enero 28, 2016

La Voz de las Mujeres Libias: Una voz progresista en medio de la violencia e inseguridad


Las mujeres estuvieron al frente de las protestas en favor de la democracia en Libia en 2011 que, tras convertirse en una guerra civil, culminaron con el derrocamiento del dictador Muammar Gaddafi. Pero en los años siguientes, a medida que las instituciones estatales se han derrumbado y la inseguridad prevalece, las mujeres han tenido que luchar para hacer escuchar sus voces.

AWID conversó con Alaa Murabit, fundadora de The Voice of Libyan Women [La Voz de las Mujeres Libias], una organización que trabaja por la representación económica y política de las mujeres y contra la violencia hacia ellas, para conocer el trabajo de este grupo y la situación que las mujeres en Libia enfrentan hoy día.
AWID: ¿Qué te alentó a establecer La Voz de las Mujeres Libias? ¿Cómo te mantienes motivada frente a las turbulencias?

Alaa Murabit: Fundar The Voice of Libyan Women tuvo que ver con asegurar que las mujeres ocuparan el lugar que les correspondía como lideresas en el movimiento por reconstruir la nación. Yo había trabajado con muchas mujeres muy maravillosas durante la revolución y sentía que, debido a la falta de un cuerpo organizativo, ellas ya no estaban haciendo el trabajo que tanto les había apasionado. Estaban regresando a sus roles más aceptados culturalmente.

Hemos enfrentado muchas dificultades a lo largo de todo el camino. Lo más difícil ha sido perder gente en nuestras redes. Después de eso, y siendo consciente de los riesgos, para mí fue duro pedirles a las familias que les permitieran a sus hijas e hijos unirse a nuestros proyectos.

Pero en lo que se refiere a motivación, sencillamente lo hacemos. Lo hacemos porque nadie más lo hará.


AWID: ¿Cómo describirías la situación actual en Libia, a las/os principales actoras/es y su impacto sobre los derechos de las mujeres?

AM: Se ha vuelto excepcionalmente peligroso involucrarse en los derechos de las mujeres y por esta razón la mayoría de activistas ya no se encuentra en el país. Por ejemplo, aquí en Zawiya, la carretera hacia Trípoli ha permanecido cerrada por tres semanas, así que no podemos ir a la capital. La vida cotidiana se caracteriza por inseguridad. Es sumamente difícil trabajar, pero las comunidades locales confían en ti solo si estás físicamente presente. Esto crea una dinámica bastante dura.

También ocurre algo interesante cuando un país está pasando por un conflicto: todas las personas con quienes hablas dicen «deberíamos poner en segundo plano los derechos de las mujeres porque tenemos prioridades». Durante la revolución, toda la gente decía: «tienes que involucrarte; esto es importante si quieres vivir con dignidad». Ahora, si decimos eso mismo, la respuesta que nos dan es: «ustedes están siendo egoístas; es necesario que se centren en el bien superior del país».

¿Quiénes son las/os principales actoras/es? Esa es probablemente la mejor pregunta que puedes hacer sobre Libia—¡en realidad, nadie lo sabe! Hay diversas milicias y una gran parte del financiamiento para ellas ha estado llegando desde otros países. También está la comunidad internacional, que vino con todo este dinero que fue utilizado de manera inapropiada y después se retiró cuando la situación se tornó difícil; y la sociedad civil no estaba lo suficientemente organizada para llenar el vacío que dejó la comunidad internacional—en Libia no hubo una sociedad civil sino hasta 2011. Luego está, obviamente, el liderazgo religioso, que ahora es más fuerte que nunca.


AWID: En su promoción y defensa, ustedes se centran en el uso de textos islámicos. ¿Cómo ayuda esto a tu organización para promover los derechos de las mujeres? ¿Han encontrado algún obstáculo al usar este enfoque?

AM: En 2011-2012 nos habíamos estado enfocando en el empoderamiento político y económico y usamos muchísimo las convenciones internacionales. Nos enfrentamos al problema de que los mismos rostros estaban apareciendo en todos los talleres, porque hay ciertas familias para las cuales está bien que sus hijas se involucren. El trabajo no estaba fluyendo hacia otras partes de la sociedad.

La principal reacción que enfrentamos fue que «a nivel islámico, una mujer no puede ser lideresa» o «según el islam, un hombre puede golpear a su esposa». Pero yo fui criada como musulmana y estas personas hablaban de un islam con el cual no me identificaba y que no comprendía. Así que abordar esto se convirtió en una cuestión de sentido común para toda la gente en mi organización.

Nuestra primera campaña fue el International Purple Hijab Day [Día Internacional del Velo Púrpura]. Hicimos esto primero para tantear el terreno. Nuestra hipótesis era que, si hablábamos sobre la religión, podíamos llegar a más hogares de personas que por lo general no estaban anuentes a hablarnos—podrían no estar de acuerdo con nosotras pero al menos tendríamos una conversación.

La reacción a la campaña fue impresionante. En el primer año logramos que 17 000 personas usaran bufandas, listones o corbatas color púrpura en apoyo a la acción contra la violencia doméstica. Conseguimos que el entonces primer ministro, Abdurrahim El-Keib, apareciera en la televisión usando su bufanda púrpura y dijera que la violencia doméstica contraviene el islam. Así que esto fue realmente un gran indicador de que esa era la ruta que debíamos seguir.

