julio 05, 2015

“Cariño, te prometo que no sucederá más”: control y violencia en cartas de amor .

La ONG Vida Mujer publica en un libro digital las misivas románticas que escribieron varios maltratadores a sus víctimas para pedirles perdón después de haberlas agredido físicamente. Hablamos con una de las impulsoras del proyecto, la psicoterapeuta Nelly Canción, sobre la incomprensión social hacia las mujeres que no consiguen separarse de sus agresores.


Cinco semanas después de leer esa carta, Raquel recibió la última golpiza de su vida. Hoy está enterrada en el cementerio de Villa María del Triunfo./notemueraspormi.com

Ni con el pétalo de una rosa, ni por ser “tu gordo”, tampoco por tener hijitos juntos. La violencia no iba volver pero arremetió con mayor fuerza. Las cartas que recopila el libro web http://www.notemueraspormi.com/ transmite el mutismo que sobreviene a la paliza. Esta publicación web recopila una variedad de cartas de amor manuscritas, mensajes de texto vía celular, chats, correos electrónicos con pedidos de disculpas y nuevas promesas románticas (manteniendo en anonimato a sus autores y destinatarias). Son mensajes breves, ingenuos, culposos al tiempo que revelan el revés de la trama.

“Perdóname por haberte levantado la mano, no lo haré más, ni con el pétalo de una rosa” dice Alberto. Como si pudieramos ver los entretelones, damos vuelta a la página y encontramos fracturas en las piernas y contusiones en la cabeza tras golpes con una caja de herramientas. Cortes en el rostro para evitar los celos. En otros casos nos aturde saber que esas palabras fueron preludio de un feminicidio.

“La gente piensa que son locas o tontas. Pero están atrapadas y paralizadas por la vergüenza, la culpa y la sensación de no merecer respeto ni amor”

“El libro se titula ‘No te mueras por mí’ por que hay un doble mensaje donde el hombre se dice: ‘¡No lo hagas! (pero igual voy a violentarte, a matarte)’. Hay una polaridad entre el amor y el odio, esa relación se da en la confusión y allí es dónde las mujeres se paralizan ante la violencia”, explica Nelly Canción al otro lado de Skype desde Lima, Perú. Esta psicoterapeuta, directora de la ONG Vida Mujer, lleva 15 años de trabajo en dicha organización, que brinda atención integral y trabajo full time sin financiamiento interno asegurado. El libro, realizado junto a la agencia publicidad local Circus grey, será traducido a inglés próximamente e impreso en papel.

“Para los grupos de mujeres exponer lo que les pasa es una situación complicada, de mucha vergüenza. En estos años de trabajo fuimos viendo un patrón común y nos preguntamos por qué las mujeres vuelven con estos hombres. La gente en general piensa que son locas, tontas o incluso dicen: ‘Les gusta que les peguen’. Esos son mitos y creencias. Cuando entramos en lo profundo de sus problemáticas están llenas de un sufrimiento que a veces rebasa más que el golpe del maltratador. Están envueltas de vergüenza que atrapa, bloquea y paraliza. Muchas son mujeres con vivencias complicadas de su infancia, relacionadas a una sensación de no merecer respeto ni amor. Es una actitud constante de sentir culpa, de haber hecho mal las cosas, de haber elegido mal al hombre (muchas veces las mujeres eligen hombres como efecto de algo que ellas señalan “no tener suerte”)”, explica la terapeuta.

Porque te quiero te aporreo

Canción señala que las relaciones representadas en el libro siguen el círculo de violencia: “En un momento te quiero, te abrazo, te trato bien, en otro momento te cacheteo y te aporreo”.

Las terapeutas encontraron en las misivas de amor, recibidas justo después de haber vivido violencia física, material para reflexionar, educar, crear conciencia y acciones de prevención acerca de por qué las mujeres regresan al lado de quien las violenta: “Siempre están con expectativas de que algo va a cambiar en sus vidas, siempre están a la espera, atentas a los mínimos detalles de que las cosas. Ellas suelen esperar que haya un cambio en el exterior: ‘yo soy feliz si mi hijo/ si mi pareja hace tal cosa’. Eso tiene que ver con la construcción de género, como si todo estuviera afuera y dejan en manos de los hombres el poder de dirigir, porque así nos enseñaron a esforzarnos, a cuidar. Ése es el legado para la mujer y el peor factor de riesgo para la violencia. Entonces desde nuestra organización vamos trabajando la responsabilidad con ellas, dejando de buscar el cambio afuera, sino impulsándolo desde adentro”.

