octubre 23, 2015

¿Quién le teme a Verónika Mendoza?




No deja de resultar extraño que en el país, una candidatura de izquierda que apenas ha logrado superar el 2%, según la última encuesta que publicó IPSOS y que la coloca en la cola junto a otras candidaturas, sea tan preocupante para algunos sectores y medios de comunicación que han publicado ya, a estas alturas, un sin número de columnas de opinión e incluso han editorializado sobre lo que dijo o no dijo la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza.

Bajo el argumento de que lo que más les preocupa es la democracia, le han preguntado repetidamente su opinión sobre el proceso venezolano, tema que se ha convertido en el centro de las entrevistas y los notorios esfuerzos para “hacerla caer”, para que diga que hay allí una dictadura, porque si no lo dice, tal cual quieren que lo diga, estaría claro que va a copiar el modelo venezolano. La entrevista a la que pacientemente contestó, pese a la malcriadez y displicencia de Sol Carreño y Augusto Thorndike, conductora y conductor del programa dominical Cuarto Poder, fue de antología. En esta, el conductor, en una confusa argumentación, dijo:

“Nosotros somos, aquí al menos, demócratas y nos… nos parece bueno que usted diga que también cree en la democracia. Por eso nosotros quisiéramos saber si realmente usted es una persona que cree en la democracia, o si le parece que lo que está pasando en Venezuela no está tan mal. Eso sí nos preocuparía a nosotros como electores.

No sabemos si el conductor televisivo es un elector de Verónika, pero lo que sí debería saber él es que si alguien se somete a una elección con otros seis candidatos, es porque algo cree en la democracia. Sin embargo, no se tiene la misma preocupación por lo que pasa en México, por ejemplo, o en Honduras, o en China, de cuyos gobiernos no puede decirse que son democracias ejemplares. Por lo menos, no he escuchado que a otros candidatos o a la propia candidata fujimorista se les pida con tanta energía que deslinden con procesos poco democráticos como a la candidata de izquierda.

Si bien es cierto es importante que una candidata posicione con claridad sus propuestas sobre los diferentes temas, llama la atención que, debido a la obsesión por Venezuela, se deje de profundizar en aspectos más importantes de su programa o en las propuestas que tiene para enfrentar las diferentes problemáticas que tiene el país, en un momento en el que el crecimiento se detiene, en que la baja de los minerales en el mundo va a tener un impacto fuerte en la economía nacional, en que la inseguridad ciudadana crece, en que la conflictividad se mantiene y en el que siguen muriendo pobladores en protestas, la mayoría por la represión policial. Otros problemas tan serios, y que nos afectan sobre todo a las mujeres, no fueron tampoco de su interés, como la violencia de género, que es un grave problema, considerando que el Perú ocupa el segundo lugar en feminicidios en Latinoamérica y el primero en violencia sexual en Sudamérica.

Frente a la solvencia de las respuestas de la candidata, tuvieron que aceptar que “usted habla bien, pero lo que pasa es que tenemos el tiempo corto”, para insistir en un punto particular del programa del Frente Amplio: La propuesta de crear un Consejo de Regulación y Supervisión de Medios. La conductora afirmó que eso es “intervencionismo”, lo que dio pie a que El Comercio editorialice sobre “los inquietantes planes del Frente Amplio”, pese a las explicaciones que dio la candidata, que expresó claramente que de lo que se trata es de democratizar el acceso a los medios que ahora están en manos del monopolio del Grupo El Comercio precisamente.

Desde que surgió la posibilidad que Verónika Mendoza fuera la candidata por el frente de izquierda, también aparecieron una serie de comentarios de intelectuales, politólogos y comunicadores, que han vaticinado que no llegará a ninguna parte, o que han intentado deslegitimar su postulación, señalando, por ejemplo, que “todavía no se le ve como una persona con capacidad de atracción, es una persona que no tiene la suficiente fuerza, es una persona buena y bonita, pero no es una persona políticamente hábil y segura, y que transmita un mensaje muy claro”, como lo dijo el sociólogo Julio Cotler.

