octubre 26, 2015

Lorena Cabnal. Defensora del cuerpo- tierra de las mujeres


AL INSTANTE

Originaria del pueblo Xinca-maya de Guatemala, Lorena Cabnal reivindica los Derechos Humanos (DH) de las guatemaltecas, y se define a sí misma como feminista y defensora comunitaria, aunque serlo en este país centroamericano “es complejo”, dice en entrevista con Cimacnoticias durante su participación en el “Encuentro de Corresponsales Voces Nuestras”.

Para la socióloga de profesión, ser defensora del territorio significa defender las tierras ancestrales, los bienes naturales, el agua, los monocultivos… la vida misma.

“Es una lucha ancestral de los pueblos que no nació hace 524 años con la colonización, pues las feministas guatemaltecas planteamos que es una lucha histórica desde antes de la colonización. Esta etapa es la cuna perfecta para esta disputa por la vida y por el territorio y los cuerpos, cuerpos esclavizados, si no, basta recordar toda la violencia sexual sobre los cuerpos de las indígenas”, señala.

Y agrega: “Ha habido toda una continuación histórica de violencia, de racismo, de discriminación, de capitalismo y de liberalismo arremetiendo sobre la vida de las comunidades y de los cuerpos, por eso es que decimos que somos defensoras ancestrales no sólo de DH sino de la naturaleza, y a eso hay que remitirse cuando se construye el Estado Nación colonial, y debajo de éste, perviviendo de una manera oprimente, la vida de los pueblos”.

Para la guatemalteca e integrante de la Red de Sanadoras Feministas Comunitarias, su lucha no es sólo contra el racismo o el neoliberalismo, es plural, y darla ahora en este contexto es complicado.

Quien también forma parte de la Alianza Frente a la Criminalización contra Defensoras y Defensores de DH y Bienes Naturales, recuerda que una estrategia política que se utilizó en la guerra contra las defensoras fue la violencia sexual, y hoy de nuevo se está imponiendo y utilizando en el caso de las mujeres que defienden la tierra.

“Yo creo que ahí colocar el cuerpo, en la línea frontal del ataque, es sumamente complejo, ser mujer y ser defensora es sumamente complejo”, advierte Lorena Cabnal.

DESARMONIZACIONES EN LA VIDA

–Lourdes Godínez Leal (LGL): ¿Cómo te asumes feminista?

–Lorena Cabnal (LC): Yo creo que asumirse feminista pasa por una decisión personal y consciente, y en mi caso, en mi historia, me llevó a buscar elementos para acercarme a conocer qué era eso que se llamaba feminismo.

“Creo que se me abrieron los ojos cuando me di cuenta que había ¡más de 50 feminismos en el mundo! Pasé por muchas interpelaciones personales sobre qué tipo de feminista era, pero luego me di cuenta que entre estos feminismos sentía vacíos.

“Y es que en ese momento, de los feminismos que leía, no me dieron el sustento político y categórico que necesitaba para hacer reinterpretaciones de la vida como mujer indígena en una comunidad indígena”.

–LGL: ¿Qué necesitabas?

–LC: Por ejemplo, yo sentía que la interpretación del machismo no pasa en la comunidad, el género como tal, como construcción categóricamente como tal. ¿Cómo lo traduces a la vida comunitaria para que haya una comprensión de lo que se está planteando como una subordinación histórica y una relación de poder desigual de cuerpos sobre otros, de cuerpos masculinos sobre cuerpos femeninos?

“¿Entonces cómo la traduces? y luego parece que hace clic en ti y empiezas a interpretar y reinterpretar, y entonces creo que ahí es donde empiezo a plantearme cuál es esta otra codificación comunitaria.

“Ahí es donde empiezo a sentir que las cosmogonías –que son diferentes interpretaciones de la vida– tienen elementos hermosos que interpelan las desarmonizaciones en la vida, y las maneras como se van a interpretar en los pueblos es diferente.

“Y entonces los elementos que me proveyeron diferentes feminismos occidentales entonces sí que se van a convertir en unos elementos que me permiten acercarme a hacer otras interpretaciones de la vida comunitaria ¡y no le voy a nombrar como tal dentro de la comunidad!

“Decir por ejemplo recuperación del territorio cuerpo-tierra te está situando en una relación de armonización o desarmonización; te está hablando de relaciones desiguales de poder. ¡Eso sí que lo entiende la comunidad! Ahí no estoy hablando de género, no estoy hablando del machismo construido como tal, pero sí que estoy planteando la desarmonización en la red de la vida.

“Entonces no me quedo sólo nombrándome feminista; nos nombramos feministas comunitarias porque es el sentir que nos nació no sólo porque reconocemos que la comunidad, los cuerpos son comunidad, la comunidad es plural; es un cuerpo vivo en su pluridimensionalidad y porque también la comunidad, si quisiéramos mencionarla, hoy por hoy es patriarcal; y emancipar y liberar muchas de las relaciones de poder que se dan en las comunidades indígenas pasa por la cosmogonía, pero también por una relación político-feminista.

“Cuando nos acercamos a las comunidades, escucho a los compañeros con muchas de sus expresiones machistas, esencialistas, les escucho, pero antes de interpretarlo para no ser radical, hay que sentir y sentir justamente su corporalidad de poder ejerciendo poder y control con las hermanas; es regresar la relación para que él empiece a sentir la responsabilidad de desarmonización que está generando en este espacio. ¡Y sí que empieza a sentir!

