noviembre 30, 2014

“Observar el universo te incita a tener otra filosofía de vida”

Josefa Masegosa forma parte de la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC. En esta entrevista, la astrónoma nos habla sobre la representación histórica de las mujeres en la ciencia y sobre su situación actual.




“Joven madre encuentra el centro de la creación o algo parecido”. A finales de los años cuarenta, el Washington Post publicó este titular para referirse al trabajo de la astrónoma Vera Rubin, una de las figuras más relevantes en la confirmación de la existencia de la materia oscura en el universo. Años después, las figuras de las mujeres siguen cuestionándose en ‘los pasillos de la ciencia’ y en las representaciones que se hacen sobre ellas. Así, si hasta los años 60 estas tenían vetada la entrada a un telescopio, hoy no tienen acceso a un reconocimiento en igualdad de condiciones.

Para Josefa Masegosa, astrónoma presente en la Comisión de Mujeres y Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), los datos actuales confirman esa inequidad. Por ello, ha dedicado parte de su trabajo a investigar la presencia de astrónomas en la historia y a generar programas concretos para su difusión. ‘Con A de Astrónoma’ o el programa de televisión educativa para la UNED ‘Mujeres en las estrellas’ han sido algunos de ellos.


¿Cómo estaban representadas las mujeres en el ámbito educativo cuando tuvo acceso a su licenciatura?

Eran invisibles. No se las conocía. Yo estudié astronomía y mis profesores jamás mencionaron la existencia de estas mujeres. Sin embargo, en las exposiciones de ‘Con A de Astrónomas’ demostramos que las bases fundamentales de la astronomía tienen cara de mujer, aunque los cronistas de la ciencia ni las mencionan. Son mujeres que han sido perdidas. Afortunadamente, “san Google” nos ha ayudado a bucear y muchas mujeres en todo el mundo incluimos sus perfiles. De esta manera se está recuperando un poco su historia en la ciencia.

Da la impresión de que hay más presencia de mujeres en astronomía que en otras ciencias.

Desde el principio de los tiempos, hombres y mujeres han mirado al cielo tratando de buscar respuestas a sus propias vidas. Eso ha hecho que haya habido muchas mujeres implicadas, pero siempre su conocimiento fue contado a través de las voces de sus hermanos, amantes, maridos, padres…

Algún caso histórico…

El de María Winkelmann. Ella fue la primera mujer que descubrió un cometa, pero el artículo que lo sacó a la luz llevaba el nombre del marido y el descubrimiento se le otorgó a él. Así de lamentable fue la historia de las mujeres hasta principios del siglo XX, cuando las sufragistas consiguen que entren a la universidad y accedan a la ciencia. En España, hasta hace tan solo cien años, la astronomía no estaba profesionalizada y para las mujeres era como una especie de hobby.

“Desde que existen los tribunales paritarios, el porcentaje de mujeres en la profesión es mucho más alto”

¿Qué tareas realiza la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC, de la que forma parte?

En ella se encuentran representadas todas las áreas científicas en las que el Consejo trabaja. Todos los años publicamos estadísticas segregadas y hacemos un informe sobre cómo es la situación de las mujeres. Asimismo, servimos como asesoras a la presidencia del CSIC, aunque algunas veces sin mucho éxito. Trabajamos además en un observatorio de igualdad, exigiendo a las autoridades que establezcan comités paritarios y que tome en cuenta la Ley de Igualdad. Por otra parte, queremos generar un proyecto de mentoras para que mujeres que llevan muchos años en la ciencia puedan servir de apoyo a jóvenes que empiezan en la profesión, bajo el fin de que no se topen con las mismas barreras.

¿Cuáles son las conclusiones principales del Consejo sobre las mujeres en la ciencia en el Estado español?

