mayo 23, 2014

Entrevista Bertha Oliva, Defensora de Derechos Humanos en Honduras “No es que la democracia en Honduras esté en riesgo, es que no hay democracia"


Bertha Oliva, días antes de la presentación del informe sobre Honduras en Madrid. 
/ Silvia Arjona

Bertha Oliva es una de las activistas de derechos humanos más destacadas de Honduras. Recientemente ha presentado un informe sobre la situación que se vive en Honduras, entre la violencia y la represión a la disidencia.

La coordinadora del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) participa en una misión parlamentaria española, promovida por el Instituto de Estudios Políticos para América Latina, Asia y África (IEPALA), cuyo objetivo esverificar la violación de derechos humanos en Honduras y publicar el informeHonduras, misión parlamentaria de observación de Derechos Humanos, presentado esta semana en Tegucigalpa.

Menores marginales, mujeres, campesinado, gays, lesbianas, transexuales, defensores y defensoras de derechos humanos, abogados, jueces, sacerdotes, sindicalistas, periodistas…Muchos y muy variados son los sectores de la población que se encuentran amenazados y sufren violencia en Honduras. De todos los casos denunciados, el 98% queda impune a pesar de que están ligados a la tortura, a las detenciones ilegales, al asesinato político y a las amenazas de muerte.

La militarización y el abuso de poder reinan por los rincones de este país centroamericano de más de 8,7 millones de habitantes y situado entre Guatemala, Nicaragua y El Salvador. Pero “esto no es obra de ahora ni fruto del golpe de Estado -del 28 de junio de 2009-, sino que Honduras tiene una deuda pendiente en materias de investigar, sancionar y reparar los crímenes de lesa humanidad cometidos en el pasado”, explica Bertha Oliva, defensora de Derechos Humanos y coordinadora del Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras (COFADEH). 

“La impunidad es producto de la inacción de los gobiernos para sancionar y perseguir el delito. Y eso está claro porque los criminales del pasado son los que ahora están dando seguridad al Estado de Honduras. Es como si el Estado protegiese a los que cometieron crímenes de lesa humanidad, a los que estuvieron involucrados en las desapariciones forzadas, en los asesinatos y persecuciones políticas sin reparar, ni investigar ni sancionar los delitos cometidos”, comenta Bertha en una visita a Madrid tras la misión parlamentaria de observadores de derechos humanos a Honduras.

El senador por el Partido Popular (PP), Dionisio García Carnero, el diputado de Izquierda Unida (IU) en el Congreso, Joan Josep Nuet, y el senador del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Iñaki Anasagasti, también se han sorprendido de ese 98% de impunidad tras la misión realizada del 1 al 4 de abril como observadores de derechos en Honduras, de la mano de IEPALA y COFADEH.

El objetivo ha sido realizar una investigación sobre la situación de derechos humanos en el país centroamericano antes del cumplimiento de los 100 primeros días de mandato de Juan Orlando Hernández Alvarado (Partido Nacional) para después elaborar el informe Honduras, misión parlamentaria de observación de Derechos Humanos, con recomendaciones a seguir y que se ha presentado esta semana en Tegucigalpa.

Para ello se han reunido con movimientos sociales, partidos políticos, medios de comunicación y organismos internacionales con el fin de analizar y discutir la situación de derechos humanos que, según Bertha, se presenta con una “involución impresionante”. Tiene claro que “mientras el Estado siga protegiendo a los genocidas del pasado, Honduras no va a avanzar en materias de justicia y en ese sentido la impunidad es la que reina y se consolida”.

A esta defensora de derechos se le nota en la mirada su incondicional lucha después de que en los años 80 desapareciera su marido y ella sufriese persecución política. “Es duro acompañar a las familias de personas desaparecidas o víctimas de violencia, especialmente porque lo que más buscan es verdad y justicia en todas sus dimensiones”, explica de primera mano y sabiendo lo que es ser familiar que vive con interrogantes día a día en busca de respuestas.

