de ella, acceder a determinado tipo de bares de ambiente… En el mapa general de cada chica entrevistada se observa que los lugares son diferentes según la procedencia de clase.

¿Los espacios de alivio aumentan en la medida en que se pertenece a un nivel socioeconómico superior?

Yo diría que el dinero otorga otra capacidad para crear estos espacios. Sin embargo, existen otras alternativas para hacerlo. Por ejemplo, en Ponta Grossa, un grupo de chicas lesbianas se juntaba para jugar al fútbol en el barrio. Estos son espacios de alivio, de seguridad, donde no sienten malestar por ser lesbianas, que no están marcados por la clase social sino por su propia capacidad para imaginarlos.

¿Qué lugar ocupa el mercado dirigido a la población LGBT en la gestión de estos espacios?

Yo creo que en este grupo hay otra variable más relevante que la clase: la edad. Una chica de 16 años, que vive con sus padres, ¿qué clase social tiene? ¿La de sus padres o la suya como persona dependiente? ¿Cómo determinamos la clase social de esta persona? Hay personas que tienen un estatus social elevado sólo si mantienen la dependencia de sus padres. Y siendo lesbianas, esta dependencia está en riesgo. Si sus padres descubren que son lesbianas pueden perder el sostenimiento económico. En este sentido, es complicada la cuestión de clase en estas chicas como para determinar quiénes son ricas y quiénes son pobres. El factor de la edad, en cambio, es determinante por su vínculo con la dependencia económica a la hora de acceder al mercado LGBT.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que en ciudades medianas como Ponta Grossa y Manresa, el mercado LGBT es prácticamente inexistente o muy limitado. Yo soy crítica de esta visión del mercado y los espacios de alivio porque está centrada en grandes metrópolis y en hombres gays adultos y blancos. En Manresa el consumo está muy limitado porque no hay ningún bar LGBT de este tipo. Por eso también es interesante trabajar en estas ciudades sobre estas cuestiones.

En Geografía, las grandes ciudades han tenido un lugar central respecto a cuestiones como la visibilización y la lucha LGBT y se ha excluido el estudio de otro tipo de localizaciones. Usualmente se habla del mundo rural o de las grandes ciudades, pese a que mucha gente vive en otro tipo de lugares.

¿Cuál es el papel de la dimensión espacial en la configuración de relaciones de poder y procesos de subjetivación?

Ha habido bastante debate en Geografía sobre la cuestión LGBT o las sexualidades y el espacio. El tema de los barrios gay, por ejemplo, ha sido estudiado durante varios años. Han sido abordados aspectos como los procesos de territorialización de grupos que comparten una cierta identidad y una clase social, las implicaciones que han tenido, por ejemplo, en procesos de gentrificación, la relegación de las lesbianas de dichos procesos debido a que son lugares donde mayoritariamente viven hombres gays, características en torno a las cuales se construyen las identidades de estos barrios.

Lo que quiero ver en esta investigación no son estos procesos a gran escala, sino cómo en la vida cotidiana el espacio determina estas cuestiones. Cómo en un día cualquiera, cuando una persona se mueve entre distintos lugares, ciertas identidades se ponen de relieve y otras quedan neutralizadas. De ahí viene el nombre de la metodología que propongo. Y cómo eso, en el día a día, provoca experiencias diferentes de privilegio y de opresión.

¿Cómo se captan esas experiencias?

A través de los mapas de relieve de la experiencia intento sistematizar y visualizar estas dinámicas de poder que pasan a través de los espacios, para analizarlas de forma más específica, visual y sistematizada. Lo que vi en el trabajo de campo es que, según el lugar en el que se esté en la vida cotidiana, hay identidades que están de relieve y otras que no. Una chica lesbiana puede sufrir una presión muy grande en el trabajo, sufrir violencia en la calle, pero si vive con su pareja y es una mujer, el hecho de ser lesbiana dejaría de estar de relieve en parte porque no hay algo que la oprima. Esto tiene otra cara y es qué identidades tenemos neutralizadas en determinados lugares y debido a qué tipo de relaciones sociales. A veces es porque estamos con personas iguales a nosotras, como dos chicas lesbianas que pueden estar en casa, ser blancas, de más o menos la misma edad o clase social; pero a veces no están de relieve porque una identidad confiere privilegios. Por ejemplo, la raza.

