julio 25, 2014

Fracking en tiempos de COP20

Hace unos días, luego del llamado paquetazo de medidas anti ambientales que, dicen, serán para reactivar la economía, se realizó en Alemania el Quinto Diálogo del Clima de Petersberg, con la participación de 35 países, que es considerado un paso importante en el camino a la Cumbre sobre Cambio Climático de la ONU, conocida como la COP 20, a realizarse en Lima en diciembre. Allí el ministro de ambiente ha hecho entusiastas declaraciones. “La gran noticia es que Alemania puso los primeros 1,000 millones de dólares, la señal política que se necesitaba para generar más confianza hacia la COP 20 y COP 21. En realidad, son 750 millones de euros y es el primer país que aporta”, dijo.[1]

Mientras esto pasaba en Alemania, en Lima, el ministro de Energía y Minas Eleodoro Mayorga, en el foro Avances en la Exploración y Explotación de Recursos No Convencionales, declaraba que el Gobierno peruano promovería la exploración de gas y petróleo utilizando la técnica llamada fracturación hidráulica o fracking, diciendo que “hay que hacer lo necesario para que las tecnologías de exploración de dichos recursos se apliquen y en un mediano plazo conozcamos el potencial de los recursos no convencionales que (sic) disponemos”.[2] Se trataría, según se ha mencionado en la prensa, de explotar los yacimientos de “shale gas” o gas de esquisto en el Lote 31 E, ubicado en la provincia de Ucayali, región Loreto. Hay que recordar que la compañía Maple Gas Corporation tiene contrato con Perupetro desde 1994, haciéndose cargo de las operaciones en los Lotes 31 B, 31 C y 31 D, campos de Maquía, Aguaytía y Agua. El que haya iniciado sus actividades en 1994 es significativo, como lo señala Alberto Chirif, porque fue el año en que entró en vigencia el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas. “Probablemente el contrato con Maple Gas tenga el dudoso privilegio de ser la primera violación del derecho de consulta previa contemplado en ese Convenio, transgresión que, desde entonces hasta la fecha, se ha producido sistemáticamente.”[3]Durante estos años, las organizaciones indígenas han denunciado permanentemente a la empresa por las afectaciones ambientales, sociales y culturales debidas a la presencia de los trabajadores de la empresa.

Para muchos, las declaraciones del ministro podrían ser bien recibidas, tomando en cuenta que se trataría de supuestamente de aumentar la capacidad energética del país utilizando tecnologías modernas, innovadoras, lo cual siempre suena a avance y futuro. Sin embargo, esta propuesta ha sido denunciada y prohibida en países como Francia, por el propio Consejo Constitucional Francés, por los enormes impactos ambientales que puede acarrear el hecho de perforar la roca inyectando enormes cantidades de agua. Se requerirá, según Green Peace, “entre 9,000 y 29,000 metros cúbicos de agua para las operaciones de un solo pozo”[4], lo que traería como consecuencia dificultades para disponer de agua y los consiguientes conflictos por el recurso. Por otra parte, la utilización de la arena, que, junto con químicos con mucha presión, hace que la roca se fracture y salga el gas contenido hacia la superficie, podría ocasionar contaminación de las aguas subterráneas y superficiales debido a que el agua con químicos utilizada puede ser vertida a los acuíferos o salir a la superficie. Antoine Simon, de Friends of the Earth Europe, ha mencionado que:

“Al realizarse inyecciones hidráulicas, a veces se deja el 75 por ciento del contenido dentro de la tierra. No se sabe qué pasa con ese fluido, puede que migre o que la tierra lo expulse décadas después.”[5]

Los impactos que puede ocasionar la extensa ocupación del territorio que se requiere para esta actividad es otro de los elementos que genera la protesta de los opositores a la extracción con esta técnica, por el nivel de afectación a las poblaciones locales, que quizá tengan que desplazarse, a la flora y fauna y en general a la diversidad biológica existente. Grandes pueden ser los impactos no sólo ambientales, sino también sociales y culturales, para los pueblos que habitan estos territorios, los que, por supuesto, deberían ser consultados si se pretende explotar este recurso. Además según algunos expertos, el fracking contribuiría al cambio climático pese a que quienes defienden esta técnica dicen que no. Según la información brindada por Green Peace, “los expertos determinan que, a menos que las tasas de fuga de metano extraído por esta técnica se puedan mantener por debajo del 2%, la sustitución de este gas por el carbón no es un medio eficaz para reducir la magnitud del cambio climático en el futuro (según el estudio estadounidense del 2011 de Tom Wigley del Centro para la Investigación Atmosférica – NCAR)”.[6]

Son evidentes las contradicciones que se pueden percibir en las declaraciones del ministro de Energía y Minas y el de Ambiente, ad portas de la COP 20, que tiene al Perú como anfitrión, proceso que debería poner al país en la vanguardia de las acciones que combaten el cambio climático, haciéndose todos los esfuerzos por que las discusiones se enmarquen en reales compromisos desde los Estados, que den paso a una nueva forma de entender el desarrollo.

