enero 23, 2016

COLOMBIA. ASPIRO A QUE CESE LA GUERRA. UNA ENTREVISTA A IMELDA DAZA COTES.

Sin duda hay vidas que inspiran, que rompen con la desesperanza que nos invade cuando vemos la destrucción de la naturaleza, el individualismo, el consumismo que van comiéndolo todo con la voracidad de unas termitas. Sin duda una de esas personas es Imelda Daza Cotes, hija de Valledupar, sobreviviente del genocidio perpetrado contra la Unión Patriótica en Colombia, exiliada política, madre, compañera, amiga, pero sobre todo una convencida es posible un mundo más justo y más humano, que es necesario que acabe tanta injusticia sobre la tierra. 

Luego de más de 26 años de exilio, ella vuelve a su Valledupar querido, con la misma sonrisa y esperanza de siempre. Ahí la encontramos, con el pelo cano, pero con la sonrisa de siempre, y la misma energía de hace tantos años en que nos conocimos en Lima, primera parada cuando tuvo que salir para que no la maten como a tantos otros que fueron sus compañeros de militancia política. Ha vuelto a Colombia para quedarse, a seguir en la lucha por un país más justo, con el compromiso de contribuir a que se silencien los fusiles, como ella dice. Postulada al cargo de Gobernadora en la reciente campaña electoral por el Partido Unión Patriótica y con el apoyo de Alianza Verde, Polo Democrático, Maíz, Progresistas y otros sectores, volvió a recorrer los rincones del César y comprobar que aun la situación de pobreza y marginación se mantenía para un gran sector de la población. 

El 19 de enero, en la Habana, el Gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito Del Pueblo, FARC-EP reiteraron su compromiso de continuar con las negociaciones para lograr el fin del conflicto y un acuerdo que incluya el cese al fuego definitivo por ambas partes y dejar las armas. Sobre este y otros puntos conversamos con Imelda.

¿Qué te hace dejar tu querido Valledupar?

Yo tuve que dejar esta mi ciudad, donde desarrollaba una actividad política interesante, por razones de la violencia que afectó durísimo a Colombia y a esta región de la costa atlántica en particular. Creí que era posible vivir en Bogotá, una ciudad grande, pero no. Tampoco fue posible ahí porque las amenazas de muerte se intensificaron, me vi obligada inclusive a salir primero al Perú, y en el Perú pude estar unos pocos meses como turista. Regresé a Colombia y fue cuando encontré el camino para exiliarme en Suecia. A Suecia llegué en el 89, viví casi 26 años en el exilio, una experiencia dura, difícil. Llegué con mis tres hijos muy pequeños y con mi esposo. Aquí tuve que dejar un proyecto político trunco, que era lo que le daba mayormente sentido a mi vida, además de mi familia. Eso lo tuve que cortar de repente, sin preaviso. 

LA VIDA EN SUECIA

“Lo extrañaba todo, todo”

Extrañaba muchísimo el paisaje tropical, la exuberancia del verde y de la vegetación tan variada, frente a la monotonía de los bosques suecos, el paisaje tropical de la costa caribe, la música, las expresiones culturales en general, las costumbres, los hábitos, la tertulia que aquí es sagrada, somos excelentes conversadores, eso tuve que interrumpirlo. Allá no tenía con quién conversar, era con mi esposo y nadie más, de pronto otro colombiano que vivía lo mismo que yo estaba viviendo. Esto nos servía de consuelo y de alivio de la nostalgia por un rato, pero no era más. 

Cuando saliste de Colombia eras docente universitaria. ¿Qué hiciste en Suecia tanto tiempo?

Cuando no sabía el idioma sueco, trabajé en la escuela primaria como profesora de castellano. Después me atreví a pasar a la secundaria a enseñar a estudiantes de bachillerato y finalmente estudié en la Universidad de Jönköping y luego me llamaron a trabajar ahí. Yo era responsable de un curso en el programa de comercio internacional que se refería al estudio de las economías de los países hispanohablantes. Yo enseñaba economía de España, de Guinea Ecuatorial y Sahara occidental en África y de los 18 países de habla española en Latinoamérica. En los últimos años, quise desempeñarme en algo más tranquilo y trabajé en una escuela para adultos y volví a enseñar en el bachillerato, para completar el tiempo requerido para pensionarme. Pero al margen de todo eso, desarrollé actividades de solidaridad en el Comité Sueco Cubano, en el Comité Latinoamericano con el Foro Internacional de Víctimas del Conflicto Armado en Colombia. Los exiliados colombianos en todo el mundo construimos una red para debatir nuestras problemáticas como víctimas del conflicto. A esto le dedique mucho tiempo en los últimos años. 

