enero 30, 2015

¡Oye varón!

Marilyn Cisneros tenía 25 años, seguramente soñaba con un futuro mejor para ella y sus hijos. Sueños que fueron truncados una tarde de domingo por Percy Avalos Morales de 36 años, su ex pareja, quien la asesinó y, no satisfecho con ello, para intentar esconder su crimen, la descuartizó, la envolvió en bolsas de basura y la fue a enterrar en un basural, reflejando en estas acciones simbólicamente lo que la mujer representaba para él: un deshecho, un cuerpo que no importa, un cuerpo basurizado. Probablemente, como en muchos otros casos, decidió matar a la mujer al no poder controlarla, ya que, como han denunciado los familiares de la víctima, estaba obsesionado con ella y la acosaba. No contó el feminicida con la cámara oculta que grabó su acción y que evidenció que tuvo la complicidad de una mujer para realizar este acto. Una mujer que tenía con él vínculos afectivos e hijos en común y que posiblemente estaba también bajo su control.

Como en otros casos de violencia contra la mujer y en estos extremos de asesinato, se arguye que hay una pérdida del razonamiento, que el hombre de pronto se volvió loco, como lo sugiere un periodista en un reportaje televisivo, diciendo: “el perdió la razón y descargó su ira contra ella”.[1] Pero lo que vemos luego es el intento de ocultamiento de alguien que sabe que lo que hizo es delito. Así, sin querer, casi todos y todas, quizá porque no encontramos explicaciones válidas para crímenes de esta naturaleza, nos convencemos de que son locos que actúan fuera de la razón, que no son ellos mismos, y así los excusamos y perdonamos, cuando en realidad son hombres que están convencidos de que cuando su control y su poder es puesto en cuestión por la acción de mujeres que consideran de su propiedad, tienen derecho a tomar su vida.

Tampoco hubo locura en lo que vivió hace unos pocos días Fabiola Domínguez García de 23 años, quien al intentar evitar que el padre de su hijo de tres años se lo lleve, se aferró al mototaxi de éste, que la arrastró por varios metros, pese a que estaba embarazada, de un nuevo compromiso, cosa que no debió gustarle a Jhon Bryan Nieto Albites, quien, según ha declarado Fabiola, “ me insultaba, me decía que nunca me iba a dejar ser feliz, que por él estuviera muerta”[2], lo que casi logra.

Hay que señalar que, en el año 2014, se produjeron en el país 96 feminicidios y 182 tentativas, según las estadísticas que lleva el Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual del Ministerio de la mujer y poblaciones vulnerables.[3] Por otra parte, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar del 2013 realizada por el INEI, en el país, el 71.5% de las mujeres alguna vez unidas sufrieron algún tipo de violencia por parte del esposo o compañero. El 36.4% de las mujeres alguna vez unidas manifestaron que fueron víctimas de violencia física y/o sexual por parte de su esposo o compañero, obligadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento o realizar actos sexuales que no querían. De las mujeres que han sufrido violencia física o sexual,el 37.3% no tiene nivel de educación, el 38% tiene educación primaria, el40.2%, tiene nivel de educación secundaria y el 28.4% presenta educación superior. Es decir, no sólo les pasa a mujeres sin acceso a la educación, como suele pensarse.[4]

Aunque la mayoría de casos de violencia sexual son cometidos por la actual pareja o un ex, también se dan casos en que extraños los cometen, como lo denunció Lucía Urrutia Ortiz (47), quien fue violada en su casa por un delincuente que entró a robar. Y la amenaza de violación continúa siendo un mecanismo de amedrentamiento y disciplinamiento de las mujeres, como en el caso que Angela Vilca Aparicio denuncia en su cuenta en Facebook: “Que me decía que era una terruca de mierda y si me veía en la movida me iban a meter presas y violar.” Habla de quién sabe quién, que intentaba amedrentarla para que no se movilice contra la llamada Ley Pulpín, que afectaba los derechos laborales de la juventud y que tuvo que ser derogada.

