septiembre 13, 2015

Tan feminista que eres

Ilustración: Emma Gascó

“Hasta hace dos días tú eras de las que sonreías a un piropo”.
“¿Que querer abolir la prostitución es paternalista? Pues tú eres gilipollas”.
“¿Tú escribiendo de feminismo y confiesas que te depilas?”
“Tan feminista que eres y colaboras en un medio que defendió a Zapata, el que se metió con las mujeres”.
“Muy feminista pero en tu libro infantil usas el ‘niños’ en vez de ‘niñas’”.

Estos reproches (y muchos más), amigas, son reales. Y no, no vienen de ningún machitroll, vienen de compañeras feministas. Sí. Me quitan el carné de feminista todos los días de mi vida.

Escribir de feminismo se ha convertido en una cruzada en la que tienes que defenderte del enemigo y de la amiga. No se queda ahí la cosa, porque cuando me defiendo y digo que no quiero feministas a mi lado que me insultan por no compartir una opinión y que lo que necesito son aliadas que luchen a mi lado con la sororidad que predican, me acusan de nombrar la palabra ‘sororidad’ en vano. Como si de una religión se tratase.

Ya es bastante cansado para las que nos observamos constantemente queriendo eliminarnos cualquier atisbo de machismo; ya bastante duro comprobar cada día que la mayoría ni se lo plantea, como para encima, lanzarnos cuchillos entre nosotras

Es cansado, la verdad, y aburrido, mucho. Declararte feminista ya te abre frentes entre varios tipos de personas pero, lo peor, es que te pone bajo la lupa de muchas otras feministas, que atacan con fiereza ante el menor atisbo de discrepancia con su forma de entender el feminismo.

Entiendo que mi experiencia no se corresponderá con el de otras muchas, ya que al escribir en medios y tener muchos seguidores en redes sociales, hace que el número de réplicas, reproches e insultos, aumente. Pero a la vez, tener esta macrovisión desde la posición de este avatar y este nick, me hace darme cuenta de lo que muchas habréis notado quizás a pequeña escala: con cada embestida entre nosotras, la cornada se la lleva el feminismo.

Sí, me depilo. ¿Me gustaría mirarme al espejo y aprobar el aspecto que tengo con las piernas y los sobacos llenos de pelos? Sí, pero lamentablemente no es así. No me gusto y me siento mal, no he avanzado tanto en mi evolución feminista, lo siento.

Sí, considero que hay cierto paternalismo en ciertos sectores del feminismo que se empeñan en dibujar una imagen de las prostitutas como personas desvalidas y a la deriva. ¿Debería callarme esta opinión para no ser tachada de ‘gilipollas’ por otras feministas? No lo creo.

Sí, uso el plural masculino en mi libro infantil. Es así como vengo escribiéndolo desde que me lo enseñaron y, aunque ahora uso indistintamente el plural masculino y femenino, no me sentí al escribir el libro con autoridad para ser yo la primera, y no los padres de los niños que fueran a leerlo, la que los enseñara a hablar o escribir de un forma que, nos guste o no, no es la establecida. ¿Debería haberme dado igual todo lo anterior y haber escrito ‘niñas’ cuando hablaba en plural? Pues no me dio, ya lo siento.

Sí, no sólo hasta hace dos días sonreía a los piropos amables, de hecho, el portero de mi edificio es un viejito encantador que todos lo días me saludo con un ‘buenos días, guapa’ y le sigo sonriendo a día de hoy. Siempre me ha pasado, no puedo ponerle mala cara a la gente mayor, no puedo ignorar de dónde vienen y la educación insorteablemente machista que han recibido, además, no quiero reeducar a gente que ya no va a aprender. Sonrío y a veces hasta digo gracias: más mayor es el piropeador, más amable le contesto. ¿Debería pararme cada vez y contarles a cada uno de ellos cómo el patriarcado le ha hecho creerse con la autoridad de opinar sobre mi físico? Puede ser, pero lo cierto es que prefiero -al menos hasta hoy-, seguirles la corriente que quemarme en debates estériles. Perdón por eso también.

Ya es bastante cansado para las que nos observamos constantemente queriendo eliminarnos cualquier atisbo de machismo; ya bastante duro comprobar cada día que la mayoría ni se lo plantea; ya bastante tenemos las feministas con nuestra lucha interna y externa, como para encima, lanzarnos cuchillos entre nosotras constantemente por discrepancias y echarnos en cara los reductos machistas que sabemos que tenemos pero que no podemos superar (o no aún).

El enemigo no está entre nosotras, el enemigo se llama patriarcado, y se empalma cada vez que nosotras, rodeadas de lodo, nos señalamos con desprecio una mota de polvo en el hombro.

Por Barbijaputa
Fuente: Pikara