Por su lado, el precandidato del partido Orden, Ántero Flores-Aráoz, en declaraciones a la prensa, también se refirió al aspecto físico de la candidata, en un evidente intento de deslegitimar lo que podría proponer en términos programáticos. Así señaló: “Mire, por lo menos es sumamente fachosa y guapa. ¿Qué propone? No tengo la menor idea”. Obviamente que él no tenga la menor idea, dice más de él mismo, así como de su ignorancia y poco interés en analizar otras propuestas y rebatirlas con argumentos.

Este tipo de expresiones, junto a muchas otras, como “chiquivieja”, “suavecita”, “secretaria de Nadine”, “incapaz de seducir a ‘rudos campesinos’”, o expresiones insultantes en muros de Facebook, especialmente de parte de hombres, y que no viene al caso colocar aquí, han sido la tónica de estos meses y han evidenciado el machismo puro y duro que existe en el país, en todos los sectores sociales, en hombres de derecha y algunos que se dicen progresistas o de izquierda. Una muestra evidente de todo ello es lo que expresó uno de los conductores de ese pésimo intento de hacer televisión virtual llamado “Chicharrón de prensa”: “La veo tibia. Me gustaba mucho como candidata hasta que abrió la boca”, dijo, terminando los otros conductores muertos de risa, y aunque uno de ellos hizo una alusión a lo machista del comentario, lo cierto es que lo que quedó en el aire fue esa complicidad masculina encarnada en las risas.

En un contexto plagado de corrupción, de falta de cumplimiento de las promesas electorales, de aceptación amplia de que una autoridad robe con tal de que haga obra, la honestidad debería ser uno de los mayores valores en la actuación política. Sin embargo, para quienes tempranamente se han movilizado con exigencias a la candidata que no han pedido a otros, vale decir “esto no es suficiente”. Ejemplo de ello es el editorial del 20 de agosto del diario El Comercio, que dice: “Hay que decir que, con prescindencia de las ideas que profese, la señora Mendoza tiene una imagen de honestidad y discreción que ya constituye un elemento de valor en el contexto de la política nacional. Pero gobernar no sólo supone conducir el país con indispensable honradez, sino hacerlo también en determinado sentido, y es allí donde –más allá de la etapa inicial de la campaña– lo ofrecido por ella se muestra deficitario.” Podemos suponer el determinado sentido que quiere el diario.

Pese a que la presencia de mujeres en la política es una evidencia de democratización, aún hay mucha resistencia a su participación y se las sigue juzgando con parámetros distintos a los que se usa para medir a los hombres, como puede verse en los comentarios mencionados en relación a la candidata Verónika Mendoza. También es cierto que mujeres que han salido electas muchas veces han hecho poco por contribuir a posicionar las necesidades y demandas de las mujeres y, en ocasiones, más bien han utilizado su poder para mantener el orden de género establecido y apoyar el modelo que se ha instaurado en el país desde el régimen fujimorista y que se quiere perpetuar. En ese sentido, Verónika Mendoza, con las debilidades que aún puede tener en sus presentaciones y que seguramente irán puliéndose a medida que la campaña se ponga más dura, es la única que hasta el momento ha presentado propuestas que van contra ese sentido común instaurado de que todo está bien, que nada debe cambiar, que debe ir por un “determinado sentido” y que se atreve públicamente, por ejemplo, a defender el derecho al aborto o al matrimonio igualitario, aunque le cueste miles de votos, porque “se trata de derechos fundamentales”, como lo declaró al semanario “Hildebrandt en sus trece” hace unos días.[1]Lo que ha sucedido hasta el momento y la andanada de ataques y críticas, muchas veces gratuitas, es más bien un indicador de que la candidatura está por buen camino. Ya tiene un elemento clave que exige la mercadotecnia política, vale decir: La honestidad, la coherencia de su pensamiento. Toca ahora que difunda su programa, que se debata, y que convenza a una incrédula ciudadanía de que sí cumplirá sus promesas electorales. ¡La carrera ha comenzado!

Por Rosa Montalvo Reinoso


[1]Rebeca Diz, “Preguntas incómodas a la candidata”. Hildebrandt en sus trece,16 de octubre de 2015.