noviembre 19, 2014

Fomentando la paz y la seguridad después de la guerra.


Los largos años de guerra civil en la década de los noventa fueron duros en la montañosa república centroasiática de Tayikistán. Supusieron la ruina para la economía y las personas de y en algunas zonas se, desmantelaron durante años servicios modernos como la electricidad. En medio de la guerra civil, mientras intentaba superar las pruebas diarias que significaba vivir en un estado azotado por la guerra, Kurbongul Kosimova creó el primer refugio de larga duración para mujeres sobrevivientes de violencia resultante del conflicto o de violencia doméstica, y también para sus hijas e hijos. Asimismo, su organización presta apoyo a sobrevivientes mediante la formación de grupos de autoayuda sostenibles y la capacitación innovadora de personas para que se puedan valer económicamente por ellas mismas y mantener a sus hijos después de la guerra. Gracias a la iniciativa, los grandes esfuerzos y la perseverancia de Kurbongul Kosimova, su organización Najoti Kudakon, que significa “Salvar a las niñas y los niños”, empezó con cuatro activistas que compartían una misma idea y este año celebra su 20º aniversario.
Después de años de activismo continuado y la presión ejercida por la organización, el mayor sueño de Kosimova se hizo realidad en 2013, cuando el Gobierno de Tayikistán aprobó una Ley de prevención de violencia doméstica. Al igual que en muchos países, la violencia silenciada que se da en las familias es habitual en el país, y a menudo se acepta como algo normal. Según grupos de ONG, las cifras más recientes estiman que una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia física, económica, psicológica o sexual en algún momento de su vida. Debido a una discriminación arraigada, las mujeres y las niñas no sólo tienen un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica, sino que también les resulta más difícil encontrar maneras de obtener ingresos y ser independientes.

La organización de Kosimova se centra en generar autonomía y confianza entre las sobrevivientes de la violencia de guerra o de la violencia doméstica. Además, ejerce presión sobre las autoridades locales y trabaja para promover la toma de conciencia y la implementación de la nueva Ley de prevención de violencia doméstica.

¿Cuáles cree que han sido los factores más importantes que le han ayudado a llegar donde se encuentra actualmente?

De 1992 a 1995 tuvo lugar lo que sería un periodo terrible para la población trabajadora sencilla y pacífica de Tayikistán: la guerra civil. Durante ese tiempo, todos los valores que regían nuestra sociedad hacia el desarrollo se desvanecieron rápidamente. En Kulob [mi ciudad] no había guerra, pero nuestros hombres participaban en la lucha para preservar el orden constitucional. Cada día llegaban los cuerpos sin vida de nuestros hombres. Tradicionalmente, las mujeres se habían encargado de las tareas del hogar mientras los hombres mantenían a la familia. Al perder el sustento del hogar de la noche a la mañana, las familias con hijos se empobrecieron y dejaron de tener acceso a los servicios sociales o la atención médica. Así es como nació [la organización] Najoti Kudakon.

¿Cuáles fueron los mayores obstáculos a los que se enfrentó para llegar donde está hoy en día?

Después de la guerra, nos encontramos con un problema todavía más grave: la indiferencia de las autoridades, la incomprensión del funcionariado y su falta de voluntad de trabajar de otra manera. La situación empeoró por la falta de un marco jurídico que protegiera los derechos de las mujeres, las niñas y los niños. Algunas mujeres de mi entorno sufrían los mismos problemas que yo: familiares muertos, hijos hambrientos y enfermos, falta de comida y dinero. Invertíamos mucho tiempo y energía para encontrar un trozo de pan. Decidí que tenía que pasar a la acción y movilizar a la gente [poniendo en marcha grupos de autoayuda y un refugio de larga duración para las sobrevivientes de la violencia doméstica].

¿El hecho de ser mujer ha influido en su trayectoria hasta hoy? ¿De qué manera?

Soy una mujer, y por ello he sufrido y padecido las dificultades de serlo. Pero después de constatar el amargo sufrimiento de tantísimas mujeres de mi ciudad, no pude quedarme de brazos cruzados. Ellas [las cuatro mujeres con las que fundé la organización] me eligieron como líder y reunimos a 1.200 mujeres pobres y vulnerables de nuestra región, formando grupos de autoayuda en zonas rurales.

¿Cuál cree que es su mayor aportación a la sociedad y a su comunidad?

Durante 40 años, he trabajado como médico y he intentado asumir las responsabilidades de mi profesión lo mejor que he podido. Me siento orgullosa de haber participado activamente en la redacción de informes alternativos sobre la implementación de la CEDAW, [la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, a menudo también conocida como la carta de los derechos humanos de las mujeres. Los informes alternativos se utilizan como fuente de datos secundarios por el Comité de la CEDAW una vez que se han presentado los informes por parte de los gobiernos]. También me siento muy orgullosa de la presión que ejercí a favor de la Ley de prevención de violencia doméstica.

Todavía están por verse los efectos que tendrá esta ley. Nuestra sociedad, sobre todo en las zonas rurales, aún alberga valores patriarcales muy conservadores y ve a las mujeres como una propiedad de los hombres. La mayoría de mujeres no son conscientes de sus derechos y todavía no están preparadas para utilizar activamente la protección que les ofrece la nueva Ley de prevención de violencia doméstica. Las mujeres tienen miedo de sus maridos, padres o hermanos y prefieren [a menudo] vivir en situaciones de violencia en lugar de pedir ayuda en nuestro refugio. Hemos diseñado diferentes estrategias para llegar a ellas y poder ofrecerles la ayuda que necesitan en condiciones extremas. La Ley de prevención de violencia doméstica es muy reciente y no existen mecanismos claros de implementación; por eso, con nuestro refugio, nos esforzamos para movilizar a las autoridades locales a fin de que elaboren estrategias comunes para la protección de estas mujeres.

¿Qué mensaje transmitiría a otras mujeres y niñas que pueden verse inspiradas por su trayectoria y sus logros?

Actualmente, las mujeres y las niñas viven la dura era de la globalización, y, por lo tanto, deben desarrollar un sentimiento de autoestima en los primeros años de la infancia. Las mujeres y las niñas no deben aceptar ningún tipo de violencia. Todas las mujeres y las niñas deben quererse a sí mismas, hacer todo lo posible para estar sanas, tanto desde el punto de vista físico como mental. Pero, para lograrlo, tienen que tener acceso a servicios sociales, económicos y políticos con los que puedan expresar su opinión. Las mujeres deben tener una amplia representación en la toma de decisiones; para alcanzar este objetivo, debemos unir nuestros esfuerzos. Esto será posible si la sociedad garantiza las condiciones para que la igualdad de género sea una realidad. Se debe poner fin a los estereotipos actuales sobre el papel subordinado de las mujeres y las niñas.

Fuente: Onumujeres