febrero 22, 2015

Historias, historietas y autoras de cómic

El Comiccafest, charlas y exposiciones sobre autoras de novela gráfica en Expocómic, la plataforma Wombastic o la antología Enjambre. Las dibujantes de viñetas despliegan su trabajo y posicionan su diversidad ante la industria del cómic. La puesta en marcha de la Asociación de Autoras de Cómic ha sido la mecha colaborativa que ha prendido la llama.


Recopilación de portadas de cómics creados por mujeres./ Pilar Gamo

Hace poco más de un año, en diciembre de 2013, la Asociación de Autoras de Cómic (AAC) irrumpía en escena y se daba a conocer en el Festival de Cómic de Granada (Comiccafest), tras entregar el primer Premio Honorífico a Nuria Pompeia. A este evento se sucedieron otras reuniones y citas que fueron dando forma al colectivo. La idea era clara: promover que las autoras ocupen un lugar igualitario en la industria del cómic y sacar de las sombras el trabajo de importantes olvidadas.

Después de su primera asamblea en el Salón del Cómic de Barcelona de mayo, lo que comenzó como iniciativa de un pequeño grupo vinculado al arte de contar historietas, se convirtió en un proyecto ilusionante en el que se vincularon autoras, editoras y libreras. Un año después, el grupo de trabajo se compone de alrededor de 80 personas, en su mayoría mujeres. “Sobre todo comenzó como una iniciativa de justicia social. Vivimos en una sociedad en la que se tiene el falso concepto de que la ‘cultura’ es igualitaria y es mentira. Dentro del mundo del cómic aún hay muchísimo por hacer, empezando por recuperar la obra de las autoras más longevas”. Son palabras de Carla Berrocal, autora, una de las impulsoras de la AAC y una de las encargadas de organizar las Charlas con Dafne en Expocómic el pasado diciembre. Unas charlas a las que acompañaron las exposiciones ‘Mujeres de tinta’, comisariada por Marika Vila, y la de la obra de Teresa Valero.

Carla Berrocal: “Hemos abierto debate, estamos visibilizando a las autoras y rompiendo muchos clichés relacionados con la autoría de mujeres”

De forma paralela a la aparición del colectivo, y conectadas unas a otras, han ido surgiendo otras iniciativas. El Festival de Cómic de Mujeres de Granada (Comiccafest) celebró en diciembre su segunda edición y la presencia de un público heterogéneo fue la muestra más evidente de su fortalecimiento. “El pánico principal al organizar algo es que la gente no venga, porque si pasa eso se entiende que la propuesta no es interesante. Cuando de repente vi la sala llena me emocioné. Este ha sido el segundo año y busqué espacios más grandes y que fueran oficiales. La respuesta ha sido buenísima, ha venido gente de todo tipo, desde familias con carritos de bebé hasta una abuela de 70 años”, explica Lucía González, editora y directora del festival.

En los primeros meses de 2014 apareció también la antología ‘Enjambre’, donde colaboraron algunas de las autoras nacionales e internacionales más prestigiosas. “Este libro es zumbido, es grito”, manifestaba Ana Miralles en un prólogo donde dejaba claro que todas las autoras se reunían “para demostrar con su trabajo que no tienen nada en común, que están hartas de esa obsesión de entomólogo que tiene la sociedad en separar, clasificar y adjudicar a cada género su casillero estanco”. Por su parte, la exitosa plataforma audiovisual Wombastic, creada como apoyo a la lucha contra el anteproyecto de reforma de Ley del Aborto, también surgió de la AAC y aportó un arsenal de obras gráficas a la acción política en defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

Susanna Martín: “En entrevistas resaltan el hecho de ser mujer por encima de tu talento, te invitan a mesas de temática concreta ‘femenina’ o comparan tu obra solamente con la de otras autoras”

Aunque las trayectorias de las autoras vengan de largo, en la actualidad se ha evidenciado una intensa eclosión de iniciativas de divulgación del trabajo femenino en el mundo del cómic. Susanna Martín, coordinadora de Enjambre, autora y miembro de la AAC, apunta que “hay un boom generacional de autoras que desde hace seis o siete años estamos publicando de forma exponencial”. Sin embargo, y pese a la visibilización del recorrido creativo de las mujeres, la masculinización del sector sigue muy vigente. “La mayoría de editoriales están dirigidas por hombres, como también los jurados de premios, los críticos y periodistas especializados en cómic o el público lector. Ocurre que en entrevistas resaltan el hecho de ser mujer por encima de tu profesionalidad o talento, te invitan a mesas de temática concreta ‘femenina’ o comparan tu obra solamente con la de otras autoras, cuando no tendría que importar el género de quien dibuja”.

