junio 18, 2015

Líbano: las trabajadoras domésticas necesitan la protección de un sindicato.

© Jared Rodriguez / Truthout - CC BY-NC-SA 2.0

Con el fin de conmemorar el Día Internacional de las trabajadoras y los trabajadores domésticos, que se celebra el 16 de junio, AWID se entrevistó con Sawsan Abdulrahim, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad americana de Beirut para saber más sobre las apuestas y desafíos de la sindicalización de las trabajadoras y trabajadores domésticos en el Líbano. 

Hay al menos 300 000 trabajadoras/es domésticos en el Líbano, de las/los cuales la mayor parte son mujeres inmigrantes provenientes de Etiopía, Sri Lanka, Bangladesh y Filipinas[1]. Las mismas enfrentan una gran cantidad de abusos de los Derechos Humanos en un ambiente que nos les ofrece ninguna protección. Más de 300 trabajadoras/es domésticos, provenientes de distintos países, se reunieron en enero de 2015 para constituir un sindicato que les permita luchar contra esas exacciones. Este nuevo sindicato, apoyado por la Federación Nacional de Sindicatos de Obreros y Empleados del Líbano (FENASOL por su sigla en francés), es una novedad en la región. Sien embargo, luego de seis meses de presentada la solicitud formal ante el Ministerio de Trabajo libanés, este sindicato no dispone aún del reconocimiento legal. A pesar de los desafíos, distintos sociales intentan consolidar ese movimiento con el fin de ofrecer protección y derechos para todas/os las/los trabajadoras/es domésticos.

Un entorno jurídico y social discriminatorio

En su artículo 7, el Código de trabajo libanés establecido en 1946, excluye entre otros a las/los trabajadoras/es domésticos de las disposiciones y protecciones legales referidas al derecho laboral. La interpretación de ese Código impide por lo tanto a las/los trabajadoras/es domésticos adherirse a un sindicato, y el artículo 92 menciona de manera general que las trabajadoras y trabajadores extranjeros no poseen el derecho a elegir o ser elegidos en un sindicato.

Las trabajadoras domésticas migrantes, que constituyen la mayor parte de las/los trabajadoras/es domésticos, afrontan además otras discriminaciones en el plano jurídico. El sistema de la Kafala (tutela), aplicado en el Líbano y en las monarquías del Golfo, ata a la trabajadora extranjera doméstica a un empleador específico y esta entra así en situación de ilegalidad si abandona a su empleador, lo cual refuerza la vulnerabilidad de sus condiciones laborales. Este sistema permite especialmente a los empleadores restringir la libertad de movimiento de la trabajadora, pasando por la confiscación del pasaporte y el aislamiento en el domicilio, lo cual lleva de este modo a la apropiación de la trabajadora por parte del empleador. Además, una circular apoyada por el Ministerio de Justicia ha sido recientemente comunicada a los notarios con el objetivo de incluir una nueva cláusula en la carta de compromiso de los empleadores que acompaña el contrato. La cláusula estipula que el empleador debe impedir cualquier relación amorosa o marital de la trabajadora en el Líbano. Esto refuerza nuevamente el modo en el cual el empleador puede – y está obligado a –apropiarse de la trabajadora en todos los aspectos de su vida.

Tal como lo explica Sawsan Abdulrahim, «el sistema de la Kafala significa que las trabajadoras migrantes domésticas se encuentran fuera de la protección de las leyes laborales nacionales. Dado que la aplastante mayoría de trabajadoras domésticas viven en el domicilio del empleador (incluso aunque la Kafala no lo menciona como una condición), existe un elevado nivel de riesgo de exclusión social. Si los abusos tuviesen lugar, generalmente los mismos serán mantenidos dentro de la esfera privada, todo lo cual dificulta a las trabajadoras domésticas retirarse de las condiciones de trabajo abusivas. Esto se ve aún más acentuado cuando a la trabajadora se le prohíbe socializarse con otras trabajadoras o cuando no tiene permiso de salir del domicilio del empleador por si sola.»

