diciembre 08, 2014

Racismo, sexismo y violencia contra las migrantes africanas subsaharianas

En el marco de los 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres (del 25 noviembre al 10 diciembre), AWID habla con Helena Maleno Garzón, una investigadora especializada en migración y la trata de seres humanos, y miembra de la red Caminando Fronteras para tratar de las intersecciones entre el racismo, el sexismo y la violencia contra las migrantes subsaharianas en Marruecos y más allá.

Marruecos es a la vez un país de emigración e inmigración. Pero más de veinte años después de la ratificación de la Convención de la ONU sobre la protección de los derechos de los trabajadores migrantes y de los miembros de su familia, el gobierno marroquí no puede garantizar su aplicación. No sólo las fuerzas de seguridad cometen abusos de los derechos, los-as migrantes subsaharianos-as también son víctimas de la discriminación racial, de género y marginalizados-as por la sociedad marroquí. En Tánger, principal puerta de entrada de Marruecos a Europa, grupos civiles, participan en una «cacería de migrantes subsaharianos-as», que resulta en violencia sexual contra las mujeres y el asesinato de un joven senegalés en el mes de agosto pasado.

La política de militarización de las fronteras conduce a los abusos de los derechos de las migrantes

Frente a la externalización de las fronteras y la militarización de las fronteras de la política de la Unión Europea (UE), Caminando Fronteras, una red regional de militantes, en su mayoría constituida de mujeres de varias disciplinas (médicos, cineastas, enfermeras, trabajadoras sociales, periodistas etc.), decidió trabajar estrechamente en temas de abuso de los derechos de las migrantes en las zonas fronterizas del norte de África (Mauritania, Argelia, Marruecos, Malí) y España.

El discurso de la seguridad creciente difundida por los dirigentes de la UE en las políticas migratorias de la UE, ha llevado a la creación de una agencia europea para la gestión de la cooperación operativa en las fronteras exteriores de los Estados miembros de la Unión Europea (Frontex). Creado en 2004, este organismo puede « firmar acuerdos con terceros países, la organización de vuelos conjuntos de retorno y desde la revisión de su mandato en octubre de 2011, el intercambio de datos personales con la agencia de cooperación policial europea Europol e iniciar operaciones de control en tierra y operaciones de control de fronteras marítimas », según la campaña Frontexit. Esta política de seguridad va en contra de los derechos humanos, incluido el derecho de asilo y la libertad de circulación. En consecuencia, las zonas fronterizas a menudo son denunciadas como espacios donde no se respetan los derechos humanos.

La criminalización de la migración ha acentuado la violencia contra las mujeres, que son las más vulnerables en las zonas fronterizas, donde hay un riesgo significativo de violencia sexual por parte de los militares. Helena Maleno Garzón nos dice: « los discursos de los políticos que se apoyan en la seguridad para detener las organizaciones mafiosas han fortalecido las redes de trata de personas. Estas redes están focalizándose en las mujeres y los niños. En este contexto, creemos que es importante adoptar una aproximación basada en los derechos, incluido el derecho a la libre circulación, para combatir la trata de personas. Si una mujer tiene pleno acceso a sus derechos, no tendrá que recurrir a estas redes de tráfico. »

En todo Marruecos, hay entre 30 000 y 40 000 migrantes subsaharianos-as, a pesar de que el acceso a datos precisos siga siendo complicado. Según Helena Maleno Garzón, la proporción de mujeres migrantes ha aumentado en los últimos años. « Las mujeres constituyen aproximadamente del 15 al 20% del total, e incluso en algunas comunidades, constituyen la mayoría ». Hemos observado un número significativo de mujeres en las comunidades de Nigeria, Camerún, Costa de Marfil, Senegal, Malí y Congo (RDC). « Muchas mujeres de origen camerunés también migran a Orán y Argelia, y caen en las redes de trata. El destino final suele ser Europa y en ocasiones bajo la explotación sexual en Francia, Bélgica, Holanda y Alemania. »

Muchas de estas migrantes vienen acompañadas por sus hijos, que también a veces son víctimas de la trata. Helena Maleno Garzón habla de un proyecto de investigación en curso sobre las y los niños cuyas madres son víctimas de la trata, migrantes o refugiadas en Marruecos. «Muchos de estos niños son adoptados por familias blancas y sus madres desconocen dónde se encuentran. Por ejemplo, en la frontera con Argelia, la mafia secuestra a los niños y los entrega a otra mujer para emigrar a Europa. Esta red abandona al hijo una vez atravesada la frontera y luego se aprueba su posterior adopción. Entonces tenemos muchos casos de madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos. Esto puede suceder en los casos de devolución cuando no se cumplan los derechos de los-as migrantes y el niño por lo general no se registra, lo que significa que si alguien lo secuestra, no podemos verificar la desaparición. También está el problema de los niños nacidos de mujeres víctimas de la trata. De acuerdo con el Protocolo de Palermo, estos niños deben ser protegidos y considerados como víctimas de la trata, pero en realidad, sólo son los dirigentes de la red de traficantes quienes decidirán tanto para el niño como la madre. »