La constitución de la AAC y su aparición en foros de la industria del cómic va dejando su huella. “Hemos conseguido muchas cosas, aunque vamos más despacio de lo que quisiéramos. Hemos abierto debate, que eso siempre es enriquecedor, pero también estamos dando más visibilidad a las autoras y rompiendo muchos clichés relacionados con la autoría de mujeres”, apunta Carla Berrocal. Reconocimientos como el que Expocómic le otorgó a Rosa Galcerán a través del ‘Premio Oso a Toda Una Vida’ son su mayor motivación. Ahora la gran pregunta es, ¿cómo procurar que esta visibilización se perpetúe en el tiempo y no se quede en una sucesión de hechos aislados? Para Berrocal, la cuestión pasa por desempeñar una labor de pedagogía encaminada a que el público “aprenda, respete y, sobre todo, se involucre”. Para ello, ese trabajo conjunto que se proyecta desde la constitución del colectivo es una de las tareas más significativas.

Susanna Martín echa la vista atrás y rememora lo significativo de aquel primer encuentro de autoras. “La asamblea que hicimos en mayo fue muy importante, principalmente por dos motivos: porque era algo histórico que por vez primera autoras de cómic nacionales se reunieran, y porque también por primera vez muchas nos vimos las caras. Y nos dimos cuenta de que compartíamos inquietudes o barreras parecidas dentro del mundillo. Ha sido muy importante que dejáramos de sentirnos solas”. Para ella lo fundamental es “crear red”. La labor se va trenzando paulatinamente para que autoras, lectoras y responsables de la industria complementen su responsabilidad en la apertura a nuevas historias, estilos y puntos de vista. “Si crece el número de lectoras, habrá más autoras que provocarán que haya más referentes y esto llevará a que más gente se sienta identificada o se acerque al cómic y por ende, más chicas quieran dedicarse al cómic. La madurez actual del cómic ha hecho que se haya ampliado el abanico de posibilidades temáticas y gráficas y eso ha propiciado que se le acerque gente muy diversa no habituada al lenguaje del cómic”, añade la autora.

A por una nueva mirada

Elisa G. McCausland, crítica de cómics, impulsora también de la AAC y de las Charlas con Dafne, detecta una concienciación en diferentes estratos de la industria. Sin embargo, con la experiencia que le aporta su bagaje frente al cómic y la tesis doctoral sobre la representación femenina en el género de superhéroes, a punto de terminar, considera que hay que plantearse la perpetuidad de estereotipos en las historias que se cuentan. “El viaje del héroe es el viaje canónigo, arquetípico, mientras el viaje de la heroína tiene que ser contra el sistema, de lo contrario no es heroína”, comenta. Este giro en la perspectiva se convierte en uno de los puntos clave, como explica Martín. “Ocurre que al identificarnos en roles masculinos, porque es lo predominante, cuando se crea un cómic con un personaje femenino se identifica como ‘cómic femenino’ o ‘para chicas’, porque no es lo habitual, y así seguimos etiquetándonos y perpetuando la hegemonía masculina. Por eso es tan importante crear nuevos personajes femeninos fuertes, rescatar a las autoras olvidadas o invisibilizadas y reivindicar espacios, aunque de momento tengamos que seguir apareciendo en artículos o charlas sobre la mujer en el mundo del cómic”.

