junio 19, 2014

El tapiz de las lágrimas de las esclavas sexuales


Caridad Paramud Ayil en la exposición del tapiz 'Lágrimas Negras' en Segovia

El tapiz Lágrimas Negras, de 14 metros de ancho por dos de alto, servirá para dar visibilidad a las víctimas de la explotación sexual en una exposición itinerante que recorrerá Europa durante un año. Un total de 2.245 tejedoras de 46 países —con edades comprendidas entre los 8 y los 80 años— han hilado el telón desde el año pasado para clamar por políticas que ayuden a enfrentar esta lacra que varios expertos tildan como la esclavitud del siglo XXI por el número de víctimas.

El proyecto, liderado por la abogada y artista madrileña Alejandra Corral, de la Asociación Arte y Concienciación Social, aboga por aquellas cuyos derechos son violados cada día. El tapiz ha sido elaborado a través de una técnica antigua de tapicería a base de cañamazos e hilo. Cada uno de los 1.962 trozos de esta fibra de figuras abstractas simboliza las lágrimas negras vertidas por las mujeres inmersas en la prostitución. Tres grandes piezas, una central compuesta por 760 trozos y dos laterales, de 600 cada una.

"A toda mujer que quería participar le enviábamos un trocito de cañamazo, tres hilos de colores —azules, negros o blancos— y una aguja. Ellas lo cosían y nos lo devolvían por correo. Desde la Asociación, y con la ayuda de seis voluntarias, hemos unido los cañamazos —de 15 centímetros de ancho por 15 de ancho— entre sí", explica Corral por teléfono sentada en su coche en Segovia.


La monja Isolina Garrido, que trabaja para la organización Proyecto Esperanza, de la Congregación de Religiosas Adoratrices, ha cosido un cañomazo y ha unido como voluntaria entre sí 357 de los trozos que ha recibido la Asociación. Ella, con 70 años, ha invertido cuatro horas elaborando el suyo. "A ratitos iba haciendo. No es que tuviera mucho tiempo, pero aprovechaba todos los huecos que tenía en el día", argumenta esta gallega, que perdió la cifra total de las víctimas de explotación sexual a las que ha atendido en los últimos 20 años.

"Les ayudamos en todo lo que van necesitando, como ayuda psicológica, acompañamiento educativo, social, laboral o jurídico. Somos un equipo completo que trabaja con ellas. Por ahora auxiliamos solo a 16, entre adultos y menores", relata Garrido.

Según un comunicado emitido por Proyecto Esperanza, unas 14.000 mujeres son víctimas de trata en España, una lacra que afecta a alrededor de 19 nacionalidades en este país y que señala la urgencia de una "legislación integral propia para protegerlas".

Corral, también conocida como Kuska, busca el apoyo de promotores de arte, centros culturales o museos para que acojan la exposición Lágrimas negras. "La concienciación social a través de un objetivo artístico de creación colectiva para llamar la atención sobre la violación de los derechos humanos de la mujer, y particularmente, sobre la trata con fines de esclavitud sexual", comenta esta mujer, que decidió abandonar el derecho para dedicarse de tiempo completo al arte.

Desde Ginebra a Israel, pasando por África y desde Madrid a Avignon, Cuba y México, pequeñas niñas a mujeres de avanzada edad se han unido para romper el silencio que encubría el llanto provocado por la violencia sexual. "No es un proyecto de víctimas y para víctimas, sino que es una iniciativa de mujeres de cualquier profesión o condición social a favor de las víctimas", explica Corral. Y agrega, "Ha sido duro unir los pequeños cañamazos entre sí". Los colores, que fueron elegidos adedre por Corral, representan el agua (azul), la esperanza (blanco) y el dolor (negro).


Lágrimas Negras estará en la Universidad de Valladolid hasta mediados de julio y posteriormente comenzará su recorrido mundial por Italia, Inglaterra, Suiza y entre otros países durante 12 meses. Luego pasará a ser subastado y el dinero recaudado será destinado a la Fundación Amaranta y al Proyecto Esperanza de las Hermanas Adoratrices.

Otra religiosa, Caridad Paramud Ayil, de Kerala (suroeste de India), participa en el proyecto para la Fundación Amaranta desde el Siliguli (norte de India). "Trabajamos en una zona de prostitución. Nosotras ayudamos a las hijas de las prostitutas, porque por sus madres no podemos hacer mucho. Propiciamos que las más pequeñas vayan a la escuela; y a las jóvenes, les enseñamos algunas habilidades para que puedan emplearse en otras actividades lejos de la esclavitud sexual" explica Paramud, que por el momento ayuda a 42 niñas y jóvenes.

"Cada día llegan todas a nuestro centro a aprender. Entre ellas, unas 18 van al colegio también", agrega esta monja, de 65 años, que desde el 2000 trabaja para estas menores de edad. Riendo asegura además que 20 de sus niñas de Siliguli aportaron un "grano de arena" para coser 50 piezas del tapiz en dos meses.

Por: Elizabeth Ramírez Restrepo 
Fuente: Blog El País