marzo 02, 2014

La buena palabra

Dos integrantes de organizaciones populares venezolanas explican por qué se movilizan en apoyo al gobierno constitucional de su país, cuáles son los cambios revolucionarios que defienden ahora y cuáles los que todavía faltan, mientras celebran que en su territorio “feminismo” ya no sea una expresión peyorativa.

“Muchas compañeras nos preguntan cómo es que las feministas venezolanas nos identificamos con un macho llanero, militar, como era Chávez, que es nuestro símbolo de unidad en Venezuela. Pero Chávez era tan integral... que hasta era feminista, en proceso de aprendizaje, reconociendo sus limitaciones, pero reivindicando a las mujeres y nuestro papel en la historia.”

Yolanda Saldarriaga integra la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora. Proviene del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora y es una de las coordinadoras de la escuela feminista. Habla con tranquilidad y pasión, compartiendo los sueños de muchas mujeres del pueblo que el sábado 22 de febrero se movilizaron en una inmensa Marcha por la Paz y la Vida. En los quince años de gobierno chavista, las mujeres han estado en la primera línea. “La garantía de continuidad del proceso bolivariano es la construcción del poder popular –asegura Yolanda–. Estamos en un proceso en el que todas las funciones que ejerce el estado burgués, que se mantiene actualmente, las va a ir ejerciendo el pueblo. Estamos en una transición de un estado burgués hacia lo que hemos denominado ‘estado comunal’, que se construye desde el territorio, con figuras de autogobierno en cada comunidad, los consejos comunales, en lo urbano y en lo rural. Estos se articulan para conformar comunas, territorios autogobernados por el pueblo. En lo económico, con sus proyectos productivos, su definición económica de hacia dónde quieren ir, cómo quieren producir, cómo distribuir lo que producen; en lo político con el autogobierno. El poder popular es la posibilidad de que el pueblo defina su historia, su vida, y tenga medios para ejecutar lo que define. Las milicias populares bolivarianas, por ejemplo, son el mecanismo para la seguridad y defensa del territorio, la organización popular que realiza su proceso de formación en el área política y militar, para aprender cómo defender su territorio, cómo abastecerse de alimento en situaciones críticas. Es una estructura legal de las fuerzas armadas, en proceso de formación.”

Para las feministas lo personal es político. Por eso, a pesar de la difícil coyuntura, le pregunto cómo se siente. ¿Hay cansancio? ¿Hay tristeza? Yolanda dice: “¿Cansancio? No, para nada. Hay mucha fortaleza para continuar. Hay rabia histórica acumulada. La muerte del compañero Juancho, el 12 de febrero, fue otro golpe fuerte. Los movimientos populares estamos haciendo el llamado a contener esa rabia, y a focalizarla hacia la movilización popular alegre, combativa y firme, sin caer en las provocaciones que quieren generar”.

Alejandra Laprea, integrante de la Red de Colectivos de Mujeres Socialistas Feministas La Araña Feminista, recuerda: “Hemos sobrevivido al saboteo de los servicios básicos, de los alimentos, al desabastecimiento, a la guerra económica, a intentonas de golpe. Eso hace que el camino de la revolución sea más lento, el camino pacífico de esta revolución que fue la opción que nos legó el comandante Chávez”.

¿Qué es lo que están defendiendo? Alejandra Laprea responde: “Para las feministas, la revolución bolivariana ha sido una puerta abierta hacia el debate, hacia poder hacer planteamientos de cosas muy profundas como el patriarcado. Nos hemos permitido cuestionar al capitalismo desde sus raíces patriarcales. En este país, la palabra feminismo se volvió una buena palabra”.

Pero no se trata sólo de conquistas simbólicas. Hay derechos sociales que benefician sobre todo a las mujeres, doblemente oprimidas –por ser mujeres y por ser pobres–. Yolanda nos dice: “La ley del derecho de las mujeres a una vida sin violencia es de avanzada. Reconoce diecinueve formas de violencia, entre ellas la patrimonial, que es muy sutil, muy difícil de identificar. En derechos básicos como la educación, la salud, las mujeres somos el 60 por ciento de las destinatarias de las misiones de educación, de alfabetización, secundaria y universitaria, a la cual antes el pueblo no podía acceder y menos aun las mujeres. Está el tema de la propiedad de la tierra. Las mujeres campesinas hemos podido acceder a tierras de carácter colectivo. La ampliación del pre y posparto, que ahora es de cuatro meses y medio el post y de mes y medio el pre. Asegura también la estabilidad laboral para el padre y la madre de las familias que tienen hijos menores de dos años; hasta que cumplan sus dos años no pueden ser echados de sus trabajos. Esa ley favorece nuestra identidad como proletarias, como pueblo trabajador”.

Agrega Alejandra Laprea: “Necesitamos seguir trabajando los derechos sexuales y reproductivos, nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos como territorios soberanos. Tenemos un debate pendiente que es altamente revolucionario: el de nuestro derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo. Tenemos pendiente también una batalla fuerte contra el maltrato a las mujeres. Porque no basta la ley, tenemos que hacer que se cumpla. Tenemos una doble lucha: por avanzar en la revolución y contra los movimientos contrarrevolucionarios que provocan situaciones como las que está viviendo el país ahorita”.

Estas luchas no se hacen sólo con declaraciones y marchas. Hay un trabajo de base que es necesario sostener día a día: “El objetivo primordial es el tema económico. Tenemos el reto de superar la economía rentista petrolera, que sigue siendo hegemónica dentro del proceso. Estamos en la construcción de una economía comunal feminista, que tiene que ver con reconocer la doble y triple explotación de la mujer, buscar formas colectivas de socialización del trabajo doméstico, construir procesos productivos donde las mujeres aportemos a la economía del país, que dejen de ser pequeños procesos que ni pellizcan esa guerra económica, sino redes de articulaciones que puedan dinamizar la economía. Las mujeres tenemos un reto histórico en la revolución, que es el tema cultural. Tiene que ver con la construcción de nuevos valores en la sociedad. La ética feminista de comprensión del otro y la otra, de solidaridad profunda, tiene que ser la que rija ahora el proceso que todavía está hegemonizado por valores capitalistas de individualismo, de consumismo.

Por Claudia Korol
Fuente: Página/12