abril 10, 2015

De pañales y rivales




Dos nuevos escándalos aparecen estos días, involucrando a mujeres vinculadas a la vida política del país; escándalos que tienen que ver, precisamente, con dos temas que son considerados “propios” de lo femenino en la distribución de características, comportamientos y roles que forman parte del orden de género. Uno involucra a dos ex ministras de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y el otro a la presidenta del Congreso y a una funcionaria parlamentaria, enfrentadas ambas, al parecer, por el amor de un congresista, al mejor estilo de las telenovelas mexicanas.

El primer escándalo está referido a pañales. Sí, a pañales, lo que nos trae a colación niñez, cuidado, protección. No se trata de esos pañales que antaño lavábamos a mano y luego los hervíamos con la muñequita azul, para evitar el percudido y para que nuestros hijos e hijas los volvieran a utilizar blanquitos, blanquitos, y así evitar alguna infección a la piel, lo que, además, nos validaba como buenas madres. En este caso se trata de pañales desechables, de miles de ellos, y el asunto ha ocasionado un fuerte enfrentamiento entre las dos ex ministras, pues el monto invertido en la compra no es una bicoca, sino que equivale a millones de soles, exactamente 6 millones 143 mil 700 soles. Estamos hablando de una compra realizada en el ejercicio de funciones de la defenestrada primera ministra Ana Jara, seguida en el cargo de ministra de la Mujer por Carmen Omonte, quien se encontró, de pronto, con una especie de bomba pañalera que le explotó en las manos. Por suerte, los pañales no habían sido usados aún.

Según una investigación de IDL Reporteros, la adjudicación para la compra se dio con una celeridad digna de mejor causa, pues que se inició en mayo y culminó en julio del 2013. Se compraron 8 millones 240 mil pañales, para los que, además, no había demanda. Sin contar con un lugar adecuado ni haber tenido ningún plan para su distribución, se colocaron en un depósito en Lima, y se alcanzó a repartir apenas el 1%, durante los últimos seis meses de la gestión de Ana Jara.

El consorcio que ganó la licitación está conformado por la compañía peruana Cymed Medical y la corporación transnacional Kimberly Clark, que tiene su sede regional precisamente en Lima y que, en Colombia, está involucrada en un escándalo denominado el “cártel de los pañales”. Aunque esta información se conoció unos meses después de la compra del lote de pañales en Perú, ya en septiembre del 2014, la revista Semana Económica daba cuenta de las implicancias que podría tener para el Perú, al reportar la intervención de la Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia (SIC) a cinco empresas fabricantes y comercializadoras de pañales, y que tenían el 95% del mercado pañalero. Menciona la revista que:

“La SIC inició el operativo tras recibir una denuncia anónima de que estas empresas concertaban los precios de los pañales. Poco tiempo después, dos de las cinco empresas – cuyos nombres no han sido revelados – admitieron la falta y aportaron pruebas. Gracias a ello, la SIC cuenta con cerca de setecientos correos electrónicos, treinta testimonios y pruebas de más de veinte reuniones entre las empresas en Colombia y en el extranjero, incluido el Perú.”

Mientras continúan las investigaciones sobre estos escándalos pañaleros en Colombia y Perú, cerca de la mitad de los pañales adquiridos por el ministerio están con paradero desconocido ya que, como lo ha informado la prensa, en el conteo que dispuso la actual administración, se ha comprobado que sólo queda un lote de 4,535,374 unidades.

Aunque se han iniciado las investigaciones para llegar a establecer las responsabilidades administrativas en este desaguisado, la discordia entre las dos ex ministras parece haberse agudizado. La confrontación ya venía anunciándose públicamente desde febrero, cuando se supo de los reclamos de la entonces jefa de gabinete a la ministra de la Mujer, a quien acusaba de haber filtrado la información a la prensa. 

