enero 09, 2016

Alianzas intempestivas




Ha empezado la campaña electoral que nos llevará a tener un nuevo presidente o presidenta y nuevos congresistas que reemplazarán a los actuales, aunque quedarán algunos que repetirán el plato con seguridad. Muchos de estos congresistas han pasado por el Congreso sin pena ni gloria y otros han destacado por oponerse denodadamente a cambios legislativos a favor de mujeres y de las personas LGBT, imponiendo sus creencias religiosas y aliándose para impedir que estos colectivos avancen en el goce de sus derechos. La gran mayoría la conforman estos últimos, que no han destacado por cumplir con sus funciones ni por sus propuestas legislativas, razones por las que fueron elegidos.

Las movidas electorales de este último período nos han traído varias sorpresivas alianzas que han tenido un gran impacto en varios sectores de la población, generando desconcierto. Tres de ellas involucran a mujeres políticas que tenían una interesante trayectoria en el país y que, pese a las críticas que se pudiera hacer a su vida política o las diferencias o desacuerdos que podamos tener con ellas y su ideología, se habían ganado el respeto dela ciudadanía o por lo menos de una parte de ella. Pero en estos días de presentación de planchas electorales, algo les movió el camino que habían seguido y, en nombre de un pragmatismo político, han cedido a juntarse con tirios y troyanos, con personajes con los cuales era ininmaginable que hicieran alianza hace unos años. Así, tenemos la alianza del PPC y su lideresa, Lourdes Flores Nano, con el APRA, en donde va como primera vicepresidenta de la plancha que lidera el ex presidente Alan García, quien intentará la reelección. En varias ocasiones, Flores ha criticado duramente a García,como en aquella en que dijo: “Me siento muy orgullosa de haber hecho un esfuerzo por la moralización del país. Espero que en democracia y con un Poder Judicial autónomo, sea juzgado Alan García, como espero que también en democracia se le sancione políticamente con votos que no recibirá”. Por supuesto, el ex presidente no ha sido juzgado, pero ahora estamos en el tiempo del borrón y cuenta nueva, supuestamente mirando hacia el futuro.

Otra plancha es la que integra la ex congresista y ministra dela Mujer, AnelTowsend, con Alianza para el Progreso, que lidera Cesar Acuña. Esta unión tampoco puede entenderse mucho, pues el candidato tendría unos 80 procesos en La Libertad, habiendo sido acusado, entre otras cosas, de asociación ilícita para delinquir, mientras que ella ha sido ministra de la Mujer, buena congresista, figura de la lucha anticorrupción e incluso presidenta de la Red de Parlamentarios Latinoamericanos en contra de la corrupción en el 2003. Que “a nosotros nos anima la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres”, dice la ex congresista, mientras excusa a su líder por el embarazo a una adolescente cuando tenía 33 años.

La más criticada de estas tres y la que saldrá más afectada de su alianza es la ex alcaldesa Susana Villarán, quien tuvo una destacada trayectoria como defensora de derechos humanos, no sólo en el país, sino a nivel internacional, al ser parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en donde fue relatora sobre los derechos de los niños y las niñas, así como sobre los derechos de las mujeres. A muchos causó tristeza y decepción su decisión de postular para el cargo de vicepresidenta con el candidato del Partido Nacionalista, Daniel Urresti, quien está acusado de haber dadola orden a la patrulla del Ejército que asesinó al periodista Hugo Bustios en 1988, en Ayacucho.

Estas tres actuaciones nos llevan a preguntarnos si realmente el accionar de las mujeres políticas en el país tiene alguna diferencia con el accionar de los hombres, o si es posible que las mujeres desarrollen nuevas propuestas de acción política,que no envíen mensajes tan nefastos sobre lo poco importante que son los principios o las trayectorias de vida. Aunque algunos analistas señalan que no deberíamos sorprendernos, pues cuando se hace política hay que comerse algunos sapos, creemos que la lucha por la paridad y por la alternancia, porque más mujeres sean representantes, tiene que significar también una renovación de la política y empezar a resquebrajar la ideología patriarcal que impregna todas las instituciones públicas y privadas e incluso las más progresistas. Como lo señala Marcela Lagarde:

“Los partidos políticos, las organizaciones civiles y la mayoría de las instituciones del Estado, estructurados de manera androcéntrica y jerárquica, responden a las demandas de participación de las mujeres con cambios parciales e insuficientes, no progresivos ni continuos, y en muchas ocasiones, con retrocesos para frenar el avance de las mujeres. Trasladan al futuro la satisfacción de sus necesidades y las convocan a tener paciencia.”[1]

Por ello, la lucha por una mayor representación de mujeres tiene también sentido, pues cambia este orden patriarcal, para que las mujeres no sigan siendo cómplices de éste y avalando las actuaciones de los hombres políticos, la mayoría de los cuales han hecho ostentación de machismo y desprecio a las mujeres. La disputa de poder de parte de las mujeres debería llevar a cambiar el sentido de la política. Las mujeres políticas deben dejar de avalar los pedidos de paciencia del que nos habla Lagarde, sobre las demandas, problemáticas e intereses de las mujeres, y más bien representarlos y luchar por ellos.

¿Será posible para las mujeres subvertir el poder y no reproducir como en un espejo la forma de ejercicio masculino, que es lo que hacen o se ven obligadas a hacer muchas mujeres políticas? Al no tener otros modelos, imitan y magnifican, en ocasiones, la forma de ejercicio, la agresividad y competividad, así como los mecanismos denegociación de los hombres, masculinizándose ellas para sobrevivir en la jungla.

Tengo la impresión de que un nuevo ejercicio de poder pasa por que las congresistas elegidas que realmente buscan hacer una transformación democrática tengan un colectivo de respaldo a quién rendirle cuentas; porque otras mujeres acompañen con sororidad y ternura a las elegidas que están dispuestas a defender los derechos de todas y de todos, de los peruanos y las peruanas que tienen sus derechos vulnerados. Pasa también porque los hombres asuman la importancia de la representación de las mujeres y dejen de defender y proteger sus privilegios personales e institucionales.

¿Tendremos en el nuevo Congreso mujeres que realmente ejerzan el poder de forma diferente? Yo mantengo la esperanza de que sí; que hay mujeres de diferentes colectivos que tienen las capacidades para hacerlo de otra manera; mujeres como Marisa Glave, Indira Huilca, María Ysabel Cedano, la lideresa indígena Gladis Vila Pihue, todas pre candidatas a la lista congresal del Frente Amplio. La causa de las mujeres debe ser parte de la agenda ciudadana y de las agendas políticas y no de una minoría de mujeres, como dice Marcela Lagarde. Ese es el principal reto del 2016 para quienes creemos que una nueva forma de relación entre las personas es imprescindible.

Quiero agradecer a todos y todas por haberme leído este año y quiero despedir el 2015 con este texto de la gran Alejandra Pizarnik:

“Y qué si nos vamos
anticipando de sonrisa
en sonrisa hasta
la última esperanza?

¡FELIZ 2016!

Por Rosa Montalvo Reinoso

[1]Marcela Lagarde, Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas.5ta edición.Universidad Nacional Autónoma de México, 2011.p. XXIX.