abril 04, 2014

La paternidad no debe ser un juego

Marcela, una joven mujer que quedó embarazada a los 20 años, encontró la negativa del coautor de su embarazo, primero a que lo tenga, señalándole que no era su problema; y luego, cuando nació el niño, a reconocerlo, acusándola de que no tenía seguridad de su autoría porque ella se acostaba con muchos hombres. Aunque sufrió mucho los primeros meses, al final la aceptación y el apoyo de su familia le permitieron vivir los últimos meses de embarazo con relativa tranquilidad.

Él desapareció como por arte de magia, luego de jurarle amor eterno, y ella se enteró con el tiempo que era casado y vivía en una relación aparentemente feliz con su esposa. Tuvo ella que empezar un juicio y demostrar, gracias al ADN, que él era el padre, lo cual le significó un camino doloroso y costoso, pues cuando dicen que la solución es una prueba de ADN para verificar sin duda alguna la paternidad, parecen olvidar el costo económico y emocional de hacer ese camino y que la mayoría de mujeres no tienen la posibilidad de acceder a esa prueba.

Mientras tanto, los procreadores siguen andando como si no tuvieran nada que ver con el asunto, porque no quieren hacerse responsables, porque consideran a la mujer inferior o poco digna de su apellido, y se lo niegan a la criatura, porque consideran que es un problema de la mujer que no tomó precauciones, porque creen que un embarazo es la demostración de su potencia sexual, y eso es lo que importa. La masculinidad en nuestras sociedades se valida con el mayor número de conquistas, aunque se alinea con un sistema de jerarquización y de normas morales en el que se asume que son los hijos o hijas nacidos en pareja estable los que son considerados dignos de llevar el apellido, que es el mayor símbolo de la trascendencia masculina.

El reconocimiento expresa las distancias que hay entre un hijo o hija y otro y de su distinto valor, porque aunque ya no aparece más la denominación de ilegítimo en las partidas de nacimiento cuando se habla de hijos fuera del matrimonio – lo que fue modificado recién en la Constitución del 79 –, la diferente valoración de un hijo o hija según el contexto de la procreación sigue siendo parte de las mentalidades masculinas que persisten; vale decir, si es ‘ílegítimo’, no le correspondería el reconocimiento. Norma Fuller señala que:

“Engrendrar a un ser humano no define el vínculo padre-hijo; esto debe ser transmutado en paternidad a través del reconocimiento público y de la responsabilidad. Ello está garantizado por el lazo matrimonial, mientras que los hijos habidos fuera de éste –algo bastante frecuente en una sociedad en donde los varones están autorizados para circular sexualmente entre mujeres de los distintos sectores sociales y donde existe una estricta endogamia de clase – no son necesariamente aceptados como tales”. [1]

La negativa al reconocimiento de hijos e hijas que generalmente son concebidos fuera del matrimonio es un hecho más común de lo que parece. En el mundo, hay casos que involucran a grandes personajes, como Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de EE.UU., que, según se dice, era padre al menos de uno de los hijos de su esclava Sally Hemings. Más actualmente, también nos encontramos con casos que han llenado la prensa internacional como el del presidente de Paraguay, Fernando Lugo, que reconoció a su hijo concebido mientras era sacerdote, cuando éste tenía 10 años; el de Carlos Menem, quien tuvo un hijo, Carlos Nair Meza, con Martha Meza, quien fuera diputada argentina. Recién a finales del 2006, tras varios años ya del suicidio de su madre,Nair Meza logró que un juez lo reconociera como hijo biológico de Menem. No pueden dejar de mencionarse a ídolos del futbol, como Maradona y Pelé, quienes han estado también en esta situación y se han visto obligados por ley a aceptar su paternidad, llegando en el caso del primero hasta denostar de ese hijo. “Reconocer un hijo no quiere decir aceptarlo; ningún juez podrá obligarme a amarlo”, declaró el astro en su programa La noche del 10. Y remató semejante frase diciendo:“He tenido dos hijas, Dalma y Giannina, lo otro ha sido sólo un error” [2] , como para que no quede duda sobre la diferencia entre engrendrar y la paternidad de la que nos habla Fuller.