Como si no fuera suficiente este escándalo pañalero, ha surgido también uno nuevo, que compromete a la presidenta del Congreso, Ana María Solórzano, vinculada sentimentalmente al congresista Víctor Isla, y a Patricia Robinson, funcionaria parlamentaria que también, al parecer, tuvo una relación, hace un tiempo, con el mismo parlamentario. De hecho, tenía con él altos niveles de confianza, como se desprende de la grabación de una conversación que ambos sostuvieron, en relación al prófugo Martín Belaunde:

“Esto ya es una cosa que ya pasó, Víctor, no puedes estar con la misma cojudez, parece que no tuvieras argumentos, entonces mejor no salgas. (…) Puta, qué huevones que son, ¿tú también has dicho eso? (…) Si te preguntan si te ha visitado, pues di que sí […] Y si te preguntan de qué han hablado, ¿qué vas a decir? ‘No me acuerdo, fue a saludarme’.”

La última conversación filtrada, que habría sido grabada por la propia funcionaria, según ha denunciado su interlocutor, Marco Olano, exjefe del área de Servicio de Investigaciones del Congreso, da cuenta de presiones, acosos, hostigamiento, violación de derechos, que se habrían iniciado cuando la actual presidenta del Congreso asumió sus funciones en agosto del 2014, de acuerdo a lo declarado a la prensa por la funcionaria. En la grabación, se escucha a Olano decir: 

“Han pedido tu desplazamiento a carpetas temáticas y sí sé que lo hacen con la finalidad de hostilizarte y yo no puedo hacer más. Acá hay un tema que no creo que sea por un asunto de (ininteligible). Yo creo que es por un asunto que ya tiene que ver con un despropósito y yo no trabajo así (...). Quiero ser honesto contigo y decirte que yo ya no aguanto más esto. Si yo me voy, igual te van a seguir maltratando. No sé (lo que pretenden), Patricia (...), es un comportamiento antiético que yo no puedo aceptar… He tratado de conversar con Víctor Isla para explicarle que esas cosas solamente él las puede parar…”

Se presume, por declaraciones previas de Robinson, que las presiones vendrían de la actual presidenta del Congreso, pues ya en una ocasión anterior, según lo recoge Alvarez Rodrich, la funcionaria habría señalado que “la autora intelectual del espionaje telefónico sería la actual presidenta del Congreso, la Sra. Solórzano, una persona que definitivamente está obsesionada con mi intimidad”. No hay duda de que en esta especie de hemorragia de filtraciones, los pañales desechables vendrían muy bien.

La presidenta del Congreso no ha dado explicaciones sobre este asunto, que ya viene siendo parodiado por el actor cómico Carlos Alvarez. Que la presidenta del Congreso y una alta funcionaria se enfrenten por un hombre no es sino la expresión de lo que tantas veces hemos llamado “el pacto patriarcal”, aquel pacto que nos impulsa a enfrentarnos entre mujeres para disputar un poco de poder, como lo menciona Carmen Alborch, autora del libro Malas: Rivalidad y complicidad entre mujeres: 

“No hay un enfrentamiento entre las mujeres porque la naturaleza así lo ha decidido, sino que los hombres, cuando pactaron – estoy hablando de hace miles de años, claro está - estar en una determinada situación y tener un determinado poder, y nosotras quedamos relegadas a otro ámbito, en el que debíamos rivalizar por conseguir lo que nos daba el estatus, el reconocimiento, el apellido; en definitiva, por el hombre, que era quien nos proporcionaba todo esto. Entonces, ésta ha sido siempre una manera de entender que tenemos que competir entre nosotras para que al final sólo quede una, la elegida, y dicho enfrentamiento se ha ido manteniendo y reproduciendo a lo largo de los tiempos.”

Que lamentable es que mujeres que han logrado representación en el Congreso se vean envueltas en escándalos que no sólo afectan su imagen política, sino que arrastran a las demás mujeres que sueñan con tener representación y luchar por los derechos de las mujeres en el espacio parlamentario, en un contexto en que hay retrocesos en relación a la presencia femenina en el escenario político, en que siguen siendo vulnerados los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas, de ciudadanos y ciudadanas que no logran justicia. Los pañales, el acoso a la otra, la rivalidad entre mujeres, la incapacidad de hacer alianzas entre pares, pensando en la ciudadanía y en las mujeres, es la triste huella que están dejando algunas de las parlamentarias en el actual Congreso. Algo habrá que hacer para que escenarios de este tipo no se repitan, ahora que nos acercamos a un nuevo proceso electoral.

Por Rosa Montalvo Reinoso