agosto 28, 2015

Nos siguen matando



Cualquiera que no conociera la historia de Wilson Gómez Tito y Emily Neyra Beltrán, y que no supiera que en los doce años que llevaban juntos, la pareja peleaba constantemente y él le pegaba a ella, se hubiera emocionado al leer lo que el hombre le escribía a la mujer en su cuenta de Facebook: “Te quiero Emily Neyra. Contigo compartí muchas cosas lindas y malas pero aun así pudimos seguir adelante doy gracias a dios por estar con la mujer que amo. Gracias por darme 3 hijos maravillosos gracias eres una mamá ejemplar a tu edad eres una mujer bien madura te admiro mucho por que sé como eres los quiero mucho. Como dice mi hijo somos una familia”.[1] Le dice también que no es solo la madre de sus hijos, sino una buena compañera, y que, pese a las discusiones, no la olvidará y que “siempre te llevaré en mi corazón”, frase que parece una despedida. Ella responde con emoticones que dan cuenta de lo apreciadas que son estas palabras. Al día siguiente, bien temprano, en una discusión en la que parece que ella le planteó la separación, quizá ya cansada de su violencia (pues, como declaró la madre de la víctima, él ya tenía una denuncia por agresión con un martillo), le asestó quince puñaladas, delante de sus hijos de seis, ocho y diez años. A ellos también les decía que los amaba, en su cuenta en Facebook, y ellos le pedían que dejara de golpear a su madre, a quien vieron morir desangrada.

“He peleado con Yovana, la cosa se me fue de las manos, su cuerpo está al costado del puente Carapongo. Ahí la encontrarán”, le dijo Néstor Yauri Inga a Michael Román Macote, hermano de quien fuera su conviviente, Yovana Román Macote.[2] Esta pareja tenía también tres hijos, él también decía que la amaba y la mató. La golpeó hasta ocasionarle un traumatismo severo y el desangramiento, y la descuartizó. Dicen algunos medios que la metió en una maleta y la lanzó a la ribera del río, quizá con la esperanza de que desapareciera en sus aguas. Total, en un país con tantos desaparecidos, quizá sólo su familia la buscaría un tiempo, resignándose luego a la pérdida, frente a la falta de apoyo para buscarla. Que se “le fue la mano”, dijo como explicación o como justificación del crimen, como si el ensañamiento con el que actuó hubiera sido casi una casualidad o algo no premeditado.

Hombres que matan mujeres y las arrojan en la ribera de un río, como en el caso de Yovana. Las abandonan estranguladas en una habitación, como sucedió a Alison, de sólo 20 años, y a Heydi, de 18. Las envenenan, como a Rayda, a quien Peter Centeno, su enamorado, dio un raticida. Las apedrean, igual que en algunos países lejanos, en complicidad con otros hombres, como a Yahaira, a quien Francisco Chacón Carlos (19), junto con dos amigos, esperó fuera de su trabajo para matarla a pedradas.

Hombres que son hijos de alguien, padres o hermanos de alguna mujer, hombres que las acuchillan, como a Haydee, que creyó que él se había ganado la lotería, como le había dicho para que fuera a verlo. Ella fue con su hijo, que fue testigo del crimen, porque es bastante común que los hijos e hijas vean cómo el padre mata a su madre, y queden marcados para siempre. Si ya la muerte del padre o la madre es traumática para un niño o niña, y requiere de un acompañamiento para que pueda elaborar de la mejor manera su duelo, cabe preguntarse: ¿Qué será de estos niños y niñas que presencian el asesinato de su madre por parte de su padre? ¿Cuál será la ruta de sus vidas, cargando en sus memorias este doloroso hecho? ¿Qué apoyo reciben?

La mayoría de mujeres asesinadas por hombres que dijeron amarlas lo fueron, según dicen, por celos, por lo que la prensa suele llamarlos “crímenes pasionales”, figura que no ayuda a entender mejor la problemática. Hay que señalar que las mujeres asesinadas generalmente querían terminar la relación y ellos no estaban dispuestos a aceptarlo. No querían que fueran ellas quienes definieran los términos de la relación, no aceptaban que no eran sus dueños, ni ellas objetos de su propiedad.

También se suele mencionar la figura de “emoción violenta”, expresión que termina minimizando los crímenes y liberando de responsabilidad a los hombres, en la medida en que se trataría de un momento de locura, de pérdida de control, lo que en realidad es la expresión de las relaciones de poder que se dan en la sociedad.