Intersección de racismo, sexismo, discriminación y de violencia sexual

En Marruecos, las migrantes subsaharianas también se enfrentan al racismo y al sexismo que a veces pueden conducir a la violencia sexual, no sólo por parte de civiles, sino también por parte de las autoridades. Según Helena Maleno Garzón, « hay un tremendo racismo en Marruecos, y las autoridades no actúan. El alcance de la discriminación varía según el género, la religión (cristiana o musulmana), el color de la piel y de los recursos económicos. Estamos en una situación en la que las mujeres tienen un estilo de vida diferente de la norma y son insultadas y denigradas. Además, no tienen ni siquiera acceso a los pequeños trabajos informales y a menudo se ven obligadas a ejercer un trabajo sexual. También son objeto de asalto sexual no sólo por parte de la comunidad migrante que incluye muchas violencias basadas en el género internamente, sino también por parte de la sociedad y de las fuerzas de seguridad marroquíes. A raíz de estas agresiones sexuales, muchas de las mujeres agredidas se someten a abortos, pero el aborto está prohibido en Marruecos, así que se llevará a cabo de una manera clandestina, por lo general a través de Cytotec, un medicamento que se puede comprar en el mercado negro en las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla. Las mujeres migrantes sufren tanta violencia sexual, que existen casos de mujeres que han tenido que abortar con este medicamento hasta ocho veces en un mismo año.”

El acceso a la educación sigue siendo un reto para los hijos de las mujeres migrantes que no están escolarizados o cuando lo son, se ejerce de manera no oficial, es decir, que no tendrá un certificado de que han terminado un curso de estudio. Su derecho a la salud también es violado debido a que los-as migrantes no tienen los mismos derechos que los nacionales en este sentido.

Tánger, situado en el norte de Marruecos, en la entrada occidental del estrecho de Gibraltar, se ha convertido en un sitio de cristalización de tensiones entre los marroquíes y los subsaharianos-as. Según Helena Maleno Garzón desde la primavera de 2014, grupos organizados de civiles han atacado a los-as migrantes. En el distrito Boukhalef habitado por muchos-as migrantes, algunas casas fueron atacadas y las mujeres fueron agredidas sexualmente, sin que la policía interviniera para evitarlo. Ella misma Helena Maleno Garzón, fue una víctima de la violencia sexual, la noche del 15 al 16 agosto del 2014. Ella nos explica que durante esta noche de disturbios, grupos civiles violentos y armados con machetes atacaron a las mujeres y a los niños migrantes, quemaron casas y agredieron sexualmente a las mujeres. La Policía observó estas escenas violentas y no hizo nada. « El líder del ataque no fue detenido y se encuentra todavía viviendo en el barrio. Incluso hoy en día, las mujeres me dicen « el autor de mi violación esta debajo de mi casa. » Esta es la impunidad total. » Esta impunidad llevó a otro ataque contra los-as migrantes dos semanas más tarde en la misma zona, y que resultaría con el asesinato de un joven senegalés. Según Helena Maleno Garzón, la noche del asesinato, « la policía incluso caminó al lado de los grupos de civiles armados con machetes.»

Después de estas agresiones, muchos-as migrantes fueron devueltos-as a su país de origen, sin tener en cuenta la ley, ya que aún no se habían sido identificados-as por su embajada. Helena Maleno Garzón considera que « España y Marruecos han hecho del norte de Marruecos un estado policial por encima de los derechos. »

Trabajando por los derechos de los-as migrantes y las víctimas de trata en Marruecos

Las organizaciones feministas olvidan generalmente a las mujeres migrantes y aunque algunas organizaciones en Marruecos apoyan a los-as migrantes, adoptan más bien un enfoque humanitario que un enfoque basado en los derechos de las mujeres. Para Helena Maleno Garzón, « las organizaciones no entienden realmente los retos de las migrantes que son percibidas como grupos vulnerables o beneficiarios. Las asociaciones tienen prejuicios sobre las mujeres en general. Estamos en un país donde no se respetan los derechos de la mujer, incluso para las mujeres marroquíes, así que el primer prejuicio es porque son mujeres y el segundo, porque son de color negro. » 

Para superar estas dificultades, Caminando Fronteras trabaja con organizaciones de mujeres en el África subsahariana, en particular en Nigeria y Camerún, donde la red está también trabajando en cuestiones LGBTQI. « En Europa, trabajamos en colaboración con las organizaciones de base militantes como la nuestra. Tratamos de seguir el recorrido de las mujeres en el largo plazo. Este es un proceso social y es por eso que tratamos de ver cómo orientar a estas mujeres hacia otras asociaciones que las ayudarán durante su migración. Creemos que la única manera de luchar contra la violencia y las redes de tráfico de migrantes es el acceso a los derechos fundamentales y uno de esos derechos es la libertad de circulación.»

Por Mégane Ghorbani
Mujeres inmigrantes protestan en Lausana,
Suiza, el 21 de junio 2014.
Fuente: Awid