HACIENDO POLÍTICA EN SUECIA

Tu eres una mujer que no vive sin poder expresar tus ideas, participar en la política, ¿qué hiciste en Suecia en ese aspecto?

En Suecia, fui activa en la política también. Yo me vinculé a la Social Democracia, el partido más grande del país y ellos me invitaron a representarlos en el concejo municipal de Jönköping y en el parlamento. Yo fui tres veces candidata al parlamento sueco y, desde el año 2002, soy concejal en el municipio donde vivo. 

Las labores en la concejalía tienen que ver, por ejemplo, con la escuela, que se necesitaba personal adicional, con la ruta de los buses, tenían que ver con la alimentación que se imparte, con los programas de capacitación de los maestros que son permanentes, también sobre el urbanismo, el hábitat. Mucho también que ver con las cosas cotidianas de la gente, con la necesidad de cuidar el aseo de las calles, con los horarios de los supermercados, el control de los jóvenes en su tiempo libre, la organización de programas de recreación, la atención a los ancianos es algo que preocupa muchísimo al concejo, porque hay situaciones a veces difíciles en la atención a las personas mayores, que son allá muy importantes, así como la atención de la guardería para los niños.

¿Qué te ha hecho volver a tu país e insertarte rápidamente en la política?

Después de terminar mi vida laboral, las expectativas eran básicamente quedarnos allá o regresar a Colombia. El proceso de negociaciones que se adelanta en La Habana indudablemente nos abrió un horizonte posible, porque desde un principio yo percibí que había voluntad firme de las partes de llegar a un acuerdo de fin del conflicto armado. Entonces eso me entusiasmó muchísimo para pensar en la posibilidad del retorno. Finalmente, me hice la reflexión sobre la alternativa de quedarme en Suecia, tratando de entretener el día a día y esperar la muerte, o venirme aquí y que la muerte me sorprenda tratando de cambiar esto. Sin dudarlo un segundo, era más interesante.

¿Qué es lo que te hace percibir la voluntad de llegar a un acuerdo esta vez?

El desempeño de los negociadores, la seriedad con la que se ha adelantado este proceso, que, si uno se esfuerza por seguir el día a día de las negociaciones, uno ve que en nada se parece este proceso a todos los intentos anteriores. Yo viví muy de cerca el intento que se hizo con Belisario Betancur y el cese y la tregua que se dio en ese gobierno. De ahí surgió la Unión Patriótica, precisamente el partido al que yo me vinculé. En aquella época, lo único que hubo fue una comisión de paz que se reunía a conversar entre ellos y yo me imagino que si había algún canal de comunicación con la guerrilla, estaba sometido pues a las dificultades de la comunicación, que en aquella época era por radio o por correos escritos seguramente. No era fácil y nunca se percibió que de ahí iba a llegarse al fin de la guerra. Después en el Caguán, eso fue bien contradictorio porque uno decía, si están hablando, se están reuniendo, mientras tanto Pastrana estaba en los Estados Unidos negociando el Plan Colombia. Entonces yo en ese proceso nunca creí, a mí no me inspiró ninguna confianza y no me parecía que eso fuera serio. En La Habana, las condiciones son absolutamente diferentes.

¿Cuáles son las diferencias que podrías señalar?

Hay delegados del gobierno, delegados, personas de carne y hueso de las FARC, sentados efectivamente en una mesa, discutiendo los problemas del país. Y tienen además testigos internacionales. Hay un gobierno profundamente comprometido con el proceso, que es Noruega, que ha destinado gente y recursos para financiar todo ese programa y hay veeduría de Chile, veeduría de Venezuela y el compromiso obvio de Cuba.

¿Qué esperas en términos de este proceso de paz como mujer, como política y, por otro lado, qué esperarías para las mujeres?

Yo, de este proceso aspiro a que cese la guerra. A que se silencien los fusiles y eso es bastante en este país donde yo por lo menos no he conocido la paz. Cuando mataron a Jorge Eliecer Gaitán, tenía 23 días de nacida y desde entonces estamos en guerra, desde el 9 de abril de 1948. No quiere decir que vamos a tener por eso la paz. La paz hay que construirla, porque la paz es fundamentalmente justicia social. Creo que es la tarea fundamental del gobierno y de los gobiernos territoriales sobre todo. Por eso quise ser gobernadora de este departamento, es hacer justicia social para eliminar las causas que originaron la guerra. Porque de no hacerlo así, corremos el riesgo de regresar al pasado.

