marzo 21, 2014

Da miedo envejecer

Seguramente mientras lee este artículo cientos de personas en el Perú habrán cumplido 60 años, pues cada tres segundos una persona los cumple en el país. Cumplir 60 años y pasar a ser consideradas adultas mayores para muchas de nosotras significa que tenemos mayor probabilidad de encontrarnos en una situación de vulnerabilidad, incertidumbre y hasta desesperanza, al no tener la seguridad que se requiere y merece para tener condiciones de vida aceptables, disfrutar de los frutos del trabajo realizado, de lo construido, de las amistades, la familia, en general de una buena vida.

Una encuesta realizada en 2013 a 100 mujeres y hombres mayores de 50 años de zonas periurbanas de Lima, y de áreas urbanas y rurales de Chincha, Chiclayo, Loreto, Ayacucho, Cajamarca y Abancay por Help Age International y Proceso Social, que hizo el trabajo de campo, nos posibilita,como dice su objetivo “ampliar la comprensión y conocimiento de los derechos de las personas mayores en el Perú, proporcionando información sobre áreas críticas”.[1] Los hallazgos dan cuenta de que las personas adultas mayores sufren cotidianamente la vulneración de sus derechos en una serie de dimensiones, que van desde la discriminación para acceder a diferentes servicios hasta la violencia y el abuso físico, sicológico, emocional y financiero.

Según la encuesta, en el caso de los servicios de salud, un 30% señala que se le negó tratamiento médico debido a su edad, al 37% se le negó un seguro medico, el 41% recibió un pésimo trato de parte de los profesionales de salud y un 34% declaró que descuidaron sus necesidades médicas debido a su edad. Podría pensarse que la negación de un seguro de salud sólo le ocurre a las personas que no tienen condiciones económicas o ingresos suficientes para cubrirlo, pero no; este es un problema que le pasa a miles de hombres y mujeres que viven esta discriminación por la edad, pues en una sociedad en que la salud es mercantilizada, se considera que no sale a cuenta atender a las personas mayores.

Por otra parte, cabe señalar que generalmente no se toma en cuenta que el envejecimiento y los problemas de salud no se dan de igual forma entre hombres y mujeres, ya que las mujeres presentamos con mayor frecuencia enfermedades crónicas que pueden terminar en alguna discapacidad a diferencia de los hombres,que son más propensos a sufrir enfermedades agudas que requieren hospitalización. Así, según las investigadoras que presentaron los hallazgos de la encuesta citada, el 37% de las mujeres adultas mayores padece de artritis, reumatismo o artrosis, el 28% de hipertensión y el 17% de osteoporosis y no hay protocolos para enfermedades no transmisibles.[2] No deja de sorprender que, pese a que el cáncer de mamá y del cuello uterino y el incremento del sida es una realidad para las mujeres mayores de 50, la atención en salud sexual concluye a los 49 años en el sistema de salud peruano, por lo que, según nos informan las presentadoras del estudio, “las mujeres mayores de 49 años no tienen derecho a una mamografía gratuita”. [3]

El que las mujeres tienen mayor expectativa de vida podría parecer una ventaja frente a los adultos mayores hombres. Sin embargo, en nuestros países suele constituirse en un tiempo de dolor, tristeza o de mayor desprotección al no contar las mujeres con las condiciones necesarias para tener una mejor calidad de vida, debido precisamente a los roles y a las concepciones de género en las que se ha enmarcado nuestra vida y socialización. Así tenemos, por ejemplo, que el mayor índice de analfabetismo o de baja escolaridad lo encontramos en mujeres adultas mayores, especialmente en el sector rural, y en mujeres indígenas, lo que le limita sus posibilidades de entrar al mercado laboral, acceder a servicios y ejercer sus derechos.Ello, aunado al hecho de que en la construcción de género se siga afirmando – aunque un poco se ha cambiado en algunos sectores – que las mujeres son para la casa, para casarse y criar a sus hijos y cuidar a sus esposos,reduce las posibilidades de tener cierta autonomía e independencia al llegar a los 60, pues no tendrán ni jubilación, ni pensión de ningún tipo, ni seguro social.