Desde COFADEH se escucha y acompaña, se documentan y se investigan los casos y se ayuda a poner a salvo a las personas que lo necesiten. Pero lo que no pueden realizar es cubrir las necesidades familiares, especialmente si la persona que desaparece es la que otorgaba la fuente de ingresos al resto de sus miembros. “Cosa que al gobierno le interesa poco -dice-, parece que cuanto más sufre la familia de una persona desaparecida o asesinada es mucho mejor porque así tiene menos posibilidad de denunciar y actuar”.

“No hay democracia”

Las personas que se juegan la vida defendiendo los derechos humanos de un pueblo vulnerado desean que los datos y cifras vayan cambiando a positivos con el tiempo, pero en el caso de Honduras muchos son los sectores que coinciden en que es un Estado fracasado sin indicios de democratizarlo ni fortalecerlo. “La democracia en Honduras no es que esté en riesgo, es que no hay democracia y no hay ningún interés en que esto avance”, explica con rotundidad.

La falta de independencia de poderes, la militarización, el control del derecho a la información y a la libertad de expresión, la impunidad, el fundamentalismo religioso y el incremento de la criminalidad organizada, especialmente del narcotráfico y las maras, son algunos de los factores claves que colocan al país en indefensión y peligro, situándole con la tasa de homicidios más alta del mundo, más de 7.000 muertes violentas por año, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

En lo que va de año, con el gobierno de Juan Ornaldo Hernández Alvarado, la ONG Casa Alianza denuncia que se han asesinado a unos 270 jóvenes de entre 13 y 23 años vinculados a la militarización, a los escuadrones de la muerte y a las ejecuciones arbitrarias y sumarias y ningún caso ha sido investigado. Como consecuencia, el director de dicha organización, José Guadalupe Ruelas, ha sido detenido arbitrariamente y golpeado por la policía a principios de abril con la excusa de conducir en estado de embriaguez.

Este recién acontecimiento demuestra para Bertha que hay una plena persecución y campaña contra los y las defensoras de derechos humanos. “Aunque se aceptara que fuera ebrio, no se justifica tal barbarie ya que la autoridad no está para cometer un delito mayor que la supuesta falta cometida, las autoridades están para prevenir, por lo que no hay justificación para un Estado violador de derechos humanos, sino más bien se ratifica que es un Gobierno transgresor de garantías y tiene en mente la destrucción de todas las acciones y reclamaciones de derechos”

Esto se suma a las muertes de 117 personas LGTB, de 87 abogados y más de 30 periodistas, entre otros sectores hondureños, en lo que va de año, y que consolida que “Honduras vive una dictadura” cuyas cifras van en aumento con los meses. Bertha se pregunta hacia dónde ir sin encontrar respuestas ante tanta barbarie y al ver que las y los hondureños van perdiendo la esperanza y la confianza. “Parece que están logrando meter el miedo como parte de la cultura, y un pueblo con miedo es un pueblo condenado y sometido por años”, matiza con tristeza.

Comenta que la ciudadanía ha perdido el principio de solidaridad porque callar es sinónimo de sobrevivir. Ayudar al prójimo, herido o tendido en la calle a causa de algún enfrentamiento, es impensable cuando la primera persona sospechosa es quien ayuda. Y es que esto demuestra que no hay ley, la verdad no existe, la verdad la construyen los que deciden por la vida y libertad del pueblo hondureño. Y en base a eso aplican su justicia.
Agitar a la Comunidad Internacional

A pesar de todo, Honduras escucha las peticiones y denuncias de la Comunidad Internacional a través del Grupo de Seguimiento a la Declaración de Estocolmo, conocido como G16, aunque otra cosa es que les haga caso. Para Bertha lo ideal sería que la propia Comunidad Internacional primase la situación de derechos humanos por encima de la militarización del país, porque las armas no dejan de llegar a un territorio que soluciona sus conflictos sociales a través de la violencia armada.