Muchos de los asesinos entran perfectamente en el ámbito de lo que se considera normal. Son hombres que hablan con sus vecinos, que pueden ser amables con las vecinas; hasta simpáticos, pero que, al cerrar la puerta de sus casas, son quienes mandan, tienen el control y no están dispuestos a que se ponga en cuestión el poder que ejercen tras esas puertas, recurriendo muchas veces a la violencia. Las mujeres que viven esta violencia callan, muchas veces por miedo a quedarse solas; a no tener cómo mantener a los hijos; a no tener a un hombre al lado, pues nos criaron diciéndonos que sin un hombre, no somos nada; por el temor aque los hijos se queden sin padre; a ser mal vistas socialmente; a ser juzgadas por los otros y por otras mujeres,pues hay que considerar también que muchas veces se culpa a las mujeres de ser las causantes de la violencia de los hombres, por no cumplir con los roles y las expectativas de género.

En el país, según el ministerio de la Mujer y Poblaciones Vunerables,[3] en el 2014, se dieron 96 casos con características de feminicidio y 186 tentativas del mismo crímen. Este año, van 52 feminicidios y 92 tentativas. Desde el 2009, han sido asesinadas 720 mujeres: De estos crímenes, 641 se tipifican como “feminicidios íntimos”; es decir, cometidos por sus parejas, ex parejas o algún hombre con quien la víctima tuvo algún vínculo íntimo. O sea, por hombres que dijeron amarlas.

El feminicidio no es un acto que surge de pronto en una mente afiebrada y enloquecida. Representa más bien el punto de llegada de un continuum de violencia física, sicológica y económica que se prolonga y en el que suele filtrarse permanentemente la esperanza del cambio, de que las cosas mejorarán. “Necesito que me perdones y trates de olvidar todo lo que pasó. Te juro que nunca más va a pasar. Eres el amor de mi vida. Te amo demasiado”, escribe su pareja a Raquel. Esta es una de las cartas publicadas en No te mueras por mí, documento producido por la ONG Vida Mujer, en el que se recopilan 25 cartas que hombres agresores le escribieron a mujeres que dijeron amar. Al voltear la página, nos enteramos de la otra cara de la relación: “Cinco semanas después de leer esta carta, Raquel recibió la última golpiza de su vida.”[4]

Suele pensarse que este tipo de situaciones son culpa de la mujer, que está loca o tiene un problema “salud mental”[5], como dijo la congresista Cuculiza sobre el caso de Misui Chávez, pese a que fue salvajemente golpeada por Luis Ángel Piscoya Pérez, su ex pareja. Se patologiza así la problemática, sin profundizar en las causas y los detonantes de la violencia, e impidiendo que desde las instituciones públicas y privadas, desde los medios, se pueda dar un adecuado tratamiento a la multicausalidad de la violencia y respuestas que aporten y ayuden a afrontar esta epidemia que cada día sigue cobrando víctimas.

La ausencia de programas o de presupuestos que ofrezcan posibilidades y alternativas a las víctimas de violencia es un elemento clave para que las mujeres no continúen con la ruta que iniciaron al hacer la denuncia, como lo son también el no tener redes adónde acudir, un refugio, la falta de autonomía económica, la impunidad que encuentran en el sistema de justicia.

Comprender también el ciclo de la violencia es fundamental para irla destejiendo, para empezar a romper el círculo, pues hay que insistir en que no se trata de un asunto de locos y locas que quieren matar o ponerse en riesgo de muerte, sino de una cuestión que tiene que ver con la sociedad en general, con el orden de género institucionalizado, en el cual las mujeres siguen siendo más objetos que sujetos, y en el que se sigue fomentando que la mejor forma de realización femenina es conseguir un hombre para casarse y ser felices, sin importar el costo, hasta que la muerte los separe, muerte que para muchas de las mujeres llega demasiado pronto, mientras seguimos mirando para otro lado.

Por Rosa Montalvo Reinoso

[1]“Facebook: presunto asesino dejó mensaje horas antes de asesinar a su esposa”. La República, 20 de agosto del 2015. http://larepublica.pe/sociedad/399498-facebook-hombre-que-mato-su-esposa...
[2]“Ate: Mujer muerta es encontrada dentro de una maleta”. OJO, 20 de agosto del 2015.ttp://ojo.pe/portada/nuevo-feminicio-remece-lima-203595/
[3]Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Registro de casos y atenciones en los Centro Emergencia Mujer - PNCVFS / MIMP, Período enero- julio 2015 (preliminar)
[4]No te mueras por mi, Vida Mujer, 2015. http://www.notemueraspormi.com/
[5]“Cuculiza a mujer golpeada en Piura: ‘No puedes ser maltratada por un imbécil que te ha tratado peor que a un perro’, Perú 21, 20 de agosto del 2015. http://peru21.pe/actualidad/luisa-maria-cuculiza-piura-femenicidio-2225671