septiembre 11, 2015

Los tejidos de la pacha


Con una soga al cuello, desnuda y atada a la cola de un caballo que la arrastró por las calles, por órdenes del oidor Tadeo Diez de Medina, murió la heroína aymara Bartolina Sisa, después de librar múltiples batallas y luchar junto con su esposo, Tupac Katari, contra el yugo impuesto por la Colonia. Fue apresada el 2 de julio de 1781, debido a la traición de algunos colaboradores, y fue obligada a ver morir descuartizado a su esposo, quien también había sido detenido por una traición. La orden señalaba que después de la muerte, se clavara su cabeza y sus manos en picotas, con el rótulo correspondiente, para el escarmiento público, en los lugares de Cruzpata, Alto de San Pedro y Pampajasi, donde estaba acampada y presidía sus juntas sediciosas. Después de días, la cabeza debía ser conducida a los pueblos de Ayo-ayo y Sapahagui, en la provincia de Sica-sica, para ser quemada, pasado un tiempo, y arrojar las cenizas al aire, donde se estimara conveniente. 

Estaba seguramente en la mente de los colonizadores la decisión de borrar todo vestigio de la guerrera; eliminar con su desaparición la fiera oposición y resistencia que ya se tejía sobre la Colonia; desaparecer el hartazgo que las poblaciones subyugadas tenían debido a la dureza del trabajo impuesto y a las violaciones. Pretendían que las únicas huellas que quedaran de este tiempo de resistencia, encarnado en las figuras de Túpac Amaru, Túpac Katari, Micaela Bastidas, Gregoria Apaza y Bartolina Sisa, fueran el miedo y el escarmiento, para que no se les ocurriera a los indios levantiscos repetir la historia en ninguno de sus territorios. Quizá por ello, las extremidades de Bartolina fueron exhibidas, también en picotas, en la comunidad de Tinta Marka, en Perú.

Fue un 5 de septiembre de 1782 que la mataron junto a Gregoria Apaza; un 5 de septiembre que quedó en la memoria de los hombres y las mujeres aymaras y quechuas que de generación en generación fueron transmitiendo los sucesos y el orgullo que genera la resistencia de un pueblo. Por el ejemplo de lucha, valentía y entrega que demostró Bartolina Sisa, en el año 1983, en el II Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, realizado en Tiahuanaco, Bolivia, se decidió conmemorar, cada 5 de septiembre, el Día Internacional de las Mujeres Indígenas.

Que las mujeres indígenas cuenten con un día a nivel internacional y que sea precisamente el día en que una lideresa indígena fue asesinada por su férrea resistencia al yugo español es doblemente significativo, pues nos conmina a seguir su ejemplo de lucha y a participar en los diferentes espacios, peleándolos y resistiendo frente a las nuevas y antiguas opresiones y colonizaciones que mantienen vivito y coleando al patriarcado. 

En toda nuestra América, las semillas que Bartolina sembró con su ejemplo siguen germinando en las nuevas generaciones de mujeres indígenas que defienden sus territorios, su cultura y su identidad, y que, junto con sus pueblos, van caminando, en un esfuerzo conjunto de hombres y mujeres, por construir países diferentes, en donde los pueblos indígenas puedan vivir a plenitud, sin discriminación, racismo ni violencia. 

Para compartir y aprender juntas, siguiendo la ruta de Bartolina, en Arica se reunieron, el 4 y 5 de septiembre, lideresas aymaras, esta vez acompañadas también por mujeres quechuas, mapuches y kollas, en el II Parlamento de Mujeres Aymaras Abya Yala. La necesidad de reunirse y de intercambiar es enorme entre las propias mujeres que en las discusiones ponen sobre el tapete las brechas que siguen existiendo entre hombres y mujeres, en los diferentes espacios, especialmente en la participación y representación política. En efecto, a diferencia de Bolivia, donde existen circunscripciones especiales indígenas y se ha incluido la paridad en las listas electorales -lo que ha permitido que el48% de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia esté conformada por un total de 15 senadoras y 65 diputadas-, tanto en Perú como en Chile, la representación indígena es ínfima y, en el caso de las mujeres indígenas, casi inexistente. Además, como lo señaló una participante de Chile, cuando entran a los partidos políticos, en éstos se neutralizan las demandas específicas de las mujeres y de los pueblos indígenas en sus propuestas.