Señala Mercedes Vieira, en la presentación mencionada, que generalmente, cuando hablamos de las personas adultas mayores, se nos viene la imagen de personas pobres, desarraigadas, abandonadas, dependientes de la ayuda social de programas como Pensión 65 y de los 250 soles que éste proporciona a los adultos mayores en extrema pobreza. Sin embargo, estaremos todos y todas de acuerdo que esto en realidad no es una problemática de personas pobres, sino que nos compete a todos y todas, especialmente quienes estamos en la ruta de los 50 años.

Hay que decir que mujeres profesionales que llegan a esta edad tampoco tendrán seguridades, pues normalmente no tendrán los mismos aportes que los hombres, habrán ganado menos para aportar a una jubilación. Mujeres de sector medio, preocupadas porque no tendrán una jubilación, porque no aportaron o no pudieron, o porque lo que recibirán sólo servirá para pagar el recibo de la luz, hacen taxi a los 50, cuidan a los hijos de sus hijas o de las amigas de sus hijas o a personas mayores e incluso podemos encontrarlas vendiendo alfajores en las paradas de un semáforo de un barrio medio alto, como una mujer que vi hace unos domingos y que parecía una maestra de colegio, lista para ir a dar sus clases.

Hay situaciones de las que poco se habla y que deben llamarnos poderosamente la atención no solamente cuando suceden casos extremos, como el de la señora Josefina Vásquez Trujillo, de 71 años, a quien su hijo, Héctor Villalobos Vásquez, dio una terrible paliza cuando ésta no quiso darle la garantía de un préstamo a un banco [4] , o casos de asesinatos que saltan a las páginas de los diarios, sino todos los días y son los diferentes tipos de violencia que sufren las personas adultas mayores. Aunque no es común que se produzcan denuncias, una investigación realizada en el 2009 en seis Centros Emergencia Mujer de Lima da cuenta de la dimensión del problema. Cuando se habla de las características de los agresores, encontramos que “el 76.27% (90) de los agresores son menores de 60 años;el 55.93% (66) es del sexo masculino; el 44.07% (52) son casados; más del 50% tienen instrucción secundaria, técnica y superior y cuentan con ingresos económicos; un 45.76% (54) no tienen trabajo remunerado, muchos de ellos son desempleados”.[5] Un importante dato que arroja la encuesta realizada por Help Age International es que un 42% de las personas adultas mayores encuestadas han sido víctimas de abuso financiero desde que cumplieron 50 años de edad y a un 19% se le ha sustraído bienes personales.[6]

Un caso extremo de violencia es el que en este mismo estudio se denomina “abuso de acusación malintencionada”, como le sucedió a la señora Elesmira Zárate, a quien las rondas de Otuzco castigaron duramente causándole la muerte, al ser acusada por su propio hijo de practicar brujería. Bruja es también el apelativo más común que se da a las mujeres, ya sea la esposa, la suegra, la abuela, la madre, cualquier mujer que se busca estigmatizar y descalificar. Es el insulto que más se hace a las mujeres mayores.

Una situación muy poco analizada y que tendrá repercusiones muy altas en relación a la cadena de producción es que, en nuestro país, la población rural productora está disminuyendo, las personas jóvenes se van y el campo y la producción agropecuaria quedan en manos de las personas adultas mayores, que ya no tienen las mismas capacidades productivas. No hay ningún incentivo para la juventud en el sector rural, por lo que la emigración resulta en la mejor opción para tener mejores condiciones de vida, mientras las personas adultas mayores se van quedando más solas, generalmente sin acceso a servicios adecuados para su edad, para sus necesidades específicas, y por tanto más vulnerables.

Por Rosa Montalvo Reinoso

Notas:
1. Help Age International, Los derechos de las personas mayores en el Perú, Resumen ejecutivo, Lima, 2013.
2. “Envejecer con dignidad: Por un país inclusivo para todas las edades”, Presentación realizada por Mercedes Vieira y Pilar Contreras el 6 de marzo del 2014 en Lima.
3. Idem
4. “Mal hijo golpea brutalmente a su mamá por préstamo”, El Trome,8 de febrero del 2013.
5. Martha Martina, Violeta Nolberto, Manuel Miljanovich, Olga Bardales y Deysi Gálvez,“Violencia hacia el adulto mayor: Centros Emergencia Mujer del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social. Lima-Perú, 2009”, en Revista Peruana de Epidemiología, Vol. 14, 13 de diciembre del 2010.http://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/epidemiologia/v14_n3/pdf/a04v14n3.pdf
6. HelpAge Internacional, doc. cit.