agosto 05, 2015

La brecha política de género en América Latina.

En la actualidad, un análisis de género en América Latina es una tarea inacabada, por lo que las descripciones que podemos hacer son aún parciales. El principal obstáculo es la ausencia de datos, sumado a las realidades heterogéneas de los países de la región. 

América Latina es líder en la representación de las mujeres en los tres Poderes del Estado, donde cerca de un cuarto de los cargos son ocupados por mujeres. Esta cifra está muy por encima del promedio mundial, pero aún lejos de la paridad de representación. 

Los avances son lentos y están siempre amenazados de retrocesos. Aún los países que se acercan a la paridad en uno o dos de los Poderes, se encuentran cerca o por debajo del promedio regional en los Poderes restantes. Es difícil establecer el progreso real por la falta de datos sistematizados y desagregados por género. Los sistemas electorales de representación proporcional y las cuotas de representación de género han sido las herramientas más efectivas para mejorar el acceso de las mujeres a puestos de decisión. Sin embargo, la representación real permanece en general por debajo de la representación establecida en las leyes de cuotas. 

Los mayores obstáculos a superar para lograr la paridad de representación son actualmente la falta de transparencia y hostilidad hacia las mujeres dentro de los partidos políticos, y la violencia de género política y electoral. Ambas situaciones son todavía muy poco denunciadas, aunque en América Latina empiezan a aparecer algunas herramientas para contrarrestarlas. 

En un informe de las ONG que componen la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas en Latinoamérica y el Caribe, destacan que a partir de los objetivos de la Plataforma de Acción de Beijing de 1995 se han creado en casi todos los países mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer. 

Éstos han logrado poner en la agenda regional la violencia contra las mujeres y comenzar visualizar la situación y tomar acciones concretas. Sin embargo, no llegan a tener un rango jerárquico o un presupuesto que les permita enfrentar de forma integral la violencia contra las mujeres. Sólo 8 países de la región cuentan con leyes integrales contra la violencia hacia las mujeres. 

Por otra parte, las realidades varían enormemente de un país a otro, e incluso dentro de un mismo país, lo que dificulta aún más lograr un diagnóstico acertado de la desigualdad en la región. A esta complejidad, se suma que cada país ha tenido avances y retrocesos sumamente dispares en las diferentes manifestaciones de violencia hacia las mujeres. Por este motivo, nos centraremos en la representación y participación política de las mujeres, ya que siendo una temática donde contamos con mayor cantidad de cifras oficiales nos permitirá hacer una descripción general de la situación de las mujeres en la región. 

Mujeres en el poder legislativo 

El informe Mujeres en el Parlamento en 2013 de la Unión Interparlamentaria muestra que el porcentaje mundial de escaños parlamentarios ocupados por mujeres alcanzó el 21,8% tras las elecciones de 2013, mientras que para las Américas el numero ascendió a 25,2%. 3036 mujeres obtuvieron escaños en las elecciones de ese año a nivel mundial. 

Según datos de la Unión Interparlamentaria, el promedio mundial actual es del 22,1% de cargos parlamentarios ocupados por mujeres, y el promedio en las Américas es del 26,4%. De acuerdo con datos de ONU Mujeres, el porcentaje mundial de mujeres Presidentas de Parlamento apenas ha aumentado del 14,2% en 2012 a 14,8% en 2013. En comparación, el porcentaje de mujeres Vicepresidentas de Parlamento en el mundo es significativamente mayor, de 26,5%, lo que sugiere que este es a menudo el techo de cristal para las mujeres parlamentarias. 

Estos datos nos permiten una evaluación inicial, dando cuenta de la desigualdad en la representación y participación de hombres y mujeres en la política parlamentaria. Este desequilibrio de poder es a la vez la causa y la consecuencia de las desigualdades en las instituciones y en la sociedad 

Perspectiva regional 

En promedio, el conjunto de América Latina se encuentra por encima del promedio mundial de representación política de las mujeres en el Poder Legislativo, aunque es importante recordar que existen enormes diferencias entre los distintos países, como veremos a continuación. 

De los países de América Latina que renovaron los parlamentos en 2013, la mayor representación de mujeres corresponde a Cuba con un 48,9%, seguida por Ecuador con 38,7% y Argentina con 36,6%. Los países con menor representación fueron Chile, con un 15,8% y Paraguay con 17,5%. Sin embargo, estos dos países fueron los que más aumentaron su representación en términos porcentuales en las cámaras altas: 5,3% en Chile y 4,4% Paraguay. Sólo en un país disminuyó la representación de las mujeres, tratándose de un 0,8% en Argentina. 

