diciembre 13, 2014

Tiempo de encuentros y nuevos desafíos


Lima se calienta poco a poco; no sólo por los días soleados que ya empiezan a aparecer intermitentemente, sino por los encuentros que se están dando desde el mes de noviembre y que han llenado la ciudad de hombres y mujeres que vienen a reflexionar, debatir y hacer propuestas sobre temas relevantes en América Latina y el mundo. 

Primero fue el XIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que congregó a 1500 mujeres latinoamericanas en el Parque de la Exposición, un espacio público proporcionado por la Municipalidad de Lima, que albergó una serie de actividades, muchas de las cuales fueron auto gestionadas. Se debatieron los temas que preocupan a los feminismos latinoamericanos en los momentos actuales, los mismos que fueron esbozados en el manifiesto político “Por la liberación de nuestros cuerpos”, que se elaboró colectivamente para este evento. En este documento se señala que:

“Los feminismos en sus diversas vertientes levantan una crítica profunda a este sistema: a sus valores, que exacerban la violencia contra los territorios y los cuerpos; a su modelo de desarrollo extractivista, depredador de la vida y la naturaleza; a su lógica de acumulación, que mercantiliza todos los medios de vida; a la manera como subordina y explota el trabajo de las personas, en particular el trabajo del cuidado y de reproducción, realizados principalmente por las mujeres.”

Planteando los nuevos sentidos para las luchas de las mujeres, tres fueron los ejes que se priorizaron para guiar las reflexiones y los debates en amplias plenarias: interculturalidad crítica, sostenibilidad de la vida y cuerpo y territorio. Hay que señalar que, por la dinámica misma del encuentro, no se logró profundizar en las variadas aristas que nos proponen estos temas, pero han tenido el mérito de plantear un debate que pone sobre el tapete la colonialidad y la monoculturalidad del feminismo, mencionado así, en singular, y las relaciones de poder que también existen entre los diversos pueblos de este subcontinente, manifestándose en la subordinación, la invisibilización de sus saberes, en el racismo que tan enraizado está en nuestras sociedades, especialmente en la peruana. Al respecto, en el manifiesto se señala que: “Los lugares desde donde ‘hablamos’, sentimos, deseamos, hacemos, producimos riqueza, cultura y conocimiento, están cargados de relaciones desiguales de poder, que degradan otras formas de vida, de saberes y de sociedad, considerándolas subalternas y subordinándolas a la hegemonía occidental”.

Encontramos una multiplicidad de colectivos participantes que, desde el primer momento, demandaban su visibilidad y su presencia, planteando el debate y nuevas propuestas que empiezan a permear antiguas visiones y a abrir nuevas formas de entender y vivir los feminismos. Así, el feminismo comunitario, expuesto ampliamente por mujeres de Bolivia, fue presentado como un “acto profundo de descolonización del feminismo, que se nutre de la filosofía del Buen Vivir y se construye como proyecto en un territorio que ha decidido vivir con dignidad”. Las jóvenes feministas que irrumpieron con su alegría y firmeza también tuvieron su aquelarre y se pronunciaron, con propuestas subversivas hasta en el lenguaje: “Para nosotres (sic) es necesario reconocer que existe más de un feminismo; existen feminismos y en todes (sic) luchamos por la felicidad de todas las personas. Por felicidad entendemos una vida justa, libre de opresión y con placer”, dice un párrafo de su pronunciamiento.

La fuerza de las mujeres afrodescendientes, hermanadas en una sola voz, rompiendo las fronteras de las edades, los países y las trayectorias, recuperando memorias, hablando con la voz de las ancestras, con la palabra que se nutre de las luchas contra un sistema injusto, que sigue explotando a mujeres afrodescendientes en el mundo, hablaron, exigiendo que se garantice su presencia en todo los momentos de un encuentro de esta naturaleza: “Cuestionamos nuestra invisibilidad en la agenda formal y oficial de este encuentro, cuya praxis no es coherente con el Manifiesto Político del mismo” y “exigimos que en el próximo país sede y en los siguientes encuentros se cumpla con el criterio anteriormente mencionado, garantizando la participación de las Mujeres del Movimiento Afrodescendiente en el equipo impulsor y organizador, y no de manera improvisada o de relleno, sino agendada, planificada, monitoreada y anticipada”, dice su manifiesto.

