enero 11, 2015

“El cómic transmite a los jóvenes arquetipos y representaciones irreales de las mujeres”

Para evitar la normalización de la desigualdad en la cultura, especialmente la más visual, conviene mantener una apuesta en firme por su análisis, indagando en “su transfondo patriarcal y capitalista”. Es lo que llevó a Bruno Lorenzo (Ferrol, 1991), sociólogo ganador del premio de trabajos académicos con perspectiva de género Ángeles Alvariño, promovido por la Universidad de A Coruña, a elegir como objeto de estudio el análisis de los roles de las mujeres en el cómic estadounidense y el manga japonés de los años ochenta. Pretende aportar un método de análisis sociológico del noveno arte, que reivindica como “campo de estudio válido”.

Lorenzo, durante la presentación de su trabajo en fin de grado en la sede de la UNED en A Coruña./Bárbara G. Vilariño

Vamos a empezar por los títulos de crédito. ¿Por qué esa conexión entre Sociología de género y la novela gráfica?

Gracias a mi tutora, Rosa Cobo, me di cuenta de que para poder analizar la sociedad en la que vivo tenía que ir a su origen, a ese trasfondo patriarcal y capitalista en el que nos movemos. Puede parecer una obviedad, pero no será por ocasiones en las que me han indicado que los estudios de género son solo “ideas” o “cábalas” que no se basan en nada real. Por si la Sociología no estuviese lo suficientemente infravalorada… El caso es que pude unir esta razón de ser de la Sociología con otra de mis pasiones, el mundo del cómic, el cual también quiero reivindicar como campo de estudio y arte válidos. Además, mi trabajo es pionero en España por los modelos de análisis que toma, y porque la mayor parte de los análisis de género parten del cine o de la literatura.

Pretendo entender por qué las mujeres han aparecido y aparecen de determinada manera en las viñetas. Por qué las mujeres en los primeros años de MARVEL Comics eran personajes secundarios a la sombra de los varones, siempre representadas con habilidades defensivas o basadas en la magia, nunca con la fuerza física… Las ramificaciones sociales de esa situación son inmensas, así que mi idea es profundizar en un método de análisis sociológico del noveno arte; ésta no es una investigación acabada.

¿Cómo valoras el poder del cómic para promover roles?

Decía Alan Moore, el guionista, entre otros clásicos, de Watchmen y V de Vendetta, que el cómic tenía, a su manera, tanta culpa como los medios de comunicación de masas a la hora de representar una imagen distorsionada de las mujeres a los lectores. El cómic que él hacía cuando pronunció esas palabras estaba destinado a una audiencia joven. En algunos casos, el primer contacto, decía él, que tienen los jóvenes con las mujeres, antes de conocer y empezar a relacionarse con una mujer real, era a través de unos arquetipos y unas representaciones que en nada se parecen al mundo real. Por tanto: sí, tuvo, tiene y tendrá un gran poder, igual que otras artes, para promover determinados roles. Muchas veces se ejerce como violencia simbólica, como algo involuntario, que es tal vez lo más poderoso.

¿Esta influencia se ha visto aumentada desde los ochenta, punto álgido de impacto, hasta nuestros días?

Ha disminuido porque ha encontrado, como forma de ocio, muchos y muy poderosos contrincantes. Por otra parte, eso ha permitido al cómic globalizarse y abrirse a nuevas formas, aprender de los errores, ser consciente de sí mismo y del papel que ocupa. El cómic debe ser un medio que permita aumentar la visibilidad de colectivos y organizaciones, de minorías sobre las que debemos poner nuestro foco sociológico.

Entrando en materia, ¿de qué manera ha reflejado el cómic la evolución de esos roles de género desde los ochenta a la época actual? ¿Hay diferencias entre la representación de modelos en Japón y EEUU?


Son dos sociedades muy parecidas, con muchos puntos en común, especialmente a partir de los ochenta, comenzando por ese carácter globalizador y en cierto modo imperialista. La mayor parte de la edición en estos dos países está sujeta a las reglas de un mercado capitalista globalizado.

En los años ochenta, llega el momento de que el cómic sirva para dar voz a la sociedad, a determinadas minorías, pero también para mostrar cómo es la vida de las personas. La pérdida de poder de la regulación del Comics Code certifica esta importancia del poder de influencia del cómic. Desde entonces ha cambiado. Muchas veces es porque los guionistas de hoy en día, en el caso norteamericano especialmente, proceden de la televisión y el cine. Es una forma diferente de contar, y eso afecta también a cómo respiran los personajes. Además, su continuidad debe actualizarse constantemente, pues viven en un eterno bucle con una apariencia de cambio: ahora se actualiza el pasado del personaje y se presenta una creación que a los lectores actuales no les resulte tan grave por el choque cultural. Trasladándolo a asuntos de género ocurre lo mismo: deben adaptarse los arquetipos de hace décadas a la sociedad de cada momento para que siga siendo sostenible esa ficción.

