febrero 27, 2015

Deslegitimar, una vieja estrategia

Máxima Chaupe, mujer campesina de Cajamarca, y su lucha contra una de las más grandes empresas mineras del mundo, por un terreno de su propiedad que es reclamado por la empresa, han generado una solidaridad espontánea de distintos sectores del país, incluso de algunos que no imaginábamos. Este apoyo y solidaridad frente a la problemática que enfrenta una familia campesina ha significado un rayo de esperanza e ilusión en una ciudad cuyos habitantes vivieron, hace muchos años, de espaldas a lo que pasaba en otros departamentos del país, como Ayacucho, en donde la subversión y la lucha contrasubversiva trajeron dolor y muerte para el campesinado peruano, debiendo especialmente las mujeres enfrentar, sin recursos y solas, huérfanas y viudas, la búsqueda de justicia.

Quizá cuando los poderosos dueños de la mina definieron su estrategia, no estuvo entre sus cálculos esta oleada de solidaridad que fue en aumento con cada arremetida violenta contra la señora Chaupe, quien empezó a representar simbólicamente la lucha de otras miles de mujeres que en el Perú y el mundo hacen frente a la violencia territorial, una antigua forma de violencia que aún no está tipificada en nuestra normativa como tal, pero que se va configurando como una expresión de lo que traen consigo las políticas extractivistas que se desarrollan en los territorios campesinos e indígenas, y que implican muchas veces despojo, destrucción del espacio, cambio de modos de vida, desarraigos y rupturas definitivas de los vínculos que existen entre el territorio y la vida misma de las personas, vínculos que son particularmente fuertes para las mujeres, al ser ellas las que sostienen la vida en las comunidades.

Entonces, para romper estos hilos invisibles que se han ido tejiendo a lo largo y ancho del país, surge, al parecer, una nueva estrategia, que se dirige a deslegitimar a la familia, a quitarle peso a su lucha y a la función ejemplificadora que, quizá sin querer, está teniendo para otras familias y otros colectivos que pueden pasar por una situación similar y ven peligrar su espacio territorial y sus medios de vida. No es casual que el día de ayer se haya publicado en el diario La República, un artículo de Ricardo Uceda que se refiere al caso y que se titula “El pantanoso caso Chaupe”[1], remitiéndonos, desde el principio, a sospecha, a duda, a incertidumbre, a movimientos turbios, a todo aquello peligroso que podemos encontrar en un pantano, e iniciando, de este modo, una operación discursiva que va dirigida a descolocar a la familia. “Ladeslegitimación es la contraparte de la legitimación, puesto que al mismo tiempo que un grupo dominante o que ostenta el poder pretende persuadir a un auditorio, de que ha actuado acorde con los principios morales o legales vigentes, intentará persuadir de que el grupo oponente es quien actúa al margen de las normas y principios socialmente aceptados.” dice Gladys Lucía Acosta[2]. Acusar a la familia Chaupe de mentir sobre sus propiedades no es sino el intento de restar fuerza a la solidaridad ganada, poniendo supuestamente en evidencia que no es una pobrecita, como parecería, sino propietaria de tierras, por lo que nos ha engañado, sabiendo que para muchas personas incluso el robar es perdonable, mas no el engaño. Citando a Van Dijk (1998), Acosta explica las formas que puede tomar esta estrategia:

“Cuando no puede negarse el acceso al discurso público, entonces se puede acudir a: Citar fuera de contexto; focalizar elementos negativos o amenazadores en el discurso; enfatizar la violación de valores comunes; o enmarcar el discurso en la descripción negativa del hablante o bien acudir a oradores autorizados y legítimos para corregir posibles acusaciones, por parte de los grupos opositores o minoritarios, contra miembros de los grupos poderosos.”[3]

Varios de estos elementos los encontramos en el artículo que mencionamos. Así, por ejemplo, se nos dice que el periodista cajamarquino Luis Mego ha hecho una“pasmosa revelación”, lo que equivale a decir que nos mostrará una verdad secreta y oculta, que nos llenará de asombro y que sería, como toda revelación, indubitable. Seguramente la mayoría no conoce a este periodista, pero como es citado por otro periodista, reconocido por sus investigaciones, la mesa está servida. Aunque vale recordar que no es la primera vez que el señor Uceda acusa a una mujer de mentir. Ya lo hizo cuando dijo que Leonor La Rosa mintió cuando dijo que fue torturada[4], y cuando puso en duda el testimonio de Rosario Ponce, deslizando la acusación de que era una chica fácil, con varios novios.[5]

Entonces, generado el interés, nos da la información que, cabe anotar, Yanacocha ya había planteado en el juicio y había sido desestimada por el juez. Señala el artículo:

“Los esposos Chaupe tenían título de propiedad de seis predios en el distrito de Sorochuco, provincia de Celendín: Chilin, Agenco I, Agenco II, La Tuna, Aluche. Además, poseían otros tres – Sigues, La Playa de Sigues y La Nueva Chica – en el distrito de Huasmín. No es que sean terratenientes ni mucho menos: Las chacras, en conjunto, suman solo diez hectáreas. Lo llamativo es que les fueron entregadas en propiedad luego de que demostraran la posesión sobre las mismas.”