En el país, un caso emblemático de negación de reconocimiento fue el del ex presidente Alejandro Toledo, quien durante mucho tiempo se negó a reconocer la paternidad de su hija, lo cual tuvo que hacer ante la presión de la ciudadanía, que veía muy mal que su presidente actúe como un macho irresponsable cualquiera. Sin embargo, no ha sido sólo el presidente quien se ha negado a reconocer durante mucho tiempo su paternidad. También tenemos congresistas, como el aprista Edgar Núñez, quien recién reconoció a sus dos hijas cuando tuvieron la edad de 12 y 13 años, no sin antes dejar en claro que sentía a una de ellas como ilegitima por haberse visto obligado a reconocerla por vía judicial. A modo de justificación, declaró: “Tenía y tengo serias dudas sobre sus rasgos físicos, ella es gordita; no quiero maltratarla porque es una criatura, de todas maneras la quiero, lleva mi apellido y pido que me acepten la prueba de ADN”. [3]

Pese a que estos casos tuvieron una gran difusión en la prensa, pasaron sin que se haya generado el interés de autoridades y dueños de los medios de poner un granito de arena para aportar a modificar los patrones masculinos que siguen tan interiorizados y que se siguen manifestando en los miles de casos de hijos e hijas sin reconocimiento, que terminan siendo criados por las madres o abandonados a un futuro incierto, mientras los hombres siguen portando una masculinidad que sigue validándose en su potencia sexual. Es cierto también que hay un cuestionamiento social muy fuerte al abandono de la responsabilidad que debería tener un padre sobre el hijo o hija que engendró y es cada vez con mayor fuerza un imperativo social el que asuma alguna responsabilidad. Ser un padre irresponsable está mal visto y, en el caso de los políticos, resta popularidad y aceptación y es quizá por eso, para atenuar el impacto político de sus actos pasados, que terminan reconociendo tardíamente a sus hijos e hijas.

Si una se deja guiar por los medios, en las últimas semanas parece haberse desatado una gran preocupación por los niños, niñas y adolescentes no reconocidos por hombres que no quieren cumplir con su responsabilidad. Para una persona poco acostumbrada a los vaivenes de la política peruana, esta aparente preocupación podría dar una buena imagen de la prensa nacional, que cumple con los objetivos de denuncia y preocupación por las problemáticas sociales y de aportar a los cambios que se requieren para lograr nuevas masculinidades.

Primero fue la denuncia de que el congresista Sergio Tejada, quien presidía la Comisión de Investigación al ex presidente Alan García, tendría una hija no reconocida. Como en la cacería de brujas en el tiempo de la inquisición, varios medios dieron cabida a una gran cantidad de elucubraciones sobre el caso, llegando a tales extremos que no les ha importado poner en juego la integridad de una menor de edad para darse con la noticia, debiendo incluso la madre de la menor, a través de su abogada, exigir respeto a su intimidad. Luego vino la llamada ‘bomba’ que sugería que el presidente Humala tendría un hijo extramatrimonial, lo cual ya había sucedido con el ex presidente García. El rumor fue desvirtuado rápidamente y no tuvo mayor impacto, aunque debería llamarnos la atención sobre cómo se tratan en los medios, siempre dispuestos a tomar cualquier asunto que les eleve el rating, situaciones como éstas, que son muy complejas.

La forma cómo se levanta en los medios esta problemática que afecta no sólo a las mujeres, sino también a los niños y las niñas, y su instrumentalización política terminan por banalizarla, sin aportar un ápice a los cambios que se requieren para que no haya más niños, niñas, hombres, mujeres que no tengan el reconocimiento paterno y para que se vayan desarrollando nuevas masculinidades que no se sustenten en la potencia sexual, sino sobre todo – como ya se está dando afortunadamente – en el afecto y la responsabilidad.

Por Rosa Montalvo Reinoso

Notas:
1. Norma Fuller, Masculinidades, cambios y permanencia, Fondo Editorial PUCP, Lima, 2001, p. 457.
2. “Los hijos secretos”, Semana.com, s/f.http://m.semana.com/gente/articulo/los-hijos-secretos/79715-3
3. “Edgar Núñez pidió perdón a las menores que afirman ser sus hijas”, Perú 21, 30 de marzo del 2009.http://peru21.pe/noticia/266361/dos-menores-reclaman-paternidad-edgar-nunez