Pero para ello hay que “agitarles un poco más y denunciarles de manera más activa” lo que está pasando en terreno, así como “invitarles a que acompañen los procesos y conozcan de primera mano los contextos” con el fin de que la información no sea enfrentada, por un lado la del Estado, por el otro la de las organizaciones de derechos humanos. Y es que según la coordinadora de COFADEH, “ésta es una lucha desigual y la representación de los gobiernos acreditados en nuestro país deben salirse de esa burbuja si quieren ayudarnos a orientar a Honduras”.

Otra cosa distinta es el papel que está teniendo y tiene EE UU, el cual “hemos olvidado en todo lo que estamos viviendo”, asegura alegrándose de preguntarle por el país del norte. Sigue con su dominio y sometimiento de los años 80, dice Bertha, y hoy nada se mueve sin el consentimiento de la embajada estadounidense en Honduras. “Lanzan mensajes mediáticos para hacer creer que están combatiendo el crimen organizado y el narcotráfico, cuando lo que están justificando es su presencia en el país y la intervención absoluta en Honduras”.

No duda de que EE UU les ha evidenciado y pisoteado como ha querido, primero colocando la base aérea militar José Enrique Soto Cano, en el departamento de Comayagua, “¡en las mejores tierras del país!” -exclama-, despojando a su campesinado y dejándole sin campos cultivables en los 80; y después con la presencia militar. Pero aun así, se pregunta cómo es que no ha ido contrarrestando la situación de crisis en el país con todo lo que han ido haciendo. “¿A dónde nos quieren llevar y qué quieren de nosotros?”, se cuestiona frunciendo los labios a modo de incomprensión perenne.
Cirugía entera para Honduras

Para esta hondureña de trabajo incansable por el respeto de la vida de su pueblo, sabe que no hay resquicio de luz ante este oscuro panorama ni término medio, “o es blanco o es negro”. Asegura que Honduras necesita una cirugía entera, un cambio radicalporque “después del golpe militar lo ha perdido todo”. Además, la sociedad está polarizada y se ha evidenciado el poder de unos frente a la debilidad de otros, se ha dividido entre o “estoy a favor” o “estoy en contra”. Y comenta que la ilusionante cohesión social generada tras el golpe de Estado entre la sociedad civil y las expresiones políticas está ahora debilitada ante la desmotivación y desarticulación de la movilización social.

“Si no, mira lo que ha pasado esta semana. Creo que en ningún país civilizado se ve que las fuerzas militares golpeen a un exjefe de Estado. Eso es por la ingobernabilidad que hay. Quieren someter a su capricho a la segunda fuerza política sin el diálogo”, comenta Bertha sobre el desalojo violento del expresidente Manuel Zelaya y los diputados del Partido Liberal y Refundación (LIBRE) del pasado 13 de mayo en el Congreso Nacional por parte de la policía militar. Oliva asegura que además son víctimas en el hemiciclo cuando hacen alguna reclamación apagándoles las luces, dejándoles sin aire acondicionado o cerrándoles los servicios. “Lo que demuestra, una vez más, que existe una dictadura que se impone a través de la violencia, la fuerza y el sometiendo del pueblo, y no hay peor cosa que una dictadura disfrazada de democracia”, apunta.

Bertha bromea cuando explica que quiere buscar una palabra más fuerte que “alarmante” para referirse a todo lo que acontece en Honduras porque no parece importarle a nadie que ocupe posiciones de uno de los países más violentos, más inseguros, más corruptos y más pobres del mundo.

Ya no sabe si tiene miedo ni si siente, lo único de lo que está segura es de que deben continuar a pesar de estar a la deriva de la dictadura, de los escuadrones de la muerte, de los militares, del narcotráfico y de las violaciones constantes de derechos humanos. “Pese al miedo, a las inseguridades y a las amenazas, lo único que tengo claro es que hay que seguir luchando”, concluye con una fina sonrisa en su rostro para dar cuenta de que el ánimo y la fuerza no las pierde por muchas desgracias que rodeen su causa.

Fuente: Diagonal Períodico