El Perú, para más datos, según un estudio realizado por la OMS[5], ocupa el tercer lugar en el mundo entre los países con alta incidencia de violencia sexual. Tenemos entonces que al interior de los hogares muy probablemente miles y miles de mujeres viven el infierno de la violencia, sin atreverse a pedir o poder acceder a ayuda o a recursos que les posibilite salir del círculo de la violencia, que con seguridad viven también sus hijos, como hemos podido ver en estos días gracias a las redes, la rotura de nariz de un niño de 5 años al que su padrastro golpeó públicamente en lo que seguramente dirán fue un “ataque de ira”.[6] Y es que es al interior de los hogares donde también se va construyendo esa masculinidad hegemónica, que garantiza la posición jerárquica de los hombres en la sociedad y que se nutre de la violencia como forma de mantener y disputar el poder. Siendo la violencia un elemento clave para mantener las relaciones de poder, no es un asunto de locura, ira o descontrol momentáneo, sino de cómo se comprenden y asumen las relaciones de género y las concepciones sobre lo masculino y lo femenino que las sustentan, las cuales no son un asunto únicamente de los hombres, sino que tiene que ver con todas las mujeres y requiere que los mecanismos de dominación sean también asumidos por ellas. Este tipo de masculinidad es el que se ve confrontado cuando las mujeres escapan del círculo de la violencia, o disputan el control que sobre ellas se ejerce, intentándose liberar del orden jerárquico constituido en el que el hombre es quien manda, controla, impone, decide.

La violencia no sólo tiene un impacto en la familia o en las mujeres que la viven, sino también tiene un importante impacto en la economía, como lo ha evidenciado recientemente un estudio realizado por la Universidad San Martín de Porres y GIZ – Cooperación alemana al desarrollo. En éste se señala, al analizar los datos de una muestra representativa, que la violencia contra la mujer ocasiona pérdidas anuales de“más de 6,7 billones de dólares americanos, debido a 70 millones de días laborales perdidos. Este número considerable es equivalente a una pérdida de 3.7 por ciento del producto bruto interno (PBI).”[7]

Por toda esta situación que se vive en el país, es incomprensible que el programa de la Municipalidad de Lima llamado “Oye varón, aprende a vivir sin violencia”[8], que se concibió con la asesoría y el apoyo técnico de la Universidad Cayetano Heredia, haya sido cerrado por la actual gestión municipal, que parece hacer oídos sordos a lo que pasa en Lima y en el país. Oye varón era un espacio en el cual hombres que han ejercido violencia y quieren renunciar a ella asistían para reflexionar, compartir y buscar mecanismos nuevos que les posibilite enfrentar los conflictos y les lleve a construir una nueva masculinidad que no se base en la violencia como mecanismo de poder y control. Por supuesto, el programa, que es pionero en el país, no ha tenido la difusión que merece, por la mezquindad que ha existido sobre cualquier propuesta de la gestión de Susana Villarán y quizá por ello es que su cierre no causa indignación ni denuncia en los medios masivos, siempre tan proclives a tratar la violencia contra la mujer en su segmento policial preferentemente. Por ahora son los propios usuarios los que se han manifestado expresando lo importante que es para ellos que se mantenga este servicio. Ojalá que su pedido sea atendido y que el varón que está en el sillón municipal haga un esfuerzo por escuchar y aprovechar la oportunidad para continuar con una obra que es en realidad lo más valioso que hay, como es el aportar a construir una sociedad libre de violencia. Ojalá que muchas otras gestiones municipales en el país inviertan en programas similares que les den a los hombres la oportunidad de cambiar, de renunciar a la violencia que tanto daño hace a todas y todos.

Por Rosa Montalvo Reinoso


[1]“Capturan a sujeto que descuartizó y enterró a mujer en SMP”, El Comercio, 25 de enero del 2015. http://elcomercio.pe/lima/policiales/capturan-sujeto-que-descuartizo-y-e...
[2]“Madre gestante fue arrastrada por mototaxi al resistirse a que se lleven a su hijo”, América TV, 21 de enero del 2015.
[3]Estadísticas sobre el femenicidio, Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual.http://www.mimp.gob.pe/index.php?option=com_content&view=article&id=1407...
[4]INEI, ENDES 2013, “Violencia contra las mujeres, niñas y niños”,http://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/L...
[5] Organización Mundial de la Salud,Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer, 2013http://www.who.int/reproductivehealth/publications/violence/978924156462...
[6]https://www.facebook.com/video.php?v=10152980071967597&set=vb.588437596&type=2&theater
[7]Los costos empresariales de la violencia contra las mujeres en el Perú. Resumen Ejecutivo, Universidad San Martín de Porres y GIZ – Cooperación alemana al desarrollo,Octubre del 2013.
[8]Ver reportaje de Matilde Soto sobre el programa: https://www.youtube.com/watch?v=LLGLxHhatuw#t=31