enero 17, 2015

América Latina. Hacia un feminismo libre de colonialismo

El feminismo descolonial plantea una ruptura radical con las dinámicas de dominación y privilegios coloniales.

Desde hace más de cuatro décadas, los postulados de las teorías feministas “blancos”, burgueses y heteronormativos entraron en crisis con la aparición de críticas procedentes de los feminismos negros y del “tercer mundo”. Los movimientos feministas comenzaron a identificar formas de colonialidad racistas y clasistas en las prácticas feministas.


Ángela Davis, una de las teóricas de los feminismos negros.

Los feminismos negros (bell hooks, Audre Lorde, Patricia Hills Collins, Angela Davis, etc.) y chicanos (Gloria Anzaldúa, Chela Sandoval, Cherrie Moraga, Aurora Levins Morales, Norma Alarcón, etc.) pusieron en cuestión el hecho de que se nombrara la opresión de las mujeres como si ésta fuera igual para todas. Durante mucho tiempo, el término “mujer” fue usado como sinónimo de mujeres blancas, casadas, de clase media o alta y con educación universitaria, ignorando la existencia de mujeres negras así como de las mujeres blancas pobres, entre otras experiencias invisibilizadas.

Los feminismos negros pusieron en cuestión el hecho de que se nombrara la opresión de las mujeres como si ésta fuera igual para todas

Recientemente se ha empezado a hablar sobre el giro descolonial en las teorías feministas. En América Latina, los feminismos descoloniales provienen de pensadoras, intelectuales, activistas, lesbianas, afrodescendientes, indígenas, mestizas pobres, así como de algunas académicas blancas comprometidas que se han preocupado por las violencias históricas de opresión, desde el colonialismo hasta el neoliberalismo.

Los feminismos descoloniales no son uniformes, algunos luchan contra las relaciones coloniales económicas y sus consecuencias políticas, otros luchan por el territorio donde las empresas extractivistas operan contra los intereses de las comunidades. Otros apuestan por hacer visible las lógicas sexistas, clasistas y racistasdesde el Estado y su relación con el capital. La apuesta descolonial es amplia y heterogénea, pero uno de los puntos en común es que sus voces hablan de vidas marginalizadas por el racismo, el capitalismo y el heterosexismo.

América Latina ha sido la denominación occidental para un continente que algunas feministas descoloniales están nombrando Abya Yala. Abya Yala se caracteriza por su diversidad cultural y su complejidad social pero existen algunos ejes comunes que atraviesan todo el continente: el imperialismo económico, la cultura estatal, los problemas de soberanía territorial de los pueblos, la militarización genocida, el empleo policial estatal y el encarcelamiento de las personas más empobrecidas, la pa­ramilitarización, el feminicidio, la división del trabajo, el extractivismo, la imposición de licencias mineras e ­hidroeléctricas, la privatización de servicios básicos, el narcotráfico y el crimen organizado.

Las feministas descoloniales están dibujando posibilidades para enfrentar las violencias y, sobre todo, para pensar un mundo donde entren muchos mundos. Más que en una apuesta identitaria, el feminismo descolonial reflexiona sobre las relaciones de opresión en términos de materialidad.
Feminismo y comunidad

En Europa, frente a los procesos de neoliberalización y la represión de los cuerpos de las personas, han surgido estrategias teórico-políticas feministas que proponen la desidentificación de los géneros rígidos y de las sexualidades normativas. Estas propuestas “postidentitarias” surgen con unas especificidades históricas frente a la opresión heterosexista, pero siguen gozando de unos privilegios históricos heredados de la idea de supremacía blanca y de la acumulación de capital. Al igual que la propuesta ‘postidentitaria’, el giro descolonial en las teorías feministas latinoamericanas responde a contextos y tiempos determinados y puede o no ser aplicable al resto del mundo.

Algunas intelectuales de Abya Yala no se identifican como feministas descoloniales aunque comparten los intereses de lucha anticolonial, antirracista, anticapitalista y antiheterosexista. Una de ellas es Gladys Tzul Tzul, feminista maya k’iche’ de Guatemala, cuyo trabajo analiza la comunalidad, una forma alternativa al tiempo de la política liberal, en donde lo que importa no es tanto la forma de participación sino la manera en que se produce la toma de decisiones, no tanto la asamblea sino el entramado comunitario para desarticular las formas de dominación patriarcales.El trabajo de Gladys Tzul Tzul resulta una propuesta interesante para los tiempos de neoliberalismo y judicialización que vivimos. Se puede aprender mucho de las luchas comunales mesoamericanas y centroamericanas, de la lucha indígena por la tierra y de las alianzas estratégicas que se están dando entre mujeres negras e indígenas.


Fuente: Periódico Diagonal