Estas cifras son alentadoras, ya que muestran un escaso retroceso, y los países donde se registran los mayores avances en representación de las mujeres son también los más atrasados en el tema, lo cual contribuye a reducir la brecha entre los distintos países de la región. 

Según datos actualizados al 1 de enero de 2015, la mayor representación de mujeres en los parlamentos de América Latina que no se renovaron en 2013 corresponde a Bolivia, con un 53,1% de mujeres en la cámara baja y 47,2% en la cámara alta, seguida por Nicaragua con 39,1% del parlamento unicameral y México con 38% de mujeres en la cámara baja y 33,6% en la cámara alta. 

Los países con menor representación en la actualidad son Brasil, con 9% de mujeres en la cámara baja y 13,6% en la cámara alta, y Uruguay con 13,2% en la cámara baja y 6,5% en la cámara alta. Esto nos indica que América Latina refleja la tendencia mundial de mayor acceso de las mujeres a las cámaras bajas respecto de las cámaras altas. 

También es importante notar que los países con mayor representación de mujeres en la región, Bolivia y Cuba, se encuentran incluso por encima de los países nórdicos de Europa, como Suecia, Finlandia e Islandia, reconocidos mundialmente por sus altos niveles de igualdad. 

Mujeres en el Poder Ejecutivo 
  • Presidencia 
De acuerdo con ONU Mujeres, desde 2012 el número de mujeres Jefas de Estado o Jefas de Gobierno en el mundo ha disminuido ligeramente de 19 a 18. América es la región con el mayor número de mujeres en el nivel político más alto, con seis Jefas de Estado o Jefas de Gobierno. El Pacífico es la única región que no cuenta con mujeres en estas posiciones. 

Según datos del 2014, las 9 mujeres Jefas de Estado en el mundo representaban un 5,9% del total, y las 15 mujeres Jefas de Gobierno, el 7,8%. Esto significa un enorme brecha de poder respecto de los hombres en la toma de decisiones a nivel mundial. En América Latina, 9 mujeres llegaron a ocupar la presidencia en los últimos 40 años en 8 países, incluyendo a una presidenta interina que fue derrocada en Argentina, dos que fueron reelectas en Argentina y Chile, y dos que oficiaron de presidentas interinas en Ecuador y Bolivia. 

De todos los países de la región en los que una mujer ocupó el máximo cargo del Ejecutivo, ninguno supera el 10% desde la aprobación del voto femenino en su país. 
  • Gabinetes ministeriales 
Las cifras de ONU Mujeres muestran que en enero de 2014, sólo un 17% de los cargos ministeriales en todo el mundo estaban ocupados por mujeres; la mayoría de ellas se ocupaba de los sectores sociales, como la educación y la salud. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en América Latina y el Caribe, el promedio de mujeres con cargos ministeriales en América Latina en 2012 fue del 23,16%, muy por encima del promedio mundial, pero aún lejos de la paridad de representación. 

El país con mayor representación en la actualidad es Nicaragua con un 57,1%, superando en más de 20 puntos porcentuales a Colombia, que ocupa el segundo lugar con 31,1% de mujeres en gabinetes ministeriales. Ambos países aumentaron su representación respecto del período presidencial anterior. 

Los países de América Latina con menor representación son actualmente El Salvador, con un 8% de mujeres en cargos ministeriales, y Panamá con un 12%. Ambos países muestran una importante disminución en la representación de las mujeres comparados con el período presidencial anterior. 

Con excepción de Nicaragua, la presencia de mujeres de América Latina en el Poder Ejecutivo y especialmente en los ministerios avanza de forma lenta y sufre retrocesos marcados, como puede observarse en Bolivia, que del 39% bajó al 30%, y en Chile, donde pasó del 47% al 23% respecto del último período presidencial. 

Mujeres en el Poder Judicial 

El Poder Judicial es hasta ahora el menos relevado en términos de igualdad de género. Un estudio de la Universidad George Washington señala que en 2011, las mujeres ocupaban el 27% de los cargos de jueces en todo el mundo. 