El caso de Japón es mucho más complicado por el carácter sus publicaciones. Los cambios son mucho más sutiles, sin embargo la idea es que haya un manga para cada tipo de persona. En cierta forma los géneros del manga son compartimentos estancos, cuyos límites están muy bien definidos, que en muchas ocasiones funcionan fuera de Japón casi más por su carácter exótico que por otras razones o características literarias.

Tenemos casos como el yuri, un género que se centra en el amor entre dos mujeres. No se debe confundir con el hentai, de corte pornográfico. Su equivalente gay sería el yaoi. Ya en los setenta comenzaron a aparecer historias de estos géneros en las revistas, cuando la sociedad japonesa comenzó a ser consciente de la homosexualidad. Se han popularizado estos géneros por el anime, por sus adaptaciones a televisión y cine. Cabe mencionar que el que creó este género fue un editor, no es algo que surgió como respuesta de una necesidad o reivindicación social. El manga lo leen desde las personas más jóvenes a las adultas, así que el mercado ha ido cubriendo todos los posibles públicos objetivos, y en cierto modo que existan el yuri y el yaoi responde a esa necesidad de mercado.

¿Qué cómics consideras ejemplo de un buen tratamiento de género en la banda diseñada japonesa y norteamericana actual?

Lo cierto es que en los últimos años hemos vivido regresiones a un pasado caracterizado por la hipersexualización de los personajes.

Portada de Wonder Woman

En el cómic norteamericano me quedo con Wonder Woman, de Brian Azzarello y Cliff Chiang, editada por DC Comics en Estados Unidos y ECC en España, y Captain Marvel, de la escritora Kelly SueDeConnick y dibujada por varios artistas, editada por Marvel en Estados Unidos y Panini Comics en España. La primera es un oasis dentro de las historias que publica DC en estos momentos, por su carácter original, alejado del núcleo de eventos y series principales, recuperando la esencia del personaje y conectándola, inteligentemente, con la mitología clásica. La segunda es una serie moderna de un personaje tan tridimensional y con tanto recorrido e historia como es Carol Danvers, en un universo de ficción como el de Marvel en el siglo XXI.

En Japón hay dos series que son rupturistas, dentro de su contexto, claro. Por un lado tenemos Bride Stories, que edita Norma Editorial en España, escrito y dibujado por Kaouru Mouri. Se trata de un drama/romance histórico, con una sensibilidad muy especial, una ambientación cuidadísima y que nos pone en la piel de una mujer en una época muy complicada. Por otro, más cercano al público juvenil, FullMetal Alchemist, publicado aquí también por Norma, y escrito y dibujado por Hiromu Arakawa. El primero es un manga histórico, protagonizado por una joven en el siglo XIX en Asia Central. Ganó uno de los grandes premios del Festival Internacional de Cómic de Angouleme. Esta obra es un shonen, un manga de aventuras del corte de Dragon Ball o One Piece, grandes éxitos que han estado asociados siempre a un público más masculino.

¿Hay espacio para el feminismo en el cómic actual?

Hay espacio, otra cosa es que no sea a la escala que debería ser. Aunque yo he tratado el caso norteamericano y japonés, creo que hay un gran potencial en el cómic europeo, que siempre ha tenido una larga tradición costumbrista y una gran sensibilidad por la temática social. Es ahí donde precisamente muchos autores, alejados del control de las grandes corporaciones editoriales, están encontrando un espacio para dar visibilidad tanto al feminismo como a otras ideologías y movimientos.

¿Qué opinas de iniciativas como la feminización de Thor?

Son un arma de doble filo. De cara a gran parte del público, puede pensarse que se trata de un mero movimiento de marketing. De hecho no es la primera vez que sucede esto con un personaje icónico de la editorial Marvel, y tampoco será la última vez. Este tipo de editoriales necesitan atraer la atención de su público objetivo y más allá constantemente, para además favorecer sus proyectos cinematográficos, que hoy en día es donde encuentran el verdadero negocio.

En este sentido, Marvel trata de hacer responsabilidad social corporativa, en la que une un gran movimiento de marketing y una acción muy significativa, muy simbólica, como es convertir a Thor en “Diosa” del Trueno y dar continuidad de esta forma al gran trabajo autoral de Jason Aaron como guionista de la serie, un guionista muy premiado y con un gran peso en la industria norteamericana. Está claro que quizás no es el camino, porque de hecho aún está por ver, según avancen los números del nuevo volumen, si el hecho de que haya tenido lugar esa feminización es realmente relevante para la trama y el personaje. El tiempo lo dirá.



Bárbara G. Vilariño
Fuente: Pikara