Uno de los problemas que enfrentamos durante la campaña del Día Internacional del Velo Púrpura fue que la gente decía: «Ah, solo son una organización de derechos de las mujeres; están modificando la religión como quieren». Pero, de hecho, estábamos tomando los versículos exactamente como fueron escritos, ¡así que se trataba de quiénes los estábamos citando! De modo que para nuestra siguiente acción, la Noor Campaign [Campaña Noor], fuimos a la House of Fatwas [entidad que emite fetuas, opiniones jurídicas relacionadas con la ley islámica] y logramos que autenticaran los hadices que estábamos usando. Luego, cuando llegamos a las comunidades, nadie podía decir que esas narraciones no eran legítimas.

Esto sí produjo algunas críticas, particularmente de organizaciones internacionales que dijeron que estábamos fortaleciendo a los líderes religiosos, o que no debíamos estarnos involucrando en la religión. Pero para mí eso fue un poco irónico porque ¿cómo puedes hablar sobre los derechos de las mujeres sin mencionar la religión,cuando la religión afecta tanto los derechos de las mujeres en este país?

Por supuesto, tuvimos que hacer concesiones, pero el público más amplio que obtuvimos valió la pena. Anteriormente no habíamos conseguido que el Ministerio de Educación nos permitiera entrar a las escuelas y no podíamos obtener permiso del Ministerio de Medios de Comunicación para difundir nada en la televisión, incluso si pagábamos por ello. Después de conseguir la firma [de la House of Fatwas], nos dieron permiso para entrar a cada escuela a nivel nacional, y no solo se nos permitió difundir nuestra campaña por televisión, radio y vallas publicitarias sino ¡también nos informaron que el Ministerio de Medios de Comunicación pagaría todo esto!

Creo que no llegarás a ninguna parte si dices: «Queremos derechos para las mujeres y lo haremos únicamente de esta manera específica». Se nos hizo obvio que si continuábamos usando «el lenguaje de los derechos de las mujeres»—CEDAW y [la Resolución] 1325—nadie más que nosotras estaría en la mesa.

AWID: ¿Cómo es que los extremistas han logrado ganar poder en Libia?

AM: En Libia no hay un extremismo ideológico; es un extremismo práctico. La gente está pensando: «Esta es una manera en que nuestros hombres jóvenes pueden hacer dinero; esta es una forma de proteger nuestra comunidad o nuestros intereses». En el caso de las comunidades locales, la gente está tratando de combatirlo pero dice, y lo escucho todos los días: «¿Cuál es la alternativa?» Los extremistas ganan terreno cuando se convierten en el principal proveedor de servicios para la gente.

A esto se suma el constante clima de temor que mencioné. Cada día, cuando mi hermano va a la escuela mi mamá luce como si fuera a tener un infarto—solo se necesita que una persona diga que él está en el lado equivocado para que no vuelva a casa. En esta clase de entorno, y sin que se presenten alternativas, las personas recurren a lo que está ahí para darles seguridad.

La gente dirá: «Si no son ellos, entonces tendremos a nuestra milicia vecina». Es esta dicotomía tan extraña en la cual las milicias pueden ejercer control y temor al mismo tiempo que obtienen apoyo. Esa es su principal ventaja.

Y cuando nada está bajo tu control, el hecho de que te brinden un espacio donde puedes sentirte en control es muy atractivo. Si un joven no ha podido ser el sustento de su familia y se le da la oportunidad de ser un «héroe», eso es algo muy poderoso. Y las mujeres no son solo víctimas—muchas de ellas brindan apoyo a estos grupos por motivos similares; ellos les dan una sensación de capacidad de acción que las mujeres no han encontrado en ningún otro lugar.


AWID: ¿Cuáles han sido los retos más grandes que tú y tu organización han enfrentado? ¿Cómo los superaron?

AM: Un reto que hemos enfrentado es el hecho de que existe una enorme desconsideración, casi irrespeto, hacia las jóvenes activistas. A las jóvenes nos toca la parte más difícil de un trato que ya es injusto. La gente supone que no sabemos de qué estamos hablando. Sentí esto en Libia, pero también en otras partes; por ejemplo, en los Estados Unidos o Canadá, donde la gente pensaba que como jóvenes no podíamos hacer nada—¡a menos que tuviera que ver con las redes sociales!

El principal reto ha sido la falta de apoyo para las defensoras de derechos humanos en Libia, especialmente cuando se trata de nuestra seguridad. He tenido conversaciones con personas de organismos internacionales que han dicho: «Bueno, esto es demasiado peligroso para nosotros/as pero ¿por qué no lo haces tú?» La gente dice: «Esto tiene que ser liderado desde las bases», ¡pero nada puede hacerse si todas las personas en las bases están aterrorizadas!

Por supuesto, este es nuestro país y queremos hacer el trabajo pero, sin un apoyo apropiado en cuanto a la seguridad, ¿cómo podemos hacerlo? Hay organismos internacionales que gastan grandes cantidades de dinero en personal que no se irá de Trípoli, y ese dinero fácilmente pagaría la seguridad que las activistas necesitamos.

Escuchas a organismos internacionales diciendo «valoramos las voces de las mujeres»... pero ¿qué hay de valorar nuestras vidas?

"Lo que mi religión realmente dice sobre las mujeres"

Escucha y lee a Alaa en Ted Talk:


Por Isabel Marler
Fuente: Awid