octubre 21, 2015

Entrevista a las defensoras Alda Facio y Daysi Flores durante la presentación en Madrid del Informe de Agresiones a Defensoras de Derechos Humanos en Mesoamérica (2012-2014). “Defender derechos humanos es salirse del modelo patriarcal”

Alda Facio y Daysi Flores estuvieron en Madrid recientemente para presentar los resultados del nuevo Informe de Agresiones a Defensoras de Derechos Humanos en Mesoamérica (2012-2014), de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos, que articula a más de 690 defensoras en México, Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Como tantas y tantas otras que impulsan cada día la libertad, la igualdad y la justicia, desarrollan su trabajo en un entorno de discriminación y violencia.

Las defensoras de los derechos humanos necesitan ser “defendidas” de la cara dura del patriarcado que las cuestiona cuando buscan a sus hijas desaparecidas, cuando reclaman educación pública y gratuita, cuando defienden sus territorios y recursos de la voracidad empresarial, cuando exigen derechos sexuales y reproductivos, cuando denuncian el maltrato institucional. “La sociedad no se moviliza de la misma manera cuando desaparece o muere un hombre que cuando lo hace una mujer. Por poner un ejemplo, cuando desaparecieron los 43 estudiantes en Iguala (México) la sociedad entera se movilizó; en Ciudad Juárez han desaparecido y han sido asesinadas miles de mujeres y nunca ha habido una movilización similar”, asegura Alda Facio.

Sí, como explica la experta, “la actividad de las defensoras de los derechos humanos es un cuestionamiento del sistema patriarcal. Por eso tienen que enfrentar todo tipo de obstáculos y violencia para desarrollar su labor”. A la vez, saben que su lucha es necesaria y tiene mucho significado en un contexto de impunidad y de discriminación a las mujeres por el hecho de ser mujeres. “Por eso no hacen caso a quienes les dicen ‘váyanse a casa’”, asegura Daysi Flores.

Alda Facio es experta independiente del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la cuestión de la discriminación contra las mujeres en la legislación y en la práctica. Daysi Flores, defensora hondureña e integrante de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos de Honduras.

La Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras) inició su trabajo en 2010 con el fin de dar una respuesta integral y regional al aumento de la violencia contra las defensoras de derechos humanos en Mesoamérica. Actualmente, la IM-Defensoras busca fortalecer y vincular a defensoras que participan en distintas organizaciones y movimientos sociales para fortalecer redes de protección y solidaridad entre ellas y aumentar la visibilidad, el reconocimiento y el impacto de su trabajo por los derechos humanos.

Incremento de agresiones registradas

Según el informe que se presentó la semana pasada en Madrid entre 2012 y 2014 la IM-Defensoras registró un total de 1,688 agresiones a mujeres defensoras de derechos humanos en El Salvador, Guatemala, Honduras y México, de las cuales 414 corresponden a 2012, 512 a 2013 y 762 a 2014. Esto significa, respecto a 2012, un incremento de casi el doble en el número de agresiones registradas (45,7%).

El incremento en el número de agresiones documentadas en el Registro, tanto a nivel regional como en la mayoría de los países, se debe a diversas causas. La primera de ellas es el aumento de la capacidad de registro de los equipos de cada país, así como el trabajo de las redes de defensoras y diversas organizaciones para que las defensoras de derechos humanos cuenten con más herramientas para reconocer como agresiones las violencias que enfrentan, avanzando en la desnaturalización de las mismas. La segunda es que, en 2013 y 2014, en países como Guatemala y México se registraron más fichas con agresiones colectivas que en 2012. La tercera, y más preocupante, es que, desafortunadamente, el contexto de violencia y agresiones contra personas defensoras en los países documentados ha tendido a exacerbarse.

Estereotipos e impunidad

“Defender derechos humanos es salirse del modelo patriarcal, de las normas y estereotipos culturales que perpetúan la igualdad. También hay cuestiones físicas que condicionan, una defensora puede ser violada y además, si queda embarazada la van a juzgar y le van a impedir abortar”, comparte Alda Facio. “En muchos países de la región, las mujeres que reclaman derechos reproductivos son vistas como una amenaza, como si fueran terroristas”.

El Informe de Agresiones a Defensoras de Derechos Humanos en Mesoamérica constata también los altos índices de impunidad y quiebras a nivel nacional del Estado de Derecho. “En un contexto de desvalorización de la vida de las mujeres, el castigo a la violencia contra las mujeres no se cumple porque quienes tienen que hacer cumplir la ley tienen esos prejuicios y la justifican. La impunidad tiene que ver con esos estereotipos y también con que los jueces y juezas tienen miedo al crimen organizado”, argumenta la feminista.

De hecho el informe resalta que en cuanto a los actores de la violencia contra las defensoras, los actores estatales representan de forma agregada para el período 2012-2014 el principal agente responsable de las agresiones, tendencia que se verifica no solo a nivel regional sino en cada uno de los países que integran el estudio. En 2012, actores estatales sumaron 86% como autores responsables de las agresiones registradas. En 2013, el porcentaje para los mismos agentes alcanzó 77%, y en 2014 significó 49%. Si tomamos en forma conjunta los datos para los tres años de datos recopilados, y con base en las 1,688 agresiones regionales, estos agresores son señalados como responsables en 66% de los ataques a defensoras.

Para estas defensoras la violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos. Este enfoque es reconocido en la normativa internacional y ha sido recogido por la legislación de numerosos Estados. Pero la distancia entre lo que dice el papel y su implementación es muy grande. Muchos países ratifican convenios que después no se sienten obligados a cumplir porque aseguran que no son vinculantes. “Es necesario que el movimiento feminista, la sociedad civil se apropie de esas leyes e instrumentos y los difundan y logren que más gente exija su cumplimiento”.

Los medios de comunicación, según la experta, en estos momentos no contribuyen a mejorar la situación porque sus contenidos refuerzan los estereotipos, no informan bien de los recursos existentes, presentan la violencia de género muchas veces como hechos aislados, sin contextualizar ni profundizar en las raíces de esa violencia. No lo plantean como una cuestión estructural y debida al patriarcado.

Feminismos

Alda habla de feminismos, en plural, y de la necesidad de que esos feminismos y corrientes se conecten. “Tenemos que unirnos todas para que el mundo entienda que la violencia machista es un problema mundial”. Sabe que no hay Estado ni cultura en la que no se de la violencia de género, en países pobres y ricos, en democracia y dictaduras. “Somos muchas, todas sufrimos discriminación y muchas violencia: Tenemos que poner el acento en lo común y no en la diferencia”.

A ello puede contribuir, entre otras cosas, el uso de la tecnología, que Daysi defiende “como un territorio más de lucha y un campo más de acción”. En un contexto en el que los Estados “tratan cada vez más de controlar la tecnología y con ello la población”, un elemento importante es la “creación de emisoras y redes autónomas”. “Luchar por la democratización de las tecnologías y convertirlas en algo comunitario es muy importante. Necesitamos recuperar voces diversas que contrarresten la información de un discurso único, con lo peligroso que es un discurso único”.

Los cambios culturales son difíciles. Las defensoras, con sus experiencias y estudios constatan que “el machismo y patriarcado están muy enraizados incluso en aquellos que se ubican en la izquierda progresista”. Hay un “pacto no hablado”. Pero las feministas “hemos sido una voz en la denuncia y en la defensa de los derechos humanos, en la recuperación de las calles, creando conciencia en distintos ámbitos acerca de cómo trabajar para acabar con la desigualdad, poniendo en juego nuestra propia vida”. Así concluye la feminista hondureña.

Fuente: AmecoPress.