Si bien a nivel internacional, el Líbano ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que reconoce «el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias», este país no ha ratificado aún el Convenio nº 189 de la organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el trabajo decente de las trabajadoras y trabajadores domésticos que garantiza entre otras cosas el derecho a la libertad de asociación, así como las protecciones en términos de derechos laborales para esa categoría específica de trabajadoras/es. 

En este contexto de ausencia de protección, las trabajadoras migrantes domésticas son entonces vulnerables a múltiples abusos, que pueden incluso algunas veces conducir a su muerte. En 2008, Human Rights Watch informaba al menos una muerte de trabajadoras/es migrantes domésticos por semana, y cuando se realizaron encuestas, las mismas desatendían la responsabilidad de quienes les empleaban en dichos casos. Las violaciones a las cuales se ven enfrentadas estas trabajadoras son variadas, van del aislamiento forzado a las agresiones sexuales pasando por la sobrecarga de trabajo impuesta, el acoso psicológico, la ausencia de períodos de descanso y la falta de retribución básica.

En algunos casos, las agencias de reclutamiento de trabajadoras domésticas se prestan incluso a prácticas de trata de migrantes, especialmente desde aquellos países que tienen prohibida la emigración hacia el Líbano. A colación de esto, Sawsan Abdulrahim brinda un ejemplo, «existe una red de agentes de reclutamiento que facilita la circulación de mujeres desde Etiopía hacia el Líbano a través de otro país. En ese caso, el empleador paga a menudo más por la tasa de reclutamiento y la trabajadora experimenta más sufrimiento. Otra práctica corriente en el Líbano consiste en que los agentes piden que el empleador les pague a ellos el salario por los tres primeros meses y no a la trabajadora. Los empleadores consienten en la mayoría de los casos y se les ha dicho que la trabajadora estaba informada de esto antes de dejar su país de origen.» Un informe de la OIT sobre la trata de personas en Medio Oriente revela distintos procedimientos de trata de personas en el marco del trabajo forzado de trabajadoras/es domésticos, entre los cuales cuentan el engaño en el momento del reclutamiento de la trabajadora migrante, sobre sus condiciones de vida y trabajo al llegar a destino, y también el engaño sobre el tipo de trabajo que realizará. En todos los casos, la trabajadora migrante se encuentra al momento de llegada en una situación de la cual le es imposible salir.

A nivel social, la opresión de las trabajadoras domésticas migrantes se basa en el género, la raza y la clase. Sawsan Abdulrahim explica que especialmente el trabajo doméstico, percibido como un trabajo devaluado asociado con las mujeres en el seno de la sociedad libanesa, ha sido cada vez más racializado[2] a lo largo de los años, de allí la escasa proporción de libanesas/es entre las/los trabajadoras/es domésticos. «En ese caso, las mujeres que poseen medios económicos contratan a otras mujeres para desarrollar dicho trabajo devaluado y las mujeres son discriminadas racialmente según su país de origen, color de piel, lengua, etc. Esas trabajadoras domésticas carecen por lo tanto de protección puesto que son migrantes en un contexto en el cual las protecciones no se ofrecen más que a las/los nacionales». En este sentido, según un artículo escrito por Rita Bassil en la revista ORIENT XXI, «La violencia que las mujeres empleadoras hacen sufrir a sus empleadas se iguala en potencia a aquellas que ejercen los hombres sobre sus mujeres en el Líbano.». Las trabajadoras serían así cada vez más confrontadas por la sociedad en su conjunto a estereotipos racistas que, por ejemplo, las consideran «saladas» y les prohíben el acceso a las piscinas y playas privadas por miedo a «que salen el agua».

La voluntad de unirse a pesar de los desafíos

La formación del sindicato de trabajadoras y trabajadores domésticos a finales de enero, que reúne a las/los libanesas/es y extranjeras/os, para ofrecer atención a las trabajadoras y trabajadores, reivindicar sus derechos a la protección y actuar ante las autoridades en pos de las reformas necesarias para implementar, alentó una auténtica esperanza para esas trabajadoras puesto que une la lucha por los derechos de las mujeres a la de las empleadas domésticas más allá de las nacionalidades.

