febrero 21, 2015

Micromachismos, un machismo silencioso y sutil


La discriminación de las mujeres se ejerce por parte de un sistema patriarcal en la vida doméstica, el trabajo o el lenguaje. Cada vez más feministas defienden que la batalla por la igualdad debe darse en todos los ámbitos.

Señora maestra, ¿cómo se forma el femenino?

  • Partiendo del masculino, la "o" final se sustituye por una "a".
  • Señora maestra, ¿y el masculino cómo se forma?
  • El masculino no se forma, existe.

El diálogo, recogido por la escritora Victoria Sau, ilustra bien qué son los micromachismos, un machismo que por su menor intensidad no mata y pasa desapercibido, es cotidiano y por lo tanto aceptado. El problema radica en que es diario y perpetúa el gran machismo, el que hace diferentes a unas de otros. Son pequeñas cosas, como las camisetas para bebés que puso a la venta Hipercor hace apenas unos meses. Las de ellos eran en color azul y en el pecho se leía: “Inteligente como papá”. Para ellas, en rosa, cómo no, la leyenda era: “Bonita como mamá”. Es cierto que ante las numerosas críticas, el grupo retiró la mercancía, pero el hecho es que a ninguno de sus diseñadores (¿todos hombres, no había féminas en el grupo? No se sabe: el lenguaje no las deja ver) se le ocurrió escribirlo al revés (inteligente como tu progrenitora y guapo como tu padre). Lo grave es que ante estos hechos una parte importante de la sociedad no se altera; es lo normal, como que en los baños de mujeres aparezca el icono de bebés indicando que allí se pueden cambiar pañales. ¿Y los padres? Para Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, “lo más grave es que la mayoría de las veces este tipo de comportamientos y promociones se hacen sin mala fe, de manera inconsciente, porque los estereotipos permanecen de manera soterrada en la sociedad”. Es de halagar que la marca comercial retirara rápidamente la campaña, pero hace apenas unas semanas, el grupo de El Corte Inglés volvió con otro: un espacio marcado como “outlet para ellas” que no era más que un recogedor y una escoba rosa pensado para las mujeres. Meses antes, la multinacional Carrefour lanzaba un biquini con relleno para niñas de nueve a 14 años. ¿Verdad que no resulta fácil imaginar que lanzaran un bañador de niños con paquete incorporado?

El primero que acuñó el término de micromachismos fue el terapeuta argentino Luis Bonino en 1990. Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula “micro” entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia. Lo grave de ellos, según coinciden los expertos y que están en la socialización de hombres y mujeres y lo imperceptibles que resultan. De ahí su perversidad, señalan unos y otras. “Producen un daño sordo y sostenido a la autonomía femenina que se agrava con el tiempo”, señala Bonino.

Los varones (un término que repiten los expertos para evitar el de hombres, entendido casi siempre como neutro y aglutinador de ambos sexos) buscan con estas actitudes, según el psicólogo Javier Miravalles, imponer al aumento de poder personal de la mujer y aprovecharse del papel de “cuidadora” de ellas.

Bonino clasifica los micromachismo en cuatro tipos:

Utilitarios. Afectan principalmente al ámbito doméstico y a los cuidados hacia otras personas abusando de las supuestas capacidades femeninas de servicio y la naturalización de su trabajo como cuidadora. En la casa, un ejemplo claro de un hombre supuestamente colaborador se vería en la frase: “Cariño, te he puesto la lavadora”. A lo que una mujer que los detecte debería preguntar: “¿Dónde?”, dado que ambos ensucian ropa.

Encubiertos. Son muy sutiles y buscan la imposición de las “verdades” masculinas para hacer desaparecer la voluntad de la mujer, que termina coartando sus deseos y haciendo lo que él quiere. Hay micromachismos en los silencios, en los paternalismos, en el “ninguneo” y en el mal humor manipulativo. ¿Quién no ha escuchado en casa: “Calla, que papá está enfadado, viene muy cansado del trabajo y necesita las cosas así”.

De crisis. Surgen cuando ellas empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la pareja. Se pueden reconocer en la frase: “Tú sabrás qué hacer (con las tareas domésticas), si trabajas”.

Coercitivos. En ellos el varón usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su poder, limitar la libertad de la mujer y restringir su capacidad de decisión. Suelen afectar al espacio y tiempo de ellos y ellas; y pierden siempre las segundas. Se ven en quién ocupa el mejor sillón de la casa, quién tiene el mando de la televisión, en cómo un hombre abre las paquete piernas y reduce el espacio de una mujer en un vagón de metro... En cuanto al tiempo, el varón, lo dicen todos los estudios, cuenta con más ocio para sus cosas, ya sea irse a montar en bici o irse con sus amigos a ver el fútbol…

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Por Lula Gómez / Tinta Libre
Fuente: Mujeres en Red