julio 22, 2015

Save the Children emite informe con datos alarmantes. España: madres jefas de hogar se hunden en espiral de miseria


Imagen retomada del sitio europarl.europa.eu

En España hay un millón 754 mil hogares formados por una madre o un padre con sus hijas e hijos. El 82 por ciento de ellos los encabeza una mujer, son las conocidas como familias monomarentales.

El último informe de la organización internacional Save the Children presenta cifras alarmantes. Según el documento, 54 por ciento de las hijas e hijos de hogares con mujeres jefas de hogar son pobres. La cuarta parte de los casos vive en pobreza severa. El informe titulado “Más solas que nunca” se realizó con datos de FOESSA y el Instituto Nacional de Estadística.

De acuerdo con los datos, más de la mitad de estas madres está desempleada; una de cada dos tiene problemas de vivienda por impagos o riesgo de desalojo, y la cuarta parte ha dejado ya de comprar medicinas o seguir tratamientos por problemas económicos. Además, hasta un tercio carece de servicios de salud.

Save the Children exige al gobierno y a las administraciones públicas medidas sociales concretas que permitan a estas madres sacar adelante a su descendencia: que se amplíe la deducción por maternidad para madres solas en riesgo de exclusión con hijas e hijos menores de tres años, independientemente de que la madre trabaje o no, y se incremente la prestación económica por hija o hijo a cargo hasta los 150 euros mensuales (2 mil 589 pesos mexicanos).

La organización también reclama proteger a las y los niños frente a los desalojos por ley, y que se considere a estas familias como colectivos beneficiarios de ayudas al alquiler y como miembros prioritarios en el acceso a viviendas protegidas.

Asimismo, aconseja crear una prestación por maternidad no contributiva para madres en activo sin recursos, que no hayan trabajado nunca y que se amplíe el permiso de maternidad hasta un año, entre otras cuestiones.

Más riesgo de exclusión

El informe indica que el mayor aumento de las situaciones de pobreza y exclusión se produjo sobre estas familias. Con respecto a 2013, el riesgo de exclusión aumentó de 6 a 53.3 por ciento.

Además, se incrementó en 4 por ciento el nivel de “pobreza relativa”, afectando actualmente al 42 por ciento. En los hogares con dos adultos la “pobreza relativa” está en 25.8 por ciento, 16 por ciento menos.

El 68 por ciento de estas familias ha necesitado reducir gastos relacionados con la alimentación y más de una de cada cuatro no siguen una dieta equilibrada. Situación que en hogares biparentales representa el 20 por ciento.

Necesario enfoque de género

El género importa mucho cuando hablamos de familias monoparentales; se trata de una realidad creciente y con rostro de mujer.

Las familias formadas por un adulto con al menos una hija o hijo a cargo son ya casi un millón 800 mil, y en su gran mayoría (82 por ciento) son hogares encabezados por una mujer. Este hecho hace imprescindible abordar la situación con un enfoque de género que permita una mejor identificación de los factores de exclusión.

Las actuales estadísticas no recogen la pluralidad de situaciones a partir de las cuales las mujeres, en un momento dado, se quedan solas a cargo del hogar asumiendo de forma prácticamente exclusiva el cuidado de sus hijas e hijos.

De hecho, lo que refleja la categoría estadística que clasifica la monoparentalidad es el estado civil de las mujeres, sin mencionar otros factores que ofrecen una información más plural sobre sus características y su situación socioeconómica.

Lo que sí sabemos por las estadísticas es que estas familias están sometidas a un mayor riesgo de pobreza y exclusión social, no sólo en una estricta dimensión pecuniaria, sino también desde otra perspectiva más amplia, desde otras dimensiones como son el empleo, la vivienda, la salud o las redes de apoyo.

Elementos todos ellos que influyen directamente en la situación de vulnerabilidad de las y los niños, y que comprenden la pluralidad y heterogeneidad de situaciones que dan lugar a la conformación de un hogar.

Las mujeres jefas de hogar en riesgo de pobreza o exclusión social muestran mayores grados de insatisfacción con diferentes aspectos de la vida; 9 por ciento manifestaron “estar muy insatisfechas”, frente a 6.2 por ciento del conjunto de hogares. Diferencia que se mantiene incluso en mayor medida cuando el hogar monomarental está en situación de pobreza (15.1 por ciento frente a 9.7 por ciento al conjunto de hogares).

Sin trabajo no hay comida

El trabajo es una de las vías más directas e importantes para salir de la pobreza y la exclusión. En el caso de las madres solas con hijas e hijos éste cobra mucha más relevancia, no sólo por el aporte de autoestima y sentido vital, sino fundamentalmente porque representaría la principal fuente de ingresos de su hogar.

Más de la mitad de las madres que encabezan los hogares monomarentales no labora: sólo 48.6 por ciento tiene trabajo frente a 69.6 por ciento del total de los hogares con hijas e hijos, en los que al menos uno de los progenitores tiene trabajo.

A ese hecho se une además que las madres solas con descendencia tienen una situación laboral más precaria e inestable que en el conjunto de hogares: 12.9 por ciento tiene un empleo estacional, de temporada o eventual, frente a 8.7 por ciento del total de hogares; 9 por ciento tienen contratos de obra y servicio frente a 6 por ciento, e incluso un 4 por ciento está en situación de empleo irregular/informal; de ellas, 2.1 por ciento son empleadas del hogar sin seguridad social.

Las mujeres jefas de hogar con hijas e hijos tienen en menor medida contratos fijos y apenas presencia entre los autónomos.

Cifras de pobreza

Cuatro de cada 10 familias monomarentales no dispone de dinero suficiente para pagar gastos relacionados con la casa. Mientras que tres de cada 10 ha dejado de comprar medicinas o seguir tratamientos por problemas económicos. Siete de cada 10 han tenido que reducir gastos en alimentación de su día a día.

La pobreza infantil cuando la madre está desempleada afecta a tres de cada cuatro menores de edad; y muchas de las madres solas que trabajan lo hacen en condiciones de precariedad o inestabilidad.

En el colmo, cuatro de cada 10 familias monomarentales no pueden mantener la casa a una temperatura adecuada.

Fuente: Cimac