Emma Ríos: “Ya va siendo hora de dejar de lado el esquema ‘masculinidad predominante’ y ‘femineidad como maldición’ y hacer el esfuerzo de producir algo nuevo, libre de programaciones de género y falsos clichés”

Las historietas e ilustraciones de Emma Ríos han cruzado fronteras diversas y complejas. Autora con proyección internacional, actualmente está inmersa en el mercado estadounidense. No dudó en vincularse con la AAC cuando se enteró de su existencia. La gallega está convencida de que la continuidad de la apertura femenina en el cómic pasa por variar los esquemas rutinarios. “Ya va siendo hora de dejar de lado ese estancamiento ‘masculinidad predominante’ y ‘femineidad como maldición’ y hacer el esfuerzo de producir algo nuevo, libre de programaciones de género y falsos clichés, para incluirnos, sin excepción, como personas. Y con la inclusión no hablo de cubrir un cupo ni tampoco de apariciones puntuales como decorado a modo de representación. No hay nada más hipócrita. Hablo de hacernos poseedores de conflictos, de perspectiva y de cosas que contar. Cualquiera, independientemente de su género, raza, identidad u orientación sexual, puede, y debe, ser protagonista de su propia historia”.

Tiene bastante claro que la eclosión de manifestaciones femeninas no se va a quedar en algo residual. “Hay muchos prejuicios, como que no hay autoras o que el cómic es un mundo masculino. Auténticas lindezas. Hay mucho que trabajar todavía en la educación del medio, pero soy optimista. Llevo haciendo tebeos desde que tenía quince años, ahora tengo treinta y ocho, y la progresión ha sido bastante sana”.

¿De mujeres o feminista?

El ámbito de la creación de historietas tampoco es ajeno al debate en torno al feminismo. Dentro del colectivo de la AAC coexisten multiplicidad de voces, opiniones y formas de trabajar de cara al objetivo común de visibilizar y acercar al público las viñetas de grandes mujeres. Pero, al igual que en un amplio sector de de la sociedad, aquí tampoco resulta sencillo permeabilizar la palabra ‘feminismo’. “Dentro de la AAC hay muchísimas sensibilidades. Hay personas que más allá del feminismo luchan por algo que consideran justo. Si me preguntas mi opinión personal, soy una persona que se considera terriblemente feminista, pero a la vez huye de los conceptos porque encierran y crean prejuicios. Prefiero las acciones, ellas nos definen muchísimo más allá de las ideologías”, comenta Berrocal.

McCausland considera que la aspiración de todas es similar, aunque es consciente de que algunas compañeras “le ven el riesgo” al término. “Creo que es el miedo de quedarse con el cliché y no ver que es una herramienta que atraviesa todo y aspira a conseguir justicia. Pero también hay que tener en cuenta que está el mercado de por medio”. Ese mercado al que se refiere McCausland no siempre es benevolente y por ello algunas editoras prefieren obviar conceptos y que la reivindicación esté implícita en las actuaciones. “Si en lugar de decir que el Comiccafest es un festival de cómic de mujeres dijera que es un festival feminista cambiaría la historia. A mí me interesa la sensibilización de gente nueva, por eso este año quise organizar el evento en un lugar como la asociación de la prensa, que me garantiza la asistencia de un tipo de personas que a otros espacios alternativos no acudirían”. A Lucía González no le importa la “autocensura” si tras ella sucumbe un objetivo tan claro como la celebración de un festival pionero en Granada. “En la última edición eliminé la palabra ‘coño’ del cartel, porque sabía que así no me imprimirían. Y porque para una persona no es lo mismo leer ‘coño’ en un panfleto a ver después a Ana Belén Rivero en el festival y escuchárselo decir 20 veces”.

Alan Moore o Grant Morrison para Elisa McCausland. Manu Larcenet, Aude Picault o Alison Bechdel para Susanna Martín. Frederick Peeters, Taiyô Matsumoto o Moto Hagio para Emma Ríos. Alberto Breccia, Osamu Tezuka, José Muñoz, Milton Caniff, Noel Sickles o Laura Perez Vernetti para Carla Berrocal. Estas autoras tienen referentes de creación de historietas muy heterogéneos. Pero hay algo común, aunque no insólito: la mayoría son hombres.


Por Esmeralda R. Vaquero
Fuente: Pikara