enero 22, 2016

Mujeres afro se asumen como pueblo en resistencia

Pese a la violencia de género y en las comunidades que enfrentan las mujeres afrocolombianas, Danelly Estupiñán Valencia, activista por los Derechos Humanos (DH) del Proceso de las Comunidades Negras (PCN), en Colombia, confía en la fortaleza de su gente para hacer frente a las consecuencias en su salud mental y física.

La defensora de los derechos de la población afrodescendiente incluso prefiere usar el término “resistente” en lugar de superviviente o víctima, para referirse a las mujeres que han sido agredidas o discriminadas.

“La palabra víctima la acuñamos desde un sentido político (…); entendemos que son personas que sufrieron de manera intensa situaciones violentas, en el marco de un contexto de guerra. La norma colombiana ha usado este concepto y a través de éste da ciertas respuestas institucionales a la problemática de la guerra.

“Lo usamos en nuestro discurso, pero nosotras nos asumimos más como un pueblo en resistencia –precisa Danelly–, para nosotros el resistir no es aguantar, sino la forma de construir un nuevo país, un país que nos respete, nos incluya, nos valore (…). Desde nuestro punto de vista la resistencia no es más que la verdadera construcción de la paz”, observa.

Para esta defensora de DH, el bienestar colectivo es fundamental y considera que no se puede vivir bien en un ambiente de violencia. No poder salir a la calle al tener “fronteras invisibles” y vivir en medio de megaproyectos, como la explotación de carbón a cielo abierto o la construcción de una estación portuaria, son situaciones que –en su opinión– avasallan a la población.

RESILIENCIA Y CULTURA

La resistencia, la resiliencia y los elementos culturales, en general, juegan un papel muy importante en el Pacífico colombiano:

“Como cultura afro somos ricos. Podemos ver que las canciones, la poesía, todo está relacionado con el marco del conflicto: sacan danzas donde narran la violencia, las historias y se visibiliza cómo salir de ella. Las expresiones culturales están narrando el conflicto, el abuso sexual contra las mujeres.

“Muchas organizaciones han incorporado lo cultural como estrategia de recuperación terapéutica”, añade Jackeline Micolta Victoria, líder del puerto colombiano de Buenaventura.

Y asegura que otra forma de expresarse y sanar que han elegido las mujeres son los murales, ya que sirven para visibilizar cualquier problemática, como comunicación masiva, y contribuyen a la prevención de la violencia. En los murales se presentan los estereotipos que deben eliminarse y ayudan a explicar que la violencia contra las mujeres no es un asunto privado sino público.

Los murales fueron pintados para expresar que a las mujeres no les gusta que las maltraten –aclara–, que merecen vivir una vida libre de violencias y esto es representado de múltiples maneras, como un faro o una mariposa volando.

Las mujeres de Buenaventura han participado en la elaboración de murales, en mesas de trabajo y han establecido alianzas para aumentar el impacto de sus acciones a favor de los DH, detalla la activista.

LAS ACTIVISTAS CON LAS INSTITUCIONES

De acuerdo con Luz Nefalia Alegría, titular de la Secretaría de Convivencia, Mujer y Género, de Buenaventura, las instituciones que brindan atención a mujeres víctimas necesitan sumar esfuerzos.

“No es un trabajo que podamos hacer solos. En Buenaventura se trabaja en una mesa intersectorial donde están instituciones que hacen parte de la ruta de salud, género, de violencia y salud mental. Las organizaciones de mujeres son las primeras en atender porque están en la comunidad y porque hay un lenguaje desde lo afectivo, desde la cercanía”, abunda.

También participan algunas entidades de cooperación internacional, como secretarías de salud, educación, de convivencia, mujer y género, de medicina legal y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, que suman conocimientos para intentar responder a las necesidades de las mujeres del puerto.

Según esta funcionaria local “estamos en el mejor momento de trabajo en equipo. Otra ganancia es el comité interinstitucional que exige transversalidad en todas las secretarías para cambiar esquemas de género”.

Por su parte, Margarita María Cañaveral, coordinadora de Salud Mental del Distrito Especial de Buenaventura, afirma que se ha logrado visibilizar la salud mental como un derecho fundamental en las agendas locales.

Y agrega: “estamos preparando un plan para la recuperación emocional de las mujeres víctimas de la violencia sexual que han sido atendidas en la mesa de violencia por asuntos de género”.

Margarita es consciente de que aunque el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas (Papsivi) atiende diferentes problemas de la población víctima del conflicto armado, por las características de la violencia sexual y las condiciones de los tiempos de la intervención que estos equipos hacen por familia, es difícil que estos casos sean diagnosticados.

“Además el tratamiento psicológico no alcanza a ser abordado por estos equipos, ya que la recuperación de las víctimas no puede estar sujeta a un número de horas ni de sesiones determinado”, advierte la funcionaria.

Por: Gabriela Montoya
Fuente: Cimacnoticias/Revista Enheduanna | San Cristóbal de Las Casas, Chis,.-