octubre 16, 2014

Rafea Um Gomar "primera Ingeniera Solar de Jordania".



Nacida y criada en una comunidad rural de beduinos pobre y remota que habita en el desierto oriental del Reino de Jordania, Rafea Um Gomar tuvo que enfrentarse a las tradiciones conservadoras de su aldea para poder cumplir su sueño de convertirse en ingeniera solar. El camino no fue fácil para ella: pasó de vivir en la pobreza más absoluta a ser perseguida por su propia familia cuando tomó la decisión de cuestionar los papeles asignados a cada género y abandonar su hogar para conocer el mundo. Pero su perseverancia era extraordinaria. Quería utilizar la tecnología más avanzada para dotar de energía eléctrica a su aldea, estimular el papel de las mujeres en la economía local, reducir la pobreza y conseguir una vida mejor para sus cuatro hijas y para el conjunto de su comunidad.

Rafea Um Gomar, una beduina valiente procedente de una aldea rural, no sólo se convirtió en la primera mujer especializada en ingeniería solar en Jordania, sino que además ha creado 80 instalaciones solares en colaboración con otra ingeniera, Sahia Um Badr, gracias a lo cual su aldea ya dispone de electricidad. Actualmente ostenta un cargo político electo, es un ejemplo para otras mujeres y ejerce como docente en su comunidad, formando a muchas otras personas en la utilización de la energía sostenible.

Um Gomar y Um Badr tuvieron la oportunidad de estudiar en el Barefoot College de la India, un centro educativo al que llegan mujeres rurales de todo el mundo, a menudo sin educación o con un nivel muy bajo, para recibir capacitación y convertirse en ingenieras solares. El centro proporciona a las mujeres las aptitudes necesarias para desarrollar una fuente de ingresos, ejercer influencia en sus aldeas y utilizar tecnologías limpias para suministrar electricidad a hogares que nunca antes la tuvieron. Tras su estancia en aquel centro de la India, Um Gomar volvió a su hogar rebosante de ideas para cambiar la vida de las mujeres, y puso sus modernos y recién adquiridos conocimientos al servicio de la comunidad con la aspiración de mejorar la situación socioeconómica de las mujeres que viven en las aldeas más aisladas e inaccesibles.

Um Gomar fue elegida recientemente para formar parte del consejo municipal de Manshiat Al-Ghayath, una zona aislada situada a unos 260 kilómetros de la capital, Ammán. Es la primera mujer que ejerce dicho cargo, un modelo de conducta para su comunidad y fuente de inspiración para muchas mujeres y niñas que la vieron crecer y superar obstáculos infranqueables.

A pesar de las numerosas barreras a las que tuvo que enfrentarse, su éxito sirve para recordar a su comunidad que las mujeres pueden conseguir aquello que se propongan, acceder a los conocimientos científicos, convertirse en líderes en sus comunidades y realizar una contribución positiva a la sociedad. Con el apoyo de ONU Mujeres y de la ONG local, Jordanian Friends of Environment Society, Um Gomar y Um Badr han construido 80 instalaciones solares distribuidas por toda la región y están formando a otras mujeres con el objetivo de construir muchas otras. El siguiente sueño de Um Gomar es crear una cooperativa dedicada a la formación en materia de energía solar con el fin de empoderar y capacitar a mujeres procedentes de todo el planeta para luchar contra la pobreza y ganar en autonomía mediante la utilización de una fuente de energía limpia.

¿Cuáles fueron los principales obstáculos que se ha encontrado en el camino para convertirse en la persona que es hoy?

