marzo 09, 2015

Nada justifica el acoso sexual: el límite es el consentimiento

Jules de Faria trabajó en revistas “femeninas” en Brasil, especializada en el periodismo de moda. Luego se fue a vivir a Europa y de regreso a su país se volcó en un desafío: cuestionar aquellos enfoques usualmente considerados “femeninos”. Dio a luz la web Think Olga y, poco después, fue seleccionada como una de las 24 voces más influyentes de la internet en medios locales, por crear “un think tank para repensar sobre el papel de la mujer hoy”.


De Faria brinda dedicación integral diaria (aunque no está remunerada y esta es una de sus prioridades en 2015) al sitio que bautizó con el nombre de una calle en Berlín (en homenaje a una activista comunista alemana). Think Olga es un delicado collage visual y un potente disparador de preguntas sobre ser mujer y los neofeminismos.

Think Olga se compone de un sitio de artículos al que le nacieron tres retoños: El Mapa Chega de Fiu Fiu (“Basta de Fiu Fiu”), registro geolocalizado de acoso callejero (que este año cuenta con posibilidades de mutar en documental). Un e-book Meu corpo não é seu – Desvendando a violência contra a mulher (‘Mi cuerpo no es tuyo – Develando la violencia contra la mujer’).

El 80% de las encuestadas para el mapa había cambiado su ropa por miedo de sufrir acoso. Y cerca del 90% había modificado algún hábito, como dejar de tomar un ómnibus en una calle determinada

Por último, una idea digna de ser copiada por otras iniciativas de comunicación y género, una lista de reconocidas especialistas brasileras en rubros desde la crítica de cine a la microbiología: Entreviste a una mujer. Estos espacios en línea se complementan con una página de debate en Facebook (Talk Olga) compuesta por una comunidad hiperactiva de 2300 personas, en su mayoría mujeres jóvenes con mirada crítica sobre los medios brasileros.

Jules evalúa los reconocimientos como resortes que la impulsan a fortalecer proyectos como la campaña ‘Basta de Fiu Fiu’. Asímismo, las chicas de Olga están recolectando vía financiamiento colectivo dinero para hacer un documental sobre acoso callejero que cubra la mayor parte del territorio brasilero. El filme utilizará unos modernos anteojos ¡con cámara incorporada! para que las damas sometidas al acoso urbano puedan registrarlos sin correr riesgos. Les resta poco más de 8 mil dólares para el desarrollo del mismo y se puede colaborar aquí. Mientras tanto, bucear en el mapa es impresionante. Más de 1500 denuncias: puntos azules en un mapa que son pozos negros en el presente de las mujeres.



Así describe el proceso De Faria: “Chega de Fiu Fiu surgió en septiembre de 2013 a partir de una investigación abierta y libre en internet en la que conseguimos la participación de 8 mil mujeres. Se orientó a entender cómo las mujeres se sentían delante de esa violencia. La idea era descifrar si a ellas les gustaba ese tipo de acercamiento o piropo callejero. Pudimos confirmar que realmente lo observaban como una violencia, en las antípodas de algo que `aumenta la autoestima´, como decían durante el gran debate que se dio en Brasil el año pasado. Vimos que la mayoría de las mujeres sentían miedo, dejaban de usar las ciudades y vivir sus vidas, generándose una desigualdad respecto de los hombres”.

El mapa visibilizó números elocuentes: más del 80 por ciento de las encuestadas había cambiado alguna vez su ropa por miedo de sufrir acoso. Y cerca del 90 por ciento de las mujeres había modificado algún hábito por iguales razones como dejar de tomar un ómnibus en una calle determinada.

¿Cómo trata el periodismo en Brasil la violencia de género?

“Si no hay consentimiento, es abuso sexual, aunque la mujer esté trabajando con su cuerpo. Las prostitutas tienen derecho al consentimiento”

En la gran prensa el periodismo con lentes de género es inexistente. En las noticias que tienen que ver con la violencia de género o acoso callejero, relatan la historia como algo que las mujeres merecían, o encuentran algún justificativo en las maneras, sea reportando la ropa de una víctima de violencia sexual como la causante de la violación, o resaltando el horario en que estaba en la calle. Es curioso que, cuando vemos periódicos relatando el asesinato de una mujer, un feminicidio por caso, éste nunca tiene un contexto. Siempre se relata la violencia partiendo de un costado emocional y nunca se trae ese “histórico” o trasfondo. Si un motoquero muere atropellado en una avenida, hay un texto contando lo que pasó y en el último párrafo encontramos “sólo en un mes, X cantidad de motoqueros fueron atropellados”. Eso raramente acontece cuando una mujer es asesinada por un hombre. No se traen los números ni el histórico, el relato es muy crudo y superficial, sin cuestionar por qué la mujer fue asesinada por un compañero, por una persona en la que ella confía. Se duda de la víctima.

¿Qué puedes señalar respecto de tu experiencia en revistas “femeninas”?