El informe de ONU Mujeres En Busca de la Justicia: El progreso de las mujeres en el mundo 2011-2012 muestra que en 2009 el promedio mundial de mujeres en las fiscalías rondaba el 26%, y en la judicatura el 27%. En América Latina y el Caribe, una de las regiones con mayor representación, las mujeres en las fiscalías alcanzaban el 42% y en la judicatura el 36%. 

Según el informe anual 2012 de la CEPAL Los bonos en la mira: Aporte y carga para las mujeres, el promedio de mujeres en el máximo tribunal de justicia en América Latina aumentó de 10% en 2001 a 22,5% en 2011. Actualmente se ubica en un 25,5%, lo que muestra un crecimiento sostenido en el tiempo, pese a los avances y retrocesos en cada país. 

El país con mayor representación de mujeres en el máximo tribunal es actualmente Venezuela, que aumentó del 44% en 2012 a 53,3%. El segundo puesto lo ocupa Ecuador, el país que más aumentó la representación de mujeres en los últimos años, de 5% en 2011 a 45% en la actualidad. Los países con menor representación son Paraná y Uruguay, con 0% de mujeres en la Corte Suprema desde 2011, y Guatemala, que mantiene desde ese año hasta la actualidad el 7,7%. 

Desafíos para la participación igualitaria 
  • Sistemas electorales 
Los sistemas electorales tienen una gran influencia a la hora de facilitar o impedir el acceso de las mujeres a la participación política. Según datos de ONU Mujeres, en países con sistemas electorales de representación proporcional, las mujeres representan 25,2% del total de las personas electas. Este porcentaje es superior al 19,6% obtenido mediante el sistema electoral de mayoría, así como al 22,7% registrado en el caso de un sistema mixto. 

En los sistemas de representación proporcional, las listas de candidaturas abiertas o cerradas también impactan sobre la posibilidad de acceso de las mujeres. Las listas cerradas tienden a favorecer el ingreso de mujeres cuando existen cuotas de género, mientras que en ausencia de cuotas, las listas abiertas representan una mejor oportunidad. 
  • Cuotas de participación 
El informe Mujeres en el Parlamento en 2013 destaca el impacto de las cuotas de género en los parlamentos como una de las herramientas principales para facilitar el acceso de las mujeres. Llamativamente, las cuotas voluntarias han logrado mejores resultados que las cuotas reguladas por ley. 

Sin embargo, el informe también señala que las cuotas reguladas por ley rinden mejores resultados cuando se aplican penalizaciones por falta de cumplimiento, como descalificación de las listas, multas económicas y pérdida de financiación pública. 

En el nivel del municipal, datos de la CEPAL muestran que los países con acciones de promoción del acceso a las mujeres superan en 11 puntos porcentuales a los países que carecen de esas medidas. También destaca una brecha de 8 puntos porcentuales entre las cuotas legales y la participación real de las mujeres. El informe de la Unión Interparlamentaria sostiene que para ser efectivas, las cuotas deben ser ambiciosas y detalladas, contar con mecanismos de aplicación y penalización, y centrarse en situar a las mujeres en las listas electorales en posiciones con opción a obtener un escaño. 
  • Partidos políticos 
El informe Mujeres en el Parlamento en 2013 menciona también la importancia de la relación entre las candidatas y parlamentarias con sus propios partidos políticos para lograr una participación igualitaria. Particularmente, el acceso de mujeres a los partidos políticos, su influencia en las decisiones sobre políticas, procedimientos y plataformas de partido continúan siendo débiles, convirtiéndose en una barrera para la participación. 

El informe cita un ejemplo tomado de la Federación Internacional de Abogadas, que denuncia la falsificación de listas por parte de los partidos políticos, inflando la presencia real de mujeres y relegándolas de los puestos de importancia. También señalan que el bajo número de mujeres electas se debe principalmente a la exclusión deliberada de candidatas. 

En términos generales, la falta de transparencia en el reglamento interno y los procesos de toma de decisiones en los partidos políticos es el principal obstáculo para la participación igualitaria de las mujeres en la política. 

Violencia electoral de genero 

La violencia de género atraviesa toda la sociedad, y se manifiesta de formas particulares en el ámbito político electoral en todo el mundo, tanto en la etapa de nombramiento como durante las campañas. El avance de los países en combatir la violencia de género llevó a una mayor atención generalizada hacia la violencia electoral de género, dirigida hacia candidatas, políticas y votantes. 

