mayo 02, 2014

Feminismo y neoliberalismo

La movilización por el derecho al aborto en el último año ha sido un éxito, aunque aún no podemos cantar victoria por su impacto social, gracias a la unidad de acción intrafeminista. Unidad para la que ha sido crucial la incorporación de una nueva generación de mujeres, y de sus aliados, contra la política sexual del Gobierno y la Iglesia. Políticas que subordinan la sexualidad femenina a una maternidad impuesta, mitificada y reforzadora de unos estereotipos de lo masculino y lo femenino que nos impiden a todas las mujeres el desarrollo libre y autónomo de la personalidad a lo largo de toda nuestra vida. 

Pero la ofensiva patriarcal no se manifiesta sólo en la política sexual, sino también en la política social utilizando la dicotomía hombre proveedor / mujer cuidadora como colchón del recorte en servicios públicos y de la destrucción y precarización del empleo. Una política que no nos ha sacado de la crisis, sino que la ha agravado, aumentando la desigualdad social y de género, y la crisis política. 

Sería mero narcisismo debatir sobre ‘el sujeto’, sobre quién constituye y a quién representa el movimiento feminista, si no miramos su ‘objeto’, por el que, en sus más de dos siglos de historia, han luchado las mujeres más concienciadas y comprometidas: por los derechos de todas las mujeres al voto, la educación, la sexualidad, el control de la propia ­fecundidad y la independencia económica, que no son inmunes a la ofensiva neoliberal. A juicio del Fó­rum de Política Feminista, el feminismo hoy debe incluir en su agenda una lectura y una acción feministas contra el ‘austericidio’. En el IV Con­greso de Economía Feminista (Car­mona, 2013) hubo consenso en la ­visión de que el recorte de gasto público en sanidad, educación o atención a las personas en situación de dependencia –2,5 millones, de las que sólo 750.000 reciben atención pública–, conlleva la reprivatización y refeminización de los cuidados no pagados o mal pagados en la familia. 

La respuesta, no de todas, es incluir la exigencia de la universalidad y calidad de esos servicios públicos en las convocatorias del movimiento feminista. Y participar como marea violeta dentro de las mareas blanca y verde y en las otras movilizaciones en defensa de lo público. Tam­bién creemos que la agenda feminista debe incluir la exigencia del derecho universal a un empleo digno y sin discriminación en el país con más desempleo de la Unión Europea. Con 2.809.200 mujeres y 3.087.100 hombres en paro, por mucho que el Gobierno hable de recuperación, sigue la destrucción y precarización del empleo y carecen de seguro o subsidio de desempleo el 54% de los parados y el 58% de las paradas. 

También exigimos al Estado políticas reales de igualdad. Contra el artículo 9.2 de la Constitución y la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación de la Mujer, de 2008 a 2014 el Estado ha recortado en su exigua partida presupuestaria –el 0,005% del monto total del presupuesto– un 49% en igualdad y un 23% en violencia de género. Al mismo tiempo, las comunidades autónomas lo redujeron un 32,5%, destinando un promedio del 0,09% de su presupuesto. Y la Ley 27/2013 de ‘Racionalización y sostenibilidad’ prohíbe a los ayuntamientos gastar en promoción de la igualdad de las mujeres. 

Los gobiernos neoliberales de España, Europa y el mundo siguen luchando para que las pérdidas de la crisis financiera las paguen los derechos laborales y sociales universales, e implantar ‘más mercado, ­menos Estado’. A lo que hay que sumarle la fracasada Estrategia Euro­pa 2020 de traspaso de la burbuja financiera a una burbuja de deuda pública impagable, la reforma fiscal y el Tratado Transatlántico de Comer­cio e Inver­siones negociado sin control democrático entre EE UU y la UE, como elementos precipitadores para una oleada privatizadora y globalizadora aún mayor. 

Para hacer esa muralla antineoliberal, únanse todas las manos, y para que la protesta y la propuesta feminista sean parte de ella, porque nos va mucho en ello, debatamos y busquemos la unidad de acción todas las personas que, sea cual sea nuestra experiencia o vivencia de la discriminación, nuestra identificación con una u otra corriente, prefijo, sufijo o calificativo, entendamos que el feminismo es nuestra bandera de libertad, igualdad y solidaridad.

Fórum de Política Feminista
Fuente: Períodico Diagonal