#AmorNoesControl


Ricardo volvió a golpear a Laura y a su hija. Laura quedó inconsciente y sufrió graves fracturas en el pómulo y el epicráneo.

El control en su máxima expresión descontrola. La violencia física no aparece de inmediato sino que emerge primero como una “agresión desde el control”. La especialista remarca esta característica como una alarma que se enciende más rápidamente hoy a partir de la profundización del uso de los dispositivos tecnológicos: “La invasión de espacios personales: cómo te vistes, con quien hablas, qué debes estudiar, cómo debes manejar el dinero, cómo miras o sonríes. Esos son signos claros de violencia en tu espacio personal. Cuando cedes esos espacios ya estás entregándote a las manos del agresor. A partir de esas señales la mujer debería darse cuenta de que la relación no va para más”, abunda.

“La mensajería instantánea y la conexión permanente dan al agresor armas para explicarse mejor que frente a frente”

Cuando el maltratador o potencial femicida busca reestablecer contacto, los mensajes de Whatsapp y de Facebook Messenger acercan el perdón de manera casi inmediata: “Las caritas tristes o las fotos de la pareja son las que movilizan el lado sensible de la mujer que tal vez está resguardada en la casa de algún familiar y es llamada continuamente a responder. Cuando hay mensajería instantánea y conexión permanente es más fácil para el agresor, tiene más armas, que son más agradables o más intensas, mejores que dar explicaciones frente a frente”.”

Al mismo tiempo son estas mismas tecnologías las que permiten a la organización Vida Mujer dar un refuerzo positivo para asistir a distancia y de manera ágil a las personas violentadas, dada la dificultad que tienen muchas mujeres para compartir y expresar la violencia que atraviesan: “Las redes sociales nos ayudan a hacer funcionar las cosas en tiempo más corto, cuando la mujer está aislada con su familia que la cuida, y tiene el celular aparecen formas más próximas con el agresor, cuando ella también responde con esos mismos mensajes. Hacemos trabajo de asistencia por chat y por messenger. Es una estrategia para las mujeres que no quieren denunciar porque no se animan y les da vergüenza, les pedimos que nos escriban y se expresen”, detalla.

Es la historia de un amor como no hay otro igual

Las raíces de la violencia en la pareja se conectan muchas veces con los ideales del amor romántico. Lo señalaba Coral Herrera Gómez: “Nuestro amor romántico es una mezcla potente de sufrimiento masoquista, sadismo gozoso, luchas de poder, promesas de abundancia y felicidad, éxtasis de vida y de muerte. Nos acerca al misterio de la vida, nos relacionamos con el amor como la llave para alcanzar la eternidad, la perfección, lo absoluto. Anhelamos que el amor nos haga felices pero también hemos interiorizado que para amar de verdad hay que sufrir mucho”.

Hay un imaginario del sufrimiento como un ingrediente indiscutible parte del “combo-enamoramiento” que tenemos que desarmar urgentemente.

A grandes rasgos, Canción resume las primeras estrategias de cuidado para las mujeres en un trabajo organizado en dos grandes ejes:
Desmitificar la culpa: identificar las emociones primarias como el miedo, la culpa y la vergüenza para comenzar a dar cuenta del proceso en el que se encuentran frente a la violencia. Parte de los primeros pasos para desactivar la violencia es comenzar a tomar decisiones: “Que tengan un diario en el que describan cómo viven su día a día y que pueden enviarlo por email para que podamos dar seguimiento”.
Hacer un plan de contigencia y de acción para cada mujer: la organización queda atenta a lo que va ocurriendo, brinda números telefónicos de asistencia, solicita a las mujeres que se organicen con los vecinos o con amigas íntimas para contar con ellos inmediatamente y recurrir a su ayuda.

Perú es el segundo país en Latinoamérica con mayores índices de violencia hacia la mujer, y la lesgislación de violencia de género aún es muy blanda hacia el agresor. La ONG Demus publicó informes denunciando que desde 2014 el presupuesto orientado para la lucha contra la violencia familiar y sexual llega solo al 0.09% del monto total destinado a los gastos del Gobierno nacional.

Desde Vida Mujer adelantan que ya están buscando una segunda edición para el libro, aumentan los deseos de tener un espacio radial y seguir respondiendo a la urgencia del maltrato. “Vamos a seguir dando respuestas ante un Estado que no da cuenta ante las expectativas de las mujeres víctimas de violencia de género”, perservera Nelly Canción.

Por Florencia Goldsman
Fuente: Pikara