septiembre 09, 2015

La comunidad lésbica de Túnez se moviliza contra prejuicios profundamente arraigados


Estigmatizadas y hasta criminalizadas por leyes draconianas por más de un siglo, las comunidades lesbiana y transgénero de Túnez están dando batalla.

© Guillaume Paumier (CC BY 2.0) [https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.en]

Nawel estaba en el centro de la ciudad de Túnez cuando ocurrió. “Este hombre salió de la nada y se acercó a mí. Vestía de una manera realmente religiosa y, sin ninguna advertencia, sencillamente me dio una bofetada—y lo curioso es que no fue sólo la bofetada. Fue que nadie hizo nada. Toda la gente siguió como si nada. Fue como si yo lo hubiera merecido”.

Nawel menea la cabeza, todavía sintiéndose dolida por la casual indiferencia de la multitud. No hay nada inusual en ella que pudiera ponerla en la mira de un ataque. Con su cabello corto, pantalones de mezclilla y camiseta, no se distingue de muchas otras jóvenes.

Pero las percepciones sobre el género son estrictamente definidas en Túnez, incluso en cuanto a cómo la gente debería vestirse y actuar, y la apariencia de Nawel denota ciertos atributos tradicionalmente considerados masculinos. En una sociedad dominada por los hombres, la manera que las mujeres visten y se definen a sí mismas es un asunto delicado. El hecho de que Nawel es gay se suma a la aparente disposición de la gente a verla como desafiante.

“Casi cada vez que salimos de la casa somos blanco de abusos”, dice Ahlem, la novia de Nawel. “En ocasiones olvidamos dónde estamos, nos tomamos de la mano y entonces el abuso ocurre en todas partes... Hay un hombre en particular que siempre está en el café cerca de nosotras; cada vez que pasamos él grita: ‘Aquí vienen las amantes’, y no lo dice en tono amable. También hubo un acechador que constantemente nos estaba vigilando, siguiéndonos, tratando de averiguar lo que estábamos haciendo. Se sentía realmente ofendido por nosotras”.

La actitud de Túnez a su comunidad de personas lesbianas, gay, bisexuales y trans* (LGBT*) va más allá de lo social. El Artículo 230 de la Constitución tunecina prohíbe los actos de sodomía y las personas halladas culpables de ello enfrentan sentencias hasta de tres años en prisión. El Artículo 226 prohíbe los atentados a la decencia pública, una ley general que suele ser utilizada para seleccionar a la comunidad trans* del país. Ambas leyes datan de 1914 y no han sido modificadas por la revolución de 2011 ni la posterior pugna por la reforma.

Una gran parte del enfoque del contraataque de la comunidad LGBT* tunecina se ha canalizado a través de la asociación Shams, un grupo de presión que realiza campañas para que se revoque el Artículo 230. Pero una organización formada en junio de 2014 está brindando una alternativa feminista. Chouf, cuyas integrantes se ven a sí mismas primordialmente como activistas visuales, ofrece un puerto seguro muy necesario para los grupos más aislados y vulnerables de Túnez: las comunidades de lesbianas, bisexuales y trans*.

“Fundamos Chouf [debido a] una necesidad urgente de crear un espacio seguro, libre de lesbofobia y transfobia, donde las voces de las mujeres encuentren su lugar y su valor”, dijo una de las principales fundadoras de la organización, quien quiso ser identificada sólo como Salander. “Nuestra meta es trabajar en torno a la doble opresión de las mujeres en nuestra sociedad patriarcal y misógina, así como centrarnos en los derechos corporales y sexuales”.

“Además, al principio éramos tres personas—una lesbiana, una bisexual y una transexual—que sentimos la necesidad de encontrarnos en un espacio que crea en la redefinición del feminismo y dé voz a todas las mujeres tunecinas de la comunidad LGBT. También queremos valorar nuestra ‘tunicidad’ y nuestros orígenes norafricanos, africanos y árabes”.

Chouf ha impartido talleres de defensa personal, lo cual considera una prioridad y una “respuesta a los ataques diarios contra las mujeres y las personas LGBT”. Asimismo, educa a sus integrantes respecto a sus derechos y cómo organizarse. La organización brinda talleres sobre seguridad cibernética y está desarrollando una aplicación para teléfonos inteligentes con el fin de rastrear el acoso callejero y ayudar a las/os usuarias/os a identificar áreas problemáticas.

Se han hecho algunos progresos, si bien lentos, para contrarrestar el estigma. El 17 de mayo, para conmemorar el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, la comunidad LGBT* tunecina pudo llevar a cabo un evento del Orgullo, oficialmente permitido aunque de bajo perfil, en un hotel de Túnez, la ciudad capital. Chouf estuvo presente, organizando el Festival Internacional de Arte Feminista, Chouftouhonna, para celebrar el evento. Ahora la organización está trabajando en los preparativos del Chouftouhonna del próximo año.

A pesar de estos modestos logros, persisten prejuicios profundamente arraigados. Muchas de las mujeres en la comunidad LGBT* de Túnez consideran que están excluidas de una sociedad que estigmatiza su sexualidad y su género. “Realmente es triste. Tiene que ver tanto con el sexismo como con que te llamen gay”, dijo Nawel.

“La masculinidad es el atributo dominante en esta sociedad”, agregó Nawel. “¿Quieres saber por qué me siento cómoda usando ropa de hombre? Porque puedo jugar el rol de ser hombre. Muchas veces me han confundido con un hombre y yo podría haberles corregido, pero no lo hice porque pude ver cómo los hombres hablan entre sí. Cómo te tratan si eres un hombre. Te respetan. Me sentí poderosa”.

Algunos nombres son ficticios

Por Simon Speakman Cordall, Tunis
La versión en inglés de este artículo fue publicada originalmente en The Guardian el 2 de septiembre de 2015.
Fuente: Awid