En Manresa es frecuente ver cómo para las mujeres lesbianas que son blancas, la etnia no es una cuestión a tener en cuenta en ninguno de los espacios. En el trabajo de campo que hice con jóvenes en general, había un chico blanco heterosexual que vivía con sus padres y que no tenía ninguna identidad de relieve. Yo creo que esto nos permite ver cómo el espacio juega un papel fundamental en las dinámicas tanto de opresión como de privilegio, porque hay lugares donde las personas tienen experiencias negativas de opresión y otros lugares donde no. Creo que esto no sólo sirve para el análisis de cómo funcionan las dinámicas de poder, sino también pueden aportar propuestas sobre cómo creamos estos lugares de alivio. En todas las entrevistas que he hecho hay alguno de estos lugares. Y cómo la gente joven en este caso es capaz de crear estos lugares y tiene un conocimiento que les permite gestionar de formas complejas y contradictorias identidades para obtener privilegios. Esto lo hacen de forma cotidiana. Se observa cómo gestionan lugares e identidades, cómo crean lugares de alivio o estrategias concretas que también son colectivas, no sólo individuales.

¿Cuáles son las principales estrategias para construir lugares de alivio en ciudades medianas, que a diferencia de ciudades grandes no cuentan con espacios como Chueca en Madrid o la calle de Amberes en Ciudad de México?

Las estrategias son diversas. Antes de crear lugares de alivio, la primera estrategia consiste en evitar la opresión, por ejemplo, en casa. Muchas de las chicas que viven con sus padres, para no perder el sustento económico, tienen estrategias para esconder su orientación sexual o su relación con otra mujer, que pasan por el uso de medios on line con sus amigas, por ejemplo, para mentir a sus padres. También estrategias de performatividad del género, que es muy común en todas, como el passing, es decir, hacerse pasar por heterosexual. Esta es la estrategia más común tanto en Ponta Grossa como en Manresa. Para ello, las chicas adoptan una representación de género que consideran adecuada a la de una mujer heterosexual y que se aleja de cualquier estereotipo sobre las lesbianas. Es decir, basta esconder su relación con otra mujer, evitar las muestras de afecto en determinados espacios. Esto les permite evitar la opresión, la discriminación o la violencia.

En esta estrategia del passing, los espacios públicos o privados quedan bastante difuminados. Esta distinción ha sido criticada por el feminismo desde hace muchos años. En el caso de la sexualidad se observa cómo esta división es ambigua para las jóvenes lesbianas. Por ejemplo, para no ser vistas como lesbianas en casa es importante que tampoco sean vistas de este modo fuera de ella, porque la información pasa de un espacio al otro. Ellas están escondiéndose permanentemente, porque en su espacio privado deben hacerlo. Esto implica una invisibilización muy grande de las lesbianas, respecto a la cual se ha hablado mucho. Algunos autores señalan que las lesbianas son más invisibles que los hombres gays debido a cuestiones de género: las mujeres no territorializan tanto los lugares como los hombres. Teóricas feministas han criticado este argumento por esencialista, ya que adjudica determinadas propiedades fijas al ser mujer. Yo lo miro desde otra perspectiva y es que la invisibilidad es una estrategia para evitar la discriminación y la violencia.

Si bien el mercado ha profundizado inequidades, también ha favorecido formas de visibilización, de creación de espacios donde se alivia la violencia y la discriminación. En Bogotá, por ejemplo, un Alcalde aprovechó la presencia de locales comerciales LGBT en un sector de la ciudad, así como cierto permiso social para hacer explícita la orientación sexual e identidad de género, para, a partir de allí, irradiar cuestiones relacionadas con los derechos y el respeto de personas LGBT al resto de la ciudad. ¿Qué opina del desarrollo de estrategias para la promoción de derechos ancladas en lógicas territoriales como ésta?

Estas estrategias son complejas. Podemos estar de acuerdo en algunas cosas y en otras, no. En Barcelona veo que es favorable para la visibilización de determinados grupos, pero a nivel de una dinámica económica de la ciudad, creo que ha hecho mucho daño. No creo que los intereses económicos que hay detrás tengan que ver con lo que el movimiento LGBT de la ciudad haya estado reivindicando desde los años setenta. Eso para los movimientos sociales representa un problema.