Trabajamos con tribunales paritarios y hemos podido comprobar que, desde que existen, el porcentaje de mujeres en la profesión es mucho más alto. Ya en el Consejo hemos alcanzado el 30% de mujeres que se desempeña en el campo científico. Lo que ocurre es que se produce el llamado efecto tijera y, a medida que se sube en la escala investigadora, baja la presencia de mujeres. Así, de ese 30%, tan solo un 10% llega a ser profesora de investigación. Ocurre igual en el caso de las cátedras. Para hacerse una idea, en EEUU se llevó a cabo un experimento. El mismo currículum con diferentes nombres, Jonh y Jaennifer, se dio a evaluar a personal investigador. Los resultados fueron demoledores. A John le pagarían como dos veces más que a Jennifer y, además, le contrataría más gente. Esto sucedía independientemente del género de quien evaluara. El currículum es el mismo, pero la vara de medir es diferente.



¿Cuáles son las barreras más palpables a las que se enfrentan actualmente las mujeres en astronomía?

La carrera, al igual que cualquier otra ciencia, es dura y el ambiente es tremendamente competitivo. Si eres mujer tienes que competir más porque a los hombres se les permite la mediocridad y a las mujeres no. Esto lo ha demostrado recientemente un informe del Ministerio de Economía y Competitividad: para ser catedrática en España se necesita multiplicar el currículum por dos veces y media. Significa que tenemos que trabajar más y mejor. Así, si tu currículum está muy por encima de la media de tus compañeros varones, llegas. Realmente es una presión tremenda porque también existe una barrera psicológica. Aunque en astronomía ya hay un 20% de mujeres, llegas a un lugar y la mayoría son hombres, por lo que acabas pensando que ese no es tu sitio.

“Según un informe del Ministerio de Economía y Competitividad, para ser catedrática en España se necesita multiplicar el currículum por dos veces y media”

¿Cómo ha sido su experiencia con estas barreras?

Te voy a contar una anécdota que me ocurrió en un congreso en la Universidad de Cambridge, en el año 1992. Yo era bastante jovencita y, al llegar, una amiga me dijo que se había generado una protesta porque yo andaba inappropriately dressed. Llevaba unos shorts. Te puedo asegurar que los astrónomos no se caracterizan por ir con traje de chaqueta y que ese comentario no se habría hecho jamás si yo hubiera sido un hombre.

¿Ha habido un efecto Hipatia, tras la difusión del film Ágora?

Hay una parte que no gustó a mucha gente y luego, si una se pone exquisita, había algunas imprecisiones científicas. Lo que yo he agradecido a Amenábar es que haya ofrecido la figura de una mujer científica. En cine y en televisión deberían aparecer con más frecuencia. Hay historias fascinantes de científicas, pero no interesa que se las conozca. Solamente sabemos de Marie Curie, pero no su triste historia: le quemaron la casa por tener un rollo con un hombre de su departamento.

Siguiendo con las representaciones, recuerdo también la película Contact, que cuenta la historia de una mujer astrónoma.

Jodie Foster encarna la figura de Jill Tarter, a quien acaban de darle un premio este año como reconocimiento a su trabajo. Su campo es la radioastronomía. Tarter ha estado buscando señales que vienen del espacio exterior. Es poco probable detectar alguna, pero es posible. Tomaron su figura para imaginar la película Contact.

Llama la atención que las protagonistas tanto de Ágora como de Contact acaban siendo traicionadas por hombres.

La representación que hasta ahora se ha hecho de las científicas en cine y televisión es intolerable. Transmiten que las mujeres son bichos raros y que no tienen que estar en la ciencia. Dentro de la profesión se exigen siempre figuras masculinizadas. Mis compañeros astrónomos nunca me soportaron porque yo siempre fui muy coqueta y llevaba los labios pintados. Me resisto a vestirme como un hombre porque nada hay en mi cerebro que me impida hacer el mismo trabajo intelectual. No tengo que masculinizarme para estar en mi profesión. En el cine intentan vendernos unas figuras que no aparecen como seres humanos. En Ágora, Hipatia tampoco era real y con Jill Tarter ocurre lo mismo.