Un episodio que tensionó por momentos el encuentro fue la negativa al ingreso de un activista trans masculino, ingreso que, según se dijo, aún no estaba acordado. La grabación del episodio, una denuncia en la Fiscalía, según se mencionó, y una mandada a la mierda calentaron el escenario, acordándose finalmente continuar el debate para el ingreso de todas las corporalidades. No queda claro sí también los hombres podrán entrar próximamente. Lo que sí hay que mencionar es que unos cuantos protestaron en las redes porque no pudieron entrar; protestas individuales y algo tardías, cabe mencionar, pues, pese a que era público que se organizaba este encuentro desde hace más de un año, no se dieron colectivos de hombres feministas organizados que presentaran propuestas para el debate en un encuentro feminista.

Un espacio organizado por el Enlace Continental de Mujeres Indígenas fue clave para acercarnos a las visiones de las mujeres indígenas de diferentes países presentes en el evento. Ellas nos interpelan y nos cuestionan cuando nos dicen que: “seguimos sin cuestionarnos nuestros racismos internalizados”, y que “pese a que nos hemos cuestionado, muchas de nosotras, nuestros privilegios, sigue siendo una relación de poder”. “No necesitamos de tutela” –enfatizan- “necesitamos alianzas; que se entienda que en cada pueblo el concepto de vida es distinto, aunque hay que buscar puntos de encuentro entre todas las mujeres”. Nos hicieron, pues, una invitación a que nos encontremos y tendamos puentes.

Voces de muchas mujeres también se escucharon en el taller sobre sostenibilidad de la vida. Mujeres indígenas, campesinas, urbanas, cuestionaron la noción existente de trabajo, según la cual sólo se considera y valora como tal el que “produce bienes y servicios con valor de cambio en el mercado”, como señala el manifiesto feminista, invisibilizando los aportes que diariamente hacemos las mujeres para sostener la vida, sembrando, cosechando, alimentando las familias en el campo y en las ciudades, cuidando y criando la pachamama para que nos comparta su fruto, como una hermana y no como una fuente inacabable que podemos explotar indiscriminadamente.

Y cuando aún resuenan las voces y los gritos de miles de mujeres que marcharon el 25 de noviembre, exigiendo el cese a la violencia contra las mujeres en el mundo, y aún se escuchan los ecos del conteo por los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la ciudad se sigue calentando con la vigésima conferencia de las partes sobre cambio climático, la COP 20, tan esperada y tan decisoria para el futuro del mundo, y en la que se están jugando las diferentes visiones de desarrollo y propuestas para enfrentar el cambio climático. Se da esta cumbre en un momento en que el Perú, país anfitrión, flexibiliza los estándares ambientales, debilitando la institucionalidad existente, y emite normas que ponen en riesgo la seguridad jurídica de los territorios de las comunidades.

Cada día que pasa se reducen las esperanzas de que se asuman las responsabilidades sobre el futuro del planeta y de que se lleguen a acuerdos realmente vinculantes, que obliguen a los países a reducir las emisiones de carbono, que son la principal causa del cambio climático que estamos viviendo, especialmente en el Perú, considerado uno de los países más vulnerables al preocupante fenómeno.

A estas alturas, siguen las negociaciones y las presiones, y queda poco tiempo. Según se ha dicho, se está aún lejos de un acuerdo que siente bases sólidas para el acuerdo global que debe firmarse en París el próximo año y que sustituirá al acuerdo de Kioto. Por otro lado, se siente la fuerza de las organizaciones sociales e instituciones de diferentes países del mundo que, con propuestas, exigencias y resistencias, le ponen color a la cumbre alternativa, llamada Cumbre de los Pueblos, que se desarrolla también en el Parque de la Exposición. Aquí cabe mencionar que se siente una mayor presencia y diversidad de mujeres que en las diferentes actividades de la Cumbre oficial. En este espacio están hablando las mujeres, indígenas, las campesinas, las urbanas, explicando cómo el cambio climático impacta de distinta manera a las mujeres, debido a las desventajas y al menor acceso a recursos y oportunidades que tenemos. Que las mujeres, quienes son las principales sostenedoras de la vida, participen en todas las decisiones que se tomen en relación al cambo climático; que se escuche a sus comunidades, sus pueblos, sus experiencias, es la exigencia que plantean por estos días, en esta Lima que se sigue calentando, con el calor de tantos hermanas y hermanos de todas las regiones del país y de tantos países del mundo, que nos visitan y que marcharon hoy, exigiendo justicia climática, que las mujeres participemos en todos los espacios, en todas las decisiones.

Por Rosa Montalvo Reinoso