abril 12, 2015

La revolución de Kolontái


Para Alexandra Kolontái, la revolución de las mujeres no podía esperar. El derecho al aborto o al divorcio fueron algunas de las conquistas del feminismo marxista.

Los relatos de la historia han olvidado con frecuencia a Alexan­dra Kolon­tái, activista, política y teó­rica que dedicó su vida a los oprimidos. Sin expresarse en los mismos términos, Kolon­tái se anticipó a los planteamientos de los feminismos que vendrían décadas más tarde, convirtiéndose en la cabeza visible de un proyecto de igualdad entre géneros que aspiró a cambiar la situación de las mujeres en los primeros años de la Rusia leninista.

Nacida en San Petersburgo el 31 de marzo de 1872 en el seno de una familia de la nobleza terrateniente, su primera lucha social se dirigió contra el matrimonio por conveniencia, tan arraigado en las clases altas de la época. Pese a la resistencia de sus padres, consiguió casarse por amor, “por una gran pasión”. La visita a la fábrica de Kren­golm en 1896, que ocupaba a más de 12.000 trabajadores, fue el despertar de su conciencia política. Su creencia en la realización de la mujer a través de su trabajo, por encima de la felicidad familiar, la llevaron a dejar atrás a su marido y a su hijo para profundizar en el estudio del marxismo.

La movilización a lo largo de 1917 le hizo volver del exilio. Con el triunfo de la revolución, pasó a ocupar el cargo de comisaria del Pueblo de Bienestar Social. Esta posición ministerial, que mantuvo apenas durante unos meses, supuso el inicio de su carrera política y permitió a Kolontái introducir la cuestión femenina en la agenda política socialista. Su oposición a las ideas de la ortodoxia marxista en lo referente a la emancipación femenina, el “monis­mo económico de Engels” en pa­labras de Simone de Beau­voir, le granjearon pocas simpatías dentro del Partido Comunista. Su postura crítica, también en cuestiones como el papel de los sindicatos, la llevó a fundar Oposición Obrera.

Sus análisis sobre el doble yugo de las obreras la llevaron a adelantarse varias décadas a su época

Los primeros años tras el éxito de la revolución fueron esperanzadores para el feminismo marxista. El aborto fue descriminalizado y, posteriormente, legalizado en 1920. Fueron años de sucesivas conquistas: el divorcio, el matrimonio civil y la abolición del matrimonio infantil y de la compraventa de mujeres. La igualdad salarial y la baja de maternidad dieron un vuelco a la situación de las trabajadoras soviéticas.

Tal y como señala la filósofa española Ana de Miguel, Kolontái asume a lo largo de su vida una doble misión, lo que la convierte a menudo en una opinión incómoda: por una parte, combate los postulados del feminismo igualitarista burgués, al que acusa de obviar las diferencias de clases que separan a las mujeres; por otra parte, lucha contra la indiferencia de la clase obrera y sus dirigentes hacia la opresión específica de las mujeres.
El doble yugo

¿Qué convierte a esta militante comunista en una voz molesta tanto para los suyos como para las feministas de la época y, posteriormente, en un referente de la causa feminista? Sus análisis sobre este doble yugo de las obreras la llevan a adelantarse a su época, afirmando que la cuestión femenina no puede subsumirse en la lucha de clases. Es necesario, por el contrario, que la sustitución de la estructura económica, social e ideológica del capitalismo que las oprime vaya acompañada de una revolución de la vida privada, de las costumbres y de la relación entre los sexos. Para ella, el aplazamiento de la liberación de las mujeres que proponía la ortodoxia marxista era, en definitiva, un aplazamiento de la revolución.

La emancipación pasa, según Kolon­tái, por el reconocimiento de la individualidad de la mujer. Escribe sobre la fundación de una “mujer nueva”, libre, capaz de alcanzar su identidad social mediante su trabajo y su aportación a la comunidad, y no a través de las relaciones sexuales que mantiene con los varones.

Kolontái no se queda ahí y pone el foco en el amor como “factor psicosocial”. El amor, el ideal de amor burgués, responde a las necesidades de organización socioeconómica de las clases dominantes. “Du­ran­te milenios, una cultura fundada sobre el instinto de propiedad ha inculcado a los hombres la convicción de que el sentimiento amoroso tenía como base el principio de propiedad”, escribe en Marxis­mo y revolución sexual. Esto la llevaría a una de las ideas más manipuladas de su producción teórica y política: la del amor libre. No como una panacea de encuentros sexuales libres e indiscriminados, sino como una concepción del sentimiento amoroso que pretendía más bien la superación del corsé matrimonial y de las ideas de propiedad.

Una comprensión tan heterodoxa del papel de la mujer en la nueva sociedad comunista, así como de algunos de los proyectos leninistas, como la Nueva Política Económica de 1921 –según ella, “nueva explota­ción del proletariado”–, le valió una invitación a continuar sus servicios a la URSS en el extranjero. No volvería a su ­país natal hasta 1945. Por aquel entonces, el giro estalinista ya había convertido gran parte de sus logros en historia. Murió en Moscú el 9 de marzo de 1952. Poco a poco, las sucesivas olas feministas irían recuperando sus ideas, pero siempre quedaría, como en sus años de embajadora, al margen, en las sombras del relato eurocéntrico y occidental de la historia de la lucha por la igualdad de todas las personas.

Biografía de una feminista pionera
  • 1896. toma de conciencia
Una visita a la fábrica de Krengolm da un giro a su vida. “No podía llevar una vida feliz y tranquila mientras los trabajadores eran esclavizados de una manera tan terrible”, escribiría en su autobiografía.
  • 1919. victorias feministas
Junto a la también feminista y revolucionaria Inessa Armand, funda el Zhenotdel, el Departamento de la Mujer del PCUS. Su activismo, así como el de tantas otras militantes, logró la legalización del aborto y el divorcio en la URSS. 
  • 1921. disidencia
Las divergencias de Kolontái con respecto al rumbo tomado por la revolución la llevan a convertirse en portavoz de la Oposición Obrera, en contra de la cúpula dominante del Partido Comunista. El fracaso de esta iniciativa supondría su alejamiento de la política interna soviética para dedicarse a la diplomacia. 
  • 1946. vuelta a rusia
Ya de vuelta en la URSS, es nominada al Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para alcanzar la paz en plena guerra ruso-finlandesa (1939-1940). Muere en 1952 en Moscú.


Fuente: Periodico Diagonal