febrero 04, 2014

De la categoría de Género:


Como señala María Milagros Rivera la teoría de géneros fue acuñada en los años setenta y fue un concepto muy liberador pues permitió a las mujeres desenmarcarnos de determinismos biológicos y destacó el papel de la cultura en la construcción de “lo femenino” y “lo masculino” en las diferentes sociedades y culturas. Desde ese entonces la categoría de género se fue haciendo cada vez más popular y fue con la plataforma de Beijing en 1995 que el género pasó a ser parte del vocabulario común de organismos a nivel internacional y también con el tiempo, de las agendas nacionales de algunos países, comenzó a figurar en el nombre de asignaturas universitarias, en algunos medio de comunicación y de este modo es cada vez más usual escuchar la utilización de este concepto en el lenguaje cotidiano. 

Pero esta popularización del concepto de género ha dado espacio para que se utilice fuera del contexto del que este emerge y se pierda el sentido del mismo. Es así como en la actualidad podemos notar que muchas veces género se equipara con sexo, o se utiliza para referirse específicamente a las mujeres. No es difícil encontrar instituciones públicas donde se dice que trabajan con perspectiva de género y lo que hacen en realidad es trabajar con mujeres, sin cuestionarse las relaciones de poder existentes entre varones y mujeres y peor aun, bajo mi punto de vista, es que reproducen estas construcciones en el momento que sus líneas de trabajo fomentan la división sexual del trabajo tradicional (talleres de manualidades, peluquería, cocina, etc.) 

Por otro lado la utilización de la temática de género en ambientes intelectuales, universitarios y gubernamentales ha dado paso a la neutralización del término de género en el sentido que, como bien señala Marta Lamas, se invisibilizan las relaciones de poder y dominación que las primeras teóricas relacionaron con este concepto. En este sentido el uso descriptivo del término género es sumamente ingrato con sus precedentes en las teorías feministas pues se presenta este término como “nacido de si mismo” en una suerte de orfandad con respecto a las posturas feministas que lo concibieron. Es verdad que esto se concibió (quizás de una manera inconciente) como una estrategia para acceder a espacios donde existía (y existe aun) un excesivo recelo a la “palabra feminismo”, y por otro lado como una búsqueda por posicionarse en el lenguaje cotidiano y así masificarse; para lograr una comprensión y concienciación general del la construcción cultural de la diferencia sexual. 

Si bien esto provocó que en la actualidad la categoría de género muchas veces se presente como vaciada de contenido, pienso que esta categoría sigue siendo tremendamente útil y revolucionaria. Revolucionara por reconocer las relaciones desiguales de poder, de dominación y en este sentido proponer un cambio social mayor, y Útil como estrategia para promover este cambio social, como una herramienta que permita aplicar esta perspectiva de manera transversal en diversas áreas (en salud, educación, investigaciones, en planificación social, en el desarrollo y evaluación de políticas públicas, etc. etc.). Pero esto sólo se logrará en la medida que podamos volver a llenar de sentido a la categoría género, y esa es una tarea que en la actualidad debemos proponernos las feministas en nuestros diversos campos de actuación, volver a llenarla de contenido, de sentido y a nombrarla desde el feminismo. 


Macarena Trujillo Cristoffanini.
La Ciudad de las Diosas