abril 20, 2014

“¿Y si las mujeres lincháramos a los femicidas?”


Se ha justificado la agresión colectiva hasta la muerte de personas acusadas de robo con el horroroso argumento de “la inseguridad” y “el hartazgo de la gente”. Ahora bien, las mujeres venimos siendo víctimas de violencia desde épocas inmemoriales: ¿se justificaría entonces que hiciéramos lo que erróneamente se ha dado en llamar “justicia por mano propia”? Quienes la sostienen, ¿justificarían que las mujeres lincháramos a nuestros agresores? Quienes alegan que es la ausencia del Estado y la Justicia lo que lleva a grupos de personas a matar, ¿apoyarían que las mujeres saliéramos a la calle armadas y, ante la primera acción abusiva sobre nuestros cuerpos, empezáramos a disparar?

La violencia doméstica, el femicidio, el abuso sexual, las violaciones, los secuestros con fin de trata de personas, ¿son violencias muy distintas de las que está sufriendo la población en general? ¿Existe algún violentómetro que permita avalar que en un tipo de violencia es más justificable la respuesta homicida que en otra?

Desde este lugar surge una pregunta: ¿por qué las mujeres no nos hemos dejado llevar por el hartazgo para resolver el padecimiento sufrido? Si algo ha distinguido al feminismo, en su proceso histórico de cambio de la condición opresiva y violenta que han padecido las mujeres dentro de la estructura patriarcal y que todavía padecen, es su carácter pacifista, a diferencia de otros procesos sociales de transformación, aun cuando durante el mismo han habido innumerables víctimas a manos de sus agresores. La ética feminista permitió ir instalando consensos en las poblaciones para que las legalidades se instauren en un proceso de cambio de mentalidades y de fuerte crítica a la violencia ejercida. Este es uno de los caminos que quienes han alzado sus voces disimuladamente alentando la violencia en masa, hablando por ejemplo de “ecuaciones que llevan al linchamiento” podrían mirar.

La promoción de la violencia irracional como modo de resolución ante la agresión sufrida está al servicio de la imposición futura de un nuevo amo que, con la excusa de imponer la ley por la fuerza “para cuidarnos”, ejecute un nuevo ciclo de violencias al servicio de los poderosos. Implica gestar un proceso social de impunidad que prepare el camino a la supuesta necesidad “de la población” de una mano fuerte que controle. Nosotras conocemos muy bien esta estrategia de dominación.

Las mujeres estamos tan hartas como la población en general de la violencia padecida, pero nunca se ha escuchado una voz que proponga el homicidio como correctivo o como salida. Sí, nos ha movido la necesidad de un cambio pacífico, a través de la educación y de la instauración de marcos legales de sanción a los agresores que quizá sea insatisfactorio por el tiempo que demanda, y mientras se produce ese cambio hay víctimas, pero nunca en la historia del feminismo se ha postulado que la salida para la histórica violencia que padecemos las mujeres sea la (in)justicia por mano propia.

Por Irene Fridman
Codirectora del Curso Universitario de Psicoanálisis y Género de APBA.
Fuente: Página/12