octubre 11, 2015

Mi vida con ellos

La escritora brasileña Ana Paula Maia presentó su novela De ganados y de hombres en el Filba 2015, y revela por qué escribe historias centradas en el universo masculino más escalofriante.

Es la primera vez que visita Buenos Aires, en el marco de sus presentaciones en el Festival Internacional de Literatura (Filba) que se realizó en simultáneo, del 23 al 27 de septiembre, en Montevideo y en Santiago de Chile. Oriunda de Nova Iguaçu (Río de Janeiro), Ana Paula Maia porta una formación ecléctica que la ha llevado a ser parte de una banda de rock, escribir guiones, formarse en Comunicación Social e influenciada por Quentin Tarantino, virar hacia una escritura pulp, de a ratos vertiginosa y por otros detallista en lo bajo o escatológico: desde reconocer la dentadura de un compañero de trabajo en medio de las llamas, como en Carbón animal (Editora Record, 2011) al momento en que Edgar Wilson, protagonista de su novela traducida en Argentina como De ganados y de hombres (Eterna cadencia, 2015), se coloca frente a la vaca y le da el mazazo en la sien, con un silbido previo que logra calmarla, “su don”, y así conducirla a la faena “sin sufrimiento”. La ciudad porteña podría ser el escenario de este libro que expone con crudeza el trabajo en un matadero, donde casi no se distinguen humanos de animales. Pero algo más irrumpe en la historia, un elemento fantástico: parte del último ganado importado comienza a “suicidarse”. Incluso, el cineasta brasileño Tadeu Jungle tiene los derechos para llevarla al cine.

Cargada de un naturalismo exacerbado, su escritura se ha asociado a la tradición de Rubem Fonseca y sus personajes se diferencian de otrxs autores brasileños al colocar en el centro a trabajadores marginales, criminales y donde los universos más sombríos de los hombres son explorados con sagacidad e ironía. No es la primera vez que Ana Paula mete los pies en el barro –y entre las vísceras–. Luego de O habitante das falhas subterrâneas (Editora 7 letras, 2003) y A guerra dos bastardos (Editora Língua geral, 2007), publicó Entre rinhas de cachorros e porcos abatidos (Editora Record, 2009) y Carvão animal (Editora Record, 2011), donde exploró las peleas de perros, la vida de los basureros, de los bomberos. Las/12 estuvo en la presentación de su novela traducida al español y la entrevistó, con adelanto de próximo libro incluido.
Las descripciones detalladas, escatológicas y sensoriales se destacan en tus novelas. ¿Solés partir de imágenes o de conceptos?

–Generalmente escribo a partir de conceptos muy influenciada por mis primeras lecturas luego de la adolescencia, centradas en Filosofía: Schopenhauer y su análisis de la maldad en el mundo, Aristóteles, Platón o Spinoza. La literatura en ese momento no me interesaba tanto.
Sin embargo, el origen de la literatura se asocia a los mitos, en decir, se asocia a la Filosofía…

–Justamente es lo que me permitió escribir conceptualizando lo que tenía a mi alrededor, a escribir desde una reflexión de las cosas. Además leía muchas obras de teatro y devino la escritura de guiones, pero siempre de modo autodidacta. Soy Comunicadora social y tengo estudios en informática pero no me dediqué a esas carreras. Comencé con escritura de novelas y los cuentos siempre fueron por encargo para diarios y revistas o antologías en Brasil y el exterior.
En De ganados y de hombres, con traducción de Cristian De Nápoli, hay un universo común del trabajo presente en tus anteriores novelas pero también hay elementos que marcan un giro.

–Hay dos cosas que antes no había trabajado: es mi novela más rural. Salgo del suburbio para instalar la historia en el campo, en un espacio abierto. Y, es la primera vez que trabajo con un elemento sobrenatural. Pese a que en mis libros anteriores aparecieron elementos divinos o que rozan la religiosidad. El suicidio de las vacas es para mí más sobrenatural que religioso.
El circuito de la carne figura crudamente expuesto desde la cría y matanza del ganado vacuno hasta su venta en una megatienda de hamburguesas. Más allá de la trama que explora este costado capitalista, ¿hay una postura personal que excede a la ficción?

–No soy portavoz de nada. Yo ya había trabajado con un matador de cerdos en mi tercera novela. Allí era un suburbio, me metí en la intimidad de la vida doméstica y en esta novela fui hacia adentro del matadero, más profundamente. Me interesa el campo por su inmensidad, por su silencio extraño, sus ruidos, las leyendas. El lugar donde me crié, en Nova Iguaçu, palpé un poco de los elementos que traslado a la escritura. Soy muy observadora de los trabajadores rurales, quienes crían sus cerdos o gallinas y luego son su alimento, los excrementos, los aromas. Por otra parte, los padres de familia, que durante los fines de semana salen a matar por los alrededores, porque tienen zona liberada por la policía, que sólo llega para llevarse los cuerpos. Está también la milicia, policías o ex policías, con poder paralelo, corruptos. Muchos son confundidos con criminales. Los sueldos de la policía en Brasil son muy malos y este suele ser un buen negocio. Principalmente en zonas de frontera, esto será parte de mi próxima novela con Bronco Gil como protagonista
Hay ciertos personajes que recorren varias de tus novelas. ¿Por qué razón ha sobrevivido uno de ellos, Bronco Gil, y cómo construís tu esquema de personajes?

–Generalmente comienzo desde un personaje, lo creo detalladamente, y entro a la historia desde él. Luego surgen los otros. Así sucedió con Bronco Gil, con quien me he ido identificando. Disfruto revisitándolo. Se ha creado una relación con él, aparece en cuatro de mis libros. Es como si entrase a un bar y lo viese sentado en una esquina tomando una cerveza o fumando un cigarro. Cada tanto se cruza en las historias. En algunas lo he llevado años atrás en otras hacia adelante, pero nunca aparece del todo especificado porque me gusta no determinar lugar o fecha, que puedan hablar de cualquier lugar del planeta. Además, las novelas no dejan de ser fragmentos de historias.
Podría sucederte como a Ricardo Piglia, que acaba de publicar Los diarios de Emilio Renzi (Anagrama), colocando a su célebre personaje y alter ego en la “autoría”.

–Tal vez eso pase. En mi caso Bronco sería mi alter ego malvado, mi lado oscuro, sombrío. Disfruto de sacar afuera su perversidad, algo que en mi vida cotidiana no sucede. En la vida soy tranquila pero en la literatura soy pura sangre, pura muerte.
Es recurrente además en tus novelas la centralidad de los personajes masculinos y sus mundos.

–Es una oportunidad de vivir un poco de ese universo. Como les sucede a los actores. Cuando escribo sobre un asesino paso un largo tiempo con él, y cuando termino de escribir el libro la historia permanece en mí, se crea una relación pasional. Soy celosa de mis personajes. Me han preguntado por qué no se enamoran por ejemplo (risas).
Habiendo tantas terrenos o temáticas donde seguir indagando desde personajes femeninos, incluso más políticos, ¿por qué seguís eligiendo a los hombres para tus novelas?

–Una sola vez escribí sobre una protagonista mujer pero no fue muy lograda. Yo vivo como mujer apasionadamente pero me atrae mucho el mundo masculino y a la hora de escribir necesito del distanciamiento. Para ingresar a esos territorios tan oscuros no podría desde personajes femeninos. Es como cuando me tomo vacaciones, no deseo ir siempre al mismo lugar. Tal vez más adelante pruebe de nuevo, pero por ahora me quedo con estos territorios.l

Por Carolina Selicki Acevedo
Fuente: Página/12