El informe Mujeres en el Parlamento en 2013 define el alcance de la violencia electoral como amenazas, intimidación verbal, expresiones de odio, ataques físicos, destrucción de la propiedad y todo acto con intención de afectar los resultados de una elección. Esto incluye mensajes de texto y páginas web destinadas a explotar la vulnerabilidad de las mujeres candidatas para disuadirlas de ejercer su derecho a la participación. 

Este tipo de violencia no se da de forma aislada, sino en un contexto de comportamientos y normas culturales que promueven la violencia hacia las mujeres como forma de mantenerlas en una posición subordinada. Por este motivo, la mayor parte de las amenazas y acciones violentas son de índole sexual, y al igual que toda la violencia de género, es mínima la cantidad de hechos que llegan a ser denunciados. 

A pesar de la escasa información y de las herramientas aún rudimentarias para enfrentar la violencia electoral de género, América Latina encabeza las iniciativas a nivel mundial. En 2012, Bolivia aprobó la Ley Contra el Acoso y Violencia Política hacia las Mujeres, impulsada por la Asociación de Concejalas de Bolivia. En diciembre de 2013, México aprobó enmiendas a la ley electoral y la ley de violencia contra las mujeres, para incluir la violencia en la política y durante el proceso electoral. Además, la cámara de diputados mexicana reconoce desde 2010 los derechos políticos de las mujeres como derechos humanos. 

Conclusiones 

Esta primera mirada a la brecha de género en América Latina muestra desigualdades profundas y difíciles de erradicar. Para profundizar el análisis, es necesario comenzar a preguntarnos por las causas de la brecha política de género: ¿Hasta qué punto esta diferencia refleja la asignación de roles según el género en la sociedad? ¿Qué tanto influye la violencia física y sexual sobre la población de mujeres en su falta de participación y representación política? ¿Cuánto afectan la división sexual del trabajo, la brecha salarial, la violencia en la familia y la discriminación en general a la posibilidad de participación de las mujeres en la política? 

En cuanto a las consecuencias de la brecha política de género, ¿cuánto impacta ésta en la reproducción de la violencia hacia las mujeres en la sociedad? ¿Qué efectos tiene la ausencia de representación política en las nuevas generaciones de mujeres? ¿Podemos afirmar que la ausencia de representación de las mujeres es una desigualdad política sostenida por la violencia, que a su vez ocasiona mayor violencia y desigualdad en toda la sociedad? 

Teniendo en cuenta la hostilidad dentro de los partidos políticos hacia las propias afiliadas y candidatas, ¿Cómo afecta la sobrerrepresentación histórica de los hombres en la política a la subjetividad de la población masculina? ¿Cómo se relaciona con los ideales de hombre y mujer planteados por la cultura? ¿Hasta que punto el androcentrismo de la sociedad se ve reflejado en el ámbito político y cuánto colabora en la reproducción de la idea del varón como sujeto privilegiado de la cultura? ¿Qué relación guarda con la impunidad de la violencia hacia las mujeres? 

El dominio de los hombres en ámbito político, ¿es el resultado de una sociedad organizada en torno a la figura del hombre como sujeto y la mujer como desviación de la norma? ¿Cómo se explica la resistencia de los hombres al ingreso de las mujeres a la política y la reproducción de mecanismos de violencia que garantizan el dominio masculino? ¿Hasta qué punto la efectividad de esa violencia es resultado de la violencia generalizada hacia las mujeres en toda la sociedad? ¿Es posible desmontar esas estructuras para permitir una participación igualitaria, o debe primero lograrse la paridad representativa para trabajar en la erradicación de la violencia en la sociedad? 

Respecto de las posibles soluciones, ¿qué medidas pueden implementarse en la política para reducir la vulnerabilidad de las mujeres y la hostilidad de los hombres hacia ellas? ¿Cuánto influyen en este proceso la representación de los géneros en los medios de comunicación y los estereotipos tradicionales que prevalecen en la sociedad? ¿Cómo puede encararse de forma integral la violencia hacia las mujeres para resolver no sólo la brecha política sino las gravísimas violaciones a los derechos humanos de que son víctimas? 

Para que estas preguntas nos permitan hacer un análisis efectivo, la brecha política de género no debe entenderse como una diferencia estadística sino como una pieza central de la estructura social de violencia contra las mujeres.

Por Lucía Sangiorgio 
Fuente: Política Argentina