Lamento que muchas de ellas están basadas en estereotipos. Por más que a veces el sumario sea interesante, el recorte de mujeres a las que se enfocan es muy pequeño. Entonces “si querés comprar 500 tops que combinan con 500 zapatos”, está okey, si querés hacer una dieta y “perder 3 kilos en 10 días”, consigues esa información rápido, pero ¿y los otros asuntos? Y si de lo que estamos hablando es asedio sexual, ¿por qué eso nunca es retratado en una revista?, ¿por qué eso no se debate? Algunas veces hablan de algunos asuntos tabú como la violación y siempre la mujer es retratada como una víctima, sin voz. ¿No se puede enfocar de una forma más fuerte o inspiradora?

Mirando hacia atrás, ¿cómo se comportaron los medios durante la Copa? ¿Hubo una mayor sexualización de la mujer en las noticias?

Sólo podemos lamentarnos por las cosas que hemos visto. Desde las noticias en las que querían incluir a las mujeres en el fútbol, lo hacían de una forma muy estereotipada. Las notas eran sobre “mujeres hablan de la vestimenta de los jugadores” como si nos dijeran: “Ustedes pueden participar del fútbol, pero sólo en la parte de moda”. Respecto de la sexualización de la mujer, he visto una columnista en Estadão escribiendo: “Es la hora y la oportunidad de los gringos. Ellos con sus relojes aumentan nuestra autoestima”. ¿Sabes? Es tanta la generalización y esa idea de que ser brasilero/a es tener una nacionalidad inferior “porque ahora que los extranjeros van a estar acá y va a ser bueno, ya que la mujer precisa de elogios de gringos para elevar su autoestima”. Eso me frustra. Aún mas porque estamos luchando por mostrar que el asedio sexual es una violencia, que esos abordajes no solicitados son violencias. Los discursos de este tipo debilitan nuestra conversación. Volvemos cinco pasos para atrás para resaltar que el “el acoso sexual, independientemente de quien venga, es violencia”.

¿Cómo se posicionan desde ‘Think Olga’ sobre el trabajo sexual y, al mismo tiempo, sobre la objetificación de los cuerpos de las mujeres?

Creo que todo se resume al consentimiento. Muchas veces que los periodistas hombres hablan conmigo para reportajes, me dicen: “Pero en las fiestas en dónde todo el mundo coquetea con todo el mundo…” Como justificando el acoso. Y yo digo: ¡Eso no significa que si estamos en una fiesta pagar la entrada habilite el consentimiento! No porque vas a una playa nudista estás dando algún consentimiento y tampoco significa que aun siendo una prostituta lo estés consintiendo todo. Inclusive cuando hay dinero de por medio se dan casos de abuso sexual. Por eso todo parte del consentimiento, aunque haya una mujer que esté trabajando con su cuerpo. Las prostitutas tienen derecho al consentimiento. Es mucho más complicado que una simple transacción de dinero, en donde se paga un servicio y se entrega un producto. Soy partidaria de tratar la prostitución como una profesión y que sea reglamentada. La reglamentación y la fiscalización pueden colaborar a que las personas que están en la prostitución por la fuerza sean visibles, ayudar a combatir el tráfico de mujeres y la prostitución infantil. Y, de alguna forma, regular que quien está allí pueda demostrar si lo hace con consentimiento. Aquí en Brasil hay un proyecto de ley en debate el cual tiene muchas críticas: algunas personas encuentran que puede favorecer más a los proxenetas que a las prostitutas. Lo encuentro muy complicado en este momento.

#Mapéalo

“¡Guau! Me ha susurrado algo, ¡ahora voy a vacilarle yo!”

Respecto de Think Olga y el mapa, ¿cómo ha sido la repercusión? y ¿cuáles son las acciones que tienen por delante?

En lugar de quedarnos sólo en el debate, comenzamos a pensar en cómo encaminarnos hacia el cambio. A partir del mapa que dio lugar a la discusión sobre abuso sexual y consentimiento en los grandes periódicos, la idea fue observar e intentar conocer los lugares más problemáticos de Brasil partiendo primero de San Pablo. Intentamos conseguir algunos datos con la Secretaría de Seguridad Pública y la Secretaría de la Mujer pero no lo conseguimos, no era informació abierta al público. Ahí pensamos: vamos a conseguir esos datos por cuenta propia a través del mapa. Ahora ya tenemos más de 1500 denuncias en Brasil entero y queremos llegar a números más relevantes.

¿Cuáles estrategias construyen a partir de los datos?

Conforme a la mayor participación, más relevante será este recurso para conseguir de verdad mapear esos puntos más problemáticos. Sea de San Pablo o en cualquier otra de las grandes capitales. Observando esos lugares problemáticos podemos entender las carencias: una calle que no tiene suficiente iluminación, una casa nocturna en la que los guardias de seguridad no están preparados para enfrentar la violencia hacia la mujer, o puede ser en ómnibus o en metros sin seguridad para dar soporte a las mujeres. Entendiendo por qué esto forma parte del panorama podemos apuntar a cambios más concretos. Si es alumbrado público, entonces tenemos que hablar con la Prefectura; si es el metro, con el Gobierno del Estado. También salir a pegar carteles en esos puntos problemáticos, como una forma de intimidar a esos agresores o apoyar a las mujeres que están siendo intimidadas en esos lugares. Leer algún mensaje pensado precisamente para apoyarte, en ese lugar donde estás parada, hace la diferencia.

Por Florencia Goldsman
Fuente: Pikara Magazine