marzo 30, 2015

Feminismo = sostenibilidad de la vida

Huelga de cuidados, acción feminista organizada durante una huelga general en Bilbao./ AMB-BEA


“No queremos ser una comisión de mujeres que se ocupe de los supuestos temas de mujeres: queremos atravesarlo todo”. Esta afirmación de Daniela Osorio, feminista integrante de la Xarxa d'economia solidária, condensa el papel que tiene el feminismo en un momento como el actual: no se trata de hablar solo de cómo la crisis económica afecta especialmente a las mujeres, sino de mostrar que el feminismo aporta una propuesta integral de transformación social. Una propuesta que implica equidad y justicia, y que, frente a un modelo neoliberal depredador, garantiza la sostenibilidad de la vida.

El pasado martes se celebraron en Bilbao unas jornadas sobre economía solidaria y feminismo: 'La Bolsa o la vida'. Osorio, junto con la brasileña Miriam Nobre (integrante de Sempreviva Organizaçao Feminista pero conocida en el movimiento por haber coordinado la Marcha Mundial de las Mujeres) mostraron con ejemplos que las propuestas de economía social y solidaria cojean cuando no integran la perspectiva feminista. El androcentrismo, el sesgo por el que se valoran y visibilizan más aquellas actividades asociadas a lo masculino, lleva a obviar la aportación que hacen las mujeres a la economía social. “Se reconoce como economía solidaria fábricas recuperadas y no las iniciativas informales de las mujeres para organizar la comida o el cuidado de las niñas y los niños”, ejemplificó Nobre, quien ilustró esta tendencia con otra anécdota: pese a que la presencia de mujeres en proyectos de economía solidaria en Brasil es abrumadoramente mayoritaria, en un mapeo de economía solidaria salió que la mayoría de integrantes de estas iniciativas son hombres: “Se invisibilizaba la participación de mujeres en los grupos consolidados de emprendimiento solidario, ya que no figuraban como socias cooperativistas".

Superar la división sexual del trabajo

La mayoría de las ponentes incidieron en la necesidad de superar la falsa dicotomía entre trabajo productivo y reproductivo, derivada de la división sexual del trabajo. Es decir, a medida que se asignaron y jerarquizaron tareas diferenciadas en función del sexo, se construyó el modelo social por el que el hombre trabaja en el mercado laboral de forma remunerada y la mujer queda relegada a las tareas domésticas y de cuidados, no remuneradas y escasamente valoradas socialmente (para muestra, el hecho de que no cuenten en el cálculo del PIB). Incluso en el ámbito de la economía social, “se tiende también a una lectura productivista que obvia la esfera reproductiva”, señaló Osorio, quien llamó tanto a visibilizar y promover proyectos de crianza compartida y bancos del tiempo, como a revisar si se mantienen roles sexistas en la organización de iniciativas sociales:“¿Quién limpia en un congreso de economía social? ¿Quién se encarga la comida? ¿Quién hace el trabajo voluntario más invisible?” Para ello, consideró imprescindible que en los espacios alternativos haya personas encargadas del cuidado de las relaciones entre integrantes, así como de vencer las resistencias antifeministas: “Se siente que el tema de género ya está resuelto en el ámbito social y eso me hace afirmarme más aún en la necesidad de seguir trabajándolo”.

Nobre incidió en valorar el conocimiento generado por mujeres en las comunidades rurales, como por ejemplo en artesanía o en la selección de semillas, bajo un enfoque que apuesta por la construcción colectiva del conocimiento frente a la cultura de la asesoría técnica externa. Además, de cara a superar la división entre lo productivo y lo reproductivo, defendió el potencial del “ autoconsumo, el trueque y otras formas creativas de organizar la economía para mejorar las condiciones de vida de las personas sin que todo pase por lo monetario”. Para ello, propuso empezar por “desnaturalizar la lógica de los mercados”, visibilizar los procesos políticos y los intereses en juego que esconde el modelo neoliberal, y promover el fortalecimiento político de las personas.
Feminismo, en la ciudad y en el entorno rural

La jornada contó también con presentaciones de tres proyectos que muestran la necesidad y la potencialidad de integrar la mirada feminista en tres ámbitos: el desarrollo comunitario rural, la planificación urbanística y el cooperativismo.

Nalda, comunidad cuidadora: La asociación El Colletero promueve eldesarrollo sostenible y en igualdad del pueblo de Nalda. Sus integrantes, en su mayoría mujeres, proponen recuperar la cultura rural del apoyo mutuo, pero superando la división sexual del trabajo, implicando a hombres y mujeres en las diferentes labores del campo. El colectivo empezó trabajando sobre la recuperación del patrimonio histórico natural, y en la actualidad promueve huertos, grupos de consumo ecológico, un centro especial de empleo e iniciativas de educación medioambiembiental para la infancia, incluidas una ludoteca para menores de 3 años y la organización de huertos escolares. Esta cooperativa está combatiendo una cultura patriarcal en la que ocurrían sinsentidos como que los maridos de las mujeres que trabajaban en las cooperativas tenían cargos en las juntas directivas sin ser socios trabajadores. La asociación promueve la igualdad y el respeto entre mujeres y hombres, pero también entre las personas y los recursos naturales.

Punt6, mujeres constructoras de ciudad: Frente al urbanismo entendido como una ciencia de hombres especialistas que trabajan en despachos con maquetas, sin pisar el terreno, y toman como referencia a un hombre tipo universal, las urbanistas feministas defienden la proximidad como una cualidad urbana y trabajan con una perspectiva de género e interseccional que tienen en cuenta las necesidades y la diversidad de las personas. Así, el objetivo es promover la autonomía, los cuidados y la socialización entre las personas, evitando barreras y discriminaciones para las mujeres, las personas con con diversidad funcional, mayores, con pocos recursos económicos, etc. Mientras que en el modelo de ciudad neoliberal, las personas viven en la periferia y el centro está para trabajar y consumir, el urbanismo feminista aboga por facilitar la interrelación entre las diferentes esferas de la vida, de forma que no resulte una odisea ir del trabajo a buscar a los hijos al colegio, y de ahí al parque. Hablan de aumentar la calidad de vida, manteniendo el comercio de proximidad, defendiendo un transporte público accesible (también respecto a su precio) y diseñando las viviendas de forma que propicien la creación de redes de apoyo mutuo.

Pandora Mirabilia, cooperativa de comunicación y género: La economía social está inserta en un mercado capitalista competitivo, por lo que la apuesta de una cooperativa por la sostenibilidad de la vida choca con las exigencias del mercado. Así, una puede apostar por la dignidad salarial, pero esto hará que en las licitaciones públicas prosperen otros proyectos que tiran el precio del trabajo por hora. Desde Pandora Mirabilia se reconocieron estas dificultades, y además se llamó la atención sobre que incluso en cooperativas integradas solo por mujeres, como la suya, se reproducen dinámicas de poder desiguales y roles sexistas, como que algunas socias asuman en mayor medida las tareas menos visibles y valoradas, como la limpieza. La apuesta por la corresponsabilidad transciende la conciliación entre la vida profesional y familiar para reconocer el derecho a cualquier persona al descanso, al ocio o a emprender otros proyectos. Por ello, las socias de Pandora Mirabilia pueden solicitar reducciones de jornada por cualquier motivo, no solo por maternidad o el cuidado de personas dependientes. Por último, en esta empresa también se presta atención al cuidado de las relaciones interpersonales, integrando fórmulas de resolución de conflictos y dinámicas que faciliten la expresión de emociones.

Por June Fernández
Fuente: eldiario.es/