Como para curarse en salud, nos informa que “suman solo diez hectáreas”, porque en realidad diez hectáreas de pasto sin riego no significan mucho y para nada equivalen a diez mil metros en una ciudad, como lo que podría llevarnos a pensar si no contextualizamos el tamaño de los terrenos. Por otro lado, sí, el periodista quiere llevarnos a pensar que son de alta productividad cuando nos dice que “la inspección del Ministerio de Agricultura reporta tierras cultivadas y cría de animales”, para hacer un remate increíble que, por su exageración, constituye un abuso a la inteligencia de la persona que lee. Agrega el periodista que “cualquier agrotécnico demostraría que estas chacras son mejores que el duro y helado territorio de Conga”, por lo que no se explica la razón por la que Yanacocha insista tanto en apropiarse de ese terreno tan duro y helado.

Que es mentirosa doña Máxima y también su hija Isidora, dice el periodista, y nos llama a buscar en Internet las declaraciones de ésta última, quien habría afirmado que “no tenían otro lugar para vivir”, como si se pudiera vivir en un terreno sin vivienda, sin ninguna construcción. Hay que recordar que la familia apenas tiene una pequeña construcción en Tragadero Grande y precisamente cuando intentaban construir una vivienda para su hija, la seguridad de la mina y sus trabajadores la destruyeron, haciendo gala de una gran violencia, que fue firmemente rechazada por la ciudadanía en todo el país.

Romper la solidaridad que ha nacido, poner en duda el testimonio de vida de doña Máxima, desacreditar en este camino a quienes la apoyan parece ser lo que persigue este artículo. Conlleva también un cambio de estrategia para descolocar la lucha de Máxima, especialmente en Lima, en donde ya ha tenido cierto éxito, pues hay gente que se empieza a preguntar si realmente tiene nueve terrenos y si ha mentido, logrando de esta forma quitar el foco del asunto principal, que es que la familia Chaupe tiene la legal posesión de su terreno y que no hay ninguna usurpación a la empresa, lo cual ha sido confirmado hasta por la Corte Superior de Justicia de Cajamarca.

Más allá del profundo desconocimiento que refleja el artículo sobre las estrategias y dinámicas de ocupación del territorio de las familias campesinas, me parece importante subrayar el contenido patriarcal que se manifiesta en el mismo y que se expresa en la puesta en marcha de la maquinaria que intenta deslegitimar la figura de Máxima, que viene simbolizando la ruptura de un orden de género, en el que se espera que las mujeres sigamos calladitas. Entonces, poner la duda sobre su actuación, de modo que se la vea como mentirosa, manipuladora -mentira que traspasa generaciones, pues le llega también a su hija- es un esfuerzo más de romper la solidaridad entre mujeres, y entre hombres y mujeres que, al valorar la lucha y resistencia de mujeres como Máxima, están empezando a resquebrajar el pacto patriarcal de dominación, jerarquizaciones y hegemonías en el que se sustenta el modelo actual. La violencia territorial y la violencia simbólica expresadas en este intento de deslegitimación son parte del mismo esfuerzo de invalidar la lucha de Máxima y de otras mujeres que resisten. Estamos avisadas.

Por Rosa Montalvo Reinoso

[1]Ricardo Uceda, “El pantanoso caso Chaupe”. La República, 24 de febrero del 2015.http://www.larepublica.pe/24-02-2015/el-pantanoso-caso-chaupe-0
[2]Gladys Lucia Acosta V., “Deslegitimación en el discurso político: Un análisis de las declaraciones oficiales y de sus réplicas frente al movimiento social y político ‘Marcha Patriótica’”. En Discurso & Sociedad, Vol. 7(2), 2013.
[3]Ídem
[4] Cuarto Poder, “Ricardo Uceda: Leonor La Rosa mintió”, vídeo subido el 31 de julio del 2008..https://www.youtube.com/watch?v=jfWQ9CNZioc#t=20
[5]Ricardo Uceda, “Especial. El caso Ciro Castillo. La chica cuyos novios le cargaban la mochila”, La República, 13 de septiembre del 2011.www.larepublica.pe/13-09-2011/especial-el-caso-ciro-castillo-la-chica-cuyos-novios-le-cargaban-la-mochila+&cd=1&hl=es-419&ct=clnk&gl=pe