enero 16, 2015

Mujeres cautivas

No terminábamos de sorprendernos e indignarnos con la arremetida contra más de 400 mujeres del Serenazgo de Lima, despedidas injustamente por la nueva gestión municipal, dando muestras de ensañamiento con las mujeres, cuando la prensa nos trae la noticia de que la obra teatral La Cautiva era investigada por la Dircote por supuesta apología al terrorismo. Cabe mencionar que esta obra, escrita por Luis Alberto León y dirigida por Chela De Ferrari, fue ganadora del festival de dramaturgia “Sala de parto”, despertando críticas muy positivas, tanto por el tema como por la actuación de sus personajes. La obra, que narra la muerte de una niña asesinada por las fuerzas contrasubversivas en Ayacucho y que es llevada a la morgue, en donde es violada por los mismos que la asesinaron, se ubica en 1984, año que constituyó uno de los picos de violencia que vivió la región donde se produjeron el mayor número de muertos y desaparecidos reportados a la CVR. Este período es denominado en el informe de la CVR “la militarización del conflicto”, porque corresponde al momento en el que se le encarga a las fuerzas armadas la lucha contrasubversiva y va desde enero 1983 a junio 1986.

No es casual que la obra se desarrolle en Ayacucho, pues aunque se han denunciado casos de violaciones sexuales en 15 regiones, en esta región se cometieron el 50%, siendo las víctimas mujeres campesinas, indígenas, quechua hablantes en su mayoría.

El informe del alto mando de la Dircote que habría visto y grabado la obra para elaborarlo, y que se filtró a la prensa, narra con lujo de detalles todos los sucesos de la misma y sin mayor análisis ni siquiera un pequeño esfuerzo por reflexionar sobre lo que nos plantea la obra. Define que:

“En la obra se advierte la descripción de violación sistemática de derechos humanos por las fuerzas del orden. Y dan a conocer subrepticiamente los objetivos de organización terrorista Sendero Luminoso. Loas a sus fundamentos ideológicos y cabecilla.”[1]

No entendió nada el oficial, o no quiso entender por lo que le supone para su cuerpo policial acercarse aunque sea en ficción a la posibilidad de que hombres como él lleguen a esos extremos de inhumanidad. Tampoco es capaz de delimitar la realidad de la ficción y pensar que una obra puede tomar sucesos de la realidad para movilizarnos, para llamarnos a profundizar en el conocimiento de lo que vivieron tantas mujeres ayacuchanas durante el sasachacuy tiempo. La mayoría de las personas que han visto la obra con las que he hablado se sintieron interpeladas, se acercaron de alguna forma, muchas por primera vez, a compatriotas que, durante ese tiempo, fueron tratadas como si fueran de un país ajeno. Nadie que tenga un mínimo de sensibilidad salió inmune porque, como lo señala la protagonista, la actriz Nidia Bermejo, refiriéndose al personaje de la niña:

“María Josefa es como nuestro núcleo, nuestro centrito que habíamos enterrado. La gente sintió mucha empatía con ella porque todos llevan una María Josefa dentro y les dio mucha pena que esté muerta. Ella existe en otros lugares, es real, tiene magia, sueña, tiene ilusiones y eso nos unió. Ahora, hay que ayudarla para que trascienda.”[2]

La necesidad de que trascienda María Josefa lleva también tras de sí la necesidad de que se termine con la impunidad que existe frente a las violaciones de tantas y tantas mujeres en cuyos cuerpos se libró también la guerra, mujeres objetualizadas, inferiorizadas por ser mujeres y por ser indígenas, usadas para demostrar el poder masculino, obligadas muchas veces a parir hijos que no decidieron tener, violadas incluso después de muertas. En ese sentido, es refutable lo que dice el congresista Martín Belaunde en un twit que publicó, en el que escribe que: “La Cautiva no califica como apología del terrorismo, pero violación de muerta carece de sustento salvo probanza de que hubo casos reales.” Y en otro en que sigue en lo mismo, afirma que “es una obra teatral que pretende ser real y utiliza la ficción como si fuera hecho auténtico. Esto se llama engaño, salvo probanza.” Obviamente no es refutable lo que dice en cuanto a que la obra no es apología al terrorismo, porque la acusación parece producto de mentes afiebradas por el calor veraniego o por un intento de hacer alguna cortina de humo. Es refutable su afirmación de que la historia carece de sustento, pues eso no es cierto y hay probanza. Un testimonio recogido en el informe de la CVR da cuenta de un suceso que involucra a militares:

“Muerta. Sabe por qué le digo, porque era alta, gringa, simpática. Pero ya estaba mal, ya no servía para satisfacer. La tropa la estaba violando. ¿Degollada? Sí, claro. La tenían hacía atrás en la mesa, la habían tapado el pecho y la estaban violando. ¿Y cuánta tropa era más o menos? Era grande, de 12 o 14. Con un palo los boté: ‘¡salvajes, está muerta’. ‘Está calientita, mi técnico’, decían.”[3]

Si se hubieran tomado el trabajo de leer un poco el informe de la Comisión de la Verdad, no se estaría exigiendo “probanza”, como lo hace el parlamentario, pues allí están los testimonios de quienes vivieron estos hechos. El informe refleja con claridad, que la cosificación de las mujeres, la apropiación de sus vidas y de sus muertes no fue prerrogativa de las fuerzas del orden sino que también las mujeres fueron esclavizadas sexualmente, obligadas a partir hijos que no querían, violadas incluso después de muertas por los subversivos.

“Yo cuando estaba en la guerrilla, una ocasión carambas tuve una relación sexual con una que lo matamos, le habían matado a una, supuestamente era soplona le matamos, eso ha sido en el sector de Culebras, Paraíso, y la finada estaba pues en el hueco y como era simpática, recién era diez minutos, cinco minutos que habíamos matado y yo pues le digo que tal si, está bonita, que tal si podemos tener sexo no, no sexo vulgar sino vulgarmente vamos tirarle, culearle, pues decía, no, y me dicen por qué no lo haces tú, entonces yo soy el primero en tener sexo con ella no, cuando está muerta, ya estaba ella muerta”, narró a la CVR un mando senderista.[4]

La violencia sexual que sufrieron las mujeres sigue siendo un tema tabú, un asunto silenciado por el estigma y la vergüenza que conlleva, por la culpabilización y revictimización que sufren quienes vivieron tan terribles experiencias, marcadas por huellas invisibles, con sus memorias silenciadas, obligadas a vivir con eso, como lo testimonia Isabel Quispe Chipana, una de las 8 mujeres violadas por militares en Llusita, un pueblo de la provincia de Cangallo en Ayacucho: “Yo no sé qué podría hacer con este mi cuerpo. Si supiera que hay dentro de mí, lo abriría mi cuerpo y lo sacaría, quizá viéndolo sabría qué es lo que tengo, eso pienso.”[5]

Estos testimonios no son ficción, esto sucedió en la realidad, de estas historias se nutre la historia de la protagonista de la obra cuestionada, que habla en un teatro importante de Lima, por primera vez, de este martirio silenciado, que reclama por ellas, que levanta en sus palabras las voces de las miles de mujeres invisibilizadas, de las que no se quiere hablar, porque es aceptar que nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros héroes, hombres peruanos, educados para servir a la Patria, de quienes se espera nos protejan, son capaces de cometer actos execrables como una violación, pisotear los cuerpos de las mujeres, incluso de una muerta. Pese a las acusaciones del ministro, y ahora del Procurador, La Cautiva, en su ficción nos libera, nos descubre más humanas, nos da esperanza, nos acerca a las otras, para muchos tan lejanas, tan distintas y tan peruanas, nos exige romper con el olvido y dar espacio a todas las vivencias, a todas las memorias. ¡Qué pena que nuestras autoridades no lo entiendan!


Por Rosa Montalvo Reinoso


[1]Giovanna Castañeda, “Tienesque leer lo que dice el documento de la investigación contra “La cautiva”, que está avalando el ministro Urresti, Utero.pe, 12 de enero del 2015
[2]Nikitza Cano Seminario, “La protagonista de 'La Cautiva' y su mensaje reconciliador”, El Comercio, 19 de diciembre del 2014,http://elcomercio.pe/lima/personajes/protagonista-cautiva-y-su-mensaje-reconciliador-noticia-1779479
[3] CVR, Testimonio 100168, Distrito de Uchiza, Provincia de Tocache, Departamento de San Martín, 1989. Tomo VI, Seccion cuarta, p. 343http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20VI/SECCION%20CUARTA-Crimenes%20y%20violaciones%20DDHH/FINAL-AGOSTO/1.5.VIOLENCIA%20SEXUAL%20CONTRA%20LA%20MUJER.pdf
[4]CVR, BDI-I-P510. El declarante fue mando militar de PCP-SL y participó en la guerrilla de Uchiza, provincia de Pucallpa, departamento de Loreto. Los hechos sucedieron en el Sector de Culebra Paraíso en 1988 aproximadamente. La entrevista se realizó el 20 de agosto de 2002 en el departamento de San Martín. 
[5]Comisión de Derechos Humanos, Llusita Ayacucho 2. Video consultado en:http://www.youtube.com/watch?v=KWE5B5fpXbI