mayo 02, 2014

Mujeres indígenas, heroínas cotidianas

Llegar a Pucallpa es sentir de inmediato el olor a tierra mojada, la humedad que se cuela por la piel y la velocidad con que transitan los mototaxis en una pujante ciudad de la amazonía peruana. El pueblo shipibo es el más numeroso de la provincia, un pueblo de hombres y mujeres alegres, de mirada brillantte, cuyo idioma sonoro llena el espacio en que nos encontramos intentando que alguna palabra en castellano se filtre y nos ayude a conectarnos con lo que dicen para entrar, también, un poquito en su pensamiento.

Estamos en un encuentro para hablar de derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, en un territorio en el que las mujeres indígenas viven aún múltiples vulneraciones de derechos y de discriminaciones tanto por su género por la pertenencia a su pueblo, lo que las lleva a intentar esconderla cuando llegan a las ciudades para no sentir la agresión como lo testimonia una participante al narrar cómo la miran y los comentarios agresivos para ella que se hacen en el bus cuando habla su idioma. Es una chama [1] cuenta que le dicen, porque aunque en Lima vemos a mujeres shipibas vistiendo su vestimenta tradicional y vendiendo sus artesanías, no es la vestimenta que utilizan al salir a las ciudades desde sus comunidades.

La consulta previa es el tema de mayor interés, especialmente por la presencia de industrias extractivas que saben deben consultarles, pero no conocen mucho del proceso y de cómo ellas pueden participar en estos espacios, especialmente considerando que van los representantes de las comunidades, que son sobre todo hombres. Por ello, cuando hablamos de los derechos de las mujeres a participar miran con orgullo a la lideresa ashaninka de Kametsa Kepatsi, que es presidenta de su comunidad, pues saben que ella llevará también la voz de las mujeres en los procesos participativos. “A veces por el temor no participamos de repente vas a hablar mal o se van a burlar, nos recelamos delante de las mujeres que más hablan, tenemos temor de hablar fuera del tema”, dice una de ellas al intentar explicar las limitaciones que sienten para participar en los espacios públicos.

Esta no es una historia nueva, lamentablemente; es la misma historia que podemos encontrar en miles y miles de mujeres rurales en el país, más aún las mujeres indígenas que se ven limitadas a participar en los diferentes espacios por temor a no sentirse preparadas, por el miedo a la burla y a ser por enémisa vez discriminadas y eso no lo quiere nadie, ni ellas ni ninguna de nosotras.

Para las mujeres indígenas amazónicas la preocupación por lo que pasará con sus territorios, con su bosque, con sus vidas y culturas es enorme en contextos en los que, como lo señala el diagnóstico de brechas de genero realizado por PRODES y el MIMPV, “la presencia importante de industrias extractivas en el territorio y los impactos diferenciados en hombres y mujeres en la distribución de costos y beneficios, se agrava debido a la escasa presencia del Estado para ejercer acciones de control y conservación de los recursos naturales, por lo que la tala indiscriminada y la quema de bosques afecta directamente los principales medios de subsistencia que las mujeres rurales requieren para sus familias. Pocas mujeres indígenas que viven en zonas rurales tienen acceso a información relevante sobre las actividades extractivas (por ejemplo, en la distribución de beneficios) y generalmente sufren directamente sus efectos en la salud de ellas y sus familias debido a la contaminación del agua y los bosques” [2], reza el documento.

Y no es solamente los beneficios que pudieran tener de los proyectos extractivos la preocupación, vale señalar; sino el impacto que tendrá esto en sus condiciones de vida y en el futuro de sus pueblos, pues es en su territorio en donde se reproduce su cultura, en donde se sigue creando y recreando los conocimientos. Por ello, si es que la necesidad de saber cómo participar en las consultas les resulta imperiosa, qué va a pasar con los árboles y sus semillas que utilizan tanto en la elaboración de sus artesanías, con sus plantas y raíces que les sirven para curarse, con las aves que habitan el bosque y que como los chicuas les anuncian buenas y malas noticias, qué pasará con los cuatro mundos que forman parte de la cosmvisión del pueblo shipibo, es lo que se expresa en la preocupación tan fuerte por el territorio, explicándose entonces que pese a la importancia de que se consulten también medidas administrativas y legislativas, la principal preocupación es lo que implica la consulta por los proyectos extractivos.