El Sumak Kawsay, Buen Vivir en quechua, o el Suma Qamaña, Vivir Bien en aymara, fueron traídos a la reflexión como expresión de lo que los pueblos indígenas aportan al mundo desde su propia filosofía, entendiendo este concepto como un ideal de vida, una relación armónica entre los seres humanos entre sí y con la naturaleza, un equilibrio entre la dimensión espiritual y material, un nuevo horizonte económico, político y cultural, un concepto en el que el nosotros, la relación comunitaria con los demás, es fundamental y se contrapone al individualismo de occidente. El Buen Vivir nos plantea, entonces, una nueva forma de vida, de entender y buscar el desarrollo de los pueblos. Sin embargo, no hay que dejar de mencionar que, si bien en las constituciones de Ecuador y de Bolivia se incorporan estas propuestas, en muchos casos el discurso va quedando vacío, cuando empieza a utilizarse para sustentar las políticas neoextractivistas que se están dando en estos países y que están ocasionando tensiones entre los gobiernos y las organizaciones de pueblos indígenas.

La experiencia boliviana de la Unidad de Despatriarcalización, creada a iniciativa de ex constituyentes indígenas como Marcela Choque, Esperanza Huanca y Dora Arteaga, entre otras, fue compartida por esta última, quien es la actual jefa de Despatriarcalización del viceministerio de Descolonización. En su ponencia, planteó el duro camino que tuvieron que recorrer para llegar a la Asamblea Constituyente y contar con una Constitución que rescate, desde los pueblos indígenas, “sus saberes y conocimientos, para proyectarlos a un mundo moderno, sin olvidar quiénes somos”. “La dignidad es muy importante”, dijo con firmeza. 

La despatriarcalización, según señala un documento repartido durante el encuentro, tiene como objetivo “desmontar las relaciones sociales de dominio de base patriarcal (estructura de poder), pero no desde cualquier lugar, sino desde nuestra identidad, la identidad plurinacional”. Es sumamente interesante el desarrollo teórico que vienen logrando las mujeres indígenas bolivianas en relación a esta categoría, que, hay que señalar, fue desarrollada primero por Maria Galindo, de Mujeres Creando, quien en este momento es muy crítica a su utilización por parte del gobierno boliviano, pues señala que: “El gobierno plagió el tema de la despatriarcalizacion, creó un viceministerio que no es más que una política totalmente distorsionada, que sirve para reivindicar la visión indigenista y totalmente patriarcal del lugar de las mujeres en la sociedad boliviana.” 

A las feministas latinoamericanas, también nos plantea la necesidad de seguir debatiendo en nuestros países sobre estas nuevas categorías, y de continuar creando articulaciones y reflexiones conjuntas entre las mujeres, pues para la Unidad de Despatriarcalización, el feminismo estaría postulando el enfrentamiento con los hombres. Según reza el documento mencionado, “la despartriarcalización no es la lucha de la mujer en razón del hombre, lucha de la mujer por conseguir derechos al igual que el hombre, mujer contra hombre. Eso no es despartriarcalización; eso es feminismo.” La base de la despatriarcalización sería el Chacha Wami; es decir, la dualidad, la complementariedad y la corresponsabilidad de hombres y mujeres, unidos en pareja, que estarían en igualdad de condiciones, sin que se den relaciones de subordinación. Este es otro concepto que nos interpela y nos llama a la reflexión, en la medida en que, en los actuales momentos, en la práctica es más una aspiración y un modelo de relación que debe ser reconstruido, sin permitir que se utilice para mantener las jerarquizaciones y la incursión masculina en espacios de mujeres, como sucedió en el encuentro, cuando, a nombre del Chacha Warmi, un varón propuso que en Perú la comisión de organización del siguiente parlamento de mujeres originarias sea integrada por un hombre y una mujer. 

Es claro que las mujeres indígenas requieren seguir participando en espacios como éstos, que se organizan con mucho esfuerzo y pocos recursos, y gracias al empuje de mujeres como Rosa Palomino y Lorenza Huanca, con el apoyo de otras muchas mujeres que ponen el hombro. Vale señalarlo, pues es innegable que estos espacios propios fortalecen sus liderazgos y permiten articulaciones y aprendizajes mutuos. Asimismo, para las mujeres que nos reconocemos feministas, es importante seguir tejiendo entre mujeres indígenas y no indígenas, continuar aprendiendo mutuamente, buscando los puntos en los que podemos avanzar el tejido de la vida. Propuestas como Sumak Kawsay y Suma Qamaña, desde los pueblos indígenas, y propuestas como la sostenibilidad dela vida, desde la economía feminista, tienen muchos puntos en común que pueden hacer un hermoso bordado, capaz de cambiar la vida de las mujeres en nuestros países, reconociendo nuestros aportes, nuestras luchas y el valor que heredamos de nuestras ancestras, como Bartolina Sisa.

Por Rosa Montalvo Reinoso