julio 03, 2015

Más allá de un tuit




Hace unos días, en pleno campeonato de la Copa América, Claudio Pizarro, uno de los más reconocidos jugadores peruanos, envió varios tuits en quechua, animando a sus compatriotas a seguir apoyando a la selección y también expresando el amor por su país. “¡¡Grande Perú!! ¡Juntos lo haremos! Ñoqanchis tucuyta churashanchis llapanchis cusisqa cananchispaq! Hatunllaccta Peru!!”, escribió el 21 de junio. “Chainata pukllaspa ñaupaqman risunchis qankunawan Perú Llaqta Masiycuna!! ¡¡Arriba Perú!!”, fue el tuit enviado el día en que el triunfo sobre Bolivia significaba el paso a las semifinales del campeonato. Mucha gente lo ha felicitado e incluso declarado abanderado de los pueblos indígenas. Sin negar lo positivo que puede resultar que un personaje público, admirado y querido se haya dirigido en un idioma que hablan en el país más de cuatro millones de peruanos, me parece una exageración que se pretenda, por ese motivo, erigirlo en adalid de los derechos de los pueblos indígenas. Quizás este acto sirva para animar a mucha gente a continuar profundizando en el conocimiento y reconocimiento de los pueblos indígenas más allá de un tuit o del aprendizaje de unas cuantas palabras o un número. Vale aquí reconocer la honestidad del jugador, quien mencionó que conocía “solo alguna palabrita, algún número, que me enseñó la mucama”[1] y que fue su compañero de la selección, Edwin Retamoso, quechuahablante, quien lo ayudó a escribir el texto.

Sería interesante, digo, que estas expresiones en el quechua de jugadores, jugadoras o personajes afamados no fueran flor de un día, sino acciones más frecuentes, porque resultan movilizadoras y posibilitan que la ciudadanía extienda su mirada hacia unos pueblos que, a lo largo de la historia, han sido invisibilizados, estigmatizados, han sufrido una discriminación permanentemente, y han sido considerados una rémora que el país arrastra y debería desaparecer. Ello se manifiesta en esa constante negación de la diversidad, en la consideración de estos pueblos como “perros del hortelano”, como “ciudadanos de segunda clase”, como lo dijo el ex presidente García, o como animales sin pensamiento, como lo insinuó, en alguna ocasión, quien era presidente del Congreso, Antero Flores-Araoz, con su “¿quién quiere consultarle a las llamas o vicuñas?”, cuando se hablaba de la necesidad de que la ciudadanía participara en consultas sobre el TLC.

Sería importante, además, para que se rompa el que parece ser el maleficio que cargamos históricamente, que se expresa en la esquizofrenia de valorar un idioma o alguna característica cultural generalmente folclorizada o las maravillas de las creaciones de nuestros antepasados prehispánicos, mientras se niega, se discrimina, se excluye al indígena actual, sobre todo si son mujeres, que siguen siendo representadas en vergonzosas parodias, como la Paisana Jacinta. Sería genial que cualquier hombre o mujer quechuahablante sea igualmente valorado, que mujeres como la reconocida actriz Magaly Solier, o Gladis Vila, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas, Andinas y Amazónicas del Perú, ONAMIAP, cuyo idioma materno es el quechua, no sufrieran la discriminación y las expresiones de racismo que han tenido que vivir por su origen étnico.

Que se multiplicaran acciones como las de Pizarro, que se valorara a tantos hombres y mujeres que hablan el quechua y cualquier otro idioma indígena tendría mucho impacto en un momento en el que en el país se está discutiendo cómo hacer para que los pueblos indígenas sean visibilizados en el Censo del 2017, lo que significa finalmente superar esa especie de etnocidio estadístico que se ha mantenido a lo largo de los años y que tiene serios impactos en la situación que viven los pueblos indígenas actualmente, así como en su posibilidad de ejercer sus derechos colectivos. Hay que recordar que, en el país, la identificación étnica se ha hecho en base al idioma materno, lo cual no ha permitido cuantificar a la población indígena con exactitud, aunque sí nos ha dado información sobre cuánta población habla un idioma indígena. Por otro lado, el estigma étnico que han sufrido quienes descienden de los diversos pueblos, ha significado auto negaciones y ha implicado que incluso padres y madres se nieguen a hablar en su idioma, en un esfuerzo para que sus hijos e hijas logren asimilarse con menos dificultad en la escuela, en las ciudades, en los nuevos espacios en los que se desarrollan.

