octubre 21, 2014

India: cada 20 minutos una mujer sufre violación sexual


Shefali Varma es una mujer hindú que vive entre esta capital española y Nueva Delhi, capital de la India, donde pasa cuatro meses al año e impulsa proyectos de apoyo a las mujeres.

Shefali cree que esa es una de las claves para que la desigualdad entre mujeres y hombres desaparezca, que es en última instancia lo que desencadena la violencia.

Hace su aporte impulsando proyectos en la India para ayudar a las mujeres a “defenderse del maltrato”, impulsando una pequeña escuela en Nueva Delhi y también en España, apoyando a mujeres inmigrantes a través de la Asociación de Mujeres de Sudasia.

La situación de las mujeres en la India ha ido cambiando a lo largo de la historia. “En la época antigua, las mujeres gozaban de más respeto que en la época medieval e incluso más que en la actualidad”, explica Shafali.

En la India moderna las mujeres han tenido puestos importantes en el ámbito político, llegando a ocupar la presidencia del país y a liderar la oposición. A pesar de ello, “son víctimas de violación, tira de ácido, rechazo y violencia por no traer dote suficiente y las niñas jóvenes son forzadas a la prostitución”.

Según un informe de Thomson Reuters, la India es el cuarto país más peligroso del mundo para las mujeres y el peor de todos en los países del G-20. Shefali afirma que esto no es reciente, pero ahora está saliendo a la luz “porque nos hemos dado cuenta de que tenemos derecho al respeto y a no ser tratadas como objetos”.

Según los informes de la policía de la India, hay un incremento en los crímenes contra las mujeres. El National Crime Records Bureau (NCRB) tiene estadísticas de muestran que desde 1998 hasta 2010 el aumento en los crímenes contra las mujeres supera el porcentaje de crecimiento de la población.

En las violaciones, tanto dentro como fuera de los matrimonios, “la impunidad sigue siendo muy grande”, explica la activista. Y es que a pesar de los cambios recientes de la ley, en el sentido de mejorar la protección a las mujeres, las víctimas y las familias sienten mucha vergüenza y sufren rechazo social de la comunidad. “En la India no puedes hablar mal de un violador”, sentencia.

En los años 80, las activistas lucharon contra la violación marital para que se declare ilegal, pero en 1983 el acta dijo que “el coito de un hombre con su propia esposa, si no es menor de 15 años, no es violación”.

Hay un nuevo caso de violación cada 20 minutos. Nueva Delhi tiene el índice de violación tumultuaria más alto en todas las ciudades hindúes.

Los casos de violación en la India se han duplicado entre 1990 y 2008. Según el NCRB, 24 mil 206 casos de violación fueron reportados en la India en 2011, y el número real es mucho mayor.

Shefali enseña artes marciales para la defensa personal a mujeres de Nueva Delhi. “En mi país es habitual que en la calle los hombres te toquen el pecho, te agredan y nadie haga nada, por eso es importante que las mujeres sepan delimitar su espacio y defenderse”.

El acoso sexual es un “eufemismo” usado para nombrar los ataques de forma verbal y física sobre las mujeres. Del número total de los crímenes registrados contra mujeres en 1990, la mitad fue relacionada con el acoso sexual en el trabajo.

En 1997 el Tribunal Supremo de la India tomó medidas severas con varias leyes contra el acoso sexual. También la Corte dictó pautas de comportamiento para la prevención a fin de evitar las demandas de los pleitos. El National Commission for Women elaboró estas normas en el Código de Conducta para los empleados.

Otra de las formas de violencia que pueden sufrir las mujeres de cualquier clase, casta o religión es que se les rocíe con un ácido que quema su piel y llega a deformar sus facciones. Un crimen premeditado y cruel para vengarse contra las mujeres que se “atreven a negar la propuesta de matrimonio de un joven o piden divorcio”.

El ácido es barato, fácilmente disponible, y la “forma más fácil de estropear la vida de una mujer”. También se observa un aumento de estos crímenes, especialmente en las zonas rurales.

Cambio cultural

El matrimonio de menores de edad ha existido desde tiempos inmemoriales en la India e ilegalmente sigue practicándose en nuestros días. Históricamente, las niñas viven con sus padres hasta que llegan a la pubertad, cuando son obligadas a casarse.

Aunque los británicos declararon esto ilegal en 1860, sigue siendo lo habitual sobre todo en las zonas rurales. Según UNICEF, en su reportaje de “State of the World’s Children-2009”, el 47 por ciento de las mujeres de la India entre 20 y 24 años fueron casadas antes de la edad legal de 18, subiendo a 56 por ciento en áreas rurales. El 40 por ciento de los matrimonios infantiles en el mundo ocurren en la India.

Es cierto que desde el gobierno y las instituciones se han implementado leyes y mecanismos para frenar las distintas formas de violencia que sufren las mujeres y la impunidad de los agresores. Pero no es suficiente. “Una cosa es lo que dice la ley y otra la cultura, que es lo que hay que cambiar”, asegura.

Desde 1961, el Estado hindú prohibió la Dote, declarando ilegales las demandas de dote por parte de la familia del novio hacia la de la novia, pero esto sigue sucediendo, siendo el motivo de muchos casos de violencia, suicidios y asesinatos de mujeres.

En 1994 el gobierno prohibió declarar el sexo del bebé antes del nacimiento para evitar el infanticidio femenino que aún prevalece en algunas áreas rurales.

“Muchas veces este infanticidio es por dejadez de precauciones tomadas para las niñas no llevándolas al médico, por ejemplo, orientando los escasos recursos de la familia en beneficio de los varones de la casa”. En ambos casos la dote es la razón principal.

También desde el gobierno se impulsó la Ley de Protección de las Mujeres (2006) dirigida al ámbito de la pareja.

Shefali Varma insiste en la necesidad de un cambio cultural. “Hay que dotar de recursos a las mujeres, que sepan que tienen derecho a vivir sin violencia, que puedan ser autónomas”. A ello dedica gran parte de su vida y anima a otras mujeres a hacerlo. “Que se pongan en contacto con nosotras, hay muchas formas de ayudar”.

Por: Gloria López
Fuente: Cimac