“En ese momento no racionaliza el ejercicio de su poder, pero sí empieza a sentir porque entonces hablamos con otros códigos, de códigos cosmogónicos que te interpelan, y esta es otra manera para nosotras de hacer feminismo”.

SOY UN “MAL EJEMPLO”

–LGL: ¿Has tenido que pagar los costos de asumirte feminista en la comunidad?

–LC: Yo creo que tiene sus complicaciones, tiene sus duelos y sus pérdidas. Creo que sí, en este camino hay desavenencias; a veces las pérdidas son afectivas, a veces son políticas.

“No ha sido fácil; me ha tocado en una buena parte del tiempo, 16 años de caminar en la montaña tejiendo posibilidades que nos ha llevado hoy a plantear estas reflexiones, me ha conllevado a sentirme en un momento ajena a la comunidad.

“En 2011 se pronuncia el destierro de mi persona de la comunidad; eso va a ser una de las pérdidas muy fuertes; el hecho de verme caminar con mi hija de territorio en territorio, porque a partir de entonces yo ya no puedo regresar a mi vida porque tuve un mandato patriarcal y no lo cumplí.

“Soy mal ejemplo para las mujeres porque sólo tuve una hija y entonces, si quería seguir trabajando con las mujeres, tenía que tener más hijos. ¡Es inconcebible que una mujer tenga una hija!

“Luego llega un momento en el que también las relaciones afectivas van a pasar por otras demandas; llega un momento en el que el feminismo te apasiona, se vuelve tu sentido de vida político porque te ha hecho mucha interpelación.

“Pero también cuando empiezas a sentir el disfrute de la emancipación ¡es hermoso! Y luego te das cuenta de que hay decisiones en tu vida muy fuertes.

“Yo creo que tomar a veces esas decisiones ha sido fuerte, sin embargo creo que también ha sido hermoso, esperanzador, creo que hoy otras mujeres que hablan del territorio cuerpo-tierra; son regalos que han caminado con las niñas, con mujeres jóvenes”.

FEMINISMO COMUNITARIO, PROPUESTA DE LIBERTAD

“Creo que hoy por hoy la propuesta del feminismo comunitario desde Guatemala aporta un elemento que es la sanación cósmica- política de los cuerpos en relación con la tierra para armonizar.

“Entonces a pesar de que ha habido muchos costos, pues sí que ha habido manera de sanarnos, y colectivas también; entonces creo que eso es lo que nos da fuerza y es lo que me permite continuar y caminar este camino”.

–LGL: ¿Cómo llegas a ser defensora?

–LC: Creo que aunque es complejo nombrarte como defensora, creo que he sido defensora ancestral y no sólo porque defiendo los DH de las mujeres y de los pueblos indígenas, sino también de la naturaleza, y porque históricamente no teniendo yo toda la conciencia plena hoy como feminista, desde muy pequeña hacía una defensa de mi cuerpo ante las formas de violencia sexual que viví desde niña.

“Estaba inconforme, estaba indignada; quería trabajar y quería luchar para que a muchas niñas y niños no les sucediera lo que yo había vivido de violencia sexual, tampoco me imaginé aportar para la fundación de una organización en la montaña.

“Yo creo que es cómo las opresiones me atravesaron la vida, cómo me indignaron, cómo en el camino la vida hermosa, el cosmos, las abuelas, las energías positivas, digamos, fueron juntando a mujeres hermosas que me acompañaron en la vida y fueron despertando mi conciencia, y ese despertar de la conciencia no ha sido personal, ha sido colectivo, y entonces en ese sentido yo me asumo defensora ancestral del territorio-cuerpo y del territorio-tierra.

“Yo siento que muy dentro de nuestro ser las mujeres tenemos tejido un hilo ancestral para la vida y un hilo de rebeldía, entonces yo no me concibo como que todas las mujeres seamos felices cuando el marido nos golpea, felices cuando somos discriminadas, felices por tener un montón de hijos porque para eso nacimos.

“Para mí no es concebible la forma de cómo se ha estructurado la violencia sobre los cuerpos de las mujeres y por lo tanto que las mujeres digamos ‘bueno es que para eso nací, o porque esa es la vida triste de las mujeres, o porque eso es lo que Dios quiere, porque eso es mi cruz’.

“¡Yo me opongo y me niego porque este cuerpo nació –aun en medio de esta vida jodida– como un cuerpo que también tiene la enorme potencia política para liberarse, para sospechar, para estar inquieta, para cuestionar, para volver a pensar dos veces las cosas, para atreverme a la posibilidad de recuperarme el cuerpo ante la vida!

“Yo creo en la posibilidad de reivindicarme en la alegría por mucho que la vida también ha sido jodida, más que la vida, las formas opresivas machistas en la vida que he tenido.

“Puedo elegir quedarme llorando toda la vida victimizada en estas opresiones, o puedo tener la posibilidad de buscar acuerparme con otras mujeres, escuchar sus historias, la organización, la comunidad y los espacios para poder escuchar esas experiencias de liberación y emancipación, y que eso me acompañe y me acuerpe en mis momentos complejos”.


Por: Lourdes Godínez Leal, enviada
México, D.F. Cimacnoticias