Según la CEPAL, el Perú es el país con mayor población indígena en América Latina después de México, y con mayor diversidad lingüística. Aquí, un 24% del total de la población habla 47 idiomas originarios, siendo el quechua el que más se usa y cuya mayor proporción de hablantes habita principalmente el área andina, especialmente en los departamentos de Puno, Cusco, Ayacucho y Huancavelica. Aunque, según señala Patricia Ames, “Lima es la ciudad con mayor número de hablantes de quechua (más de medio millón)”.[2]

Por otra parte, en un reciente estudio denominado “Los Pueblos indígenas en América Latina: Avances en el último decenio y retos pendientes para garantía de sus derechos”, la CEPAL afirma que en el Perú existirían 85 pueblos indígenas, y señala que, pese a que con el censo del 2007 fue difícil cuantificar a la población indígena utilizando sólo el idioma, según sus propias estimaciones, utilizando esta medición, “se determinó que 5,5 millones de personas vivían en hogares en los que el jefe o su cónyuge tenía como idioma materno el quechua, cifra que a su vez representaba el 85% de hogares en que el idioma materno del jefe o su cónyuge era indígena, y 700 mil personas en hogares aymaras (un 11%, según el mismo criterio)”. En el caso de la Amazonía, señala el mismo estudio que, según el censo de comunidades amazónicas, los pueblos más numerosos fueron los Asháninkas y los Aguarunas (Awajun), con 97,477 y 55,366 personas respectivamente”[3]

Más allá de las discrepancias que podemos encontrar entre las cifras de la CEPAL y la reciente información que forma parte de la base de datos del Ministerio de Cultura, que ha identificado a 54 pueblos hasta la actualidad[4], es fundamental que por fin en el país se visibilice cuántos pueblos indígenas hay, cuántas personas integran cada uno, cuántos hombres y cuántas mujeres, porque, como lo señala Gladis Vila, presidenta de ONAMIAP, “necesitamos involucrarnos en los censos, pues de estos dependen las políticas públicas”.[5]

Contar y visibilizar a los pueblos indígenas en las estadísticas es fundamental para posibilitar no solamente que las problemáticas específicas que viven los pueblos, los hombres, las mujeres indígenas sean atendidas, sino también para poner en evidencia la diversidad que existe en el país, y que debe ser valorada y reconocida. Por ella debería sentirse un orgullo nacional tan grande como el que se siente por la selección nacional de fútbol.



[1]Pablo Elias Giussani, “Pizarro, sorpresivo abanderado de los pueblos originarios”, s/f.http://www.pressofatlanticcity.com/pizarro-sorpresivo-abanderado-de-los-pueblos-originarios/article_166839e0-9fcb-5103-88bb-3d71c5f5529d.html?mode=jqm
[2]Patricia Ames.“Sobre el quechua y la ciudadanía en el Perú”, Revista Ideele 239. Junio del 2014. http://revistaideele.com/ideele/content/sobre-el-quechua-y-la-ciudadan%C...
[3]CEPAL. “Lospueblos indígenas en América Latina: Avances en el último decenio y retos pendientes para garantía de sus derechos”. Chile, 2014.
[4]Ernesto Cabral. “Ministerio de Cultura concluye primera etapa de base de datos de 54 pueblos indígenas”. Lamula.pe, 23 de junio del 2015.http://redaccion.lamulaverde.pe/2015/06/23/ministerio-de-cultura-concluy...
[5]“Perú: Reconocen necesidad de fortalecer autoidentificación étnica para el Censo 2017”. Servindi. 26 de agosto del 2013. http://servindi.org/actualidad/92388