LA UNION PATRIÓTICA ES UN PARTIDO DE VIUDAS Y HUÉRFANAS

Las mujeres hemos sido duramente afectadas por el conflicto en todas las formas. La Unión Patriótica, por ejemplo, es hoy un partido de viudas y de huérfanas, porque las víctimas en un 95% fueron hombres jóvenes, entonces en todas partes donde uno va, se encuentra con las viudas. Mujeres que de un momento a otro quedaron solas con muchos hijos por criar, madres jóvenes. Se quedaron solas sin respaldo del marido, dependían económicamente de ellos, entonces se quedaron sin brazos y sin cabeza, dicen ellas simbólicamente. Yo he escuchado historias conmovedoras y muy dolorosas. De otra parte, he comprobado que las mujeres, esas viudas, sabían muy poco de lo que sus maridos hacían. No entienden entonces por qué los mataron a ellos y a mí me han preguntado: Usted que fue compañera de ellos cuéntenos qué fue lo que ellos hicieron, ¿Por qué los mataron? ¿Por qué nadie nos ha explicado? Entonces yo he tenido que contarles cómo era la situación en aquella época y qué fue lo que nos pasó. Se sorprenden mucho de la versión que yo les doy y eso además me ha inspirado a escribir la memoria de la Unión Patriótica en el César porque siento que es un deber dignificar el buen nombre de mis compañeros y explicarle a sus viudas y a sus hijos que no tienen por qué avergonzarse de sus padres, sino todo lo contrario, tomarlos como ejemplo de lucha y de resistencia. 

NO PODEMOS SEGUIR PARIENDO HIJOS PARA LA GUERRA

Se impone entonces la recuperación de la memoria, porque además esa tragedia no se puede repetir. Las madres colombianas tenemos que hacer conciencia, tenemos que reunirnos, tenemos que asociarnos para tomar la decisión firme de no seguir pariendo hijos para la guerra. Porque si observamos el conflicto colombiano tan cruel, lo que vemos es hombres jóvenes del sector popular que se enfrentaron y se mataron en nombre de otros hombres dueños del poder que sí se conocen entre sí pero que no se matan entre ellos. Porque en nada se ha beneficiado el pueblo colombiano con tanto dolor y tanta tragedia, mientras que en la élite si hay, hay beneficiarios de la guerra. La guerra es un buen negocio para muchos, la guerra atrae inmensos recursos que van a parar en los bolsillos de muchos que se enriquecen con la guerra. Por eso se oponen al fin del conflicto.

Las mujeres colombianas no podemos seguir criando hijos para las guerras que otros hombres o que los hombres nos programan. De otra parte, ellos son los que siempre han gobernado en Colombia, nunca ha habido una mujer presidenta. Aquí, en el departamento del César, en 47 años de gobernación, 4 años han gobernado dos mujeres, en períodos muy cortos. El resto del tiempo, han gobernado hombres y lo han hecho muy mal. Yo creo que las mujeres también tenemos que hacer conciencia de eso y pensar que es la hora de asumir la responsabilidad de gobernar este país.

RECUPERAR LA PALABRA


Tú has vuelto y en una campaña relámpago te has presentado a gobernadora de esta región. – Sí - ¿Cómo ha sido esta experiencia? ¿Qué lecciones te dejan estos cinco meses de trabajo que cambiaron tu vida de alguna manera o te hicieron definir tu vida?

Sí, cambio, en esta recta final de mi vida he dado un paso gigantesco. El retorno a mi país ha sido de gran significancia anímica, moral, de cierta manera ética y política también. Ha sido de gran complacencia para mí el reencuentro con mi gente, el poder hablar con todos, el poder reunirme con ellos, el poder discutir los problemas que los afectan, el buscar entre todas soluciones a esa problemática, el reconocer que en 29 años de ausencia de Valledupar, ninguno de los problemas que había cuando yo salí ha sido resuelto. Y he encontrado problemas nuevos, serios, como la violencia de que ha sido víctima la mujer o de que es víctima la mujer actualmente. 