¿Cómo es la relación de las mujeres y las niñas con el telescopio?

A las niñas se nos vende que somos inútiles para las máquinas y la ingeniería. En Sevilla, a la escuela de ingeniería todavía se le llama “escuela de ingenieros”. La primera vez que te enfrentas a un telescopio lo miras con miedo. Se nos educa para ser buenas, dóciles, cuidar, estar guapas y poco más. Además, la figura histórica de referencia ha sido la de un físico: Einstein. En ‘La noche de los investigadores’ se realizó un taller en el que se pidió a niñas y niños que dibujaran personas dedicadas a la ciencia. Hicieron señores con barba blanca y bata…

Cuando usas un telescopio estás, de alguna manera, invirtiendo los roles: de ser “la observada” pasas a ser “la observadora”

Observar el universo influye hasta en tu manera de ver el mundo. Caes en la cuenta de que el ser humano es pequeño, de que seguramente no está solo y de que somos una casualidad. Te hace relativizar mucho y te incita a trascender, a imaginar, a crear y a tener otra filosofía de vida.

Para finalizar, una curiosidad personal: ¿existe diferencia entre astrofísica y astronomía?

La astrofísica estudia la física de los astros, mientras que la astronomía tradicionalmente identificaba dónde estaban las constelaciones, haciendo astronomía de posición. Sin embargo, ahora ambos términos se usan como sinónimos. La diferencia es una especie de referencia histórica y trae consigo una connotación elitista que a mí no me gusta. Por eso yo me defino como astrónoma. Hay profesionales que dicen estudiar la física de los astros, como si estuvieran en un nivel superior.


La Unidad de Mujeres y Ciencia del CSIC

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cuenta, desde 2002, con una Comisión de Mujeres y Ciencia. En 2005, el Gobierno creó la Unidad de Mujeres y Ciencia para abordar la situación de las mujeres en las instituciones investigadoras y mejorar su presencia en ellas. Dos años después adoptó un Plan de Igualdad de Género. Aunque la presencia sí que ha aumentado, el efecto tijera continúa, lo que impide que las mujeres lleguen, en equidad, a las más altas escalas en investigación. 

"Abuela mayor consigue la medalla de la Ciencia”


Vera Rubin (EEUU, 1928) contaba que en clase de física notaba cómo el profesor ignoraba a las chicas. Estudió física en la Universidad de Cornell y realizó su tesis de máster sobre la distribución de las velocidades de las galaxias. Su supervisor, el Dr. Stahr, le sugirió ser él quien presentara su trabajo para “ayudarle con su reciente maternidad”, algo que Rubin rechazó. Su trabajo fue polémico y el Washington Post se refirió a él con el siguiente titular: “Joven madre encuentra el centro de la creación o algo parecido”.

Posteriormente, en su tesis doctoral, mostró que las galaxias se agrupaban en grandes asociaciones, anticipándose quince años a la evolución natural del conocimiento. Sin embargo, su trabajo no se publicó en Astrophysical Journal. Tras años de investigación, sus conclusiones resultaron reforzadas hasta que pudo demostrar la idea de Zwicky de 1930, que sostenía que había una gran cantidad de materia oscura en el universo. Desde 1978, Rubin y su equipo han mostrado que casi el 90% de la materia del universo se encuentra en forma de materia oscura.

La astrónoma ha recibido todos los honores posibles en el campo de la ciencia, excepto el premio Nobel, una injusticia que reconocen hasta las personas más puristas en ciencia. En 1993, Vera Rubin recibió la Medalla Nacional de la Ciencia. Sus amistades, para felicitarle, publicaron una réplica al citado titular del Washington Post: “Abuela mayor consigue la medalla de la Ciencia”.

Por Mar Glallego
Fuente: Pikara Magazine