En esa perspectiva, mujeres indígenas de diversos países del mundo se reunieron en el marco del Foro Internacional de Mujeres Indígenas organizado por ONAMIAP y AIDESEP, que tenía como objetivo precisamente colocar en la discusión los temas relevantes para las mujeres indígenas que deben ser considerados por todos los países en esta importante conferencia mundial. Declararon claramente, en su documento de recomendaciones, que “el cambio climático demanda un nuevo orden político y económico, la transformación de la economía, abandonando la dependencia de los hidrocarburos y otras industrias extractivas”.[7] En este espacio, las mujeres indígenas de diferentes países del mundo han planteado la importancia que tienen las mujeres indígenas en la preservación del medio ambiente y en la conservación de los recursos, pese a lo cual los Estados no han hecho los esfuerzos necesarios para garantizar sus derechos a la tierra y el territorio, lo que ha mantenido la discriminación histórica que viven. La escasa presencia de mujeres indígenas del mundo en la formulación de las políticas para enfrentar el cambio climático, siendo ellas actoras claves para el desarrollo de propuestas que tomen en cuenta sus visiones e incorporen sus conocimientos y los roles que tienen en la preservación de los recursos en los territorios que habitan, ha sido planteada, siendo un elemento común en todos los países de las participantes. “Si los países industrializados y nuestros gobiernos desean usar los bosques en la lucha contra el cambio climático, es ineludible que los pueblos y comunidades y en particular las mujeres sean parte integral de la discusión de convenios, leyes y mecanismos financieros”, señalaron. Por supuesto, al ministro y a quienes están detrás de estas propuestas no se les ha ocurrido acercarse a las comunidades y a las organizaciones indígenas para saber qué pensarían de la extracción del gas de esquisto utilizando la técnica mencionada y ni decirles con transparencia y buena fe el impacto que puede tener.

La actividad humana y la voracidad energética que exige este modelo de desarrollo nos ha llevado a la situación de alta vulnerabilidad al cambio climático, que por supuesto viene afectando a las poblaciones empobrecidas, a los pueblos indígenas y a las mujeres especialmente. Hechos recientes como la adopción del paquetazo antiambiental y las declaraciones como las del ministro Mayorga echan por la borda el optimismo del ministro de Ambiente y colocan un manto de oscuridad sobre lo que se puede esperar realmente en términos de los acuerdos post COP20 en el país y hacen temer sobre el futuro de las nuevas generaciones que sufrirán el impacto de las decisiones que se tomen hoy. Por ello, es importante que la ciudadanía, especialmente las mujeres, conozca sobre las implicancias de este tipo de proyectos extractivos, se movilice, denuncie y participe en los diferentes procesos que se están dando en el país en preparación de la COP20.

Por Rosa Montalvo Reinoso


[1]“Con 750 millones de euros, Alemania es el primer país en aportar al Fondo Verde”, Andina, 15 de julio del 2014. http://www.andina.com.pe/espanol/noticia-con-750-millones-euros-alemania-es-primer-pais-aportar-al-fondo-verde-514680.aspx
[2] “Y ahora… el fracking en el Perú”, Servindi, 19 de julio del 2014.http://servindi.org/actualidad/109103
[3]Alberto Chirif, Petróleo y pueblos indígenas de Loreto: una visión histórica, texto presentado en el evento “40 Años de Petróleo en Loreto”, organizado por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, 27 de octubre del 2010.
[4] Green Peace, Fractura hidráulica para extraer gas natural (fracking), hoja informativa, s/f.http://www.greenpeace.org/espana/Global/espana/report/cambio_climatico/Fracking-GP_ESP.pdf
[5]“No quieren el fracking en España ni en Europa”, La Jornada Ecológica, 2 de junio del 2014.http://www.jornada.unam.mx/2014/06/02/eco-l.html
[6]Green Peace, doc. cit.
[7]Documento distribuido en el foro