Preocupaciones similares son las que llevaron a la lideresa ashaninka Ruth Buendía a liderar la lucha contra la construcción de la hidroeléctrica Pakitzapango que formaba parte del acuerdo energético Perú-Brasil y que incluía la construcción de otras cuatro grandes represas, cuyo impacto iba a ser terrible para el pueblo ashaninka, tanto porque el lugar que se pensaba inundar es donde para los asháninkas surgieron todos los pueblos de la amazonía, como porque la concesión otorgada a la hidroeléctrica Paquitzapango Energía SAC, se ubicaba sobre el territorio de 33 asentamientos y 18 comunidades asháninkas de los distritos de Río Tambo, Pangoa y Mazamari e implicaría un embalse que abarcaría 73 mil hectáreas, por lo que se tendrían que desplazar a unas 10 mil personas, la mayoría asháninkas. Ardua lucha de la lideresa que ha sido reconocida como de las seis heroínas y héroes ambientales a nivel mundial y premiada por la Fundación Ambiental Goldman. El premio ha valido que recién mucha prensa le dé espacio a esta lideresa ashaninka, cuando en los momentos de lucha, muchos de ellos no le quisieron abrir sus puertas considerando que era más bien un obstáculo para la sacrosanta inversión.

La importancia de este premio no radica únicamente en el reconocimiento a la lucha de una mujer por la sobreviviencia de su pueblo, sino que es la expresión de que las preocupaciones de las mujeres y hombres indígenas como con quienes estamos compartiendo es profundamente válida y que sus voces, sus posiciones y sus derechos deben ser respetados por las empresas, por los diferentes actores externos y garantizados plenamente por el Estado.

Radica también en el reconocimiento de la importancia de que las mujeres sigan fortaleciendo sus capacidades para la participación en los distintos escenarios llevando las voces de sus pueblos y también en las decisiones de los propios pueblos en donde aún hay poca posibilidad de participar según dicen las mujeres, reflexión que comparten también los varones asistentes, señalando que “deben darse mayores oportunidades en los espacios para el fortalecimiento de mujeres indígenas”. Necesitamos más capacitaciones para conocer más nuestros derechos y hacer respetar a los demás”. Y capacitar no solo a las mujeres sino también a los hombres, a las autoridades sobre los derechos de los pueblos indígenas es la exigencia, para que no suceda lo que narra una lideresa del distrito de Iparia en donde un alcalde adjudica tierra de las comunidades a los colonos sin autorización de las comunidades, violando su derecho al territorio. 

Conocer los derechos de ellas, de sus pueblos, que se den más espacios para que puedan informarse y participar de mejor manera es el pedido, profundizar en lo que es la consulta previa y cómo ellas pueden también participar con conocimiento de causa pensando en el futuro de sus pueblos, de sus hijas y sus hijos es otra de las reflexiones, poder participar ellas como dueñas también del territorio, ellas como cuidadoras de los bosques y de los ríos, que viven de forma diferenciada los impactos de las medidas, programas y proyectos que se ejecutan en estos territorios.

El derecho a la identidad es el mío, es lo que yo soy dice Romelia, una lideresa con una amplia sonrisa y canta una canción en shipibo en la que nos habla de sus tradiciones, de sus ancestros, de la pesca y el río, convencida de que ella es fundamental para el futuro de sus pueblos. No deja de sorprender la disposición de los varones dirigentes de las organizaciones presentes en este espacio, dispuestos a hacer camino con las mujeres y aportar en su fortalecimiento para que puedan también caminar junto con ellos en la lucha por la defensa de sus territorios, por el ejercicio de sus derechos como pueblos y como mujeres, lo que nos trae una brisa fresca en medio del calor de esta ciudad amazónica. Nos despedimos, con ganas de volver a encontrarnos y seguir haciendo camino con estas mujeres heroínas que pese a todo lo que tienen que vivir, las discriminaciones a las que son sometidas, los dolores de no poder acceder a justicia, de ver morir a sus hijos e hijas, de no ser atendidas como merecen como cualquier otro ciudadano o ciudadana, siguen apostando por sus pueblos, por sus hijos e hijas, por el país, todos los días.

Por Rosa Montalvo Reinoso