Al mismo tiempo, varios desafíos han dificultado la creación de ese movimiento. La recepción de este anuncio fue especialmente criticada, desde un punto de vista estratégico, por algunas personas que se refieren a las disposiciones legales que impiden a las/os extranjeras/os unirse a los sindicatos. Sawsan Abdulrahim señala que esas personas « afirmaron que por el contrario, las ONGs deberían trabajar en las organizaciones de mujeres a nivel de base antes que establecer un gran plan de sindicato». A nivel gubernamental, luego del pedido de conformación de este sindicato presentado ante el Ministerio de Trabajo hace ya seis meses, la solicitud no ha sido aún tomada en cuenta y el sindicato sigue aun siendo considerado ilegal. Dicha marginalización habría especialmente desmoralizado el activismo en pos de la protección de los derechos de las trabajadoras y trabajadores domésticos, afirma Sawsan Abdulrahim.

Las esperanzas por la creación del sindicato continúan igualmente disminuidas por dificultades ligadas a la organización del movimiento, puesto que las trabajadoras y trabajadores que trabajan en la esfera privada pueden ser fácilmente imposibilitadas/os por sus empleadores para participar en los esfuerzos para organizarse. Sawsan Abdulrahim agrega que «el otro obstáculo para este trabajo reside en la fragilidad del movimiento feminista en el Líbano en general. Los derechos de las trabajadoras/es domésticos deberían formar parte del marco más amplio de derechos de las mujeres, ya sean estas ciudadanas y no ciudadanas. El Líbano tiene relativamente una buena historia en cuanto a la organización de asociaciones en general pero el desafío reside en la percepción sobre las trabajadoras/es domésticos, que al ser extranjeras/os no merecerían los mismos derechos que las/os ciudadanas/os… Existe igualmente una perspectiva cultural según la cual las trabajadoras y trabajadores migrantes aceptaron venir al Líbano para trabajar por algunos años a fin de ganar dinero y por lo cual deben dedicarse solamente a esta causa; la socialización y dicha organización en un movimiento no deberían por lo tanto formar parte de sus actividades durante ese período. Desde luego, esto refleja una falsa idea dado que a causa de los bajos salarios, la mayoría de las trabajadoras y trabajadores migrantes, si no todas/os, realmente no pueden reunir el monto de dinero necesario en dos o tres años para regresar a sus países y abrir un comercio o construir una casa. Muchas migrantes viven en el Líbano desde hace más de diez años y continúan allí trabajando para sobrevivir.» 

Enfrentada a esas dificultades, sin embargo una parte de la sociedad civil continua movilizándose en favor de los Derechos Humanos para estas/os trabajadoras/es domésticos. «A pesar del ambiente político desfavorable en el Líbano, hay una sociedad civil fuerte y crítica que enfrenta al gobierno. Algunas organizaciones tales como Kafa, Insan y Migrants Worker’s Rights realizan un trabajo de defensa que se apoya en el derecho internacional para mejorar las condiciones de las trabajadoras/es domésticos», concluye Sawsan Abdulrahim.

Desde 2013, el hashtag #StopKafala, que se volvió viral en ocasión de la campaña lanzada por el La Fuerza Especial de los Trabajadores Migrantes (MWTF por su sigla en inglés) en 2014, es regularmente retomado en las redes sociales para denunciar ese sistema de dependencia y los abusos sobre los derechos de los migrantes relacionados con dicho sistema, tanto en el Líbano como en las monarquías del Golfo que aplican esa práctica. El sindicato de trabajadoras y trabajadores domésticos continúa movilizado en relación con este tema como lo demuestra su participación en las manifestaciones relacionadas con la Fiesta del trabajo el último 3 de mayo en Beirut. 

Por Mégane Ghorbani
Fuente: Awid

[1] Una pequeña proporción de esas personas son de origen libanés, palestino y sirio.
[2] Es decir percibido como perteneciente a una raza.