En la manifestación del 28 de junio de Barcelona, hay una gran marcha en la que participan carrozas patrocinadas por empresas como hoteles y discotecas. Es una marcha bien festiva, poco reivindicativa, pero de visibilización. Algunos sectores de izquierda del movimientos social critican este tipo de marchas y llevan a cabo una manifestación paralela, el mismo día u otro día, con una reivindicación política y una perspectiva anticapitalista. Sin embargo, en las manifestaciones paralelas continúa habiendo problemas entre gays y lesbianas, porque ellas siempre quedan invisibilizadas, es decir que hay un sesgo de género.

En Barcelona el Ayuntamiento tiene unas políticas con relación al turismo que son un poco invasivas. Hay intereses económicos fuertes con el tema del turismo y el mercado en la ciudad, que atrae hombres gay de distintas partes del mundo. Así que aquí este tema está muy ligado a intereses económicos. Yo creo que cada ciudad debe considerar sus propias especificidades, por qué se crean ese tipo de barrios o por qué se fomentan o no desde las instituciones.

Pese a que esto no responda a los intereses del movimiento LGBT de Barcelona, también es claro que le ha brindado un espacio a muchas personas gay para expresarse, hacerse visibles y andar con gente que comparte los mismos gustos. La creación de estos barrios puede ser positiva para la vida cotidiana de muchas de estas personas, pero para otras no.

En su trabajo señala que la perspectiva interseccional, pese a su importancia teórica y a que permite comprender las conexiones entre producción del espacio y producción de poder, ha sido criticada por carecer de una dirección metodológica clara. ¿En qué consiste, en ese sentido, el aporte de los mapas de relieve de las experiencias?

En interseccionalidad se han llevado a cabo trabajos en dos direcciones: una son los estudios que incorporan diferentes identidades para abordar un determinado problema social, que consideran, por ejemplo, las problemáticas laborales de trabajadores de determinada región, para ver cómo operan cuestiones relacionadas con la clase, el género y la sexualidad. Ha habido muchos trabajos de este tipo, incluso antes de que fuera formulado este concepto. Pero estos trabajos normalmente no contribuyen a conceptualizar la interseccionalidad, quedándose en el problema particular que están estudiando. Lo más común es abordar grupos que comparten más de una identidad, como las mujeres jóvenes gitanas que viven en un barrio de Barcelona, pero no consiguen teorizar sobre estas dinámicas de modo que puedan ser generalizables.

Por su parte, los textos con foco en la interseccionalidad como concepto tampoco han desarrollado herramientas que permitan pensar el fenómeno de forma ordenada. Acostumbran a decir que la interseccionalidad es un concepto muy útil e interesante, que da respuesta a una serie de problemas y de exclusiones que se dan también dentro del feminismo, que recoge tanto la crítica postestructuralista y al mismo tiempo permite hablar de las desigualdades materiales, etcétera. Se le ve como la panacea, pero también dicen que a la hora de trabajar con esto sólo surgen problemas. Un problema es el número de identidades que debemos tener en cuenta, o cómo trabajar con estas identidades entendiéndolas como mutuamente constitutivas, que creo es uno de los puntos más relevantes. Entender, por ejemplo, que el hecho de ser mujer está determinado por cuestiones como la edad. No se espera lo mismo de una mujer de tres años que de una de noventa. Esto forma parte de una crítica dirigida a estudios que consideran las identidades como añadidas, como opresiones que se suman: si eres mujer y encima negra y pobre, pues mucho peor. Pero esta es una concepción que no entiende las identidades como constitutivas las unas de las otras. Otra crítica es metodológica y se refiere a que no existen propuestas que ayuden a trabajar empíricamente ni teóricamente sobre la interseccionalidad.

Con los mapas quiero proponer una herramienta que ayude a sistematizar el estudio sobre la interseccionalidad y que dé pistas para pensarla. Con estos mapas no se parte de categorías prefijadas. En los mapas nunca aparece la categoría "mujer", "hombre", "trans", sino género, y además nunca se está jerarquizando o dando más visibilidad a unas identidades que otras. Al estar representadas varias estructuras de poder en el mismo mapa, permite entenderlas de forma mutuamente constitutiva, porque la experiencia siempre viene determinada por la existencia de todas estas posiciones y también ayuda a tener en cuenta tanto el privilegio como la opresión. En interseccionalidad poco se estudia el privilegio. Muchas veces es porque no se puede estudiar todo, pero también porque obviamos hacerlo. Con los mapas estás obligado a tener en cuenta los privilegios y el papel que juegan en estas dinámicas.

Fuente: Clam