Al principio, la mayor dificultad a la que tuve que enfrentarme fue la propia comunidad. Vivo en una aldea bastante conservadora, en la que la cultura no permite que las mujeres salgan de sus casas y donde la existencia de la mujer se limita al hogar y al cuidado de los hijos. [Resultaba muy complicado] romper esta cadena y superar las barreras sociales para ser independiente y conseguir una fuente de ingresos regular para mí y mis niñas. Además, mi esposo tampoco me lo puso nada fácil. Tuvimos muchos problemas debido a que no entendía mi necesidad de ser independiente; además, por supuesto, mis frecuentes visitas a Ammán, mi viaje a la India y las reuniones que mantenía con todas esas personas extranjeras son aspectos mal vistos en mi cultura. Mi esposo me amenazaba repetidamente con llevarse a mis hijas si no respetaba las costumbres culturales. Fue muy difícil superar este problema y seguir manteniendo la relación con mis niñas. La determinación de lograr una vida mejor para mí y para ellas, unida a mi firme creencia en mi proyecto, me ayudó a luchar y a conseguirlo.

Cuéntenos cómo fue su infancia. ¿Qué ambiciones albergaba, y qué personas le inspiraron o influyeron para convertirse en quien es hoy en día?

Mi padre [me inspiró para convertirme en la persona que soy actualmente]. Mi padre y mi madre eran diferentes del resto de miembros de la comunidad. A pesar de que al principio dudaban de mis proyectos, mi padre siempre respaldó mi aspiración de ser independiente. Desempeña un cargo de alta responsabilidad en la aldea. De modo que cuando me apoyó y me dijo que no me preocupara, me sentí más fuerte para salir y hacer más cosas.

¿Le ha afectado en su trayectoria el hecho de ser mujer? Si es así, ¿en qué aspectos?

Me casé por primera vez a los 15 años. Al cabo de un año, me divorcié. Tras pasar año y medio con mis padres, volví a casarme. Era mi segundo marido, y yo su tercera esposa.
Desde el punto de vista cultural, los hombres no son mejores que las mujeres. En nuestra cultura, las mujeres están consideradas como un componente importante de la comunidad, pero se espera que se ocupen fundamentalmente del hogar, de las tareas pastorales y del cuidado de los hijos e hijas. En las zonas rurales, las mujeres no tienen tantas oportunidades para progresar como en las ciudades, donde desempeñan un papel más activo en su comunidad. En una comunidad rural de beduinos, las mujeres no tienen ninguna función importante ni visible que ejercer. Así que imagínese, ahora puedo decir que soy la primera ingeniera solar de Jordania, algo que en mi comunidad es difícil de lograr hasta para los hombres. Ni siquiera ellos pueden aspirar a recibir ese tipo de educación.

¿Cuál es, en su opinión, la mayor contribución que ha hecho a la sociedad y a la comunidad?

En primer lugar, he proporcionado iluminación eléctrica solar a 80 casas. En la actualidad, mi ambición es abrir un centro de capacitación para formar a más mujeres procedentes de otras aldeas y, quizá, de otros países, y enseñarles a utilizar la misma tecnología. En segundo lugar, conseguí superar el tabú social que obligaba a las mujeres a quedarse en casa. Demostré a la comunidad que las mujeres pueden salir del hogar, formarse y después capacitar a otras mujeres para producir y vender sus productos. Esta experiencia me impulsó a no quedarme ahí, de modo que decidí presentarme a las elecciones municipales en mi aldea y gané, convirtiéndome en la primera mujer en formar parte del consejo municipal de mi comunidad.

¿Cuál es el principal mensaje que quiere transmitir a la generación más joven? ¿Qué le gustaría que aprendieran de la experiencia que usted ha tenido?

El principal mensaje que puedo enviar a toda la juventud es que, en la vida, lo más importante es la educación. Empezamos por ir a la escuela y después, si continuamos estudiando, seguro que se nos presentan buenas oportunidades. La perseverancia es importante. Aprendan, sean constantes y hagan las cosas bien. Los frutos llegarán.

¿Qué les diría a otras mujeres y niñas que pueden sentirse inspiradas por su trayectoria y por sus logros?

Que tengan más confianza en su propio potencial y mayor seguridad en sí mismas. Que aprendan todo lo que puedan. Aquí, en las escuelas, en el momento en que una niña aprende a leer, se considera que ya es suficiente para ella y que debe marcharse a su casa. Esta práctica tiene que acabar. Es necesario seguir avanzando, continuar aprendiendo y conseguir una vida mejor.

Fuente: Onumujeres