Este departamento ocupa el segundo lugar en feminicidios en Colombia y la mujer ha sido afectada de mil maneras durante el conflicto y dentro del ambiente que la guerra ha generado en la sociedad. Ese es un problema nuevo, el otro gravísimo problema nuevo que encontré es el holocausto ambiental al que nos está abocando la gran minería del carbón. Hemos regresado 500 años atrás a la conquista y de nuevo están aquí los europeos y el gran capital financiero, saqueando nuestros recursos naturales. Bueno, la depredación es general, se está terminando el agua, los bosques, pueblos desplazados, ríos cuyo cauce se ha cambiado, los ecosistemas afectados, el hábitat natural y la amenaza real de que todo el territorio del César pueda llegar a ser concedido, autorizado para que sea explotado. 

Entonces no sé adónde nos iremos a vivir el millón cien mil de habitantes que tiene el departamento. Ese es un problema muy serio, el del extractivismo acelerado que se adelanta en esta región. Entonces, después de 28 años de ausencia, no sólo no se han resuelto los problemas, sino que se han agravado porque es más gente ahora la que los padece y hay problemas nuevos igualmente serios. Pero digamos que, con todo, yo me siento muy complacida de estar aquí y de poder debatir con mis paisanos toda esta problemática y de intentar aportar a la búsqueda de soluciones y de superación de este problema. 

Pero sin duda, el logro más importante para mí y quizás lo que me produce mayor satisfacción son tres cosas. La primera, haber roto un silencio de treinta años, porque la guerra y el genocidio contra la Unión Patriótica se silenció en esta región. Aquí nunca más se escuchó una voz disidente, una propuesta diferente. La violencia se apoderó de la región y la azotó, la palabra la perdimos, entonces recuperar la palabra y romper ese silencio para mí ha sido enormemente satisfactorio. Creo que ha sido un gran logro y lo he hecho en las mejores condiciones, porque reconozco que los medios de comunicación hablados, escritos y televisados han sido amplios y generosos conmigo, se han mostrado interesados y dispuestos a escucharme. Creo que oxigené la democracia precaria que hay aquí y eso es saludable para la región. Muchos me lo han expresado así de manera espontánea, inclusive gente a la que yo no conocía, gente que tampoco me conocía me lo han dicho espontáneamente, gracias por estar aquí, no se vaya, quédese, siga aquí que la necesitamos. Entonces eso es estimulante, yo pienso que es muy importante. 

Lo otro es que logré abrir un espacio para el movimiento alternativo que aquí no existía. Si bien hay partidos alternativos como el Partido Verde, el Polo Democrático, Maíz, El Congreso de los Pueblos, ellos no tenían un canal de expresión en los medios, ni para exponer sus ideas ante la ciudadanía. En mi campaña electoral, creo que logramos eso, hay un espacio abierto donde el movimiento alternativo puede expresarse. Nosotros trabajamos unidos en mi campaña y hemos decidido continuar trabajando unidos. Nos vamos a convertir en veedores ciudadanos, vigilantes de la administración pública porque se viene el proceso de implementación de los acuerdos con el fin de lograr la paz y es muy importante la vigilancia ciudadana de esos procesos de implementación. Una cosa muy importante para mí fue llegar al César profundo, identificar plenamente el drama social que aquí se vive. Y los daños espantosos que causó la guerra, la vulneración enorme a que está sometida la población y la miseria y la pobreza extendida que aquí hay. Eso hay que corregirlo porque, repito, de no resolverse, corremos el riesgo de regresar al pasado.



LA PAZ DE COLOMBIA ES LA PAZ DE TODA AMERICA LATINA 

Para terminar Imelda ¿por qué razón es importante el proceso colombiano para América Latina?

De la paz de Colombia, creo yo, depende la paz de toda América Latina, porque Colombia es vista como el Caín de América. La guerra le sirve de cobertura a los EEUU para fomentar otros conflictos regionales y sabotear procesos como el de Venezuela, Ecuador, Bolivia, de países vecinos, y para oponerse, a través del Acuerdo del Pacífico, por ejemplo, oponerse al desarrollo de proyectos progresistas en América Latina. Una vez aquí termine la confrontación, yo creo que va a haber un reacomodo del movimiento social que entonces va a poder desempeñarse sin el temor de ser estigmatizado como guerrillero, como terroristas, porque ya no habrá guerrillas. Entonces ya no podrán utilizarse remoquetes ni esos caminos para estigmatizar al movimiento social que podrá expresarse con cierta facilidad y, bueno, ejercer opinión ciudadana, generar otra conciencia entre los ciudadanos. 

Yo creo que un país en guerra en la mitad de América Latina es una amenaza para toda la región. Entonces por eso la paz de Colombia es un poco la paz de toda América Latina. 



Por Rosa Montalvo Reinoso